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Raúl Herrero

Tevie el lechero, o de una literatura ejemplar

Tevie el lechero, o de una literatura ejemplar

(En la imagen superior Joseph Cherniavsky and His Yiddish-American Jazz Band en los años veinte.)

En 1978 recibió el premio Nobel Isaac Bashevis Singer (1904-1991) autor en lengua Yiddish. Según refiere Francisco Rodríguez Criado en su artículo El mundo perdido de Isaac Bashevis Singer: "La crítica dice de él que es el autor en yiddish más famoso del mundo”. Francisco Rodríguez también nos informa que adquirió los libros de Bashevis, incluida la novela La casa de Jampol, en una librería de viejo. En la portada de la novela citada leyó la siguiente “confesión de Henry Miller: ‘Si tuviese hoy que volver a empezar a escribir, tomaría como modelo a Singer’”.

(Ver: http://www.telefonica.net/web2/rodriguezcriado/bashevis.htm).

A los enormes abismos y ausencias que se agolpan en los títulos que se publican en castellano cada año sumaremos, por tanto, a este escritor. Y es que el negocio suele encontrarse reñido con la cultura, sobre todo, si para su realización se precisa de un esfuerzo próximo al de los los titanes, que, por otra parte, como todos ya sabemos, fueron derrotados por los dioses en tiempos inmemoriales, al menos según la mitología griega y, si entendemos a estos titanes como gigantes, también según el génesis o bereshit. A pesar de todo todavía, por lo que yo sé, puede encontrarse de Bashevis Singer un bello libro de cuentos para niños, Cuentos judíos, publicado por Anaya en 1989.
La lengua yiddish aparece en el siglo XII, en otras fuentes figura el siglo X, en traducciones de poemas de gentile, y se supone que surge en Alemania cuando se establecen emigrantes judíos que mezclan el idioma del lugar con el hebreo y el arameo. A estas comunidades se las identifica con el nombre de askenazies, para distinguirlas de los judíos sefardíes, que procedían de España y de zonas mediterráneas. Sin embargo, el yiddish también evolucionó en poblaciones que se encontraban próximas al báltico. Esta situación terminó derivando en dos corrientes dentro del idioma: la occidental y la que se terminó por imponer, la oriental, en cuya lengua se encuentran influencias, además del alemán, el arameo y el hebreo, del ruso, ucraniano, eslavo, polaco, etc.
Las corrientes hebreas como la haskalah (ilustración) o el jasidismo, que pretendían, en el primer caso, la integración, o asimilación, completa del pueblo judío con la sociedad gentil, o en el otro caso, el acercamiento de los judíos menos formados al fervor religioso y místico, sin necesidad de conocer en profundidad el hebreo o el arameo, impulsaron la lengua yiddish. En el siglo XIX, en un intento de aproximar a todos los judíos a los más complejos fundamentos de la religión hebraica, Jacob ben Isaac Ashkenazi reelaboró en yiddish varias historias del pentateuco.
Los años de finales del XIX y principios del XX se suelen referenciar como la edad de oro de esta lengua. En las comunidades judías del este de Europa se escribe toda una literatura yiddish, se publican periódicos y se convive en torno a este idioma, dejando al hebreo o al arameo, en el mejor de los casos, sólo para los actos solemnes y la liturgia. Los tres autores más destacados en prosa de esta época son: Mendele Mokher Sefarim, Shólem Aléijem e Isaac Leib Peretz. En sus obras suele describirse a las comunidades judías de su tiempo y la pervivencia de sus tradiciones en un mundo hostil. El primero de ellos, Mendele, que vivió en la rusia zarista, tradujo posteriormente toda su obra al hebreo.
La literatura yiddish, a pesar de los infrecuentes traducciones que pueden encontrarse en castellano, se nos muestra como una de las más valiosas de las producidas a finales del siglo XIX y principios del XX. Tanto por sus estructuras y personajes repletos de anti-héroes, como por la sutileza de sus narraciones y también, conviene no olvidarlo, por el humor hilado e inteligente que, en ocasiones, retrata mejor la crudeza de los padecimientos que, por ejemplo, el estilo aplastante y plomizo que se pretende apegado a lo cotidiano del “realismo socialista”.
También en los Estados Unidos surgieron interesantes autores en yiddish como Leivick Halplern y Joseph Opatoshu. Igualmente en este país se instalaron autores y actores teatrales expulsados de Rusia en 1883, y formaron el Teatro de Arte Yiddish de Nueva York. En la actualidad perviven escritores que han decidido expresare en este idioma, además del premio Nobel ya referido. Prueba de ellos es que en 1978 nació el periódico en yiddish New generation. En esta nueva literatura el tema deh olocausto aparece con frecuencia, no considero necesario recordar el genocidio masivo que sufrieron los judíos, con especial ensañamiento en el este de Europa, en los países que el III Reich se iba anexionando durante la segunda guerra mundial. No pasaremos por alto el intererés de las canciones populares y las obras musicales que se crearon en esta lengua, de las que podemos encontrar ejemplos tanto en grabaciones de principios del siglo XX como en otras recientes que recrean el estilo y el espíritu de esa época previa a la segunda guerra mundial.
Quizá la obra más popular escrita en yiddish sea la muy recomendable Tevie el lechero de Schólem Aléijem, seudónimo de Shólem Ravinoviz. Nacido en rusia en 1859 y muerto en Nueva York en 1916. A partir de 1888 se ocupó de la dirección del más importante periódico de la época en yiddish: Di yiddische Kolksbibliothek. A través del entrañable personaje Tevie el autor nos relata las desventuras, reflexiones y conversaciones "mano a mano" con Dios de un padre de familia, lechero, con siete hijas en una aldea de Ucrania, en la inospita, para los judíos, rusia zarista. Aunque su autor destacó como cuentista con un sutil sentido del humor, su obra supera el momento histórico y nos aporta como legado universal la disposición y el juicio de Tevie ante los constantes infortunios.
En 1964 este libro se convirtió, sobre las tablas de Broadway, en el musical El violinista sobre el tejado, en una adaptación escrita por Joseph Stein, con música de Jerry Bock y Sheldon Harnick.
En el año 1971 se estrenó la película del mismo título con el actor Topol en el inolvidable papel principal.
Sin embargo, este lechero, mayestático, iniciado y hermoso, sólo es una ventana a la literatura yiddish. ¿Alguien traducirá y publicará en castellano esta riqueza?
A mis lectores, les indico la siguiente página
( http://mangasverdes.es/2007/11/27/los-beatles-en-yiddish/ ) donde me encuentro, por azar y fortuna, una versión de la canción de The Beatles A hard day’s night en yiddish.

 

De la enfermedad considerada como una de las bellas artes, ( y II)

De la enfermedad considerada como una de las bellas artes, ( y II)

Hasta el momento, mis ejemplos sobre la posibilidad de acometer empresas artísticas valiéndose de la carencia de salud se han reducido a las dolencias que, los espectadores de las mismas, vincularon con la locura, es decir, con enfermedades más propios de la mente que del cuerpo. Si bien, ese “mal mental” también puede emplearse como motivo para ejecutar acciones con el propio cuerpo, como la "autolesión", por cierto, también utilizada por algunos “accionistas modernos”, o las actuaciones que los neófitos pueden calificar de excéntricas, deseo extender esta afortunada teoría de la enfermedad como una de las bellas artes a la manifestación teatral-ceremonial que puede llevarse a término con padecimientos corporales.
De nuevo es posible referirse a Dalí y a su exigencia, en su última aparición pública, de exhibirse frente a la prensa con la mayor cantidad posible de tubos y engranajes mientras abandonaba el hospital. En este caso, en oposición al “cretinismo imperante” que oculta la enfermedad y los estragos de la vejez, al tiempo que instaura un culto a una belleza que transforma en tabú lo que desborda ciertos límites, el artista no sólo no disimula el dolor, sino que decide adornarlo, incluso aumentarlo, ante los curiosos.
Peter Kingsley en su libro En los oscuros lugares del saber se refiere a los phôlarchos, “estos hombres eran sanadores y la curación, en el mundo clásico tenía mucho que ver con los estados de muerte aparente”. Posteriormente añade: “Antes de que se creara lo que ahora se conoce como medicina ‘racional’ en Occidente, la curación estaba siempre relacionada con lo divino”. P. Kingsley nos informa de la costumbre de tumbarse en los santuarios, en lugares que solían semejarse a una caverna, para procurarse la curación bajo las atenciones de los sanadores-sacerdotes. Además de las estrechas vinculaciones que este ritual pueda tener con el sentido de “volver de la muerte resucitado”, o, “transformado”, estos detalles nos advierten del concepto de enfermedad como trance del que el individuo se sirve para transformarse, incluso para “iniciarse en misterios y en conocimientos que puedan acercarle a la sabiduría”. ¿Acaso el arte no conjura ese mismo papel? Por tanto la asimilación de la enfermedad física con la posibilidad de emplearla para acometer una actividad artística plástica, ya sea, por ejemplo, servirse de la sangre y los orines para el dibujo o la creación matérica, o bien, el uso de los instrumentos de nuestra curación para la elaboración de “objetos de uso simbólico”, o el acometer, al modo de rituales, manifestación y afirmaciones que se reduzcan a los esquemas de las actuales luces racionales, se nos muestran como complementos a esa “transformación interior”.
Y puede llegarse más lejos cuando la propia muerte, llegado el momento, se convierte en objeto artístico, aunque no siempre sea llevado a cabo por la voluntad del propio sujeto: las momias, los santos incorruptos… Pero este asunto nos lleva por otros vericuetos…
La presencia ante la enfermedad de un individuo como espectador, o en la atención al amigo, familiar, o simplemente al enfermo, también nos aproxima tanto a la posibilidad artística, como a la de “mejora de nuestro seso”. Por ello proclama El Talmud (Nedarin 39b-40a):” Dijo R. Abba, hijo de R. Janina: ‘Todo aquel que visita a un enfermo, cura la sexagésima parte de su enfermedad’”. Resulta muy claro que este visitante, o cuidador, cubre con su acción una parte de su propio camino al acompañar al enfermo.


 

Estreno de El hombre elefante

ESTRENO EN LA UNIVERSIDAD DE BRASILIA DE EL HOMBRE ELEFANTE DE RAÚL HERRERO
 
Los alumnos de español de la universidad de Brasilia (Brasil) van a montar una versión de la obra teatral de Raúl Herrero El hombre elefante. Esta obra fue publicada a finales del año 2007. La dirección de la obra la asumirá la poeta Alicia Silvestre.
 
EL HOMBRE ELEFANTE Autor/es: Raúl HERRERO Catálogo: Sarastro Libro nº 19 de la colección Descripción: El hombre elefante, seguido de El indómito y extraño caso de Gregoria. Teatro. El hombre elefante / El indómito y extraño caso de Gregoria Raúl Herrero ISBN-10: 84– 95399–84–9 ISBN-13: 978–84–95399-84–7 170 págs. Raúl Herrero nace en 1973. Ha publicado más de diez libros de poesía. Entre ellos la antología El mayor evento (1989-2000), con dibujos de María Luisa Madrilley y prólogo de Luce Moreau-Arrabal y Officium Defunctorum (Las patitas de la sombra, Madrid, 2005), traducido al francés por Paola Masseau. Autor de El manifiesto del Arte Absoluto (1996), la Antología de poesía Postista (1998) y la selección e ilustraciones de Cuentos insólitos de la literatura española (2000). Además ha publicado el libro de relatos Así se cuece a un hombre (2001) con prólogo de María Paz Moreno y dibujos de Fernando S.M. Félez y el ensayo-dietario El Éxtasis (2002), con prólogo de Viveca Tallgren. Desde el año 2000 edita en cuadernillos el poemario Ciclo del 9, de los cuales han aparecido: Las palmeras de Verona, Sinfonietta Björk, Libro de canciones de Ángela, Notas rumanas y Punto de no retorno. Ingresó en el Colegio de Patafísica de París como «auditor real». Partes de su obra se han traducido al inglés, italiano, danés, francés, islandés y búlgaro. Como creador plástico ilustra libros y muestra su obra en exposiciones colectivas e individuales. Sus artículos aparecen en diversos medios y revistas literarias, incluso en su blog: raulherrero.blogia.com. Si bien Raúl Herrero ha escrito varias obras de teatro desde su temprana juventud, incluso algunas de ellas han llegado a representarse, este volumen constituye la primera publicación del autor en el género de la literatura dramática. El lector encontrará en la sección de noticias un pdf con un adelanto del libro. Fecha de publicación: Noviembre 2007 Edición: 1ª ISBN: 978–84–95399-84–7
 

10º aniversario de la editorial Libros del Innombrable

10º aniversario de la editorial Libros del Innombrable

Con motivo del 10º aniversario de la editorial Libros del Innombrable Raúl Herrero realizará varios recitales-ceremonias en este año 2008. Durante la ceremonia, que se prolongará durante algo menos de una hora, el autor pondrá voz a sus propios poemas, así como a algunos de sus autores favoritos como Fernando Arrabal, Mariano Esquillor, Antonio Fernández Molina, Juan Eduardo Cirlot, Salvador Dalí, Federico González, San Juan de la Cruz, José María de Montells, etc. Se advierte que los textos variarán en todas las ceremonias y que no tienen porque repetirse autores o poemas.
Toda aquella librería u organización interesada en la celebración de este evento puede ponerse con los coordinadores de estos actos en el teléfono 0034976423247 o en el correo:atencionlector@librosdelinnombrable.com. Las solicitudes se atenderán según disponibilidad de fechas.Muchas gracias a todos por estos diez años.
Al final de cada acto el autor firmará ejemplares de sus obras.
"10 años, como la muerte, un instante".

De la enfermedad considerada como una de las bellas artes, (I)

De la enfermedad considerada como una de las bellas artes, (I)

(En la imagen superior el cabal Fernando VI)
 
El apolíneo Thomas de Quincey (1785-1859) escribió el ensayo, que consideran humorístico, inexplicablemente para mí, la mayoría de los eruditos: Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Me ha parecido muy oportuno glosar este claro y acertado título en el encabezado del texto, puesto que me facilita la idea que pretendo fijar a continuación.
En mi circunspecta opinión el único propósito del artista en la sociedad actual, lejos de la escritura de ridículos libros-bomba que intentan adentrarse en política y otras efervescencias, o que buscan la divulgación oscura de las artes superiores y heliocéntricas, la misión del artista, pues, me parece que debe centrarse en la descretinización, como ya apuntara André Breton en el primer Manifiesto del Surrealismo, es decir, en la “desautomatización” de los usos y costumbres de la sociedad, del lenguaje, de la limitada visión de la realidad fangosa que se pretende imponer. (Un ciudadano que sólo cree en lo que ve es un hombre que, en verdad, no cree en nada. ¿Qué seria de él si no existieran los espejos?). La ciencia ya ha desautorizado a los más radicales entramados positivistas y todos sabemos del peligro de deshumanización de las sociedades amamantadas con el pragmatismo (con excepción del pragmatismo pánico, véase el Manifiesto para el tercer milenio de Fernando Arrabal) y el utilitarismo. Por ello, se impone el modelo, tan cercano en métodos y en algunos casos en objetivos con las corrientes vanguardistas, de la escuela cínica.
El divino Dalí, consciente de esta necesidad de higiene filosófica, extremó su apetito, en este sentido, hasta las últimas consecuencias. ¿Cuáles son estas “consecuencias in extremis? Claramente me refiero a la antesala de la muerte, es decir, a la enfermedad.
No me parece necesario extenderme en los movimientos artístico que en el siglo XX han utilizado el cuerpo como objeto y materia de la actividad creativa, como el “body-art” o el “accionismo vienés” (con actividades próximas al ritual, aunque en este sentido el exponente más lúcido lo encontramos en el movimiento pánico).
Por tanto, el artista que se mantiene fiel al propósito ya mencionado puede servirse incluso de los mecanismos de la enfermedad, de su propia enfermedad, para horadar la carcasa de la mediocridad de la huera sociedad.
Siguiendo con Dalí recordaremos que tras la muerte de su esposa Gala se recluyó durante diez años, se negaba a alimentarse con frecuencia y, aunque alejado de la vida pública, se mantenía activo en la forma de sobrellevar sus achaques. En esta situación todavía tuvo tiempo de organizar el artista un encuentro en su teatro-museo sobre el azar con figuras como Thom, Prigogine, Landsberg, etc. . Las biografías trasladan las quejas de las enfermeras que le cuidaban , las conversaciones con algunos amigos y el constante merodear, en torno a su figura, de aves de rapiña en pos de su legado. Así, algunos autores recogen una divertida anécdota. Dalí se negó a recibir a cierto presidente de la Generalitat durante varios días y, cuando aceptó concederle audiencia, el político se encontró con un Dalí que se mantenía en silencio durante una hora, tras la cual se despidió al político .
Salvador Dalí, como en todo, no practicaba gratuitamente estas acciones, además del expreso deseo llevado hasta el final de la descretinización. Su admiración por la monarquía, sin duda, le llevó a conocer las extrañas enfermedades de Felipe V y Fernando VI. El primero de ellos sufría de unos padecimientos, que los textos de la época describen como melancolía, que lo postraban en cama y lo mantenían sumido en la inactividad durante semanas, incluso meses. En un acto artístico difícil de superar Felipe V transformó su corte en nocturna, puesto que pasó varios años acostándose a las 7 de la mañana y levantándose a la hora de la cena, lo que obligaba a buena parte de la corte y a los embajadores a someterse a esta inversión de las actividades.
Aunque, sin lugar a dudas, su hijo, Fernando VI, durante su último año de reinado alcanzó una altura artística casi insuperable en esta disciplina de la enfermedad. Tras la muerte de su esposa Bárbara de Braganza, el rey, promotor durante los once años anteriores de su reinado de espectáculos barrocos, amante de la música y gozador de los más deslumbrantes espectáculos organizados por el castrado Farinelli en Aranjuez, se retiró al sombrío castillo de Villaviciosa de Odón. Durante el año de vida que le quedaba Fernando VI cometió las más sorprendes y extravagantes, a juicio de los escribanos de la época, acciones, hasta el punto que el conde Fernán Núñez calificó al lugar de retiro de “castillo encantado”.
La corte mencionaba que el rey se encontraba enfermo, aunque nadie se decantaba por un diagnóstico. Ante la real negativa a recibirles, los cortesanos fueron abandonando el lugar e, incluso, su confesor Quintano regresó a Madrid desesperado por los acciones del rey. En sus biografías se nos cuenta que le gustaba hacerse el muerto, tras un largo de tiempo de suspiros y quejidos, para luego levantarse de golpe y sorprender que acudían a comprobar su defunción. Otras veces vagaba por el castillo con una sábana por encima, o escondía bajo la cama sus propios excrementos para después lanzarlos a todo aquel que osara acercarse a su lecho. Muchas otras actuaciones describen las escasas biografías del monarca, sin embargo, se suele insistir, tanto en los textos de la época como en la mayoría de los actuales, que los cercanos se cercioraban que Fernando VI estaba lejos de encontrarse loco. Se trataba de los últimos actos de este amante de las artes, de un visionario…

Elegía para Frank Sinatra por Raúl Herrero

Elegía para Frank Sinatra por Raúl Herrero

«En equilibrio con esta vida, esta muerte.»
W. B. Yeats


EL PUNTO FINAL

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IRKALLA

Una senda, en la mitad del camino de la obscuridad,
nos guía por el interior de la mirada.
El oftalmólogo, como un dios microscópico,
vuelve las pupilas del revés.
El precipicio, hasta ahora velado,
fulgura bajo la venda que disuelve el mundo.


LA VENDA QUE DISUELVE EL MUNDO

La vida ulula sobre la linfa
que la muerte no evapora.
En la hora de espuma
el cielo ciego se empluma.
Serpiente perversa
con alas de calavera.


BAALZEBUT

Con la boca llena de agujas
tragas saliva pigmentada;
los delgados despojos surcan tu garganta
y se incrustan en las paredes del estómago.
El dolor no es suficiente.
El sol vuelca el azul de sus dientes
sobre el tiempo de tu silueta,
que se convierte en cuerpo del tiempo.
Soy el único elemento del cosmos
en reposo:
mi mundo se desprende del mundo.
La muerte es el instante
del declive infinito de la luz.




MOLOC

Con el cordón umbilical
todavía alrededor de la cintura,
el recién nacido descubre,
desde el fondo del contenedor,
escenas de sacrificios cruentos
oficiados por cananeos.
La curva cuadrada
deja de ser humilde o silenciosa.
En la cabeza de edificios,
empleados como altares para terneros lechosos,
sombras de seres evacuados por la vida
elevan piras de leña humana.
Sentado en una silla de oro,
frente a la ventana,
la risa te cubre los dientes con destellos.
El anciano se dispone a tomar
sopas de leche
frente a la mesa con patas de cabra.
Deja caer uno de sus ojos
en el caldo iridiscente,
tras mucho observar y marear el contenido
con una cuchara de plata,
descubre una tos de sangre relamida,
o, lo que bien pudiera ser,
un resto de feto con sabor sonámbulo.


LOS VIEJOS ESTRANGULÁNDOSE CON ASOMBRO

Los ancianos sentados frente al lago
conversan con los ojos empequeñecidos por el sol.
Unos gusanos amarillos les suben
por las piernas.
Al principio no les importa,
pero cuando les alcanzan el rostro
y comienzan a devorarlo,
se cubren la cabeza con hojas de sauce.
Luego reanudan el coloquio.



EL MUERTO INVISIBLE

Por la noche, después de pintar,
ingiero interminables tragos de disolvente.
Mi piel se vuelve pálida,
incluso si me paro frente a una pared blanca
paso desapercibido.
Por fin, una mañana,
al levantarme, compruebo
que soy invisible,
ningún familiar me saluda
y soy nadie frente al espejo.
Al principio me divierto
cambiando de lugar los objetos
o entrando en lugares prohibidos.
Más tarde comprendo
que me debilito a cada minuto.
Mi cuerpo en lugar de andar
levita,
mi imagen desaparece
de las fotografías,
mis allegados me olvidan.
Ahora vago de un lugar a otro
propulsado por corrientes de aire.


LA VIDA AVANZA SOBRE EL TIEMPO QUE
LA MUERTE DEJA EN BLANCO

Sobre el reloj del comedor
se posa una lechuza.
Brota agua clara y fresca
del espacio limitado por las agujas.
El animal se agacha y bebe.
Los comensales que la habitación ocupan
sin darse cuenta envejecen y mueren.



Mi alma, ajena a la vida.



LA VIDA AVANZA SOBRE EL TIEMPO QUE LA MUERTE NO EMPAÑA

La torre de Ganzir
rasga el horizonte de tela.
La cabra bebe el paño
que destila su cornamenta.
El dulce sabor vespertino
hipnotiza a las montañas
de cobre.
El vidente se vuelve ciego,
el sano muere,
el ciego pierde los dientes
y el enfermo resucita en la muerte.
Cristo, al ascender a los cielos,
separa los hilos de su materia.
Produce una explosión corpuscular
que regenera el mundo.


ANTES DE PARTIR OS DIRÉ

Las estatuas de sal
se vuelven de cristal.
La cuerda oscila, atada
a la lámpara, sobre
la sombra intransigente del ahorcado.
Sus muslos de girola expuestos
como ropa tendida.
Sus manos de ábside tensan
la separación entre muerte y mundo.


CESACIÓN DE LA VIDA

Cuando la muerte tórnase visible, nos atenaza
una ansiedad hueca:
encarnación de la
vida.

Junio, 1998

La preñez egipcia

La preñez egipcia

A su vuelta del moderno Egipto mis amigos Beatriz y Pedro se han personado y reincorporado a la vida testimonial –cotidiana como un mondadientes–, pero antes, en prenda, me han ofrecido un pájaro Ibis (con el que se identifica al dios Thot) y una copa de alabastro. Sus historias y entusiasmo me impulsan hasta el libro Historia del Antiguo Egipto (La esfera de los libros, Madrid, 2007) de Ian Shaw.
Al abrirlo me encuentro con una fotografía a color de dos esqueletos abrazados en postura fetal, la diferencia de tamaños me hace pensar que, quizá, se trate de una pareja. En el pie de la imagen leo: “Algunas de las tumbas de yacimientos del Período Naga II contienen inhumaciones múltiples como en este caso. Se trata de un enterramiento doble del cementerio de Adaima, cercano a Hieracómpolis”.
Con el volumen en la mano parto hasta la habitación contigua porque recuerdo un estupendo libro traducido y preparado –cual si se tratara de una comida suculenta o de una poción capaz de trasladar a su receptor a las más inesperadas y mágicas consecuencias– por el compositor Josep Soler. Bajo el título de Poesía y teatro del antiguo Egipto el autor agrupa un buen número poemas, de textos de las pirámides y de teatro litúrgico revisitados con una riqueza que presume de la inmensa capacidad de trabajo y sensibilidad del compositor.
El teatro en el antiguo Egipto se encontraba próximo a la experiencia religiosa, al igual que ocurría en Grecia y Roma, donde los dioses custodiaban la escena, así como también el emperador, al que se le rendía culto.
Josep Soler declara en su introducción al apartado de teatro litúrgico: “Si el primer ejemplo de drama litúrgico proviene de la IX Dinastía, el último, los textos procedentes de una de las paredes del templo de Edfú son ya de época tardía: la de los Tolomeos (ca. -305), otras dos obras son un poco anteriores y datan del siglo IV, en la época del faraón Nectanebo II (XXX Dinastía, -360, -343): casi todas ellas ponen en escena los mismos personajes básicos: Isis y Horus.
Los dramas se desarrollan entre dioses y ponen en escena sus tragedias personales que se solucionan por la intervención de un deus ex machina divino que protege el nacimiento de Horus o lo salva del veneno del escorpión… (…) Podemos suponer, sin gran atrevimiento, que en la ‘representación’ de estos dramas –a semejanza del posterior teatro griego– intervendría una determinada máquina escénica (la llegada del dios Thot en la barca solar, posiblemente en la escena, con todos sus navegantes), y una amplia intervención musical –voces e instrumentos– así como, quizá, un grupo de baile. Estamos, pues, ante algo parecido a una gran ópera…”.

En el terreno musical del Antiguo Egipto Rafael Pérez Arroyo, junto con Syra Bonet, han llevado a cabo una compleja investigación para resolver la posibilidad de aquellos, desde nuestra parcela de tiempo, remotos sonidos. Gracias a los dibujos en las paredes de las pirámides ambos estudiosos reconstruyeron los instrumentos, proyectaron una posible técnica de ejecución y desde los estilos litúrgicos cristianos del Oriente desarrollaron los elementos vocales. Así crearon la compilación hermosa Música de la edad de las pirámides (Nar, Madrid, 2001). Los sonidos de la grabación evocan ligeramente la sensación de liturgia que la memoria vincula a ciertos aspectos de la música vocal. Sin embargo, la curiosa sonoridad que se extrae de la reconstruida arpa y de los instrumentos de percusión nos sobrecogen por lo cercanas que, desde la extrañeza, resultan en nuestros oídos.
Así el Antiguo Egipto revive en mis carnes, junto a mi figura del dios Thot, y así rememoro los viajes que nunca he realizado por las arenas con olor a cocodrilo y las aguas dulces y sonámbulas como danzas sonoras de los murciélagos al comienzo de la noche.
Quizá vuelva sobre este asunto en próximos días…

Juan Ramón Jiménez y Julián Ríos pasean en mi sueño de la mano por un jardín oriental mientras converso con Felipe V sobre la biblioteca que se trajo desde París cuando vino a reinar en España

Juan Ramón Jiménez y Julián Ríos  pasean en mi sueño de la mano por un jardín oriental mientras converso con Felipe V sobre la biblioteca que se trajo desde París cuando vino a reinar en España

Desde la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez recibo del remite de  Carmen Hernández-Pinzón Moreno una hermosa agenda, del ya más que inaugurado año 2008. Con tapas rojas, encuadernada con la precisión de un libro lujoso, acompañan a los días citas del poeta de Moguer y abundante material fotográfico. La agenda se me antoja la compañera ideal para contabilizar el tiempo hasta que franquee el próximo solsticio de invierno –navidad, januka–. A finales del ya pasado 2007 la misma fundación y la misma Carmen Hernández tuvieron la gentileza de remitirme una Antolojía  poética de Juan Ramo Jiménez, con selección y prólogo de Soledad González Ródenas. El volumen, editado por dicha fundación en colaboración con la Diputación de Huelva, agrupa una interesante selección de poemas que refrescan la nuca a los iniciados.  ¡Ojalá también sirva esta selección  para aproximar el poeta a curiosos adolescentes con sensibilidad y talento! En la portada se dibuja la firma de Juan Ramón con tinta roja. A mi memoria acuden, como un velado rumor, las palabras de cierto autor cuando esgrimía, con aparente certeza, que escribir con tinta roja era prueba de un insufrible mal gusto.


Una soledad  tan pura
como el caer de la nieve;
un blancor  divino, unánime,
un silencio permanente…

Leo, tras abrir la antolojía al azar, los primeros versos del poema Isla.

La Fundación Z-J.R.J. tiene el buen gusto de hacerme llegar, de tarde en tarde, unos hermosos pliegos de poesía con textos inéditos. Estos versos hacen la delicia primero del paladar de mis dedos, luego del de mis ojos y después del de mi entendimiento.
¡Con cuánta generosidad se han comportado siempre, con mi persona y la editorial Libros del Innombrable, la Fundación y los herederos de Juan Ramón Jiménez! Ofrecieron un sí sin celosías y sin talonarios a la inclusión del poeta en una antología para niños y en la selección de poesía mística de Antonio Fernández Molina.
¡Qué favorable vida la mía al contar también con la amistad y las generosas y sabias aportaciones de los poetas Antonio Fernández Molina, Mariano Esquillor, Josep Soler, Fernando Arrabal… además de tantos otros, que siempre se han aproximado a mis proyectos con el deseo de ofrecer su talento y su obra más que de solicitar caudales (Se dice que Cervantes fue encarcelado por adueñarse de parte del dinero de su trabajo como recaudador. Si así fuera no habría hecho el autor del Quijote más que algo propio de un hombre de letras, es decir, de espíritu, al voicotear los vulgares grilletes de la economía).
¿Puede desearse algo mejor para acompañarse durante una vida que la “compañía” de lo ilustre y verdadero? Y participando de ese mismo caldo recibo de la editorial, por indicación del autor, el libro de relatos Cortejo de sombras (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2008)  de mi admirado Julián Ríos. Leo las críticas que dedican al volumen en algunos suplementos, así como una entrevista donde el autor responde cuando le preguntan por los jóvenes escritores que le reconocen como maestro: « …nunca me permitiría darles un consejo. El único que me parece válido en literatura es el lema de Thélème: “Haz lo que quieras”».  
Cuando descubrí el  libro de J. Ríos Larva, con el asombro de mi mayoría de edad, le pregunté a mi guía, maestro y cayado Antonio Fernández Molina por su opinión: “Es una de las mayores exhibiciones del lenguaje que he leído, sin duda se trata de un autor de gran interés”, me respondió. Poundemonium y Nuevos sombreros para Alicia fueron los títulos de Julián Ríos con los que más he disfrutado, hasta el día de hoy, claro. Tengo entendido que recientemente se ha publicado en México una antología de su obra, ¡algo de merecido cumplimiento!
En mis sueños converso con Felipe V, que viste de manera descuidada y luce unas luengas barbas, como lo describen los historiadores durante sus crisis de melancolía, sobre Juan Ramón Jiménez y Julián Ríos. Ante mi insistencia el soberano enuncia: “Cuando vine a España para reinar lo hice junto a 3000 libros de mi biblioteca personal, ¿quieres creer que entre ellos ya se encontraban el Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez y Larva de Julián Ríos? Eso es imposible, respondo a Felipe V, los autores nacieron siglos después. “Bueno, yo no me atengo a esas pedestres limitaciones”, me reprocha airado el monarca, al tiempo que me expulsa de mi propia ensoñación.