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Raúl Herrero

Alucinógena Feria del libro, (I)

Alucinógena Feria del libro, (I)

En el mejor momento del año –durante la celebración de los cuarenta años de la aparición del disco Sgt. Pepper’s de The Beatles- y junto a los más aguerridos compañeros “casetistas” que los siglos han visto –la librería Los portadores de sueños- comenzó la una nueva y reluciente feria del libro en la caseta de Libros del Innombrable.

La aventura se inició bajo los canales de la confusión. A media hora de la apertura del evento, sin llaves y con enormes cajas a la espalda girábamos alrededor de la nada. Con la rapidez de un galápago confuso por la iniquidad lanzamos los libros en dirección a las estanterías y el mostrador. Una imagen de tamaño superior al natural con la figura de Fernando Arrabal se dispuso para conmemorar una presentación permanente de la novedad del Diccionario Pánico.

Ester Fernández llamó por teléfono y advirtió: “Has visto el cultural del ABC. Dedican una página al libro de Ekelöf publicado por Libros del Innombrable.” Al poco Félix Romeo pasó por la caseta para reincidir en la buena nueva. El día anterior me regaló unos libros traducidos por él. Uno de ellos, un diccionario-biblioteca (Biblioteca, Tavares, Xordica), colmó mis apetitos del primer día de feriante.

Como en toda feria que se precie sólo nos quedaba la búsqueda de monstruos que distrajeran al respetable público. Primero pensamos en acciones bien dirigidas y que asombrarían a los manifestantes indómitos: el lanzamiento de dardos envenenados a los menos dados al pago de tributos, el apedreamiento de los que abandonan el lugar llevados por un extraño disgusto e incluso el lanzamiento de jabalina sobre los timoratos que pasan junto a la caseta desde lejos y mirando de soslayo, ¿quizá porque les pesa algo en la conciencia? Al final optamos por recurrir a la clásica firma de autores. Y para predicar con el ejemplo situé a mi persona en primera fila del espectáculo como apertura y pompa inicial.

El día de la inauguración se acercó hasta nuestro hogar amigo el amigo Luis Alberto de Cuenca, siempre simpático y con dotes de apertura francesa, bajo los auspicios de Ramón Acín. Conversamos brevemente sobre el rodaje de la película de Houellebecq.

Durante la tarde del domingo, destinada al esbozo de firmas, regalé un pirulí a todos aquellos que se acercaron con tal aviesa propuesta. Aún así realice algunas excepciones por descuido y falta de memoria. José Antonio Conde por la mañana se personó con su entusiasmo febril para hablarme de horrendos paisajistas y de bondadosos ruiseñores que saltan a la comba. Muchos lectores preguntan por la inminente aparición de Mariano Esquillor y les emplazamos para el próximo sábado.

También surgió del origen de los ciclos temporales, envuelta en brumas borgianas y beckettianas, la nigromántica y preclara Aloma, de camino a vislumbrar la portada de la que será su primera novela. A su alrededor contemplé la danza de tres mil quinientas doncellas asirias, de cuarenta duendes cojos y de una salamandra disfrazada de fakir. Ella ha interpretado a Casandra en la obra Los Bosques Nyx de Tomeo y ese encuentro con las dotes de clarividencia se leía en el aumento de la densidad de sus ojos.

Los días pasan lentamente en el interior de la caseta. Las mañanas suceden como tardes y las tardes como noches, las noches parecen mañanas y así el sueño se mezcla con las luces y la noche con la profundidad. Mientras los paseantes retuercen sus humectantes cuerpos contemplamos los últimos ejemplares de Presencia viva de la cábala, a punto de agotarse.

De vez en cuando confundimos a algún paseante con Fernández Molina y hablamos de nuestras cosas a un ignoto desconocido. Eso es natural cuando uno ya no pertenece a su tiempo, sino a otras tierras.

Libros del Innombrable en la Feria del Libro de Zaragoza 07

Libros del Innombrable en la Feria del Libro de Zaragoza 07

 
 
LIBROS DEL INNOMBRABLE EN LA FERIA DEL LIBRO DE ZARAGOZA
 

Feria del libro 07 Del 1 al 10 de junio · Horario de 11’00 a 14’00 y de 18’00 a 21’30 Zaragoza Paseo de la Independencia · caseta nº 12

 

 

Mariano Esquillor firmará sus libros Playa de tormentas mudas, Opio, Huracán de sol y Columpio autobiográfico en horario de tarde el día 9 de junio, sábado.

 

José Antonio Conde firmará ejemplares de su libro Exilios en horario de tarde el día 8 de junio, viernes.

 

Alejandro J. Ratia firmará ejemplares de sus libros Biedermeier y Los viaductos de Albentosa en horario de tarde el día 7 de junio, jueves..

 

Raúl Herrero firmará ejemplares de sus libros El mayor evento, Así se cuece a un hombre, El éxtasis, Ciclo del 9, El faro de Sigfrido y su nuevo poemario 9.5 Punto de no-retorno en horario de tarde el día 3 de junio, domingo.

 
 
 
 

Aventuras y desventuras del Diccionario Pánico de Arrabal en la Universidad de Murcia y el rodaje de la película de Houellebecq, (I)

Aventuras y desventuras del Diccionario Pánico de Arrabal en la Universidad de Murcia y el rodaje de la película de Houellebecq, (I)

 

 (En la imagen superior Arrabal con el Diccionario Pánico durante un descanso del rodaje de la película La posibilidad de una isla.)

Por algún extraño motivo, el conductor del autocar se encontraba en la necesidad de obligarnos a los viajeros a visionar una película a todo volumen. Cuando posé el pie en territorio murciano mi cabeza atronaba como si hubiera pasado el día en el interior de una caverna habitada por los locos del griterío y la cornucopia. Tras abandonar las bolsas y la maleta a su suerte, en mi habitación, me encomendé al azar en busca  del hotel Rincón de Pepe. Allí estaba prevista, a las 12 de la noche, una representación de La piedra de la locura, libro de Arrabal transformado en monólogo por Antonio “El peruano”, director del teatro Espada de Madera de París y de la sucursal, del mismo nombre, abierta en Madrid. El cielo amenazaba lluvia. Traspasada la frontera de la jaqueca mis voces repetían el arrabalesco inserto en el Diccionario Pánico: “La muerte suprime toda seriedad incluso al propio testamento”.

En la recepción del hotel se encontraba guardando las armas, como caballero y poeta de honor, el vate, leñador y creador de hermosos aforismos a los que denomina astillas, Martín Marcos.

Los miembros de la compañía Hellteatro, que tiene previsto representar una nueva versión de la obra de Arrabal El Arquitecto y el Emperador de Asiria, también hacían guardia en el hotel. Mientras esperábamos la llegada del dramaturgo nos mostraron los carteles de la obra dirigida por Manu Costa y se nos presentó el director de la excelente revista “El Kraken”. Aunque no fumo, acompañé a Martín al exterior del hotel para que destilara tabaco.

En la oscuridad humificada y tormentosa un automóvil paró en la puerta del hotel. Del vehículo descendió Arrabal y a su novia Lis. Ambos nos saludaron y abrazaron. Arrabal nos mostró unas gafas de forma cuadrada que había cambiado por uno de sus pares a un profesor de cierta Universidad que ahora no recuerdo.

Arrabal preguntaba a toda persona, animal o cosa que tipo de montura se ajustaba mejor a su gesto y porte. Los justicieros del hotel, es decir, los directores y otros cargos insistieron en celebrar la llegada de nuestro amigo brindando con una botella de champaña. Así nos reunimos los teatreros, editores, poetas y cambistas en un círculo diurético para brindar  con las copas alzadas.

Entramos en un salón del hotel iluminado para la ocasión. Sobre una mesa reposaban varios ejemplares de La piedra de la locura, en edición de Libros del Innombrable. Arrabal improvisó una inspirada introducción a la obra.  La piedra de la locura entusiasmó tanto a André Breton que publicó los textos en su revista La Brèche, donde los presentó como poemas surrealistas.

También dedicó el autor unas palabras a su amigo “El Peruano”. Ambos se conocieron durante el montaje en París, dirigido por Arrabal, de su propia obra …Y pusieron esposas a las flores. Un joven Antonio de diecisiete años fue el ayudante de dirección de Arrabal. Por aquel entonces, según confesó el actor y director, el dramaturgo le regaló un ejemplar de La piedra de la locura. Arrabal recordó que durante las representaciones Antonio se encargaba de la música y de las luces, lo que le obligaba a servirse también de sus pies para cumplir con las obligaciones.

El libro La piedra de la locura se ha transformado, en esta adaptación teatral, en un monólogo esquizoide y brillante. El actor permanece sentado durante toda la actuación, lo que no le impide tejer un panegírico de sensibilidades y de  expresiones. El gran valor de nuestro amigo actor reside en su capacidad para narrar las diversas historias del libro.

 

Ella me dio un ramo de flores, me puso una chaqueta roja y me subió sobre sus hombros. A la gente le decía: “Como es un enano tengo que llevarlo así, tiene complejo de inferioridad”. Y la gente se reía.

Como iba muy deprisa tenía que agarrarme bien a su frente para no caerme. A nuestro alrededor, formando una especie de calle, había muchos niños; a pesar de que yo iba sobre ella, apenas les llegaba a las rodillas.

Me sentí muy cansado. Entonces, ella me dio una copa llena de líquido rojo que tenía sabor a coca-cola. Cuando me lo tomé, se puso a correr de Nuevo. Y todos se reían; las risas parecían cacareos. Y ella les explicó que no debían reírse, porque soy muy susceptible. Y todos se reían a carcajadas.

Ella corría cada vez más; yo veía sus pechos al aire y su camisa que flotaba al viento. La gente se reía cada vez más.

Por fin me dejó en el suelo, y desapareció. Un grupo de gallinas verdes gigantescas se acercó a mí. Yo no era mayor que sus picos que se acercaban para picotearme.

(La piedra de la locura, Arrabal)

  

A pesar del cansancio nos entusiasmó. Como el actor tenía que levantarse temprano para regresar a París, un animado diálogo entre el autor y el actor se interrumpió en torno a las dos de la madrugada. Tras la firma de carteles que prodigó Arrabal nos retiramos hasta el día siguiente.

Por la mañana Vitorino Polo nos esperaba en la rueda de prensa que marcaba el inicio de una serie de actos bajo la denominación Encuentros con la cultura. Durante su intervención Arrabal se refirió a La posibilidad de una isla de Houellebecq como la mejor novela de lo que llevamos de milenio. Esa misma noche nos trasladaríamos a Benidorm para asistir al rodaje de la adaptación cinematográfica, que el propio Houellebecq, realiza de su novela.

A la hora de la comida apareció el transmutador de  mundos Rivela. Así fuimos a la conferencia de Arrabal cuatro tenores de la poesía: Luce, Martín, Rivela y un servidor. Durante su intervención Arrabal nos habló de Fischer, la Virgen Roja, las matemáticas, el ajedrez y la poesía de Stalin… Las conferencias de Arrabal adquieren un cierto tono de improvisación que recuerda a los mejores interpretes de jazz.

 Cumplido el cometido, el profesor Vitorino me llamó al estrado para presentar el Diccionario Pánico. Conocedor del turno de preguntas previsto tras mi perorata procuré resumir y consumir el menor tiempo posible. Una realizada la comunión del Diccionario, el profesor Vitorino afirmó que agradecía mi intervención brevísima aunque densa.

Entro los asistentes al acto me encontré con mi amiga y excelente poeta Juana J. Marín. Por desgracia mi amigo Paco Torres no pudo asistir al encuentro.

En una apresurada cena, por la necesidad de nuestra partida hacia Benidorm, conocí a Liliana Tabakova, profesora de Literatura Hispanoamericana en Bulgaria y, según me expresó, colega de mi amiga Rada Panchovska, traductora de la mayoría de la poesía española contemporánea al búlgaro.

Nico nos esperaba a las diez de la noche en recepción para trasladarnos hasta el hotel Bali en Benidorm, donde Arrabal comenzaría, al día siguiente, el rodaje de su papel en la película de Houellebecq.

Ya en Benidorm, una vez en mi habitación, recibí desde Argentina la llamada de Andrés Rubio. Me dormí escuchando sus enigmáticas palabras: El tiempo que pasa pesa.

 (Continuará) 

Presentación del Diccionario Pánico de Fernando Arrabal en la Universidad de Murcia

Presentación del Diccionario Pánico de Fernando Arrabal en la Universidad de Murcia

Libros del Innombrable realiza la presentación de su novedad Diccionario Pánico de Fernando Arrabal, volumen con más de 500 páginas, en la Universidad de Murcia el próximo día 22 de mayo.




Diccionario Pánico
Fernando Arrabal
Edición y prólogo Raúl Herrero
Prólogo de Emilio Pascual
ISBN-10: 84–95399–80–6
ISBN-13: 978–84–95399-80–9
556 págs.



El 22 por la tarde pronunciará Fernando Arrabal su conferencia -seguida de coloquio- en la Universidad de Murcia (ciclo « El mundo personal de los libros ») con el catedrático Victorino Polo.

Acto seguido se realizará la primera presentación (por el editor y escritor Raúl Herrero) del libro: «Diccionario Pánico» en presencia del autor.



Arrabal comenzó a publicar sus definiciones, jaculatorias y «arrabalescos» en la prensa internacional hace cuarenta años. En España el lector las puede encontrar cada domingo. Esta edición agrupa un buen número de esas colaboraciones de Fernando Arrabal en prensa. En ocasiones, este diccionario recuerda a un diario, puesto que vincula la palabra elegida con sucesos inmediatos. Además abundan los artículos con el tono de un libro de memorias. Podemos afirmar que el Diccionario Pánico (y patafísico) constituye una
superficie límpida y espejada en la que Arrabal se contempla para devolvernos su reflejo. Algunos temas del diccionario se introducen, sumergen, evaporan y reaparecen como si fueran diversas tramas de una novela. Prepárese el lector para «la fiesta pánica» del Diccionario Pánico.

«El universo de Arrabal es un mundo fantástico que no se parece a nada conocido o imaginado; el grado de su desemejanza alcanza el límite de lo concebible: sólo se asemeja a sí mismo.»
Milan KUNDERA

«Fernando Arrabal posee el incalculable tesoro de tener voz propia.»
Camilo José CELA

«El conocimiento que aporta Arrabal está teñido de una luz moral que está en la materia misma de su arte.»
Vicente ALEIXANDRE

«El excepcional valor humano y artístico de Fernando Arrabal le ha izado a la primera fila de los escritores de hoy.»
Samuel BECKETT

Novedades de Fernando Arrabal, Josep Soler y José Antonio Conde en Libros del Innombrable

Novedades de Fernando Arrabal, Josep Soler y José Antonio Conde en Libros del Innombrable

Libros del Innombrable presenta este mes de mayo tres nuevas novedades de distinto alcance y de profundas simas. Pildoras y sorbos para un mundo adocenado. En la página www.librosdelinnombrable, en la sección de noticias, encontrará el desocupado lector un avance de los libros citados en pdf.

 

 

Los Nombres Divinos

Pseudo Dionisio Areopagita

Edición, traducción y prólogo de Josep Soler

ISBN-10: 84– 95399–78–4

ISBN-13: 978–84–95399-78–6

318 págs.

Precio: 15,00 €

A principios del siglo VI comienzan a citarse unos escritos atribuidos a Dionisio Areopagita, al que, según se nos narra en los Hechos de los Apóstoles (XVII, 34), convirtió al cristianismo Pablo de Tarso en Areópago. Sin embargo, estudiosos recientes vinculan los textos atribuidos a Dionisio a la filosofía neoplatónica y, sobre todo, al ámbito de Proclo (411-458), al cual se hacen referencias casi textuales.

En la edad media, traducidos por Juan Eriúgena, estos textos gozaron de amplia difusión y constituyeron una piedra angular de la mística medieval.

En esta edición recuperamos la clásica traducción que de las obras de Pseudo Dionisio Areopagita realizó Josep Soler en 1980 para Antoni Bosch, editor. A las Epístolas, Los Nombres Divinos y la Teología Mística, Soler ha añadido los Oráculos e himnos de Proclo. Además, el volumen se inicia con un estudio introductorio revelador y capital de Josep Soler, donde el autor analiza con profusión la «teoría» de Dionisio Areopagita sustentándose en referencias y citas de Damascio, Rilke, Eckhart, San Juan de la Cruz, Plotino y Proclo, entre otros.

Se desconoce la persona que se oculta tras la designación pseudo dionisio areopagita . En su obra convergen elementos de la filosofía neoplatónica y del cristianismo. La tradición considera a Dionisio Areopagita como el único griego que se convirtió al cristianismo por intercesión de Pablo de Tarso y, por tanto, además se le reconoce como discípulo del apóstol. Estos escritos aparecieron alrededor del siglo VI, atribuidos al citado discípulo de San Pablo en Atenas. La redacción de los mismos suele enmarcarse entre finales del siglo V y principios del VI. Algunos especialistas actuales los han atribuido a un anónimo teólogo bizantino. En un principio, al vincularse a Dionisio Areopagita, los documentos alcanzaron el rango de apostólicos, aunque en el siglo XVI fueron revisados y se añadió el apelativo de «pseudo» para señalar las dudas sobre la autoría de los mismos.

Josep Soler (nacido en Vilafranca del Penedès, Barcelona, 1935); en su ciudad natal estudia con Rosa Lara y más tarde —1960— es discípulo de R. Leibowitz en París (amigo de Schoenberg y discípulo, a su vez, de A. Webern). En Barcelona trabaja con C. Taltabull —que estudió con Max Reger a comienzos de siglo, en Munich— desde 1960 hasta la muerte de éste en 1964.

En su dilatada carrera ha compuesto dieciséis óperas —entre las que mencionamos Edipo y Yocasta (1972), Frankenstein (1996), Nerón (1985) o La Bella y la Bestia (1982)—. En el resto de su obra destacan las piezas de temática religiosa como Noche oscura (1971), la ópera —oratorio— Jesús de Nazaret (1974) y el poema-sinfónico Via Crucis (1995).

Junto con su importante producción musical ha publicado Fuga, Técnica e Historia (Barcelona, 1980), La Música (Barcelona, 1982), Victoria (Barcelona, 1983), Escritos sobre música y dos poemas (Barcelona, 1994), J. S. Bach. Una estructura del dolor (Barcelona, 2004) y Música y ética (Barcelona, 2006); asimismo ha editado y traducido Pseudo Dionisio Areopagita: Los Nombres Divinos y otros Escritos (Barcelona, 1980, 1ª edición), Poesía y Teatro del Antiguo Egipto (Madrid, 1993) y —junto con Joan Cuscó–— Tiempo y Música (Barcelona, 1999). En esta misma colección: Otros escritos y poemas (1999) y Nuevos escritos y poemas (2003). En la colección Sarastro, aunque también en Libros del Innombrable, se ha publicado: Josep Soler Sardà. De la tradición al oficio de Joan Cuscó y Josep Soler.

 

Exilios

José Antonio Conde

Prólogo de Francisco Jarauta

ISBN-10: 84–95399–79–2

ISBN-13: 978–84–95399-79–3

78 págs.

Precio: 12,00 €

 

 

El primer exilio fue el del tiempo, aquél que no nos pertenece, que nos huye, que nos marca con la herida de ser humanos en la Historia. El primer exilio fue el de marcar su inicio con una pérdida, la del único lugar en el que habitaríamos sin tiempo: el paraíso.

Con Exilios aparecerán los temas de la ausencia y la huella, la errancia, el desierto. La escritura no arranca del libro ni de su saber disponible, sino de su dificultad. «Ligero de fragancias, huye por los jardines del gozo, pero he visto en su clámide manchas de inocencia». No surge del rostro del cuerpo, sino de su pérdida. «Perdonad la difícil geología de mis latidos, ese tibio desorden que conmemora el silencio». No del rostro de Dios, sino de su ausencia. «Al tomar posesión de la desdicha, los dioses retiran sus títulos y nada crece entre las llagas de mi nombre».

Francisco Jarauta

José Antonio Conde Lafuente nació en Sierra de Luna (Zaragoza) en 1961. Poeta y artista plástico; ha publicado poemas en distintas revistas de creación literaria como: Turia, Cuadernos del Matemático, Corondel, Laberinto, Ágora, Árbol de fuego, Káskara Marga, etc. Así mismo ha escrito diversos textos para catálogos de arte.

Ha publicado: La Vigilia del Mármol, en la colección «La gruta de las palabras», de Prensas Universitarias de Zaragoza (Universidad de Zaragoza, 2003) y Entre Paréntesis en la colección «Libros de Berna» de Lola Editorial (Zaragoza, 2004).

Diccionario Pánico

Fernando Arrabal

Edición y prólogo Raúl Herrero

Prólogo de Emilio Pascual

ISBN-10: 84–95399–80–6

ISBN-13: 978–84–95399-80–9

556 págs.

Precio: 20,00 €

Arrabal comenzó a publicar sus definiciones, jaculatorias y «arrabalescos» en la prensa internacional hace cuarenta años. En España el lector las puede encontrar cada domingo. Esta edición agrupa un buen número de esas colaboraciones de Fernando Arrabal en prensa. En ocasiones, este diccionario recuerda a un diario, puesto que vincula la palabra elegida con sucesos inmediatos. Además abundan los artículos con el tono de un libro de memorias. Podemos afirmar que el Diccionario Pánico (y patafísico) constituye una superficie límpida y espejada en la que Arrabal se contempla para devolvernos su reflejo. Algunos temas del diccionario se introducen, sumergen, evaporan y reaparecen como si fueran diversas tramas de una novela. Prepárese el lector para «la fiesta pánica» del Diccionario Pánico.

«El universo de Arrabal es un mundo fantástico que no se parece a nada conocido o imaginado; el grado de su desemejanza alcanza el límite de lo concebible: sólo se asemeja a sí mismo.»

Milan KUNDERA

«Fernando Arrabal posee el incalculable tesoro de tener voz propia.»

Camilo José CELA

«El conocimiento que aporta Arrabal está teñido de una luz moral que está en la materia misma de su arte.»

Vicente ALEIXANDRE

«El excepcional valor humano y artístico de Fernando Arrabal le ha izado a la primera fila de los escritores de hoy.»

Samuel BECKETT

Fernando Arrabal, nacido en Melilla en 1932, aprendió a leer y a escribir en Ciudad Rodrigo. Desde su adolescencia no ha cesado su búsqueda-huida de su padre y su trágico destino. Esta constante pesquisa ha permitido al autor permanecer siempre alerta gracias a «su obra gozosamente lúdica, rebelde y bohemia… es el síndrome de nuestro tiempo de campos de concentración y alambradas» (Diccionario de las literaturas, Ed. Bordas).

Arrabal es un solitario. Su inconformismo es un handicap y un privilegio.

El dramaturgo Arrabal [Teatro Completo, en dos volúmenes de más de cuatro mil páginas (Colección Clásicos Castellanos de Espasa en edición de Francisco Torres Monreal)] ha publicado trece novelas, varios centenares de libros de poesía (ilustrados por Dalí, Magritte, Picasso o Saura), ensayos, libros de ajedrez y su famosa Carta al General Franco en vida del dictador. Ha dirigido también siete largometrajes «de culto»: «Variety». «…the best films I have ever seen»: Amos Vogel, «Village Voice».«Inescapably a major work»: Roger Greespun, «N.Y. Times».«Avec ses films Arrabal est au cinéma ce que Rimbaud fut à la poèsie»: R. Bruckberger, «Le Monde».

Fue premio nacional de «superdotados» a los diez años y Nadal de novela cuarenta después. A pesar de ser uno de los escritores más controvertidos de su tiempo ha recibido el aplauso internacional por su obra: el Gran Premio de Teatro de la Academia Francesa, el Nabokov internacional de novela, el Espasa de ensayo, el World's Theater, el Mariano de Cavia de periodismo, el Wittgenstein de filosofía, el Alessandro Manzoni de poesía, la Legión de Honor francesa o el título de Doctor honoris causa por la Universidad Aristóteles.

Tras permanecer tres años en el grupo surrealista, Arrabal, con Topor y Jodorowsky, creó el «movimiento pánico». El 20 de abril de 2000 fue alzado por los millares de miembros del Colegio de ’Patafísica al rango de Trascendente Sátrapa, como en su día Marcel Duchamp, Raymond Queneau, Man Ray, Boris Vian, Ionesco y Max Ernst y como hoy Umberto Eco, Baudrillard o Dario Fo.

La última obra de teatro de Arrabal, Carta de amor, Premio Nacional de Literatura, (que en España se ha visto durante estos últimos años con la prodigiosa interpretación de María Jesús Valdés) –publicada en la editorial Libros del Innombrable— se representa actualmente en el mundo con la misma acogida que las primeras obras arrabalianas escritas por el autor en su adolescencia: Pic nic o Fando y Lis.

Fernando Arrabal comenzó a publicar sus definiciones, jaculatorias y «arrabalescos» en la prensa internacional hace cuarenta años. Información casi completa sobre el autor en http://www.arrabal.org o en la versión inglesa de wikipedia.

 

Hindúes, números y Kurt Vonnegut

Hindúes,  números y Kurt Vonnegut

 

(En la imagen superior chimpancé contemplativo)

 

Con devoción patrística y como homenaje, tras su fallecimiento, releo el libro, breve, curioso y edificante libro de Kurt Vonnegut: Un hombre sin patria. En la contracubierta se afirma que se trata de un “best-seller internacional”, lo que me deja perplejo y acosa mi incredulidad. La reciente muerte de este autor me empuja también a recordar y releer su famoso: Matadero cinco, donde se describe la destrucción de la ciudad de Dresde, por bombas incendiarias aliadas, durante la segunda guerra mundial. El autor refiere: “No fuimos nosotros (en referencia a los norteamericanos) sino los ingleses”. Y me pregunto, ¿a quién importa eso? ¿Acaso tranquiliza o evita la suciedad de una conciencia el reconocer la nacionalidad del matarife? También apunta Vonnegut que subtituló este libro La cruzada de los niños (mal traducido en algunas ediciones en castellano como la cruzada de los inocentes) porque cuando, años después, recordó la guerra descubrió que, a esas alturas del conflicto, muchos soldados poseían una juventud casi “post-infantil”.

Pero volvamos a Un hombre sin patria. El volumen se compone, si lo desprendemos de sus artificios y embellecedores, de artículos de opinión. Al ser contemporáneo del comienzo de la guerra de Irak, propiciada por Busch junior, se introducen por doquier apreciaciones sobre las partes en conflicto.

Como es frecuente se habla de los árabes en términos generales, sin tener en consideración las distintas etnias y segmentos políticos que pueblan las naciones agrupadas bajo la denominación de árabe. En un intento de ejemplificar la alta cultura originada en países hoy adscritos al Islam (que yo sepa nadie lo ha puesto en duda), Vonnegut atribuye a los árabes la invención de los números. Es cierto que en Europa los llamados “números arábigos” penetraron de la mano de la cultura y los pensadores árabes (de ahí el nombre). También reconozco que los trazos que hoy dibujamos e identificamos como números poseen un nacimiento indo-arábigo. Sin embargo, el origen del cero, por ejemplo, y del presente sistema posicional de base 10, es decir, del alma de nuestros números procede de los hindúes. Lo que convierte la afirmación de Vonnegut (o su traducción al castellano) como mínimo en imprecisa.

Aún así a los sumerios, si quería Vonnegut destacar una contribución vital a la cultura universal del actual Irak, se les atribuye uno de los primeros sistemas de numeración. Si bien conviene destacar la interesante tradición del sistema numérico mesopotámico (que también se da en otras culturas como la judía) que establece correspondencias entre números y letras. Tales atribuciones se mantienen incluso durante el cristianismo, aunque de manera no tan explícita. (Véase San Ireneo).

El reconocimiento del cero como número (lo que ahora puede parecernos algo banal) supuso un destacado avance en los fundamentos del pensamiento, con hondas implicaciones en materia filosófica. Los griegos del siglo III a. C. ya realizaron un gráfico similar al cero actual para identificar el vacío, si bien no poseía el carácter de número.

¿Puede ser la ausencia de cantidad una cantidad? Esta pregunta fue a la que respondieron los que se enfrentaron a la decisión de contabilizar el 0 como número.

Los pitagóricos establecían que todo lo que “es” puede adscribirse a un número. Así mismo, para ellos, todos los números proceden de la unidad. Por tanto ellos desarrollaron la regla del Tetraktys: 1+2+3+4=10, que devolvía el sentido de la unidad primigenia (1+0=1).

 

El manzanazo prodigioso o la entrega a Fernando Arrabal del premio Max de honor.

El manzanazo prodigioso o la entrega a Fernando Arrabal del premio Max de honor.

 

(En la imagen superior Arrabal acompañados por Clément, el perro de Houellebecq.)

 

¡Cómo disfrutamos, cómo nos vestimos de gala sin necesidad de engalanarnos, cómo jaleamos y nos besamos en el besamanos de una fiesta que duró más de dos horas!

En la X edición (como la cruz de San Andrés) de los premios Max las autoridades, es decir, la sociedad de autores, otorgó el premio de honor a Fernando Arrabal. Y allí nos presentamos armados con libros, jaculatorias y arrabaleros para acompañar al homenajeado: Rivela, el andador y viajante, Martín Marcos, el trapecista del verso en soneto y sin sordina, el pintor de cigarros y cornucopias y quien esto escribe. Al final del acto se unieron a nosotros dos estudiantes de meditación y astrofísica que desde San Sebastián se desplazaron hasta Bilbao para saludar al dramaturgo.

Durante la comida Arrabal se refirió con entusiasmo a uno de sus autores predilectos: el escritor y filósofo Ernst Jünger. El presidente francés Mitterrand durante una visita diplomática a Alemania pidió entrevistarse con el escritor alemán. Llegó hasta la Selva Negra, donde vivía un Jünger casi centenario, a lomos de un helicóptero violento. “Los periodistas apenas podían resistir el viento que ocasionaba el aparato al aterrizar. En cambio Jünger permaneció inalterable, sin pestañear, en actitud firme”, concluyó Arrabal.

Posteriormente Arrabal solicitó a la Sociedad de Autores indulgencia para las compañías pequeñas de teatro que, desde las catacumbas, representan sus obras en todo el mundo con más esfuerzo que medios. La novia de Arrabal, desde hace cincuenta años, Luce Moreau, me contó que ahora había publicado en ediciones de bibliofilia algunos de sus poemas sobre animales. Le pedí que me los mostrara y ella accedió sonriente a remitírmelos.

El escenario del palacio Euskalduna de Bilbao fue invadido por un grupo de mariachis. Una escalerilla de avión se deslizó portando a unas bailarinas que simulaban ser turistas aéreas (por el avión y las acrobacias que perpetraban). Los mariachis entonaban la ranchera: Con dinero y sin dinero / hago siempre lo que quiero / y mi palabra es la ley…. “ Tras unos instantes en la cima de la escalerilla surgió Arrabal. El escritor lucía una corona y una manta de armiño (toda la tramoya fue idea de los creadores de la gala, apunte que me parece oportuno por si las moscas y los moscones). Tras realizar un “arrabalesco” descendimiento se dirigió a la Ministra de Cultura Carmen Calvo que lucía, hermosa y luminosa, un vestido con los colores violeta, amarillo y rojo.: “La veo muy republicana”. El público estalló en una ovación. Cada una de las ocurrencias de Arrabal fueron celebradas con entusiasmo. “Quiero agradecer mi premio a la señora que me ha atendido en los lavabos, a las azafatas, los acomodadores, el cajero que corta de la entrada y a mi mano derecha”, semejante afirmación, tras una hora larga de escuchar a los premiados las glosas de su parentela y amigos, cayeron como un manantial de agua pura, o como un puchero de agua hirviendo. En todo caso, la agudeza fue vitoreada. Fernando Arrabal lucía una casaca que le llegó desde Pekín, con una espiral de Ubú en la panza, regalo del Colegio de ‘Patafísica de China.

Para la ocasión quien esto escribe lucía una camiseta realizada por Ester Fernández (Antonio Fernández Molina Factory) donde se leía: ¡Viva Arrabal!, para despejar dudas si las hubiese.

Tras la ceremonia se nos agasajo con fastuosos alimentos y bebidas múltiples. Un señor de una altura del todo inapropiada se arrodilló ante Arrabal mientras le manifestaba su fervor. Varias señoras revoloteaban con la esperanza de cruzar unas palabras con el dramaturgo. Entre tanto, el pesado premio Max circulaba por las manos de los que acompañábamos al premiado. El sonetista Martin desapareció unos minutos con el galardón y, ante la preocupación general, un destacamento lo buscó por las cuatro esquinas del palacio Euskalduna. Al fin fueron hallados el poeta y el manzanazo sanos y salvos junto a una señorita de gráciles proporciones.

La troupé se encaminó hasta el hotel donde se alojaban Lis y Arrabal para desearles buenas noches. Y la noche aún continuó …. Pero eso pertenece a otros paisajes y figuras.

Toledo y los gatos submarinos

Toledo y los gatos submarinos

 

(En la imagen superior el cuadro Resurrección de Cristo, del Greco, 1599.)

 

Habité en Toledo bajo una corriente continua de agua, atrapado por soportales y escaleras de Jacob. Esa ciudad, que fue capital de España hasta la época de Felipe II (1563), en la que convivieron templarios, hechiceras, magos, herméticos, cabalistas e inquisidores, bajo el tapiz de cristianos, musulmanes y judíos, se nos abrió de par en par desde su puerta del sol. En sus calles luminosas transcurre el resumen de la historia del hombre, de sus curiosidades, miserias, atrevimientos, temores y deseos. Las leyendas de Toledo ejemplifican, también, las inquietudes y frustraciones que han movido y conmovido a la humanidad desde los cimientos que, a día de hoy, conocemos.

Bajo los auspicios de un grupo toledano, amigos de lo heterodoxo y lo exótico, (ver www.odelotoledo.com) realizamos una nocturna y decisiva visita a la ciudad oculta. Ellos nos hablaron de “el hombre palo”, un autómata de madera, creado por el arquitecto Juanelo Turriano, que circulaba por las inmediaciones de la catedral con una alcancía para la que reclamaba limosna. Cuando un peregrino o curioso le otorgaba una dádiva el curioso mecanismo obsequiaba al generoso con una reverencia. La historia cuenta que Juanelo, que diseñó las campanas de El Escorial, recurrió a este ingenio para paliar la necesidad que le acuciaba por unos trabajos que no le habían pagado. Se supone que este engendro mecánico se encontraba situado en la calle que hoy ostenta su nombre.

Durante la visita se nos mostró el que fue cuartel general de los caballeros templarios, sito junto a la iglesia de San Miguel, cerrada a cal y canto, al menos durante nuestra estancia.

También se nos habló, por parte de nuestros cicerones y de otros varones de la plaza, del arquitecto Juan Guas. Famoso artista que intervino en la catedral de Toledo y en la iglesia de San Juan de los Reyes. En una entrada lateral de la catedral nos advirtieron de la presencia de María Magdalena que, según nos informaron, se supone embarazada. Ella sostiene un cáliz en una mano, mientras apunta con el dedo índice, de su otra mano, en dirección a la copa, aunque nuestros guías aseguraron que, en verdad, el dedo señala su propio vientre. A mi observancia le quedaron serias dudas de que así fuera, pero, no obstante, el detalle participa de algunas de las teorías hoy tan en boga. En cambio, la que sí parece probada es la admiración de Juan Guas por los templarios, hasta el punto de situar el lema de esta orden en la fachada monasterio de San Juan de los Reyes (non nobis domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam”, -nada para nosotros Señor, sino a tu santo nombre hemos de glorificar-), en tiempos en que esta orden ya se encontraba prohibida y condenada. Aunque, antes de su muerte, Guas fue nombrado maestro de obras de la catedral de Toledo, dejó por escrito su voluntad de enterrarse en la iglesia templaria de San Justo. Allí reposa con la señal del compás sobre su lápida. Por cierto, también encontramos cerrado este templo. ¡Qué misterio!

Se nos dio noticia de momias, actos de brujería, así como del paso por la ciudad del Santo Grial y la mesa del rey Salomón, además de sucesos inquietantes que no desvelo para no privar al visitante en potencia de su capacidad de asombro. Sin embargo, sí referiré la presencia, junto a la catedral, de una muchacha, de mirada despierta, acompañada por una esclarecedora música. La intérprete se llama Ana Alcalde, su peculiar instrumento, viola de teclas. A los pies de Alcalde, así como en otros puntos de Toledo, encontramos un CD en el que se nos ofrece la posibilidad de apreciar la sonoridad de esta viola sueca, aderezada con unos arreglos deliciosos. En las piezas que integran la grabación nos encontramos con música tradicional griega, jotas castellanas, melodías sefardíes y hasta con una pieza popular de Huesca. En su página “huevo” (www.anaalcaide.com) Alcalde nos instruye. Ella, intérprete, de violín, descubrió la viola de teclas durante su estancia en la Universidad de Lund en Suecia. De allí procede este instrumento, inédito en nuestro folklore, al que Ana Alcalde le extrae matices y expresiones que sujetan al oyente desde el primer momento.

Paseamos con calma por la judería bella y tradicional. Allí saludamos a la librería judaíca “Casa de Jacob”, especializada en cultura hebrea, donde con mimo y dedicación seleccionan títulos y autores de primer orden. (Ver http://www.casadejacob.com/) ¡Esencial! En nuestra visita nos atendió un amable y paciente habitante que nos aconsejó y dedicó su preciado tiempo.

Así, más o menos, transcurrió la visita a Toledo, bajo una lluvia desolada y arrolladora, de la que los gatos se protegían vestidos de buzos.

La figura del Greco, desnudo como un Cristo, nos despidió desde lo alto de la ciudad.