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Raúl Herrero

Diccionarío pánico por Iván Humanes

Diccionarío pánico por Iván Humanes

Diccionario Pánico

Por Ivan Humanes | Crítica | 4.02.09

libro

Diccionario Pánico
Fernando Arrabal
Editorial Libros del Innombrable

Quien haya seguido las colaboraciones dominicales de Fernando Arrabal habrá tenido acceso al universo de Arrabal en esencia pura. Esas definiciones, jaculatorias y “arrabalescos” que se han venido publicando, se han recogido en buen número en el Diccionario Pánico que edita Libros del Innombrable, con prólogo (a la primera edición) de Emilio Pascual y también de su editor, Raúl Herrero.

Este nuevo Diccionario Pánico tiene como antecedente otro anterior bajo el sello Ediciones de escritores españoles extranjeros, en 1998 y con edición de Pollux Hernúñez, y que recogía una tercera parte de los términos incluidos en la nueva edición. Precisamente, el carácter de obra hacia el futuro, en creación permanente, es uno de los rasgos de este Diccionario, que se abre como lugar de encuentro con el lector, sabiduría, y broma (no es menos significativo que al definir “Diccionario”, el autor se recree en la aparición del humor en el Diccionario de la Academia Francesa). Lo que ha fascinado a Arrabal y actúa como motor de su obra aparece en sus páginas: el ajedrez (Kamsky es el mejor ajedrecista vivo), Mandelbrot (“su cerebro sigue estando en gracia como un arrabal junto al cielo.”), Houllebecq, Perelman, Kundera, la Liga de los Poetas, Duchamp, la ´Patafísica, Fando y Lis, su Teatro y sus “teatristas”, Benjamin Ivry, la genialidad, el fanatismo, etc. Temas que reaparecen y se retoman, se afinan y dan continuidad a la idea, que es movimiento.

Milan Kundera ha definido con brillantez ese universo: “un mundo fantástico que no se parece a nada conocido o imaginado; el grado de su desemejanza alcanza el límite de lo concebible: sólo se asemeja a sí mismo.” En sus definiciones, como en su obra, Arrabal es capaz no sólo de improvisar y apresar una nota musical (que es nota literaria) desde lo más recóndito de la espontaneidad (oculto a la vista y a lo evidente, reservado sólo para genios), sino que además la hace sonar inteligente y única y le procura una condición total, de conocimiento total; se procura una nota literaria que es esférica en cuanto a su perfección y extrañeza en cuanto a su esencia.

Es inconcebible resumir o apresar en lo mínimo el sentido y objeto del Diccionario; cada acepción forma parte del universo del autor y da pista (o insinúa) la senda hacia la comprensión de su obra. Arrabal sin su Diccionario Pánico no sería Arrabal. Como se apunta en el prólogo: “Podríamos afirmar que el Diccionario Pánico (y patafísico) constituye una superficie límpida y espejada en la que Arrabal se contempla para devolvernos su reflejo”. Esta cuidada edición de Libros del Innombrable, además del Diccionario incorpora un nutritivo apéndice, donde se dan cita durante unas cien páginas los incisivos arrabalescos y jaculatorias (eyaculaciones, del latín “jaculari”) del autor.

Es posible que el Diccionario guarde su motivo secreto, la fórmula que sea génesis y movimiento del “Cosmos Arrabal”. Es posible que lo más cercano a ello sea la definición del pánico del Tercer Milenio, allí se dan los nuevos fundamentos del hombre pánico (y del Diccionario): “Soy medio patafísico, medio matemático, medio superdotado, medio surrealista, medio ajedrecista, medio pánico, medio loco y además todo revuelto en plena confusión. [µ¨(1/2+1/2+1/2)²]. Lo único que siento: no ser otro). Eso sí, como vemos en una de sus jaculatorias, la originalidad de su obra no se puede capturar: “Que el pánico no existió nunca lo corroboran los egregios cuando plagian lo que creen que es.”

[Con la generosidad que le caracteriza Iván Humanes ha escrito una admirable crítica sobre Diccionario Pánico de Fernando Arrabal. Sirva la inclusión en el blog como agradecimiento.

El artículo se ha publicado en Revista de letras:

http://www.revistadeletras.net/?s=ARRABAL

Y si quieres adquirir esta prodigiosa criatura:

http://www.librosdelinnombrable.com/catalogo/catalogo.asp]

A la boda con caracoles a la espalda (Entremés o paso, III)

A la boda con caracoles  a la espalda (Entremés o paso, III)

Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia. María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.
Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada. Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.

 

En escena una suite nupcial. En el centro un camastro rosa, cursi, kitsch y con mosquiteras de color fucsia. Suena la marcha nupcial de Félix Mendelssohn (del ballet Sueño de una noche de verano) interpretada al revés, o en un disco puesto al revés. En escena una pareja: Un hombre lleva en brazos a una mujer. Ojalá el actor sea un hombre fornido y ella una mujer tremendamente delgada, para que, al contrario de lo que las apariencias puedan augurar, el hombre apenas logre sostenarla a ella. Varias veces, antes de llegar al futuro lecho conyugal, él vacila, la tensión del cuerpo y el rostro desencajado nos revelan que él realiza un esfuerzo increíble, que lo sitúa al borde de sus fuerzas. Al final, el forzudo la deposita a ella sobre el lecho. Él se apoya en la cómoda de la habitación, con un pañuelo usado y arrugado que se ha sacado de un bolsillo, se limpia la frente. Con modestia cartesiana recomiendo que antes de salir a escena se derrame sobre el novio una jarra de agua. El público interpretará, con su pericia habitual, que el sudor requiebra por la cabeza y el cuerpo del muchacho como resultado de un trabajo desproporcionado. La novia queda en la cama cual si fuera un saco y con las piernas abiertas, no porque ella intente alguna forma de provocación, sino por simple indelicadeza en las formas. Suena un pasodoble que sustituye a la música clásica. Por un ventanal de la suite asoma una luna que lleva pijama y gorro de dormir.

Novio.- ¡Fíjate querida! ¡La luna! ¡Qué guasa!

Novia.-No me vengas con lunas ni con cinceles y atorníllame, ¡mi col de Bruselas!

Novio.-Aguarda que recupere el aliento. Los caracoles me han destrozado.

(El novio se gira y lleva pegados a la espalda varios caracoles)

Novia.-A partir de ahora no tendrás más aliento que el mío. ¡Repollo con almendras, tostada de emperador, gracia y vencejo de las almendras confitadas!

Novio.-Pero estos caracoles, ¡cómo duelen! Parecen abejas o avispas leonadas.

Novia.-No te inquietes ensaimada de tubérculos, que yo te los extraeré uno a uno con tanto cuidado que apenas notarás un leve crujido.

Novio.-¿De verdad harás eso por mí?

Novia.- (Que sujeta un cincel en la mano derecha) Sabes que ayudo a mi padre cirujano en mis ratos libres. ¡Pues no hay caderas por esos mundos que se lucen gracias al uso de mis manos!

Novio.-Ten cuidado, actúa con mesura. Mi piel padece una extraña enfermedad que la convierte en una sustancia de una delicadeza...

(En ese momento ella atrapa un caracol que arranca de la espalda de su novio como si le librara de una garrapata.)

Novio.-Ayyyyy, ¡dios Santo!

Novia.- ¡Tanto te alegras por nuestro enlace! ¡Qué apasionado eres!

(Ella sigue extirpando los caracoles de la espalda del novio y en cada tirón realiza una carnicería en la espalda de la víctima)

Novio.- ¡Cómo se reía tu padre durante toda la boda!

Novia.-Sí, se ha descojonado, ¿verdad?

Novio.-Aunque no comprende qué le impulsaba a reírse tanto.

Novia.-Yo le recordaba a mi madre, en paz descanse.

Novio.- ¿También le puso tu madre a tu padre estos extraños caracoles en la espalda durante la ceremonia?

Novia.- (Muy seria) ¡Desde luego! Se trata de una tradición familiar. Bueno, ya está…

(La novia da por terminada la masacre de la espalda.)

Novia.- ¿Aún no te quitas la ropa ?

Novio.-Pues la verdad, me apetece desnudarme porque mi sudor se ha mezclado con las fibras sintéticas de mi camiseta y temo que parte de ella se quede pegada a mi cuerpo para siempre.

Novia.-Eso, buey de mis sueños y mis melocotoneros. A partir de esta noche cuando mastique ternera ya no volará tu imagen hasta mi ensueño, cuando rasgue tendones y corte las impurezas y tumores, ya no pensaré en la pasión desnaturalizada que me aguarda en mi noche de bodas contigo.

(El novio se sienta en la cama y se quita los zapatos.)

Novio.- ¡Qué dolor de pies! Te empeñaste en que me comprara estos zapatos que me venían tres tallas pequeños… Después del baile apenas siento los dedos. ¿Los ves? Están amoratados. ¿Crees que se me caerán?

Novia.- No puede ser. Tienes que conservarlos durante algunos años. Ya sabes que es costumbre de mi familia, que la esposa coma al marido uno de los dedos de los pies, el día de la boda de su hijo.

Novio.-Y a ti, ¿te gustaría que tuviéramos muchos niños?

Novia.-Casi no pienso en otra cosa, ya me entiendes.

(Suena en off una carcajada propia de una película de terror.)

Novio.-Ahora comprendo a tu padre.

Novia.-Siempre ha tenido un humor inglés, muy refinado. Por ejemplo, ¿sabes que dijo cuando se enteró de la muerte de mi madre?

Novio.-Se alegró porque así conservaría todos los dedos de los pies el día de nuestra boda…

Novia.- ¡Qué mamarrachada! Eso para los de nuestra familia supone un privilegio. Mi padre llegó a casa con dos entradas para acudir al cine esa noche. Entonces se encontró con el cadáver de mi madre tendido en el suelo de la cocina. Una vez que desfilaron por la casa los policías, los médicos, un boticario, los amigos, un vecino bombero, el forense y dos sacerdotes y demás parentela, casi le aseguraron a un ciento por ciento que mi madre había muerto. Mi padre dejó caer las dos entradas decine sobre las nalgas de la difunta y murmuró: “¡Qué contratiempo! ¿Y ahora dónde voy yo con dos entradas?” ¿No te parece increíble? ¡Qué humor tan fino! ¿Verdad?

Novio.-No sé qué pensar… ¿Y tu madre de qué murió?

Novia.-La asesinaron. Aunque nunca encontraron al responsable.

(Vuelven a escucharse en off las carcajadas del padre.)

Novia.- ¡Escucha! ¡Escucha qué música celestial! ¡Qué feliz, qué feliz es mi padre! ¡Y qué feliz soy yo!

(La Novia gira en círculos por la escena. El Novio permanece inmóvil, con el rostro desencajado, sentado en la cama.)

Novia.- ¿Sabes qué hizo mi madre a modo de colofón tras la noche de bodas?

Novio.- Ni idea.

Novia.-Quemó el cuarto del hotel. La rememoración de ese día nos proporcionó tantas veladas agradables durante las comidas familiares con primos y hermanos.

Novio.-Ya lo suponía, ya. (Con voz atemorizada) ¡Menuda gracia! ¡Toda la habitación en llamas! ¿Verdad? ¡Y los bomberos! ¡Y los sepultureros! ¡Y el olor a chamusquina!

Novia.- ¡Qué bien hablas! (La novia muestra sus pechos al aire. Grita) ¡Bésame!

(El novio pretende besarle los pechos pero ella le empuja)

Novia.- ¿Cómo te atreves? ¡No sabes distinguir una tímida insinuación de una invitación al sexo más desenfrenado y conspicuo!

Novio.- (Tras reflexionar unos momentos) No, creo que no.

(Sale de debajo del futuro lecho marital un hombre de cierta edad vestido de novio.)

Flamarium.- ¡Apártate de ella joven!

Novio.- ¿Quién es usted? ¿De donde sale?

Flamarium.-Mi nombre tal vez no lesugiera nada. Pero si le aseguro que llevo bajo esa cama treinta y cinco años, ¿qué me diría a eso?

Novio.- ¿Cómo ha sobrevivido?

Flamarium.- El deseo de venganza fue mi barbitúrico y mi pitanza.

Novia.- ¡No! ¡No es posible!

Flamarium.-Por supuesto que lo es.

Novio.- ¿Qué pasa?

Novia.-Este hombre es mi tío Flamariun.

Flamarium.-Sí, en efecto. ¡Y he venido para vengarme de tu familia!

Novio.- ¿De la mía?

Flamarium.-No, de la suya.

Novio.- ¡Ah, bueno!

Novia.-Pero si tras casarte con mi tía desapareciste, ¿dónde has estado durante estos años?

Flamarium.-Debajo de esa cama. (Al Novio) Sepa usted, buen hombre, que las mujeres de esta familia poseen la capacidad de hacer infeliz a su consorte por los cuatro costados. Yo no escuché a mi padre, ni a los vecinos de mi pueblo, cuando me advirtieron de la leyenda que circulaba por allende los mares, sobre una población de mujeres que se casan para comerse a los consortes y quedarse con todas sus propiedades.

Novio.- ¡No es posible! ¡Pero tanta maldad hay en el mundo!

Flamarium.- ¡Tanta y más!

Novia.-No le escuches, mi tierno corazón de vaca sanguinolento.

Flamarium.- ¡Y no contentas con eso, esas mujeres, antes de asestarle a la víctima el golpe definitivo, poco a poco se lo van comiendo en vida aludiendo extrañas y lúgubres tradiciones familiares!

Novio.-Algo de eso sí que hay.

(Se escucha en off de nuevo la carcajada del padre.)

Flamarium.- Por eso ríe el padre de la novia con tanto ahínco. Se libró de la madre y ahora de la hija. ¡Ya es libre! ¿No lo comprende?

Novio.-Eso que dice es monstruoso.

Flamarium.- Tenía que tratarse de una historia muy truculenta para que un hombre de acción como yo aguardara treinta y cinco años oculto bajo una cama para contarla. ¿No le parece?

Novia.- Este hombre está trastornado de la mugre que ha esnifado bajo esa jergón durante los últimos años.

Novio.- ¡Pero tú le has reconocido!

Novia.-Al principio me recordó a mi tío, el que desapareció tras la noche de bodas, pero ahora que me fijo y..., no, no puede ser él…

Flamarium.-Joven, si rebusca entre las pertenencias de su esposa encontrará un libro de cocina cuyas recetas siempre incluyen carne humana.

Novio.- ¡No puede ser cierto!

Novia.- ¡Qué dice este loco! Si yo siempre he preferido la carne cruda.

Flamarium.- ¡Ábrale la maleta y busque y rebusque!

Novio.- (A la Novia) Vamos, déjame tu maleta.

Novia.- (Llorosa) ¿Ahora no confías en mí? ¿Te das cuenta del profundo dolor que me infringes con tu desdén y desconfianza? (Se tumba en el suelo y llora desconsolada) ¡Ay, virgen santa! ¡Ay, Dios mío y de mis antepasados!

(El Novio y Flamarium se abalanzan sobre la maleta de ella y la abren. Rebuscan y dispersan por toda la escena las ropas de ella. Al fin el Novio encuentra un libro.)

Flamarium.- No tengas reparo, ahora conocerás la verdad.

(El Novio hojea el libro. Silencio.)

Flamarium.- ¿Qué le parece?

Novio.-La encuadernación no es muy buena y la impresión tan pobre, que a veces ni siquiera se distinguen las letras.

Flamarium.- Lea algo en voz alta.

Novio.- (Lee.) Para la elaboración del siguiente regusto se precisa al menos un kilo de arroz, tres cuartos de kilo de orejas de tocino, media botella de vino blanco, abundantes especias y tres cuartos de lomo humano, a ser posible, de un ejemplar macho de mediana edad. Aquí no dice nada respecto a que ella piense matarme.

Flamarium.-Fíjese con atención. En la receta se recomienda el uso de lomo humano, de varón de mediana edad…

Novio.- ¿Y?

Novia.- ¿Te das cuenta? Este hombre es un perturbado que sólo busca el hacernos desgraciados y sazonar nuestros cuerpos con tubérculos.

Novio.- No sé si fue antes el contemplar tus nalgas, o el hambre desmedida de caracoles que me embarga, pero, de cualquier modo, no creo en las palabras de este miserable, de este vejestorio con más de treinta años de “bajacama”.

Flamarium.- ¿Ésa será su última palabra?

Novio.- (Ofendido) Y mi palabra última también.

Flamarium.- ¿Qué hora es?

Novia.-Medianoche pasada.

Flamarium.- ¡Uy que tarde!

(Flamarium inicia el mutis al tiempo que canturrea unan polka con despreocupación).

Novia.- (Mientras prepara un caldero en el centro de la habitación) ¡Qué bien has hecho! Sabía que a ti nadie podía engañarte.

Novio.-Ahora desnudaré para asearme un poco.

Novia.- Sobre todo pon atención en los pliegues de carne donde la suciedad a veces se oculta con disimulo.

(La Novia corta verduras y las introduce en el caldero.)

Novio.- A mí, ahora no me apetece comer nada. Después del banquete…

Novia.-Tú ve a lavarte, que yo sé muy bien lo que hago.

(El Novio sale. La Novia queda sola en escena afilando un enorme cuchillo y cantando “Soy el novio de la muerte…” Entra un leñador furioso con un hacha en la mano.)

Leñador.- Perdón, ¿el lobo?

Novia.-En la habitación contigua

Leñador.- (Iniciando el mutis) ¡Ah!, perdone.

(La Novia sigue cantando mientras cae el

TELÓN


© Raúl Herrero

Juan Palomo ha hablado

Juan Palomo ha hablado

No podía ser en otro sello: Libros del Innombrable, la misma editorial que ha recuperado El Pánico/Manifiesto para el tercer milenio de Fernando Arrabal, celebra su primera década reuniendo en Defensa Kundera Arrabal el poema que el dramaturgo lanzó en defensa del autor de La insoportable levedad del ser después de que fuese acusado de espía. Junto a él, numerosos textos de ambos autores y el poema arrabalesco “Clítoris”, y su traducción kunderiana al checo, con impagables versos como “Okno more pro boure a vlny”.

 

Desde su sección del suplemento El Cultural de El Mundo Juan Palomo, el único lector de España, descubre con su clarividencia lo que otros callan.

Reseña de El pánico / Manifiesto para el tercer milenio de Fernando Arrabal

Reseña de El pánico / Manifiesto para el tercer milenio de Fernando Arrabal

El pánico.
Manifiesto para el tercer milenio
de Fernando Arrabal
Libros del Innombrable, Zaragoza, 2008, 187 pág.


Edición fundamental de los postulados del Teatro pánico que, en 1965, Arrabal concibió junto a otros autores que consideraron las obras pánicas como exacta expresión del hombre pánico. En el caso de Arrabal, su manifiesto proponía un teatro en el que la poesía, el humor, el amor y el pánico se amalgamaran como esencia dramática con la que transformar el mundo. Provocativa propuesta recogida en el libro junto a escritos de Jodorowsky y de Topor. Original manera de entender la espiritualidad del tercer milenio.

[Reseña publicada en la Revista El Ciervo, enero 2009, pág. 43]

ADIOS A GREGOIRE, EL CHIMPANCÉ MÁS VIEJO DE ÁFRICA

ADIOS A GREGOIRE, EL CHIMPANCÉ MÁS VIEJO DE ÁFRICA

[Gregoire en la fotografía superior]

FALLECE GREGOIRE, EL CHIMPANCÉ MÁS VIEJO DE ÁFRICA


Desde el Instituto Jane Goodall anunciamos con gran pesar el fallecimiento de Gregoire, el chimpancé más viejo de África, que con aproximadamente 66 años, murió pacíficamente mientras dormía el pasado día 18 de este mes en el centro de recuperación de Tchimpounga, junto a La Vielle, su compañera durante mucho tiempo.

Gregoire había vivido en el santuario de la República del Congo durante los últimos 11 años. Antes de su rescate por la primatóloga Jane Goodall, Gregoire sobrevivió a más de 40 años de confinamiento solitario en una pequeña jaula en el zoo de Brazzaville y a una evacuación por aire durante una de las guerras civiles.

Gregoire ya era una personalidad nacional, aunque en un estado desolador, cuando la Dra Goodall lo encontró por primera vez en 1990. Como explicó más tarde, “Miraba a este ser extraño, solo en su jaula deprimente con suelo de cemento. Su piel pálida, casi sin pelo se estiraba sobre su cuerpo consumido de forma que cada uno de sus huesos era visible. Sus ojos estaban apagados cuando alargaba su mano escuálida hacia un pedazo de comida. ¿Era ésto realmente un chimpancé?”

Sobre la muerte de Gregoire, Ferran Guallar, presidente del Instituto en España declaró: “Si la salvación del chimpancé como especie en libertad es nuestro objetivo y un símbolo de la salvación de todos los ecosistemas en el planeta, y por consiguiente de nuestra propia especie, Gregoire ha sido para nosotros un símbolo de todas las malas prácticas humanas que afectan al resto de seres vivos, no solo como especie, sino individualmente: la destrucción de sus hábitats, las matanzas masivas, las mascotas ilegales, el confinamiento en condiciones terribles, la experimentación absurda, las granjas intensivas, el uso de sus pieles, etc, etc. Y un símbolo de la tenacidad de la naturaleza por seguir adelante. De hecho cada uno de los chimpancés huérfanos simboliza todo eso, pero los que hemos tenido la suerte de conocer a Gregoire personalmente, sabemos que él era especial. Por su personalidad y por su historia. Era un tipo increíble.”
Gregoire había vivido en la jaula en el zoo de Brazzaville Zoo desde 1944. La Dra. Goodall consiguió que un cuidador le proporcionara más atención y una dieta más sana. Entonces, en 1996, Gregoire fue presentado a dos nuevos chimpancés: un joven macho huérfano y una hembra infantil. El espíritu tenaz que había mantenido vivo a Gregoire durante décadas de aislamiento estaba intacto. Empezó a jugar como un niño con los jóvenes chimpancés.

En 1997, la Guerra civil intermitente en el Congo empeoró. El zoo, a solo un kilómetro del aeropuerto, se convirtió en el centro de muchas batallas. Cada vez que explotaba un obús, Gregoire se escondía bajo su estantería de madera para dormir, arrancándose trozos de piel de su espalda.
El Instituto Jane Goodall, la Fundación John Aspinall y la Embajada Americana organizaron la evacuación de los chimpancés del zoo a Point Noire, y posteriormente fueron llevados al santuario de Tchimpounga.Gregoire tardó muchos días en recuperarse del trauma en Brazzaville y el transporte en helicoptero. Pero poco a poco se fue ajustando a su nuevo entorno. Vivía para jugar con sus jóvenes amigos. Tiempo más tarde, los jóvenes crecieron y se volvieron demasiado fuertes para el viejo Gregoire, y se le trasladó a un área del santuario con La Vielle, una hembra adulta muy tranquila rescatada del Zoo de Pointe Noire. Allí, tenía su jardín especial y ejercía de abuelo con los chimpancés infantiles.
Gregoire será enterrado en el Santuario de Tchimpounga, el hogar que le proporcionó refugio, cuidadores atentos y la posibilidad de ser feliz en la última década de su vida. Gregoire será muy recordado y echado de menos por todos, chimpancés y humanos.El Instituto Jane Goodall trabaja activamente en África para combatir las causas de los problemas que diezman las poblaciones de chimpancés, a través de la concienciación y educación de la sociedad civil, el desarrollo sostenible de las comunidades locales (construcción de escuelas, pozos de agua, talleres de planificación familiar, actividades económicas alternativas), programas de conservación de los ecosistemas (reforestación y regeneración de bosques, reintroducción de especies…), y talleres para los agentes gubernamentales encargados de hacer cumplir la ley. Al mismo tiempo, el IJG trabaja para paliar las consecuencias de la caza y el tráfico, atendiendo las necesidades de los chimpancés rescatados a través del equipo de más de 40 trabajadores dirigidos por la veterinaria española Rebeca Atencia, Directora de Tchimpounga.

 

Esta noticia la he tomado de la página del Instituto Jane Goodall.

 

Defensa de Kundera & Jaime Asensi /Arrabal

Defensa de Kundera & Jaime Asensi /Arrabal

El ilustrador, dibujanto y santo Jaime Asensi me escribe para decirme que ha publicado una reseña del libro de la editorial Libros del Innombrable Defensa de Kundera de Arrabal en su blog. ¡Qué suerte! ¡Qué gusto tan preciso y de alabar! Desde aquí mi agradecimiento.

La reseña:

Hace unos días me llegó un emocionante y precioso libro Defensa Kundera Arrabal (Editorial Libros del Innombrable) en el que estoy un poquito involucrado, el poema que me envió don Fernando Arrabal dedicado y en defensa de Milan Kundera que le traduje al gallego. El libro se completa con un texto de Juan Goytisolo y otros de F. Arrabal dedicados a Kundera y otros de este para don Fernando. Con unos preciosos dibujos de don F. Arrabal. Podeis ver aquí la portada y la bonita dedicatoria que me hizo don Fernando.


Y el Poema de don fernando Arrabal en castellano y mi traducción al gallego:

¿Hasta cuando la calumnia se alzará, indeleble?
¿Hasta cuando los carroñeros salpicarán con su propia ignominia a los solitarios?
¿Hasta cuando la frontera entre vida privada y dominio público será"napalmizada"?
¿Hasta cuando los violadores del indispensable secreto de nuestras vidas se cebarán en las letrinas de la historia?
¿Hasta cuando los exterminadores del matiz entre la obra y su autor continuarán agarrotando?
Hasta cuando la víctima será cubierta de escupitajos y clavada en la picota?
Expresamos nuestra amistad y nuestra viva admiración por Milan Kundera, octubre de 2008, en París.

¿Ata cando a calumnia se alzará, indeleble?
¿Ata cando os carroñeiros salpicarán coa súa propia ignominia aos solitarios?
¿Ata cando a fronteira entre vida privada e dominio público será "napalmizada"?
¿Ata cando os violadores do indispensable segredo das nosas vidas se cebarán nas latrinas da historia?
¿Ata cando os exterminadores do matiz entre a obra e o seu autor continuarán agarrotando?
Ata cando a vítima será cuberta de esputos e cravada na picota?
Expresamos a nosa amizade e a nosa viva admiración por Milan Kundera, outubro de 2008, en París.

El enlace:

http://jaimeasensi.blogspot.com/

Medieval Chants

Medieval Chants

Para todos mis amados y locuaces lectores con acceso a la plataforma iTunes he realizado una selección de música sagrada vocal, en su mayoría de origen medieval, que comprende tanto la fe católica, como la ortodoxa y la judía. Los interesados pueden adquirirla en el siguiente enlace:

http://itunes.apple.com/WebObjects/MZStore.woa/wa/viewIMix?id=301965675


A continuación incluyo el listado de los títulos seleccionados:

onfitebor Tibi, Domine - Schola Adventus
Missa de Angelis: I. Kyrie - Anne-Marie Deschamps & Ensemble Venance Fortunat
Missa de Angelis: II. Gloria - Anne-Marie Deschamps & Ensemble Venance Fortunat
Missa de Angelis: III. Credo - Anne-Marie Deschamps & Ensemble Venance Fortunat
Missa de Angelis: IV. Sanctus - Anne-Marie Deschamps & Ensemble Venance Fortunat
Missa de Angelis: V. Agnus - Anne-Marie Deschamps & Ensemble Venance Fortunat
Missa de Angelis: VI. Ite Missa Est - Anne-Marie Deschamps & Ensemble Venance Fortunat
La Ciel et la terre (Heaven and earth) / Verbum patris hodie - Claude Bernatchez & Ensemble Anonymus
Hildegard von Bingen: "O viridissima virga" - Jeremy Summerly & Oxford Camerata
The Lamb - Anonymous 4
Veni Creator Spiritus - David James, John Potter, Rogers Covey-Crump & The Hilliard Ensemble
On Your Immortal Assumption - Deisus
Veit Ek at Ek Hekk - Sequentia & Benjamin Bagby
O Dulcissime Amator (O Sweetest Lover) - Oxford Girls’ Choir, Sinfonye & Stevie Wishart
Evstatie Protopsaltul Amin - Se Ymnoumen - Preludiu Ensemble & Voicu Enachescu
Responsory from the Office of Charlemagne: O quam felicis - Scholae Hungaricae Choir
Hashkiveinu - Avner Ital, BBC Singers, Christopher Bowers-Broadbent & Hans Peter Blochwitz

 

Por la puerta grande (Entremés o paso, II)

Por la puerta grande (Entremés o paso, II)

Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia. María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.
Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada. Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.


Una habitación gigantesca, desproporcionada, ahogada por muebles estilo biedermeier. Una lámpara enorme, realizada con cristal de roca, cuelga del techo. Bajo esa monstruosa creación, que recuerda por su al incensario de la Catedral de Santiago de Compostela, una anciana sentada en una mecedora ejecuta los movimientos repetitivos propios de una persona cuando practica la calceta. La anciana viste de luto, con una pañoleta en la cabeza, una rebeca de punto sobre los hombros. No se le ve ni un centímetro de piel porque a su cuerpo lo envuelven vendas de lino. Sí, como a las momias. Suena una música de réquiem: Berlioz o Verdi. Tras unos segundos la música desciende, se escucha el crujir monótono de la mecedora durante varios segundos o minutos, según el tiempo que tarde el público en impacientarse. Entra Faustino Perlanas, un enano muy joven, con un ramo de flores en la mano. Baila una danza exótica y excéntrica con mucha gravedad, en un silencio violentado por la bamboleante mecedora.


 

Faustino.- (Desde una distancia prudente porque desconfía de la anciana. Susurrante.) Señora, señora.

(La anciana no se inmuta ahora ni durante el resto de la obra. Sólo musita sus intervenciones con desgana o con el tono que el director o la actriz consideren apropiado dependiendo de la situación. La anciana también puede intervenir con un tono de voz que manifieste indiferencia.)

Faustino.- (Más alto que antes.) Señora, señora.

(Silencio.)

Faustino.-(A gritos.) ¡Señoraaaaaa!

(Silencio.)

Faustino.-(En voz alta o en alta voz.) Mi nombre es Faustino Perlanas y venía a casarme con su nieta. ¿Me oye? ¡Señoraaa!

(Faustino se aproxima a la anciana con prudencia, temeroso.)

Faustino.-(A gritos.) ¡Qué venía a casarme con la que supongo será su nieta! ¿Me oye?

(Faustino se aproxima más a la anciana y justo cuando se encuentra a punto de tocarla, ella interviene de manera imprevista. Faustino se asusta y retrocede.)

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

(Silencio. Faustino Perlanas, tras retroceder asustado, fija su mirada en la anciana.)

Faustino.-(Con temor. En voz alta.) Preguntaba por su nieta, señora, noble anciana.

¡Señooooraaaa! (Aparte.) ¿Será sorda la vieja?

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Faustino.-¿Otra vez con la calceta? ( A la anciana y a gritos.) ¡Señoraaaaa! ¿Está sorda? ¿Preguntaba por su nietaa? Vengo a casarme con ella.

Dueño y Señor.-(Voz en off. Grave.) ¿Con su nieta?

(Faustino Perlanas se asusta y corre a ocultarse tras la mecedora de la anciana. Silencio.)

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Faustino.-¿Quién es?

Dueño y Señor.- Soy el dueño y señor… de esta casa.

Faustino.-(Tras salir de su escondite. Muy serio y con la vista puesta en el cielo.) Es un placer. Mire, mi nombre no es otro que Faustino Perlanas y venía con el propósito de casarme con su nieta.

Dueño y Señor.- No tengo nietas. ¿Será con la nieta de mi madre?

Faustino.- ¿Con quién?

Dueño y Señor.- Esa señora de ahí es mi madre.

Faustino.-(Saca la cartera y enseña una foto.) Mire, ¡y esta es la mía! ¿Y la suya donde está?

Dueño y Señor.-Sentada en la mecedora.

Faustino.-Pero… es sorda, ¿verdad?

Dueño y Señor.-¡Cómo se atreve! ¡De ningún modo!

Faustino.-¿Entonces no me deja casarme con su nieta?

Dueño y Señor.-No le he dicho que no tengo nietas.

Faustino.-¿Pero no era su madre esta señora?

Dueño y Señor.-Por eso mismo.

Faustino.-Pero, ¿es sordo o qué le pasa?

Dueño y Señor.-Está muerta.

Faustino.-¿Su nieta? ¡Qué desgracia!

Dueño y Señor.-No, mi nieta… mi hija, no. Mi madre es la que está muerta.

Faustino.-¿Qué madre?

Dueño y Señor.-La mía.

Faustino.-¿La sorda?

Dueño y Señor.-¡No está sorda! ¡Está muerta!

Faustino.-Pero si se mueve…

Dueño y Señor.-¡Y qué quiere que yo le haga!

Faustino.-Pues impóngase, ¡señor mío! Con los muertos hay que tener mucho cuidado porque enseguida se le suben a uno a las barbas.

(Faustino se coloca una barba postiza y baila una canción tirolesa. La anciana acompaña el ritmo con un pie. Mientras Dueño y Señor lanza exclamaciones de sorpresa y enojo: “¡Ohhhh! ¡Qué escándalo! ¡Qué barbaridad! ¡Virgen Santa!”.)

Anciana.-(Una vez que Faustino Perlanas ha finalizado su baile.) A mí lo que más me gusta es la calceta.

Dueño y Señor.-Bueno, ¿y qué quiere de mi hija?

Faustino.- De su nieta… Bueno, quería, ya me entiende. Primero casarme y luego… ¡qué picantón es usted!

Dueño y Señor.-¡Por todos los santos! ¿Dónde ha estudiado usted? ¡Qué desfachatez!

Faustino.-(Tras sacar de su bolsillo un papel.) Aquí le traigo mi curriculum “bario”.

Dueño y Señor.-¿Querrá decir “vite”?

Faustino.-(Sorprendido) ¡Ah! ( A la anciana y en un susurro.) ¿Qué ha dicho que vi?

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Faustino.-A mi su nieta me gusta más que un pollo a la chilindrón.

Dueño y Señor.-¡Ya le he dicho que se trata de mi hija!

Faustino.-Ah, perdone, creí que era su madre.

Dueño y Señor.-¿Mi madre?

Faustino.-¡Como hablaba de su nieta!

Dueño y Señor.-¡Qué nieta!

Faustino.-No, yo no tengo ni hijos, como para tener nietos ni nietas. Además yo he venido aquí a casarme o, en su defecto, a leer mi columbario.

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Dueño y Señor.-Entonces, ¿quiere casarse con mi hija? ¿Viene a pedirme la mano?

Faustino.-(Realiza en el aire el gesto de estrechar la mano.) Sí, la mano.¡Encantado! (Habla de nuevo con la anciana.) Pues como le decía, su madre me gusta más que las perneras de pana.

Dueño y Señor.-¿Qué le dice a mi madre?

Faustino.-Pero ¿no era su nieta?

Dueño y Señor.-¿Quién?

Faustino.-Si no sabe de lo que habla manténgase callado. ¿Y mi columbario lo lee o no?

Dueño y Señor.-¡Qué desfachatez!

Faustino.-¡Pues se lo leo yo! Nací donde dijo mi madre y en un año qué a usted no le importa. Durante mis primeros quince años de vida mi madre me crió amamantado por una cabra salvaje de nombre Ofelia y de sexo hembra. A pesar de mi corta estatura sobresalí como amaestrador de focas, liberador de chimpancés y antialpinista durante cerca de tres ó cuatro meses. Después me he dedicado a mis labores con una actividad tan constante que he llegado a levantar dos casas, tres pensiones y cuatro palacios.

Dueño y Señor.-¡Qué bobadas son esas!

Faustino.- Si algo existe bajo la capa del cielo que me cabrea son las personas que hablan sin saber, por decir algo, como si el hablar fuera defecar. Aquí hablo, aquí cago, aquí hablo, aquí cago, así, de cualquier manera y forma. (A la anciana.) ¿Verdad señora?

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Faustino.- A mí su hija me gusta más que los helados rellenos de helado.

Dueño y Señor.-¡Esto es inaudito! Ahora mismo voy a mandar que lo expulsen de mi casa a mis quinientos mamelucos.

Faustino.-¡Usted no se meta donde no le importa! Porque si es usted el padre de esta señora, le queda la parentela muy lejana en relación con mi prometida, para que me venga a mí a decir si esto o si aquello.

Dueño y Señor.-¡Fuera! ¡Fuera de mi casa ahora mismo!

Faustino.- Vaya, vaya carácter. ¿Ha bebido o siempre tiene tan mala baba? ¿Puedo hablar con su abuela?

Dueño y Señor.-¿Mi abuela? Estaba hablando usted con mi madre, que, por cierto, está muerta desde hace treinta años. La dejamos en la mecedora por tenerla ocupada con algo.

Faustino.-Lo mismo hicieron mis padres conmigo.

(La anciana se levanta y muestra una escopeta.)

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

(Faustino arrebata el arma a la anciana y comienza a disparar al cielo.)

Dueño y Señor.-¡Oh, dios! ¿Pero qué hace?

(Cae a escena un cuerpo muerto desde el techo de la escena mientras suena el Aleluya de Haendel.)

Faustino.-(A la anciana.) Buenas, señora, venía a casarme con su nieta.

(La anciana se sienta de nuevo en la mecedora y prosigue su labor.)

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

(Mientras Faustino limpia la escopeta y se escucha el sonido de la mecedora desciende el …)

TELÓN

 

[En la imagen superior ilustración de Aljoscha Blau para el libro Mejillas Rojas de Heinz Janisch. Traducción de Eduardo Martínez. Salamanca, España, Lóguez Ediciones, 2006. Colección Rosa y Manzana.]

© Raúl Herrero