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Raúl Herrero

Arnold Schönberg, el músico bien temperado

Arnold Schönberg, el músico bien temperado

(En la imagen superior Arnold Schönberg al piano con partitura.)

Bajo el título Espiritualidad y Vanguardia el Centro de Historia de Zaragoza acoge una exposición dedicada al divino compositor Arnold Schönberg.
Nacido en Viena en 1874 este compositor, al que descubrí en su Concierto para violín op. 36 (1934-36) en los albores de mi juventud, figura en la historia de la música como miembro de la segunda escuela de Viena, junto a Berg y Webern, autor de la ópera Moses und Aaron, La noche transfigurada, Pierrot lunar, creador del sistema dodecafonico…
En el segundo tomo de La música el maestro Josep Soler escribe: “Cuando Schönberg habla del dodecafonismo habla de un método: como artista, él se siente ligado a la gran tradición, al legado musical europeo; no trata de romper unos lazos sino de continuar, de proseguir la gran aportación que Occidente ha hecho a la cultura musical. El método es una posibilidad, no una ruptura y ahora, con el paso de los años y las múltiples audiciones de sus obras, nos damos cuenta de que ‘el espíritu y la idea’ de su música es el mismo que hallamos entre sus ilustres antecesores: ha variado la ortografía y la apariencia de sintaxis pero el impulso espiritual, la ‘necesidad interna`de que hablaba Kandinsky, es el mismo que regía en las obras de Bach o Wagner, de Mozart o Beethoven.”
Schönberg y Kandinsky mantuvieron una interesante correspondencia, que se ha visto publicada en alguna ocasión en castellano, aunque ahora sería interesante una nueva reedición de esas cartas, donde se destilan expresiones e ideas fundamentales para adentrarse en el alcance de ambos artistas.
El libro de del pintor ruso De lo espiritual en el arte (1932) interesó vivamente a Schönberg, incluso en una carta admite: “Le envié mi Harmonielebre. Va a sorprenderse de cuántas cosas digo igual que Ud.”. Jordi Pons, en su elaborado volumen Arnold Schönberg (Etica, estética y religión), nos informa: “Kandinsky conocía algunas de las afirmaciones del Tratado (de Schönberg) difundidas antes de la publicación del libro. Y cita una de ellas en De lo espiritual del arte”. Mucho se ha escrito sobre el libro la Teoría de la Armonía de Schönberg, dedicado la memoria de Mahler, de su influencia en el arte, no sólo en el terreno musical, incluso hay quien ha elevado la aportación teórica del músico por encima de cualquier otra…
La asistencia del ruso a un concierto en homenaje al compositor vienés le inspiró el lienzo: Impresión III (concierto). Por su parte el músico también se dedicó a la pintura durante algunos años, en la exposición arriba mencionada encontramos varios sobresalientes ejemplos de esta labor en el terreno plástico. Los esfuerzos del músico en el terreno plástico impresionaron a varios pintores contemporáneos. Incluso cuatro pinturas de Schönberg, seleccionadas por Kandinsky, figuraron en la primera exposición del grupo Der Blaue Reiter.
De entre la obra plástica expuesta de Schönberg, además de los autorretratos ya suficientemente reproducidos y por lo tanto conocidos, nos han sorprendido, por su expresividad e interés plástico, dos piezas que tienen a Cristo como protagonista. Una de ellas, donde aparece la cabeza de Cristo coronada con espinas, nos parece una obra fundamental para el museo imaginario de la mística.
A lo largo de la muestra nos encontramos en una habitación oscura, donde destaca una pantalla, sobre la que se proyectan las opiniones de diferentes musicólogos, compositores, interpretes en torno a la figura del artista vienes. De entre ellas nos ha cautivado el testimonio de Victoria Cirlot, entre otras cosas porque define con claridad la relación del sistema compositivo de Schönberg con la poesía permutatoria de su padre, el admirado poeta Juan Eduardo Cirlot, además de con el místico Abraham Abulafia. Y, para postre, la destacada estudiosa de la simbología y la mística recita el revelador poema que Cirlot dedicó a Schönberg, in memoriam, publicado en la revista Dau al Set en septiembre de 1951.


“Yace solo
Arnold,
mientras coronas pálidas
tejen con un platino instrumental
la callada riqueza de tu signo”.

A pesar de todo conviene reseñar que nos ha sorprendido la casi total ausencia en la muestra, salvo por una pequeña nota, de Josep Soler, sin duda en la actualidad uno de los compositores con mayor influencia de Schönberg en su obra, así como que mejor conocen, y así lo ha demostrado en diversos artículos y ensayos, el alcance de la obra del artista al que se pretende homenajear.
Un colosal acierto, en cambio, resulta la parte de la muestra dedicada a los inventos del músico, como el ajedrez para cuatro jugadores y la máquina para escribir música.
En el folleto que se ofrece a la entrada de la muestra leemos las palabras de Benet Casablancas: “Periódicamente se alzan voces que cuestionan el alcance y la naturaleza del legado musical y artístico de Schönberg. Quizá es su integridad artística y humana, que se ha querido identificar interesadamente con un sectarismo en unos tiempos posmodernos marcados por el pensamiento débil, lo que incomoda a algunos. En este punto, quizá sea oportuno mencionar la respuesta de Berg a las objeciones de Canetti a Wagner, que el escritor recoge, avergonzado, en su autobiografía: ‘Usted no es músico: si lo fuese, no hablaría así”.

“…el consuelo del dolor, para el artista, es más dolor”

(Josep Soler. En su texto Arnold Schönberg y el expresionismo. (La música II, Montesinos, Barcelona, 1982)

 

 

Dos sonetos en memoria de Bobby Fischer por Martín Marcos

Dos sonetos en memoria de Bobby Fischer por Martín Marcos

(Mi amigo el poeta, sonetista y hombre orquesta de caminos y veredas me remite estos dos sonetos en recuerdo del recientemente fallecido Bobby Fischer al que tanto admiramos.)

Bobby Fischer


La lógica implacable se evade
cuando pasa un poema y se desborda
si el espíritu se aleja de la horda
indómito y voraz tal una náyade.

fue tan incomprendido como Sade:
Terco, individual, cual mula torda;
A su llamada fue la vida sorda
por su exquisito transcurrir de jade.

Su vida se define en un tablero
hiperbólico, magistral, ardiente,
allí no tiene sitio el embustero.

Nunca un solo ha llegado a tanta gente
y a dejar las cabezas sin sombrero:
¡ Viva siempre el sobrio sin par ausente !
20-1-2008

HOMENAJE A BOBBY FISCHER

Sabio, preciso, abstraído en la jugada,
el tiempo se detiene en el tablero;
Tú reina, tú caballo, tú el obrero
que aceptaste la vida sosegada.

Ojos abiertos,absorta la mirada,
excesivo ademán de caballero,
si digo la verdad sobra el dinero
que todo el existir se queda en nada.

Una mano apacible lentamente
se dirige a la pieza color mate.
Y una vez apoyada dice : ¡Jaque!

y otro rostro sumido en el escaque
descubre con pavor que no le miente
la voz, y que además de jaque es mate.
21-1-2008

Mutantes

Mutantes

(En la imagen superior componentes de la Banda de Liliput.)
“Nuestros cuerpos –vacilo en añadir nuestras mentes- son producto de nuestros genes”, refiere en el prólogo Armand Marie Leroi a su libro Mutantes. De la variedad genética y el cuerpo humano (Anagrama, 2007).
En este volumen, a lo largo de diez capítulos, el autor nos describe historias y personajes conocidos, ilustres o que, precisamente, alcanzaron su fama por sus alteraciones genéticas. Así se nos habla del caso de la Ciclopia (cuyo ejemplo más referido se remonta a unos niños que nacieron muertos), al síndrome de sirena, la osteopetrosis, enfermedad que se cree padecía el pintor Toulouse-Lautrec, etc, etc. Además Armand, con frecuencia, realiza un breve resumen de la iconografía que, a lo largo de la historia del arte, se ha utilizado para representar a los afectados por estas síndromes.
Entre las historias que nos relata el autor, con la pasión que pondría un cuenta cuentos que reúne a su audiencia en torno a una fogata, nos ha llamado la atención la correspondiente a la familia Ovitz. El padre de la prole, judío jasídico y reconocido estudioso en su comunidad, sufría pseudoacondroplasia (“que no afecta a gran parte del cuerpo, pero que provoca que las extremidades sean cortas y combadas”). Los nueve hijos de este rabino nacieron con el diagnóstico de acondroplasia. Tras la muerte del padre la viuda decidió conceder estudios musicales a los hermanos, para que formaran una compañía y así pudieran ganarse la vida. De este modo nació la “Banda de Jazz de Liliput”. Una de las hermanas, Elizabeth Ovita conoció a un empresario teatral con aspecto de galán y ambos se casaron en noviembre de 1942 (ella contaba con veintiocho años). Pero su esposo, diez días después, fue reclutado por los nazis para un grupo de trabajo. La familia Ovitz continuó de gira hasta 1944, cuando en Hungría fueron detenidos y enviados a Auschwitz.
En el campo fueron seleccionados para sus experimentos por el médico Josef Mengele. Personaje al que se describe como capaz de acariciar la cabeza de un niño y darle un caramelo antes de enviarlo a la cámara de gas. Este Mengele era de un hombre iluminado por el deseo de una gloria fáustica, que esperaba conseguir gracias a sus estudios sobre el cuerpo humano. Cuando le enviaron a ese destino le señalaron que aprovechara “las extraordinarias oportunidades de investigación que encontrará allí”. Por supuesto, estas palabras se referían a la posibilidad de experimentar con seres humanos cualquier cosa que se le ocurriera.
Por sus características físicas la familia Mengele se salvo del exterminio inmediato, pero, a cambio, fueron sometidos a todo tipo de pruebas y experimentos, muchos de ellos, según nos explica el autor del libro, sin un propósito científico claro. Así les extrajeron líquido de la médula espinal, les enjuagaron los oídos con agua caliente y fría, les sometieron a pruebas dolorosas en regiones del cerebro, la nariz, la boca y las manos. Tiempo después Elizabeth afirmaría: “…nosotros figuramos entre las pocas personas del mundo cuya tortura fue premeditada y documentada, científicamente para provecho de las futuras generaciones…”.
Cuando el campo de Auschwitz fue liberado por las tropas soviéticas en 1945 el doctor Mengele “continuaba su trabajo con maníaca determinación, creando una colección de ojos de cristal que pretendían ser idénticos a los de Elizabeth. Como ocurría con todo lo que hizo, de desconocen por completo los motivos.”, nos relata Armand Marie.
En 1949 la familia decidió instalarse en Israel. Y el autor nos da la alarmante noticia “Josef Mengele nunca fue juzgado por sus crímenes”.
El interesante libro de Mutantes ofrece muchas otras historias de seres humanos, de personas que vivieron y sufrieron y que, en muchas ocasiones, superaron los en apariencia insalvables obstáculos que su físico les imponía. Armand Marie nos detalla con proteínas, genes y toda clase de detalles el origen de malformaciones, deformaciones y otros muchos síndromes. Pero nos queda, al final del libro, una interrogante: ¿en qué proteína, en que vector de ADN reside la impunidad para torturar sin ningún sentido de culpabilidad como hizo el terrible doctor Mengele? ¿Dónde reside lo monstruoso?


 

´"El hombre elefante" según María Pilar Martínez Barca

´"El hombre elefante" según María Pilar Martínez Barca

 

(La poeta María Pilar Martínez Barca ha tenido la gentileza de escribir una reseña sobre mi obra teatral "El hombre elefante". La publicó el Heraldo de Aragón en el suplemento cultural, dirigido por Antón Castro, Artes & Letras. Desde aquí mi agradecimiento.)

 

La feria del absurdo

“El hombre de las tres piernas”, “La mujer barbuda”, “El hombre mosca”… Las acotaciones cuidan el mínimo detalle, lo mismo que los nombres, el lenguaje o la escenificación. Enanos, tragasables, cuidadores de bestias, seres con las entrañas deformadas, lujuriosos, soeces. Privados otras veces de habla o de razón.
García Lorca, Fernández Molina, Jean Tardieu o Fernando Arrabal, junto a los grandes clásicos del primer celuloide, Charles Chaplin, los hermanos Marx, Buster Keaton o Cantinflas. “Existen en el mundo misterios insondables. No encontré la caja fuerte, pero sí me tropecé con unos puros”. Ionesco, Beckett, Nieva, Pirandello… Nada es casual ni gratuito.
No es un autor novel. Raúl Herrero, poeta esencialmente, escribiría teatro desde su más temprana juventud, pese a no haberlo visto publicado hasta El hombre elefante y El indómito y extraño caso de Gregoria (Libros del Innombrable, 2007). Al látigo, la avaricia y los bajos instintos, se opone el tono lírico de la aparente bestia: “Para quien sepa ver, la blancura de su espalda resalta como la candidez de la cera en ebullición, como el fuego sagrado de los altares, como el pan consagrado y la luna estival y suave sobre una almohada de plumas”.
La pieza teatral está inspirada en el caso real de Joseph Carey Merrick, enfermo de síndrome de Proteus, que termina obligado a mostrarse como atracción circense. “Mi cráneo tiene una circunferencia de 91,44 cm., con una gran protuberancia carnosa en la parte posterior del tamaño de una taza de desayuno”. Tras la falsa apariencia, la discapacidad o la pasión, se ridiculizan otros dramas humanos: “Si esas aberraciones, si esos fenómenos, si esos seres dependieran de mis manos, los gasearía a todos”.
El caso de Gregoria… es más bien un divertimento, parodia a su vez del cine mudo. En él conviven la sanación de la joven rica con la distancia irónica, el humor gestual, las animalizaciones… “El color de la carne favorece a sus piernas”. Y, por encima de todo, el absurdo.

María Pilar Martínez Barca

 

 

Simplicius, una novela ejemplar

Simplicius, una novela ejemplar

Aunque en la única edición íntegra que existe en castellano de la novela Simplicius Simplicissimus (Cátedra, Letras Universales, 1996) se nos advierte, en la contraportada y en las palabras preliminares, que se trata de “un monumento de la literatura universal”. En España, salvo eruditos y estudiosos de la literatura alemana, no se ha prestado una atención excesiva a esta obra ni a su autor H. J. CH. Von Grimmelshausen.
Manuel José González, autor de la edición referida, nos advierte que Grimmelshausen se encuentra entre los autores más prolíficos del siglo XVII en la literatura alemana.
Grimmelshausen nace en 1621, otros apuntan que en 1625, y muere en 1676. Toda su vida, así como su novela Simplicius, se desarrolla con el telar de fondo de la guerra de los Treinta años. Conocido en su infancia como el hijo del panadero estudió con los franciscanos, sin embargo, se considera que el grueso de su formación proviene de su empeño autodidacta, puesto que abandonó los estudios a los doce años. Los investigadores encuentran detalles en sus novelas que consideran coinciden con la infancia del autor en la villa de Gelnhausen. Grimmelshausen fue raptado por los croatas, al igual que su personaje Simplicius, que pasa a lo largo de la novela por diferentes ejércitos de los que intervinieron en la guerra de los Treinta años. Autor y personaje ascendieron mosquetero y ambos participaron en la batalla de Wittenweier en 1638.
Grimmelshausen tras ser secretario del coronel Hans Reinhard von Schauenberg y administrador del castillo de Ullenburg, lo encontramos en 1665 como hospedero, aunque fracasará en este negocio. Después pasará hasta el final de sus días como corregidor y alcalde de la localidad de Renchen. Según Manuel José González los especialistas hablan de él como “del gran prosista que modernizó la novela alemana”.
Simplicius Simplicissimus, la novela que más retribuciones y fama otorgó a su autor, se publicó por primera vez en 1668. El editor y el autor quisieron aprovechar la fama de la criatura y se publicaron posteriormente prolongaciones y nuevos ciclos, más o menos relacionados con esta obra, o con algún personaje secundario.
Resulta de especial interés la estructura de la novela, pues, aunque se percibe la influencia de la novela picaresca española (El Lazarillo de Tormes, El Buscón, Guzmán de Alfarache), posee varios detalles que trascienden ese género. Así Simplicius comienza siendo adoptado por un ermitaño, tras la destrucción de la hacienda de su familia. La formación que le proporciona este padre “adoptivo” se limita a lo espiritual y a su muerte el discípulo se encuentra completamente inmaculado de todo el esplendor, tentaciones y maldades que oculta el mundo. Casi como el hombre bueno por naturaleza que con posterioridad reivindicara Rousseau. Los primeros “ciudadanos” y “cortesanos” conceden el nombre de Simplicius a tan puro e insólito personaje. El resto de la novela transcurre en un trasiego de aventuras, donde el protagonista se inicia al mundo, a las trampas, a los deleites, a las traiciones y, en definitiva, a la formación necesaria de un pícaro para sobrevivir en una sociedad compleja y en guerra permanente. Tras pasar por varios estados de fortuna, desde mosquetero, a hombre rico, soldado, esclavo, hombre casado y tras mil sucesos, el protagonista decide, al final de la novela, retirarse del mundo, a imagen y semejanza del ermitaño y dedicarse al estudio y la lectura. Así el último capítulo del libro reitera casi en su totalidad el capítulo XX del volumen Menosprecio de corte y alabanza de aldea de Antonio de Guevara. (en su versión alemana de 1623).
Por tanto, todas las peripecias de Simplicius, todos los puntos concomitantes con la novela de viaje inicático que, en ocasiones, nos parece encontrar en la evolución del personaje, desembocan en una vuelta a la pureza, o a la renuncia del mundo semejante a la que ya poseía el personaje al comienzo de la obra. Si bien, claro está, en este segundo caso se trata de una decisión “madurada” y asumida no por ignorancia del mundo, sino tomada con la libertad del que ya conoce ambos aspectos de la vida.
Quizá los primeros capítulos en los cuales es tomado a Simplicius por un loco al que, como también harían los condes de la segunda parte del Quijote con el hidalgo, sus señores pretenden engañar creándole toda serie de pantomimas, donde involucran a los criados disfrazados de diablos, además de otros acontecimientos similares.
Por último, quiero mencionar que tras más de cuatrocientas páginas donde se pretende mantener cierta verosimilitud en los hechos nos topamos, en las últimas páginas, con un extraño viaje de Simplicius al centro de la tierra. Allí le ocurren sucesos que casi podrían atribuirse al mismísimo baron Münchausen.
En definitiva, Simplicius conforma una novela que trasciende las clasificaciones de su época (como El Quijote de Cervantes), donde momentos donde autor y personajes, intervienen y razonan con tanto ingenio como en los mejores momentos de las obras de Cervantes y Shakespeare.



 

Algunas palabras sobre Mariano Esquillor (que se emplearon para presentar su libro Columpio autobiográfico)

Algunas palabras sobre Mariano Esquillor (que se emplearon para presentar su libro  Columpio autobiográfico)

Me presentaron a Mariano Esquillor dos de mis amigos, por desgracia hoy desaparecidos. Me refiero al actor Marcos Agón y el poeta y artista genial Antonio Fernández Molina. Tiempo después, en el prólogo al libro de Esquillor Playa de tormentas mudas diría el propio Molina: «Lírica, novela, entregas y ejemplar autobiografía que sin duda admirarían Cervantes y el mismo Proust.»

Desde nuestro primer encuentro existió entre Esquillor y quien les habla cordialidad, respeto y, por mi parte, a la luz de sus textos, desde luego, una admiración incondicional.
A mi juicio existen, grosso modo, dos tipos de poetas:


- Los que deciden iniciarse en la poesía por vanidad, como ejercicio intelectual, como ejemplo o complemento a la personalidad que desean transmitir a la sociedad -y al "otro"–.
-Por otro lado, tenemos a los que escriben poesía casi por obligación, a los que, por vocación se sientnte abocados a ello. Estos que escriben poesía por un abrasador deseo que se sienten incapaces de dominar. Es decir la poesía, el espíritu de búsqueda, llama al futuro poeta y éste se ve obligado a adentrarse en lo literario, a establecerse en una técnica, en una disciplina para desahogar esa llamada que no puede reprimir.

A mí, desde luego, me interesa mucho más esta última tipología de poeta, a la que, en mi opinión, pertenece Mariano Esquillor. Y que procede, sin duda, del mítico Orfeo, padre de la música y de la poesía, al que los griegos atribuían poemas más antiguos que los de Homero. Así mismo, a los antiguos se les mostraba como el intérprete de los dioses, por tanto incementaban a su aspecto musical y poético una carga teológica.
Según el autor clásico Jámblico de Calcis (en torno al 330d.C.): “Está fuera de toda duda que Pitágoras, recibido el testigo de Orfeo, compuso un libro sobre los dioses al que tituló Discurso Sagrado.” Tanto a Pitágoras como a Orfeo se les consideraba por su estirpe hijos del Apolo Hiperbóreo, dios de la omnisciencia, es decir, del saber oracular y la inspiración. De esa potencia órfica justifica y explica esa confluencia vivencial y mística es en muchos sentidos herederos Mariano Esquillor.
Esta afirmación queda patente en esas grandes verdades que, de pronto, nos asaltan durante la lectura de Columpio autobiográfico y que incluso el propio autor reconoce que no sabe de donde provienen. Por supuesto, no pretendo desdeñar la técnica, ni el oficio de poeta. Sin embargo, en Esquillor las herramientas se convierten en lo que deben ser, es decirm en instrumentos para su cometido poético y no lo al contrario. Tampoco olvido el aforismo de Goethe: “La técnica en combinación con el mal gusto es el peor enemigo del arte.” Por desgracia tenemos hoy en día muchos ejemplos que ilustran esta cita en poetas laureados, con galardones, que, o bien les vienen grandes, o los galardones poseen menor talla de lo que se esperaba de ellos.
Han pasado algunos años desde que escuché por primera vez decir a Fernández Molina que había conocido a dos encarnaciones de Orfeo en la tierra, refiriéndose a dos compañeros de su generación. A día de hoy comprendo con mayor intensidad el arcano que encierran estas palabras. Ahora soy yo quien dice haber conocido dos encarnaciones de Orfeo. Esquillor y el propio Fernández Molina.

Estas afirmaciones suelen ofuscar y ofender a los autores menos inspirados, aunque socialmente más rutilantes. Pero... ¿qué sería de nosotros si nos conformáramos con la mansedumbre?

Algunas referencias sobre el tiempo y la eternidad

Algunas referencias sobre el tiempo y la eternidad

(En la fotografía superior Jorge Luis Borges.)
 
“El universo requiere la eternidad” escribió Jorge Luis Borges en su libro Historia de la eternidad. Giordano Bruno se refirió a la infinitud del universo pero desestimo un orden establecido desde la eternidad para proponer un sistema en constante transformación. La Enéada III (Trat. III 7) la dedicó Plotino a la eternidad y el tiempo:
“¿Qué hay que decir, pues de la eternidad? ¿Diremos que es la Sustancia misma inteligible, análogamente a como si alguien dijera que el tiempo es el cielo universo y el cosmos? Esta es, en efecto, la opinión que dicen que, a su vez, sostuvieron algunos acerca del tiempo. Porque como nos imaginamos y concebimos que la eternidad es algo sumamente augusto y que la naturaleza inteligible es sumamente augusta y como no es posible decir que una cualquiera de las dos sea más augusta que la otra mientras que de lo que está más allá no hay que predicar ni siquiera este atributo, según eso bien pudiera uno identificar ambas cosas. Porque, además tanto el cosmos inteligible como la eternidad son ambos inclusivos e inclusivos de las mismas cosas.”
El premio Nobel de Química Ilya Prigogine en su libro El nacimiento del tiempo afirma: “Yo creo efectivamente en una evolución continua del universo, y creo que todas las teorías que pretenden describir cuál va a se el estado del universo dentro de algunos miles de años de millones de años son prematuras y simplistas. (…) …con la aparición de la vida, nace un tiempo interno que prosigue durante los miles de millones de años de la vida y se transmite de una generación a otra, de una especia a otra especie, y no sólo se transmite, sino que se hace cada vez más complejo”. Al final del volumen se incluye la conferencia de Ilya El papel creativa del tiempo que finaliza con esta aseveración:”Los desarrollos recientes de la termodinámica nos proponen por tanto un universo en el que el tiempo no es ni ilusión ni disipación, sino creación”.
San Agustín refiere que la creación ha tenido lugar en el tiempo. Es decir, que Dios permanece fuera del tiempo y formula a éste para comenzar la propia creación. Así mismo Pseudo Dionisio Areopagita también se refiere a Dios como “creador del tiempo”.
José Ferrater Mora en su Diccionario de la Filosofía manifiesta respecto al tiempo:
“El examen del concepto de tiempo en la Edad Antigua debe, pues, llevarse a cabo teniendo presente la noción de eternidad. (…) Los hebreos `conocieron´ el tiempo y determinaron, o midieron, las grandes unidades del tiempo (las épocas del año) mediante la posición del Sol en el espacio; y las `pequeñas´unidades del tiempo (el día y la noche, las diversas horas del día y de la noche) por la cantidad de `luz´u ‘oscuridad´. Pero, junto a ello, concibieron el tiempo como una serie de percepciones temporales en forma de latidos interiorizando de este modo el tiempo y convirtiéndolo en lo que se llama duración y temporalidad. Los griegos conocieron el tiempo a base de los movimientos de los cuerpos celestes, y tendieron a considerar el carácter cíclico –y, por tanto, repetible- de tales movimientos.”
Los sumerios consideraban, según Mircea Eliade, que “el mundo es regenerado periódicamente, es decir, recreado en la fiesta del Año Nuevo”.

Los espasmos intermitentes

Los espasmos intermitentes

(Poema inédito de Raúl Herrero.)

 

La obscuridad no se separa del día.
Facciones de arcilla se deshacen y se mezclan
sobre un pergamino de aire estirado sobre aire.
Dedos contagiados por cabellos alargan su sombra
sobras las espaldas de olas encinta.
Las gentes se transforman en barcas
que atraviesan la noche sobre café de murciélagos.
Oscilan las estilográficas que ahorcan sombreros.
La consciencia se suicida
o devora a batracios nacidos
de genitales azules.
¡Qué desorden de luz!
Los títeres, montados sobre hienas de miel,
nos comparan con la oscilación vital.
Dios sin padre se consume en el oxígeno de la música
encerrada en el cuarto de las ratas bicéfalas.
El sol deja de ser un cíclope para resplandecer
contra el mundo que hoy no ha muerto.
Los pies sin cáscara dentro del humo.
Ceguera como lechoso
opio fundido en negro.