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Raúl Herrero

Motivos de tristeza, (LXXVI)

Motivos de tristeza, (LXXVI)

(En la fotografía superior retrato regio del padre de la doncella.)

Despertó la doncella de su ensueño mortal y contempló al príncipe de cuerpo entero: Era bizco, contrahecho, le faltaba una oreja, su barba se asemejaba a unas nalgas orientales… A ella no le importunaba tamaña apariencia pero comprobó, tras mantener una breve conversación con él, que era lerdo, idiota y, lo peor, tal vez un versificador que se consideraba poeta. La joven estiró la colcha por encima del horizonte, por encima de sus axilas y por encima de los demás cortesanos que bostezaban despechados por lo desgarbado del príncipe. Entonces un perro se acercó hasta la doncella y le besó en los labios reales y evanescentes. El príncipe protestó y el can le mordió en una pierna —que más tarde se supo era de madera—. La muchacha subió a lomos de aquel pequeño animal, tan diminuto que ella, a pesar de montarlo, arrastraba las piernas por el suelo. Aunque el desplante fue para el príncipe motivo de tristeza, cuando el padre le aseguró que, a pesar de todo, él heredaría la corona, el muchacho, sano a pesar de los accidentes, pensó: “Si van a coronarme rey todas formas, no necesito a una princesa obtusa. Pero… ¿y qué será de ese pobre perro?”.

Herman Melville escribe sobre Perseo, Hércules y otros balleneros míticos

Herman Melville  escribe sobre Perseo, Hércules y otros balleneros míticos


El valiente Perseo, un hijo de Júpiter, fue el primer ballenero, y ha de decirse para eterno honor de nuestra profesión, que la primera ballena atacada por nuestra cofradía no fue muerta con ninguna intención sórdida. Aquéllos eran los días caballerescos de nuestra profesión, cuando sólo tomábamos las armas para socorrer a los que estaban en apuros, y no para llenar las alcuzas de los hombres. Todos saben de la hermosa historia de Perseo y Andrómeda; cómo la deliciosa Andrómeda, hija de un rey, fue atada a una roca en la costa, y cuando el Leviatán se disponía a llevársela, Perseo, el príncipe de los balleneros, avanzando intrépidamente, arponeó al monstruo, libró a la doncella y se casó con ella. Fue una admirable gesta artística, raramente lograda por los mejores arponeros en nuestros días, ya que este Leviatán quedó muerto al primer arponazo. (…) Afín a la aventura de Perseo y Andrómeda —incluso, algunos suponen que deriva indirectamente de ella— es la famosa historia de San Jorge y el dragón, el cual dragón yo sostengo que fue una ballena y los dragones se entremezclaban extrañamente, y a menudo se sustituían unos a otros. "Eres como un león de las aguas, y como un dragón del mar", dice Ezequiel, en lo cual alude claramente a una ballena; en realidad algunas versiones de la Biblia usan esa misma palabra. Además, menguaría mucho la gloria de la gesta que San Jorge sólo hubiera afrontado a un reptil de los que se arrastran por la tierra, en vez de entablar batalla con el gran monstruo de las profundidades. Cualquier hombre puede matar a una serpiente, pero sólo un Perseo, un San Jorge o un Coffin tienen bastantes agallas como para avanzar valientemente contra una ballena.(…)

Mucho tiempo he estado dudando si admitir o no a Hércules entre nosotros, pues aunque, según las mitologías griegas, aquel Crockett y Kit Carson de la antigüedad, aquel robusto realizador de excelentes gestas entusiasmadoras, fue tragado y vomitado por una ballena, con todo, podría discutirse si eso, estrictamente, le hace ser ballenero. Por ninguna parte consta que jamás arponeara a tal pez, a no ser, claro está, desde dentro. Con todo, puede considerársele como una suerte de ballenero involuntario; en cualquier caso, la ballena le cazó a él, si no él a la ballena. Le reclamo para nuestro clan.

Pero, según las mejores autoridades contradictorias, esa historia griega de Hércules y la ballena ha de considerarse derivada de la aún más antigua historia hebrea de Jonás y la ballena, o vicecersa: ciertamente , son muy semejantes. Entonces, si reclamo al semidiós, ¿por qué no al profeta?

Y tampoco los héroes, santos, semidioses y profetas son los únicos en componer toda la lista de nuestra orden. Nuestro gran maestro todavía no ha sido nombrado, pues nosotros, como los solemnes reyes de antaño, encontramos nuestro manantial nada menos que en los mismísimos grandes dioses. Ahora ha de repetirse aquí aquella maravillosa historia oriental del Shastra, que nos presenta al temible Visnú, una de las tres personas que hay en la divinidad de los hindúes, y nos da al propio divino Visnú como señor nuestro; a Visnú, que, con la primera de sus diez encarnaciones terranales, ha dejado aparte y santificado para siempre a la ballena. Cuando Brahma, o el dios de los dioses, dice el Shastra, decidió volver a crear el mundo después de una de sus disoluciones periódicas, dio nacimiento a Visnú, para presidir el trabajo; pero los Vedas, o libros místicos, cuya lectura parecería haber sido indispensable a Visnú antes de empezar la creación, y que, por tanto, debían contener algo en forma de sugerencias prácticas para jóvenes arquitectos, eso Vedas, digo, yacían en el fondo de las aguas, de modo que Visnú, encarnándose en una ballena se zambulló a lasl últimas profundidades y salvó los sagrados volúmenes. ¿No fue entonces un ballenero ese Visnú, del mismo modo que un hombre que va a caballo se llama caballero?

¡Perseo, San Jorge, Hércules, Jonás y Visnú!, ¡vaya lista que tenemos! ¿Qué club, sino el de los balleneros, puede encabezarse de modo semejante?

 

(Fragmento del capítulo LXXXII de la novela Moby Dick (Traducción de José María Valverde, Booket, Barcelona, 2003).

Dos reseñas sobre la Antología de Federico González

Dos reseñas sobre la Antología de Federico González

Dos blogs recientemente han publicado reseñas acerca del libro Antología de Federico González, publicado por la editorial Libros del Innombrable. En primer lugar transmito desde aquí a los artífices de ambos blogs mi -nuestro- agradecimiento y cuelgo los primeros párrafos de los textos, precedidos por los enlaces, para que el lector impenitente de este blog pueda acceder al contenido íntegro de los artículos, además de a unas interesantes páginas que recomiendo.

http://colegiataficino.blogspot.com/2008/08/antologa-federico-gonzlez-editorial.html

 

Llega con el descanso estival la oportunidad de dejar de lado una serie de rutinas que durante el año nos van apelmazando; se trata de una oportunidad no siempre aprovechada pues puede traducirse en un cambio de aquellas rutinas por otras, relacionadas a menudo con el viaje consumista o el tedio soleado.
La lectura de un buen libro puede ser el recuerdo más potente que guardamos de alguno de estos paréntesis veraniegos.

Desde aquí queremos recomendar la lectura del último libro de Federico González, fundador y director de la Colegiata Marsilio Ficino: Antología. Se trata de una selección de toda su obra y que como nos dice el prólogo “constituye por ella misma una nueva obra en la que está presente de principio a fin el mismo mensaje claro y diáfano que el autor ya expresa en su primer libro La Rueda. Una Imagen simbólica del Cosmos.”

Estamos ahora mismo sumergidos en su lectura y queremos testimoniar que verdaderamente es así, el entramado de los distintos capítulos extraídos de cada uno de los libros conforman el itinerario de un verdadero Viaje que siendo “el de siempre”, el arquetípico, es completamente Nuevo. Y es que su composición interactúa en el corazón del lector de modo distinto, los textos se enriquecen entre ellos de una manera “original” produciendo en nuestro pensamiento concepciones “novedosas”. La luz nos baña desde ángulos diversos y así nos sorprende descubrir relaciones, sendas directas que hasta entonces recorríamos a través de otros vínculos, recodos insospechados que simultáneamente dejan de ser nada parcial, particular, para diluirse en el esplendor del espacio único, la Totalidad.

http://yogayestudiostradicionales.blogspot.com/2008/07/antologa-de-federico-gonzlez.html

Federico González ha sido siempre para nosotros un autor muy especial. Muchas veces se nos ha preguntado por qué lo recomendamos ya que es totalmente desconocido entre las bibliografías relacionadas con el Yoga y la Tradición hindú. Aprovechamos la oportunidad al hacer un breve comentario a este nuevo volumen, con cuya publicación la editorial Libros del Innombrable comienza la celebración de su 10º aniversario, para explicar nuestro interés por el autor y su obra.



Desde que tuvimos la fortuna de leer, hace ya bastantes años, “La Rueda. Una imagen simbólica del Cosmos” descubrimos una nueva fuente de expresión de la Tradición Unánime, y por tanto directamente relacionado con los que nos ocupa, con la particularidad de que el autor, al ser contemporáneo, utiliza un lenguaje que resulta más fácil de seguir. A ello cabe añadir el hecho de dar a luz periódicamente nuevas obras que son esperadas y recibidas como un regalo que la providencia envía en unos tiempos en los que estos asuntos están totalmente olvidados excepto por estas contadas excepciones.



Además de esta característica Federico González es, sin duda, un hombre tocado por los dioses para el arte de la escritura, y a través de ella, la transmisión de las concepciones tradicionales. Su prosa es casi poética, musical podría decirse, y con ella, sin darse uno cuenta, consigue adentrarnos en temas que con otras formulaciones nos han resultado menos digeribles. De pronto, el Simbolismo y sus diversas manifestaciones, la Cosmogonía y sus expresiones, la Metafísica, se nos van revelando por medio de una pluma ágil y un discurso que consigue despertar Aquello que aunque estaba dormido es, paradójicamente, lo más real de uno.



Otra remarcable aportación de Federico González es la revelación que, para nosotros, ha supuesto el comprobar que la Tradición Hermética, como forma tradicional propia de occidente, no está muerta sino al contrario todavía hoy es posible conectar con ella a través de su legado simbólico y la ingente información que está emergiendo, entre otras razones, por trabajos desarrollados por nuestro autor y los colaboradores de la revista Symbolos.



También es de señalar el darnos a conocer las tradiciones Precolombinas como otra expresión de la Tradición Unánime. En fin, un ingente trabajo que se ha ido plasmando no sólo en sus libros sino en la edición de dicha revista, Symbolos, clave fundamental para todos los interesados en la comprensión de las doctrinas tradicionales y el verdadero esoterismo. En otra ocasión nos tendremos que referir específicamente a ese importantísimo trabajo que tanto nos ayuda, y nos sirve de guía en estos temas.

 

Fernando Arrabal asegura que hace "un gran esfuerzo por ser convencional" pero "no lo logra"

Fernando Arrabal asegura que hace "un gran esfuerzo por ser convencional" pero "no lo logra"

(Fotografía de Lis)

El escritor y director de cine Fernando Arrabal ha asegurado hoy que hace un gran esfuerzo por llegar a ser alguien "convencional", un objetivo que no ha logrado conseguir, ya que el mundo que le rodea le hace "infeliz".

En una rueda de prensa ofrecida en Melilla, su ciudad natal, Arrabal ha expresado que mantiene un gran número de inquietudes, muchas de las cuales expresa en sus obras a través de los personajes que tienen cabida en ellos.

El escritor melillense ha dicho que pese a la infelicidad que le genera el mundo actual logra conseguir en ocasiones "medicina para el corazón" gracias al trabajo que desempeñan algunas compañías de teatro que eligen su obra y la trabajan durante largo periodos de tiempo.

También se ha mostrado satisfecho por el hecho de que en distintas lugares como D'Avignon (Francia) o Ciudad Rodrigo (Salamanca), donde pasó una parte de su infancia, se le haya dado su nombre a un festival o a un teatro.

En Melilla, también existe el propósito de que el Teatro Nacional de la ciudad lleve el nombre de Fernando Arrabal, tal y como ha anunciado en su comparecencia el propio escritor, después de la consejera de Cultura, Simi Chocrón, se lo comunicara.

Arrabal se encuentra metido en multitud de proyectos, entre ellos el estreno en el mes de febrero en el Teatro Real de Madrid de 'Faust-bal', en la que el escritor da protagonismo a la figura de la mujer, personajes que le han rodeado durante toda su vida simbolizados en su madre, su hermana o su mujer.

Sin embargo, ha confesado tener un proyecto pendiente, el poder rodar una película basada en la historia de su padre, un teniente del Ejército al que el inicio de la Guerra Civil en Melilla le truncó su carrera profesional y personal.

Arrabal ha recordado que su padre, que primero fue condenado a muerte, pero que finalmente pudo escapar de una prisión de Burgos, desapareció "completamente", algo que ha considerado "imposible".

Preguntado sobre la Ley de Memoria Histórica, ha dicho no tener ninguna opinión, porque no reside en España y no está al corriente de la misma, pero ha señalado que no está a favor del perdón, sino de la compasión.

En opinión de Arrabal, que tras la muerte de Franco fue una de las cinco personas catalogadas como "prohibidas" en España, el perdón "incita a repetir", pero ha manifestado sentir compasión "por unos y por otros".

04/09/2008 - 16:55
IBLNEWS, AGENCIAS

 

Un paseo en ballenero

Un paseo en ballenero

Mientras el ballenero se balancea como un moisés, durante una jornada de calma, en uno de esos días de azul intenso, cuando sólo queda por hacer los trabajos de siempre; en uno de esos tiempos desfallecidos entre el mar y el buque por el hastío, la voz de Ismael nos instruye a nosotros, lectores neófitos en estas labores marineras. Por supuesto que nuestro amigo no posee tantos años de experiencia como para demostrarse infalible y yerra algunas veces cuando se aventura en las resonancias filosóficas, históricas y mitológicas de la pesca del cachalote. Así, Ismael, dedica un soliloquio al color blanco, el color de la ballena proverbial, que nuestro capitán insiste en perseguir. En ocasiones, la voz de nuestro amigo se alinea con el tono de los profetas. Sobre todo cuando repite la historia de Jonás, o cuando asciende hasta el demiurgo para justificar la imbatibilidad del cachalote Moby Dick, o cuando describe con resonancias bíblicas los comportamientos obsesivos de nuestro capitán.
A algunos les molestan las confesiones, las historias y los discursos de Ismael. Afirman que esas intermisiones enturbian la acción, distraen al grumete y que, a veces, no aportan nada ni a la historia ni a su desarrollo. Pero nosotros hemos encontrado en la voz de nuestro narrador, Ismael, el paso del tiempo. Esos largos intermedios simulan los momentos de nada, pero que pasan, durante la navegación. La espera, acompañada por los detalles que Ismael refiere, más o menos relacionados con los sucesos, nos aproximan a la verdadera "caza" del cachalote. Y esas digresiones nos sitúan de cuerpo entero en el buque Pequod atosigados como un marinero más en instantes de virulenta actividad, como la caza de ballenas o cachalotes, o con periodos de reposo en los que Melville bien pudiera haber escrito: azul, azul, azul (o gris, gris, gris, según el estado atmosférico) durante páginas para simular los cambios de ritmo, los diferentes tiempos de una auténtica persecución de meses o años a lomos de un barco. Tal vez si Herman Melville no hubiera formado parte de la tripulación de un ballenero no habría tenido la necesidad de evocarnos no sólo el ambiente, las costumbres o los vicios, sino también el propio “tiempo”.
Ismael utiliza un tono de amenaza divina, de maldición a punto de volcarse con toda su furia contra los marineros del Pequod cuando hace su aparición Gabriel, a bordo del Jeroboam, un buque que se cruza con el nuestro. Este extraño personaje que pronuncia maldiciones, que se comporta como un ídolo, que augura la destrucción de todos si no se siguen sus precisas indicaciones, hasta el punto de involucrar en sus caprichos al capitán del barco… Gabriel se comporta como un falso profeta sin don que simula su capacidad para auparse como dios apocalíptico. O como un sacerdote del antiguo Egipto que se superpone a los designios del Faraón. Ismael nos informa de las creencias de Gabriel, al que por los rumores de otros marineros que anteriormente compartieron navegación con él, lo relacionan con la secta shakers (agitadores) que se originó en EE.UU.
Las descripciones de Ismael no se ahorran detalles de crueldad tanto en la caza de cierto cachalote ciego y anciano al que se masacra sin piedad y del que se nos dice: “A pesar de su vejez , y de su brazo único, y de sus ojos ciegos, debía morir de muerte y ser asesinado para iluminar las alegres bodas, y los demás festivales del hombre, y asimismo para alumbrar las solemnes iglesias que predican que todos han de ser, incondicionalmente inofensivos para todos”. El uso del aceite de ballena como propiciador de luz ilumina muchas de las reflexiones de nuestro narrador. Incluso, cuando tras la caza del primer cachalote, uno de los mandos del Pequod pide un corte de la carne de la presa como cena, nuestro narrador insiste en que la luz que ilumina el banquete también procede del cuerpo del animal.
Los tiburones ansiosos por arrancar bocados de carne del animal muerto y los arponeros destinados a tintar las aguas con la sangre de estos ladrones de la cosecha del barco nos adentran con sutileza en una forma de crueldad y de horror que empequeñecen la narración de algunos asesinos de “novela”.
Y el dilema: ¿quién merece continuar vivo? ¿La ballena blanca, el capitán o la tripulación sumisa? Como grumetes, ¿sobre quién recae nuestra simpatía?
Tal vez este paseo sólo tenga un defecto: las molestias que ocasiona la sal marina en los ojos y las orejas.

Lamentación y triunfo de Maribel Moreno

Lamentación y triunfo de Maribel Moreno

Artículo publicado en la revista Generación.net.

A imitación de la antigüedad el mundo contemporáneo ha instaurado cada cuatro años los denominados juegos olímpicos. Aunque se proclama con terquedad un clima de sana competición, en estos enfrentamientos “deportivos” también subyacen intereses políticos, económicos o de simple orgullo patrio. Del mismo modo que la idea de “éxito”, sobre todo en las sociedades occidentales, progresivamente se va enquistando en un propósito de triunfo por encima de límites autoimpuestos de ética, moral o de cualquier esencia de humanismo, o de sentido común; como decía, esa misma presión por el triunfo que encharca la mayor parte de los compartimentos de la sociedad, también se percibe, como no podría ser de otra forma, en el entorno del deporte. ¿Acaso alguien esperaría algo diferente con las premisas de la popularidad, el enriquecimiento o la victoria competitiva por encima de cualquier cosa, incluso de la dignidad propia, o del respeto por la de los demás? ¿Acaso que la comunidad internacional acceda a desarrollar estos juegos, ante los posibles beneficios económicos que se obtendrán de colaterales acuerdos económicos, en un país que acomete la masacre impune de toda una cultura y de un pueblo, no demuestra esa falta de escrúpulo “mundial”? ¿Es preciso que mencione otros ejemplos de ese “todo vale” si los bolsillos se ensanchan hasta que cedan las costuras? ¿Acaso es preciso que me refiera a la tímida respuesta internacional ante la invasión de Georgia por el presidente Vladímir Putin?

Si el lector desea seguir leyendo el artículo lo encontrará publicado en la sección "generación en red" de la la revista Generacion.net

El gran Seneb

El gran Seneb

(En la imagen superior "Grupo escultórico de Seneb y familia".)

 

Aunque se suele achacar a la escultura de esta periodo, del Antiguo Egipto, de inmovilismo destacan un curioso grupo de figuras que no simulan los defectos físicos y que tratan a los “grandes” con una familiaridad que los aleja de la idealización. Posteriormente, estos mismos grados que de la idealización a la representación física exacta los atravesará la escultura clásica griega y romana, si bien por diferentes motivos. Los egipcios creían que el ka (concepto más complejo, pero al que podemos equiparar al de espíritu) podía volver al cuerpo del difunto, pero por si éste había sido destruido era preciso que la tumba contuvieran estatuas del fallecido lo más fieles posibles a su aspecto en vida para que el ka las reconociera y pudiera instalarse en ellas. (Son las llamadas estatuas del ka).
Gracias a este gusto por el naturalismo encontramos diversas representaciones del llamado por los estudiosos “enano Deneb”, cuya existencia se ubica en la VI dinastía del antiguo Egipto (aunque he hallado referencias de otros autores que lo ubican en la IV dinastía, ¿error de transcripción de las fuentes, indeterminación o confusión?).
De entre sus apariciones destacan los libros de arte el grupo escultórico, en caliza, donde nuestro amigo posa con su familia, es decir, con su esposa y sus dos hijos. Suponemos que fue el propio escultor el que decidió, para que la diferencia de estatura entre los cónyuges no desequilibrara la pieza, que Seneb apareciese con las piernas cruzadas sobre el banco prismático, en tanto sus hijos, a un menor tamaño como era costumbre, ocupan la parte que deberían hacerlo sus pies. Junto a él una sonriente y cariñosa esposa Sinetites abraza a su marido con una mano que alcanza su hombro, mientras la otra la apoya en el brazo del esposo. En las proporciones de Seneb queda de manifiesto la cortedad de sus brazos y una cabeza tal vez algo desproporcionada en relación con su cuerpo. Algunos autores mencionan que en la familia falta un tercer hijo al que el escultor dejó fuera porque había heredado la hechura paterna.
Los problemas que a Seneb le acarreara su físico no le impidieron triunfar en la sociedad y que se casara con una aristócrata. En su tumba se han encontrado múltiples detalles que avalan su posición elevada: El simple hecho de poseer un túmulo propio ya es significativo.
Los servicios de Seneb, sacerdote de Keops y Djedefre, como responsable de las insignias y las vestiduras de su señor, le proporcionaron tierras y un ajuar funerario para su tumba. A su esposa Sinetites los historiadores la presentan como sacerdotisa de los dioses Hathor y Neit.
Los sacerdotes (y sacerdotisas) gozan de privilegios y los beneficios que su señor les concede por su dedicación o, los regalos que obtienen indirectamente cuando el templo que regentan recibe dádivas, los terminará convirtiendo en pequeños terratenientes. La situación en cierto momento llegará a tal extremo que el sacerdote de Amón en Karnak superará en poder al propio Faraón.
Pero volvamos con nuestro amigo Seneb y su famosa familia. Los niños se llevan un dedo a la boca. Tal detalle se ha interpretado como muestra de timidez. La figura resulta cercana y nada ceremoniosa, desde nuestra óptica actual. Seneb, en la posición que habitualmente se empleaba para representar a los escribas, esboza una sonrisa de satisfacción. No sabemos, por descontado, si este gran Seneb sería un hombre complaciente, tirano o generoso. Pero el espíritu que el artista ha labrado en las figuras hace que nos resulte simpático. Los detalles de la tumba reflejan las grandezas y las riquezas de la familia, pero no se interesan por apenas mencionan detalles de la vida cotidiana o por el carácter. Aunque, sin duda, queda patente el orgullo de Seneb, así como la ternura de su esposa.
Este caso no se corresponde con un detalle aislado. Las representaciones más antiguas de “enanos” en el antiguo Egipto se encontraron en Ballas y Nagada en el Alto Egipto. Si bien, en este caso, se trata de unas diminutas figuras de personas que carecen de la importancia social de nuestro Seneb. También se encontraron cortesanos de pequeña talla en las tumbas de los reyes de la primera dinastía y en una estela de la tumba del faraón Semerjet. En 1990 se descubrió una tumba, de un hombre de tamaño menor a la media, contemporáneo de nuestro amigo, también miembro de la corte.
En la actualidad este grupo escultórico de Seneb y familia se puede admirar en el Museo Egipcio de El Cairo.

El templo de Amenofis III (o del agua y la conciencia)

El templo de Amenofis III (o del agua y la conciencia)

El templo, enclavado en la margen izquierda del Nilo, prácticamente frente al impresionante Templo de Luxor, al decir de los historiadores fueuno de los monumentos mayores de su tiempo, en la actualidad apenas queda algo más que su trazado. Amenofis III (1403-1364 a.C.) ordenó la edificación de este templo funerario, en el centro de la ciudad de Tebas, al que dotó de una vía procesional semejante a la que él mismo ordenara construir en el Templo de Luxor.
El edificio se abría tras dos enormes colosos, estatuas de arenisca, que representaban al faraón sentado en su trono, junto a los que se encontraban adosadas la madre y la esposa Tiy de Amenofis III, así como los genios, mitad animales, mitad humanos, del Alto y Bajo Egipto.
Tras ambas figuras se desperezaban dos grandes patios con estatuas sedentes, en lo que en palabras de Betsy Bryan constituía “el mayor proyecto escultórico de la historia”. Actualmente se encuentran los dos colosos de la entrada en un estado muy deteriorado, sobre todo en la parte superior, los rostros desfigurados y las coronas desaparecidas. También se han hallado en el entorno las bases de columnas del templo y fragmentos de estatuas del faraón. En algunas de estas bases se hace referencia a lugares lejanos y exóticos en la época, entre los que se cuenta el Egeo, cuyos habitantes, posteriormente, visitarían con admiración el lugar. Antonio Blanco Freijeiro nos relata en El arte egipcio, además de algunos detalles ya señalados, que: “los sucesores de Amenofis desmantelaron el templo, dejando únicamente los dos colosos que se alzaban frente al pílono de entrada”.
En la antigüedad las figuras tuvieron una enorme popularidad y los viajeros griegos y romanos las describían como uno de los mayores atractivos de Tebas. Por ejemplo tenemos noticia, en el siglo II d.C., de la visita de Adriano y su séquito. No sólo fascinaron estos colosos por su tamaño (con las coronas alcanzarían los 20 metros), puesto que había algunos mayores como los de Ramsés II, sino porque tras un terremoto ocurrido en torno al 27 a.C. la imagen del norte producía al amanecer un sonido de campana, al parecer motivado por la “dilatación de la piedra”. Richard H. Wilkinson en Los Templos del Antiguo Egipto señala: “Por este motivo, los viajeros griegos asociaron la estatua con Memmón, el hijo de Aurora, la diosa del alba, pero la restauración de la que fue objeto el coloso durante el reinado del emperador Septimio Severo silenció su sonido para siempre”. De ahí que se conociera a las figuras como “los colosos de Memnón”.
El templo funerario contaba con la peculiaridad de encontrarse a un nivel bajo, por lo tanto durante las crecidas del Nilo se inundaban todas las salas con excepción del sagrario, situado sobre un pequeño montículo. Los egiptólogos advierten que, de este modo, cuando se retiraban las aguas el templo se convertía en una imagen del mundo, al modo en que, según la tradición egipcia, ocurrió con las aguas primigenias de la creación.
¿Qué escalofrío recorrería las pestañas y las rodillas de los sacerdotes en ese momento? ¿Qué pensamientos nos atravesarían a los hombres de hoy si contempláramos ese sonido de campana ante un amanecer, mientras el limo del Nilo comenzaba a cubrirnos como si se tratara de un preludio de embalsamamiento? El limo, no era motivo de desgracia, sino al contrario, puesto que la riqueza que contenía otogaba la abundancia de las cosechas, así como el embalsamamiento favorecía la vida en el “otro mundo”.
En el Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot leo: “…en las aguas primordiales, imagen de la protomateria, se hallaban también los cuerpos sólidos carentes de forma y rigidez. (…) De las aguas y del inconsciente universal surge todo lo viviente como de la madre”.
Así mismo junto los templos resultaba habitual la existencia de un lago artificial, o inducido por la naturaleza, donde los sacerdotes se purificaban por las noches, o antes de ocuparse del dios del templo (aunque algunos estudiosos refieren que este lago se utilizaba para el disfrute de las ocas sagradas del templo). Al igual que en los enclaves judíos de la época de Cristo donde según nos cuentan los arqueólogos se encuentran
en muchas casas pequeñas “piscinas” cuyas aguas se dedicaban a la purificación.
De nuevo, en el Diccionario de Símbolos de Cirlot: “La inmersión en las aguas significa el retorno a lo preformal, con su doble sentido de muerte y disolución, pero también de renacimiento y nueva circulación, pues la inmersión multiplica el potencial de la vida. El simbolismo del bautismo, estrechamente relacionado con el de las aguas, fue expuesto por san Juan Crisóstomo (Homil. in Joh., XXV, 2): ’Representa la muerte y la sepultura, la vida y la resurrección… Cuando hundimos nuestra cabeza en el agua, como en un sepulcro, el hombre viejo resulta inmerso y enterrado enteramente. Cuando salimos del agua, el hombre nuevo aparece súbitamente’. (…) En el plano cósmico, a la inmersión corresponde el diluvio…
Entonces rememoro la presencia del diluvio no sólo en la cultura hebrea, sino también en las precolombinas. Asi Federico González en El simbolismo precolombino señala: “Otra cosa interesante que merece destacarse es la ‘coincidencia’ en la idea de la Creación Universal por intermedio de la Palabra, o Verbo, lo que aparece atestiguado por textos cristianos e indígenas: Génesis, Evangelio de Juan, Chilar Balam de Chumayel, Popol Vuh, Códice Vaticano, etc. Tal vez este último punto nos parezca más profundo que la constatación de sacramentos análogos, tales el bautismo, la confesión, la comunión (y obviamente el orden sagrado) señalados por varios cronistas como propios de los aborígenes (…). También llamó mucho la atención, como dijimos, el conocimiento que demostraron los nativos acerca del diluvio, y sobre todo la existencia de vírgenes que parían héroes salvadores, y la presencia de un Padre y un Hijo, de un Dios sumo y un hombre dios.”
La referencia a las “vírgenes que paren héroes" (o dioses) me devuelve al antiguo Egipto. En especial, a las figuras donde aparece la diosa Isis amamantando a su hijo, y del resucitado Osiris, Horus, tan semejantes en la composición a los lienzos del renacimiento donde aparecen la Virgen y el niño Cristo. Se nos cuenta, y la luz de todo lo referido ahora nos resultará evidente como el espejo, que los sacerdotes de Isis, el último templo “pagano” que se mantuvo en activo, grabaron múltiples cruces en las paredes del templo porque no encontraban en ello ninguna contradicción con su culto y pensaban que, de este modo, se librarían de la furia “cristiana”. Sin embargo se equivocaron.
Y terminaremos con la descripción del comienzo en el antiguo Egipto según Mircea Eliade: “Igual que tantas tradiciones, la cosmogonía egipcia comienza con la aparición de un montículo sobre las aguas primordiales. La aparición de este ‘primer lugar’ por encima de la inmensidad acuática significa la consolidación de la tierra, pero también la eclosión de la luz, de la vida y de la conciencia”.

Y Herman Melville escribió en Moby Dick: "…como todos saben, la meditación y el agua están emparejadas para siempre".