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Raúl Herrero

Antología personal de páginas y pagodas

Lo Absoluto (Poema de Sri Chinmoy)

Lo Absoluto (Poema de Sri Chinmoy)

Ni mente, ni forma, sólo existo;

Cesada toda voluntad y pensamiento.

La danza de la naturaleza ha llegado a su término.


Soy Eso que he buscado.


Un reino de Deleite puro, último

Más allá del conocedor y de lo conocido;

Disfruto al fin de un descanso inmenso;

Frente a mí, sólo el Único.


He cruzado los caminos secretos de la vida,

He llegado a convertirme en la Meta.

La Verdad inmutable es revelada;

Soy el camino, el Dios-Alma.


Mi espíritu es consciente de todas las alturas,

Soy mudo en el corazón del Sol.

No hago trato alguno con el tiempo y la acción.

Mi juego cósmico se realizó.

 

Sri Chinmoy


La enseñanza silenciosa, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1996

En la imagen superior Sri Chinmoy pintando.

El final (Poema en homenaje a Tristan Tzara)

El final (Poema en homenaje a Tristan Tzara)


Encontrábame sentado en un café,
en el mismísimo fondo de una laguna
entre la cafeína y el azúcar,
cuando conocí en persona al poeta
Tristán Tzara, y a su no menos interesante
monóculo monóculo monóculo.
Este gran amigo muerto en el año
mil novecientos sesenta y tres,
este aproximativo marsupial disfrazado
de lecho eterno que me sirvió de lecho,
al verme, con una taza encasquetada
en la cabeza, inició una conversación
que se alargó durante sesenta y seis años,
durante los que perseguimos,
con sendos bastones, a un mismo hombre
muy serio, mal poeta y peor persona.
Es posible que esto a ustedes
les parezca una tontería, o les impresione
de tal manera que no terminen de
leer el poema, sin embargo, ¡créanme!,
no pensarían lo mismo si formaran parte
de un batallón de infantería
en la I Guerra Mundial.
Sí, esa guerra que prostituyó a Europa,
la gran uña, durante cuatro años; sí,
a la misma Europa que compuso
unos cuartetos dedicados a Haydn;
la misma Europa que atesoró
en sus entrañas escenas orgiásticas;
la misma Europa masacrada por ese gran
comedor de peladillas y obuses que era
el Káiser Guillermo II;
la misma Europa que ahora envidia
a un pariente lejano inventor
de la crema de cacahuetes:
detestablemente mediocre.
Pero nos hemos desviado de Tristán Tzara.
Este orador delicuescente fue
capaz de apalear durante quinientos años
a las más arruinadas mentes malpensantes,
apoyado en sus inicios por su hijo Dadá
y, más tarde, con el muy simpático André Breton.
La insonorización crepuscular evolucionó
con sus aportaciones hasta alcanzar
al arte moderno.
Sin Tzara este poema sería un cacharro,
como lo seguirá siendo
para paisajistas recolectores
de vacas envenenadas,
o minadores que consideran trasnochadas
las teorías vanguardistas,
y que proponen, en su lugar,
estéticas superadas con
el descubrimiento del fuego.
Visité su tumba, cuya originalidad
me mantuvo en vela hasta que terminé
el libro-bolol.


9 de octubre de 1994


Raúl Herrero

 

(Este poema en homenaje a Tristan Tzara cerraba el poemario Bolol (y ningún otro poema), 1º Edic 1994, 2ª edic, 1998. Posteriormente se incluyó en mi antología El mayor evento (1989-2000), con prólogo de Luce Moreau-Arrabal y dibujos de María Luisa Madrilley.)

Poema de Miguel de Unamuno para la Antología de poesía mística española de A.F. Molina

Poema de Miguel de Unamuno para la Antología de poesía mística española de A.F. Molina

Ester Fernández me remite el siguiente poema de Miguel de Unamuno. Entre los archivos de su padre, Antonio Fernández Molina, apareció este documento con vistas a la Antología de poesía mística española. En una primera instancia el autor seleccionó este poema que luego, o bien decidió no incluir, o no entregó para la versión definitiva. En cualquier caso lo reproducimos a continuación. Nuestro agradecimiento a la familia de Fernández Molina por brindarnos este nuevo dato.

A MI ANGEL


Cúbreme con tus alas, ángel mío,
haciendo de ellas nube que no pasa;
tú proteges la mente a la que abrasa
la cara del Señor, mientras el río

del destino bajamos. Pues confío
que cuando vuelva a la paterna casa,
contemplar pueda a todo mi albedrío.

Mira, ángel mío, que la vida es corta
aunque muy trabajosa su carrera
y en ella no puede ir el alma absorta

de su Dios. Así espero a que me muera
para velo, pues única soporta
la muerte a la verdad nuda y entera.

La máquina de escribir (cortometraje sobre un poema de Antonio Fernández Molina)

(Algunos lo habíamos visualizado ocultos en graneros y en el paisaje urbano, otros hablaban de su existencia como si se tratara de un eclipse, los descreídos aseguraban que no existía… Ahora para unos y otros, sobre todo para mis impávidos lectores, el cortometraje basado en el poema La máquina de escribir de Antonio Fernández Molina. Que lo disfruten bien.)

Poema de Mariano Meneses

Poema de Mariano Meneses

En un tiempo
imaginé caminar por las nubes
y me senté a merendar con los hombres.
Las mariposas
venían hasta mí
y volvían al árbol.
Era una vida rica.
El tiempo se ha encargado
de hacerme comprender
que él pasa y pasamos nosotros.
No sé si eso es mejor,
peor, igual o indiferente.

Mariano Meneses, La arena del sendero, Editorial Heliodoro, Madrid, 1986.

Herman Melville escribe sobre Perseo, Hércules y otros balleneros míticos

Herman Melville  escribe sobre Perseo, Hércules y otros balleneros míticos


El valiente Perseo, un hijo de Júpiter, fue el primer ballenero, y ha de decirse para eterno honor de nuestra profesión, que la primera ballena atacada por nuestra cofradía no fue muerta con ninguna intención sórdida. Aquéllos eran los días caballerescos de nuestra profesión, cuando sólo tomábamos las armas para socorrer a los que estaban en apuros, y no para llenar las alcuzas de los hombres. Todos saben de la hermosa historia de Perseo y Andrómeda; cómo la deliciosa Andrómeda, hija de un rey, fue atada a una roca en la costa, y cuando el Leviatán se disponía a llevársela, Perseo, el príncipe de los balleneros, avanzando intrépidamente, arponeó al monstruo, libró a la doncella y se casó con ella. Fue una admirable gesta artística, raramente lograda por los mejores arponeros en nuestros días, ya que este Leviatán quedó muerto al primer arponazo. (…) Afín a la aventura de Perseo y Andrómeda —incluso, algunos suponen que deriva indirectamente de ella— es la famosa historia de San Jorge y el dragón, el cual dragón yo sostengo que fue una ballena y los dragones se entremezclaban extrañamente, y a menudo se sustituían unos a otros. "Eres como un león de las aguas, y como un dragón del mar", dice Ezequiel, en lo cual alude claramente a una ballena; en realidad algunas versiones de la Biblia usan esa misma palabra. Además, menguaría mucho la gloria de la gesta que San Jorge sólo hubiera afrontado a un reptil de los que se arrastran por la tierra, en vez de entablar batalla con el gran monstruo de las profundidades. Cualquier hombre puede matar a una serpiente, pero sólo un Perseo, un San Jorge o un Coffin tienen bastantes agallas como para avanzar valientemente contra una ballena.(…)

Mucho tiempo he estado dudando si admitir o no a Hércules entre nosotros, pues aunque, según las mitologías griegas, aquel Crockett y Kit Carson de la antigüedad, aquel robusto realizador de excelentes gestas entusiasmadoras, fue tragado y vomitado por una ballena, con todo, podría discutirse si eso, estrictamente, le hace ser ballenero. Por ninguna parte consta que jamás arponeara a tal pez, a no ser, claro está, desde dentro. Con todo, puede considerársele como una suerte de ballenero involuntario; en cualquier caso, la ballena le cazó a él, si no él a la ballena. Le reclamo para nuestro clan.

Pero, según las mejores autoridades contradictorias, esa historia griega de Hércules y la ballena ha de considerarse derivada de la aún más antigua historia hebrea de Jonás y la ballena, o vicecersa: ciertamente , son muy semejantes. Entonces, si reclamo al semidiós, ¿por qué no al profeta?

Y tampoco los héroes, santos, semidioses y profetas son los únicos en componer toda la lista de nuestra orden. Nuestro gran maestro todavía no ha sido nombrado, pues nosotros, como los solemnes reyes de antaño, encontramos nuestro manantial nada menos que en los mismísimos grandes dioses. Ahora ha de repetirse aquí aquella maravillosa historia oriental del Shastra, que nos presenta al temible Visnú, una de las tres personas que hay en la divinidad de los hindúes, y nos da al propio divino Visnú como señor nuestro; a Visnú, que, con la primera de sus diez encarnaciones terranales, ha dejado aparte y santificado para siempre a la ballena. Cuando Brahma, o el dios de los dioses, dice el Shastra, decidió volver a crear el mundo después de una de sus disoluciones periódicas, dio nacimiento a Visnú, para presidir el trabajo; pero los Vedas, o libros místicos, cuya lectura parecería haber sido indispensable a Visnú antes de empezar la creación, y que, por tanto, debían contener algo en forma de sugerencias prácticas para jóvenes arquitectos, eso Vedas, digo, yacían en el fondo de las aguas, de modo que Visnú, encarnándose en una ballena se zambulló a lasl últimas profundidades y salvó los sagrados volúmenes. ¿No fue entonces un ballenero ese Visnú, del mismo modo que un hombre que va a caballo se llama caballero?

¡Perseo, San Jorge, Hércules, Jonás y Visnú!, ¡vaya lista que tenemos! ¿Qué club, sino el de los balleneros, puede encabezarse de modo semejante?

 

(Fragmento del capítulo LXXXII de la novela Moby Dick (Traducción de José María Valverde, Booket, Barcelona, 2003).

Mujer barbuda (Poema de Richard Outram)*

Mujer barbuda (Poema de Richard Outram)*

De hecho soy del público una esclava;

cómo me gustaría ser indisciplinada

y empezar la mañana con una afeitada;


pero no me atrevo. Cada día me levanto

para mirarme al espejo con los ojos gachos

y, aunque me repugne, atusarme el mostacho


y acicalarme completa, obedientemente,

rizando las patillas untadas con aceite

antes de salir a enfrentarme con la gente.


Soporto el día entero los crueles azotes

de mil bromas soeces, insultos y sarcasmos;

yo leo los labios sin que nada se me note.


Se dice que no hay en el infierno alojada

furia semejante a la de la mujer despreciada:

sabrá Dios por qué yo estoy de este modo adornada.


Incluso al Todopoderoso le será peliagudo

encontrar entre los humanos aunque sólo sea uno

que me ame a pesar de mi semblante peludo.


Mas cuando el mundo y el tiempo hayan pasado,

vendréis todos frente a mí, sentada a Su lado,

radiante Novia Suya con el rostro barbado.



* (Poema extraído del libro En el bosque del espejo de Albergo Manguel (Alianza Editorial, Madrid, 2001)

In memoriam Bernard Leonard par F.Arrabal

In memoriam Bernard Leonard par F.Arrabal

Salut l’artiste!



Je me souviens comme tu étais fusionnant amour et amitié.

Je me souviens comme tu étais incendiant oublis et naufrages.

Je me souviens comme tu étais polissant topazes et regards.

Je me souviens comme tu étais alliant signes et signaux.

Je me souviens comme tu étais recherchant exils et retours.

Je me souviens comme tu étais accordant questions et réponses.

Je me souviens comme tu étais transformant l’éternité et ses instants.

Je me souviens comme tu étais cherchant la pierre et le feu.

Je me souviens comme tu étais chantant avec souffle et modulation.

Je me souviens comme tu étais fleurissant l’arbre et la vie.

Je me souviens comme tu étais sortant sur ta terrasse et tes étoiles.

Je me souviens comme tu étais atteignant astres et astérisques.

Je me souviens comme tu étais tatouant ta main et ta joue.

Je me souviens comme tu étais déchiffrant le fil et le secret.

Je me souviens comme tu étais rêvant sans chimère ni utopie.

Je me souviens comme tu étais visitant l’or et le pavillon.

Je me souviens comme tu étais blessé par dédains et déluges.

Je me souviens comme tu étais protégé sous les jupes du ciel.

Je me souviens comme tu étais décidé parmi les mythes et comètes.

Je me souviens comme tu étais forgeant esprit et fantaisie.

Je me souviens comme tu étais interrogeant absence et perversité.

Je me souviens comme tu étais glissant harmonieux et différent.

Je me souviens comme tu étais argumentant par forêts et labyrinthes.

Je me souviens comme tu étais enrichissant lisières et chevelures.

Je me souviens comme tu étais transmettant essence et existence.

Je me souviens comme tu étais multipliant vagues et traces.

Je me souviens comme tu étais armé de mousse et de gloires.

Je me souviens comme tu étais affrontant périls et pelages.

Je me souviens comme tu étais pénétrant mes doutes avec ta dune.

Je me souviens comme tu étais embrassant des espoirs sans épines.

Je me souviens comme tu étais brisant grilles et intransigeances.

Je me souviens comme tu étais chechant l’ineffable dans le miroir.

Je me souviens comme tu étais soupirant chrysalide et papillon.

Je me souviens comme tu étais piaffant sur le coursier du Paradis.

Tu arrives à la falaise

et à moi

vague après vague

dans tous les siècles des siècles.

Salut l’artiste!

Arrabal, Paris



Lu superbement par l’acteur J. Barbouth le 30-VI-08 au Colombarium du Père
Lachaise.

 

(Agradecemos a Fernando Arrabal que nos permita reproducir este poema inédito dedicado a su amigo Bernard Leonard.)