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Raúl Herrero

El desasimiento y la guerra

El desasimiento y la guerra

 

En el tránsito diario peatones y ciudadanos otorgan a sus quehaceres, a las contiendas por la superación “personal” (en nuestra sociedad tal pretensión siempre vinculada a la posición social) y al incremento de la pecunia y sus accidentes, una relevancia quizá desmesurada. Este error provoca que en momentos de crisis estas personas se deslumbren ante la inmanencia de una realidad que supera los planteamientos que se habían formulado hasta entonces. A costa de tales golpes prosperan algunas sectas, religiones, organizaciones y corpúsculos que bajo el abanderado de la espiritualidad y, sobre todo, bajo la convicción de poseer la verdad absoluta e indiscutible, se benefician del aumento de sus fieles y de la prosperidad de sus cuentas. El desprecio del mundo, en definitiva, el posicionarse en una actitud que relativiza la importancia de esos desmanes cotidianos, económicos y sociales, lo han promovido diversas culturas, pasando por místicos, filósofos y teólogos de diverso pelaje, con frecuencia afirmando que ese desprecio de lo mundano aproximaba al individuo a Dios, o, en el caso de algunos filósofos y pensadores, al conocimiento. Este rechazo del mundo se ha definido como abandono, retiro, acercamiento a Dios... Cuando esta postura se extiende hasta su límite se predica no una huida, ni un “desprecio del mundo”, sino la inmutabilidad en relación con lo circundante, que conviene no confundir con la indolencia. El místico alemán medieval, el maestro Eckhart, fue uno de los más afortunados a la hora de enjuiciar y adjetivar este carácter. En su texto traducido como Del desasimiento indicó: “Ahora preguntarás acaso: ¿Qué es el desasimiento ya que es tan noble en sí mismo? A este respecto debes saber que el verdadero desasimiento no consiste sino en el hecho de que el espíritu se halle tan inmóvil frente a todo cuanto le suceda, ya sean cosas agradables o penosas, honores, oprobios y difamaciones, como es inmóvil una montaña de plomo ante [el soplo de] un viento leve. Este desasimiento inmóvil lo lleva al hombre a la mayor semejanza con Dios. Porque el que Dios sea Dios, se debe a su desasimiento inmóvil y gracias a éste Él tiene su pureza y su simpleza y su inmutabilidad. Y por eso, si el hombre ha de asemejarse a Dios –en cuanto una criatura pueda tener semejanza con Dios– esto debe suceder mediante el desasimiento. Luego, este [último] arrastra al hombre a la pureza y desde la pureza a la simpleza y de la simpleza a la inmutabilidad; y estas cosas producen semejanza entre Dios y el hombre; y la semejanza debe darse en la gracia, ya que la gracia arrebata al hombre separándolo de todas las cosas seculares, y lo purifica de todas las cosas perecederas. Y has de saber: estar vacío de todas las criaturas significa estar lleno de Dios, y estar lleno de todas las criaturas, significa estar vacío de Dios.”

Ernst Jünger escribió durante la Segunda Guerra Mundial un diario de amplia fama y fortuna. Sus cuadernos se reunieron bajo el título de Radiaciones y en su primer tomo, titulado Jardines y carretas, muy leído por los soldados de la alemania nazi en su retirada, el autor reflexiona con frecuencia sobre qué es lo auténticamente digno de tener en consideración a la vista del desastre circundante. Por cierto, el propio Jünger demuestra un grado profundo de desasimiento y claridad frente a la situación bélica que le rodea. En un pasaje narra como el propietario de una finca pide a los nuevos habitantes, a las tropas alemanas, que le permitan llevarse el retrato de su hermana, sin reclamar ninguna de las posesiones costosas que atesoraba la mansión. Ante la invasión de Francia el autor se encuentra con toda una serie de propiedades que los dueños abandonan a su suerte. Y, por supuesto, en ese entorno de pasiones esenciales, de prioridades, Jünger se adentra en las reacciones del ser humano frente al infortunio. Por supuesto, en esas circunstancias los puntales de la cotidianidad (de los que hablaba al comienzo de este texto), la cantidad, en definitiva, pierde los ángulos de materia principal. Cuando en tales condiciones alguien permanece anclado a los valores de la ganancia y de los condicionantes válidos durante la paz (y que más allá de la supervivencia y la comodidad, se transforman en trampas que la vida tiende a los menos esclarecidos), se produce la extraña sensación que Jünger describe en el siguiente párrafo:

“A la hora de la puesta del Sol hemos vuelto a hacer una excursión al valle, armados con escopetas de caza. Esta vez nos hemos extraviado y hemos ido a parar a una granja de enormes dimensiones; había en ella abundancia de animales; había en ella abundancia de animales, pero no se veía ninguna persona. Al registrar los establos en busca de huevos hemos oído cantos en una de las habitaciones y hemos descubierto, junto al fuego de la cocina, un oscuro gnomo que estaba completamente borracho. Encima de una mesa había varias botellas vacías y semivacías que aquel hombre se llevaba de vez en cuando a la boca tambaleándose. Nos ha recibido con gritos de júbilo y ha sacado de debajo de su camisa, que formaba un grueso bulto por encima del pantalón, billetes de banco, que luego ha hecho revolotear por el suelo. Si no hemos interpretado mal sus tartajeos de borracho, su patrona lo había dejado solo en la granja para que ordeñase las vacas. Cuando le hemos preguntado si había mantequilla, nos ha dicho que la de aquí no es buena porque las mujeres son muy sucias –moi , je suis prope, decía alabándose, mientras nos mostraba sus sucios andrajos y bailoteaba en corro bamboleándose. Luego se ha enseñoreado de él, a lo que parecía, una embriaguez de felicidad, ha puesto las manos en la chimenea, en las sillas, en las mesas, incluso en las paredes, y ha dicho:

-Esto es mío, y esto también, y esto también y esto también.

Finalmente nos ha mostrado su andrajosa gorra y ha añadido, en una progresión que no me ha parecido mal:

-También esto es mío, todo es mío.

Luego, blandiendo un largo cuchillo y mirando alrededor con ojos temerosos:-La patrona no está aquí, aguardad, voy a matar para vosotros una oca, pero no la hembra, porque ahora tiene crías, sino el macho, que ése sí que sabe bien. Ahora todo es mío.Aquello ha acabado por parecernos siniestro y hemos abandonado el lugar. El gnomo ha ido persiguiéndonos algún tiempo y gritándonos que volviésemos; lo veíamos agarrar gallinas y tirarlas al aire, de modo que los pobres animales huían de allí cacareando.”

(Ernst Jünger, Radiaciones. Diarios de la Segunda Guerra Mundial. I. Jardines y carretas. Tusquets Editores,1989. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.)

Poema inédito

Poema inédito

 

(Al impávido y marsupial lector le propongo este poema inédito escrito en torno al año 2003 ó 2004)

 

 

Tus caderas de parturienta lasciva

con las formas de la cúpula de San Pedro;

tu cordón umbilical como la leche azul

de las vacas sagradas,

como el cenotafio de la quietud azulada.

Las agrestes grietas

por las que el infierno se deja entrever…

Las palabras secretas escritas en tu frente con limo,

el puente colgante de los martirios permanentes .

Los muslos como el altar donde se celebra

la Comunión en santa sangre y en santa aurora:

la luz depositada en el iris

por los estambres de la divinidad.

Las copas de los árboles esquinados

como caderas, muslos

y la cúpula de San Pedro.

Y la distancia que media entre las manos cortadas

como el tiempo que se estira en la corriente de aire,

como la materia que no pertenece al tiempo.

En el ombligo

la espiral que adormece las horas

y la distancia.

En tu voz,

el silencio en llamas de Dios.


 

El desembarco de Arrabal (Como un paraíso de locos y Diccionario Pánico, o de Cástor y Pólux)

El desembarco de Arrabal (Como un paraíso de locos y Diccionario Pánico, o de Cástor y Pólux)

(Fotografía tomada de la web Campus Digital de Murcia)

 

La semana pasada Fernando Arrabal presentó en televisiones, radios y prensa sobre todo su nueva novela Como un paraíso de locos (Bruguera). Aunque también hubo tiempo para mostrar a su mellizo Diccionario Pánico (Libros del Innombrable). De entre todo lo aparecido en prensa realizamos la siguiente selección en homenaje al gran Arrabal y sus nuevas criaturas.

Su Teatro completo ocupa más de 4.000 páginas, repartidas en dos volúmenes. Sus ensayos, poemarios y diccionarios suman centenares de libros. Así las cosas, Fernando Arrabal (Melilla, 1932) y pocas palabras, son términos difíciles de conciliar. "He luchado contra la concisión, yo busco la exactitud", sentencia. Bajo el sol de mediodía, vestido de negro con una pajarita sin anudar, habla de su infancia, de Hölderlin, de física cuántica y de su nueva novela, Como un paraíso de locos (Bruguera). Y de una caja saca otro libro que tiene de estreno, Diccionario Pánico (Libros del Innombrable). "Son mellizos, no gemelos porque no son exactos, no vienen del mismo huevo". Dice que en España sólo cuenta con tres o cuatro admiradores, luego están "los extranjeros, esos pigmeos y liliputienses". Este verano tiene preparado un "cónclave" con Houellebecq y Kundera en Burgos, cerca del lugar donde desapareció su padre durante de la guerra. Un leñador ha encontrado con su motosierra un "pino roble".

Pregunta. ¿Por qué piensa que tiene menos seguidores aquí?

Respuesta. No quiero caer en la demagogia victimista habitual. El antiguo régimen prohibió toda mi obra, aunque yo he sido el menos político. Siempre he estado desconectado de todos los partidos políticos. Cuando llegué a París, estuve en contacto con el grupo surrealista, no con gente política. Aún así, no creo que haya la menor traza de surrealismo en mi obra. Hablo sobre todo de biología molecular.

(El país 08/07/2007 Entrevista en la sección En pocas palabras por Andrea Aguilar.

Texto completo:

http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/Soy/artista/estoy/loco/elpepurdv/20070708elpepirdv_20/Tes)

Cuando los profesores aconsejaron que aquel chico de mente superdotada desarrollaría todo su potencial estudiando Ciencias Exactas, el niño se rebeló ante los que consideraba que eran los asesinos de su padre. Fue una venganza, dice: ‘Yo he puesto una variada serie de barreras de humo para poder guardar mi libertad, por lo que es difícil saber cual es el verdadero Arrabal'. En todo caso, aseguró que en la televisión francesa lo definieron muy bien con motivo de una entrevista que le hicieron recientemente: en la sala de maquillaje oyó al director del programa decir a sus colaboradores: ‘Cuidado con Arrabal, porque es incontrolable. Además de ser feo, ateo y sentimental soy incontrolable, aunque me he dado cuenta que soy menos feo que era antes. Sin embargo, conseguí tener la mejor novia del mundo, con la que fuimos castos más de treinta años. Gracias a ello somos una pareja modélica'.

(Fernando Vera, Fernando Arrabal en Murcia.

Texto completo en http://www.um.es/campusdigital/entrevistas/arrabal.htm )


Al contrario que en cualquier entrevista, que suele comenzar con una pregunta, ésta arranca con una afirmación del entrevistado. Con Fernando Arrabal, ya saben, casi todo es posible. Así que él rompe el hielo y habla de sus dos libros: «¡He tenido mellizos!».
-Se refiere a «Como un paraíso de locos y el «Diccionario Pánico», que, supongo, será amplio...
-Es una maravilla. Lo que ocurre es que yo lo he descubierto ayer noche: es genial, pero no he elegido nada... Ha sido el editor.
-¿Cuánto hay de usted en este protagonista y cuánto de ficción?
-Él es lo que yo hubiera sido de no haber sobrepasado el trauma del Premio de Superdotados. Pero él no hace demagogia victimista y no la voy a hacer yo. Tenemos mucho en común. Pero yo a los 42 años dejé de ser casto y fui padre.
-Es una obra didáctica: habla de filosofía, matemáticas, biología...
-Como no creo que vaya a tener más de tres lectores y es sorprendente que siga publicando semanalmente... ¿por qué me voy a limitar? Por eso hice lo que me parece una verdadera novela. El personaje protagonista no comprende cosas que usted y yo sí entendemos...

(Entrevista Siempre deseé ser igual a los demás por Miguel Ayanz. La razón 6 de julio de 2007.

Texto completo en http://www.larazon.es/noticias/noti_cul16266.htm)

'Como un paraíso de locos' es un retrato de lo que le hubiese sucedido a Arrabal "si no hubiese superado el trauma de haber ganado el premio de superdotado", indicó. Para el protagonista, el golpe fue tal, que "quedó inepto para el amor" y para la comunicación. Realmente "no es un loco, es autista", señaló el autor, quien además explicó otro punto coincidente entre autor y obra, "nunca quise ser provocador, la provocación se instaló en mí", al igual que le sucede al protagonista.

FELIZ LOCURA

"Es un tema muy difícil de abordar", destacó Arrabal, quien además explicó que excepto sus fieles lectores, en su mayoría mujeres, el público general no se interesa por este tipo de temáticas, dónde "la falta de apetito sexual, de fortuna y de gloria, puedan convivir en el interior de una persona que se considera feliz", como le sucede al protagonista de la obra.

En 'Como un paraíso de locos' se descubren los tintes surrealistas, heredados de su incursión en el grupo surrealista de Bretón, como la presencia de hormigas y otros bichos en el subsuelo, y la incorporación de personajes virtuales. Para el autor, "todos tenemos amigos imaginarios", de niños y de adultos.

(Europa press 5 de julio de 2007. Texto completo en:

http://www.europapress.es/noticia.aspx?cod=20070705132212&ch=94)

"Mis libros son los menos leídos de España, y creo que esta novela va a batir todos los récords", asegura en una entrevista con que, a sus 75 años (el próximo mes los cumple), se siente pletórico, con más ganas de trabajar que nunca y convencido de que es el escritor que "más influencia" ha tenido cada vez que ha hablado de política. "O que han creído que hablaba de ella", matiza.

"Todos mis colegas vivieron la dictadura franquista, pero el único que escribió la 'Carta al general Franco', capital y determinante, fui yo, el menos político", señaló el escritor en alusión a esa obra que publicó en 1978 y que suscitó una gran polémica.

(TiraMillas. Texto completo en

http://www.tiramillas.net/edicion/marca/tiramillas/libros/es/desarrollo/1013264.html)

 

-- Ha recibido muchos premios y siempre es el eterno candidato al Cervantes y al Nobel...

-- Son premios irrisorios y tan poco merecidos que nunca rechacé ninguno. Los guardo todos en el cuarto de baño. El Nobel no lo tienen gente tan importante con Beckett, Ionesco y Bretón. Lo grave no es rechazarlo sino haberlo merecido. Si ahora viviera Miguel de Cervantes, yo se lo daría a Avellaneda. Es cierto que han dicho que he sido en alguna ocasión finalista del Cervantes, pero algunos se oponen porque dicen que no soy español, aunque José Hierro decía que soy tan español como un guardia civil.

(Diario de Córdoba. 09/07/2007 Entrevista por Mercedes Jansa. Texto completo en:

http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=335666)

Noche de brujas (y bizcochos)

Noche de brujas (y bizcochos)

La única representación de la obra teatral de Federico González Noche de brujas tuvo lugar el pasado 29 de junio en la Sala La Cuina, en el espacio Francesca Bonnemaison, en la ciudad de Barcelona. Empujados y propulsados por las oscilaciones del destino pudimos trasladarnos hasta allí para asistir al ritual, puesto en boca y en escena por el actor Carlos Alcolea y la Colegiata Marsilio Ficino.

A la entrada del espacio se ofrecía una versión en audio de la obra teatral, además del libreto que incluía un amplio e ilustrativo prólogo a cargo de Francisco Ariza. Nos adentramos en la sala circular que conmemoraba el centro de la escena con un árbol, una suerte de palmera, alrededor de la cual, cuando se apagaran las luces, tendría lugar la ceremonia de la obra.

Antes de la primera oscuridad tuvimos tiempo de hojear las páginas del texto y de leer el citado preámbulo clarificador y holgado.

Un grupo de peregrinos se adueñó de la sala, las luces palidecieron. Federico González ocupaba su lugar en el centro y al frente de la escena. El grupo de brujas comenzó el rito formando su propia cosmogonía en un círculo donde fueron desgranando los enigmas y las soluciones, el símbolo y su reflejo. Por las palabras de los personajes se deslizaban los reproches de la decadencia de los ritos y de su utilización simbólica. En el prólogo del libreto ya Ariza ejemplificaba este estado al referirse a la enorme distancia que separa los aquelarres medievales (herederos de ritos tradicionales próximos a la gran madre) de las actuales reuniones que, con el mismo nombre, sólo arañan en la superficie de esta ceremonia, formulando una parodia del arte original.

Apareció el actor Carlos Alcolea en la piel del diablo. Desde luego en sus parlamentos aclaró que su papel respondía a la consecución de una parte de la dualidad y del todo de la divinidad, a gran distancia de un personaje encarnado por una maldad amorfa e inconsecuente.

Durante dos actos se desgranaron las presencias, se coaguló y resucitó la palabra siguiendo el ejemplo de las operaciones alquímicas.

Con gran acierto en la invitación y en la portada del libreto figura, bajo el título de la obra, el apelativo Auto Sacramental en dos actos. El contenido simbólico prevalece en las intervenciones de los personajes, siempre unidas a la expresión poética y a ese, hasta cierto punto, estatismo propio de un auto sacramental. En esa misma corriente también ha trabajado Josep Soler con algunas de sus óperas de cámara. El espectador debe enfrentarse a este sistema de creación con ojos nuevos, abandonando las premisas del espectáculo destinado únicamente a matar el tiempo.

La belleza y la verdad se conjugan en Noche de brujas, al igual que en las óperas de Soler, para proponernos un proceso cuasi iniciático, para hablarnos de esas zonas dormidas, cada vez más dormidas y casi aniquiladas, en la corriente de ataque irrefrenable al pensamiento establecido por algunas pautas del mundo actual.

La asimilación de recetas como la propuesta en Noche de brujas nos facilitan el distanciarnos del modelo de esos emperadores romanos decadentes del siglo III, al que, poco a poco, nos acercamos, víctimas de un hedonismo desmembrado y de un nihilismo de salón. Bizcochos de conocimiento y de luminaria desmembrados a dentelladas.

Una vez incendiadas las luces los actores doblaron la cerviz frente al público. Federico González se desasistió de su gorra y la mostró al fervor del público para saludar a los presentes con una sonrisa luminosa. Fue, entonces, cuando dimos por terminado el ritual.

En ese mismo instante, a varios kilómetros de distancia, concretamente en Brasil, la poeta Alicia Silvestre abandonó la soltería.
"...una bruja agita las aguas de tu alma"
(Cioran. Breviario de los vencidos)

 

Aventuras y desventuras del Diccionario Pánico de Arrabal en la Universidad de Murcia y el rodaje de la película de Houellebecq, (y II)

Aventuras y desventuras del Diccionario Pánico de Arrabal en la Universidad de Murcia y el rodaje de la película de Houellebecq, (y II)

(En la imagen superior Fernando Arrabal durante un descanso de la película de Houellebecq. Fotografía de Raúl Herrero)

 

El rodaje se prepara junto a las piscinas del hotel Bali de Benidorm. Por el vestíbulo deambulan jubilados, algunos niños y parejas jóvenes de turistas extranjeros en bañador. Alguien afirma que nos encontramos en el hotel con más altura de Europa. En todo caso, una vez instalados en una estancia del piso veinticuatro, resulta difícil no rememorar el film El coloso en llamas. Para la siguiente escena de la película se han dispuesto sillas de mimbre, un loro que efectúa una amplia gama de sonidos, un camarero musculoso y varios elementos que rememoran lugares paradisíacos de turismo hedonista y tropical. Los clientes del hotel curiosean, incluso algunos, sin duda los más impetuosos, se aproximan, cámara en mano, a la zona de rodaje para fotografiarse junto a los actores y ciertos miembros del equipo. Los figurantes de la escena anterior se lanzan sobre Arrabal para que les firme algunos libros.

Durante uno de esos tiempos muertos Luce Moreau, esposa de Arrabal, relata anécdotas de Samuel Beckett. “Era un hombre callado. Cuando le dieron el premio Nobel al fin pudo comprarse un pequeño piso junto a una cárcel. Hasta entonces vivió, junto a su mujer, en un apartamento minúsculo.”

Houellebecq estudia la próxima escena detrás de la cámara, luego pasea ensimismado, conversa con los actores y ejecuta algunas indicaciones a los figurantes.

Dos hermosas jóvenes, que parecen vestidas con un traje de camuflaje, aguardan el momento de su intervención bajo una sombrilla. Al aproximarnos a las muchachas comprobamos que se encuentran desnudas. La responsable de maquillaje de la película confiesa que ha trabajado durante más de tres horas para que la piel de las jóvenes adquiera esa apariencia.

Cuando Houellebecq grita acción las muchachas bordean la piscina y ascienden por una tarima hasta situarse frente a la figura de Arrabal. Se arrodillan ante el dramaturgo mientras éste agita un cetro. Al parecer Arrabal interpreta el papel de Emperador.

En esa escena también participa un actor belga que, según él mismo nos confiesa, asume el papel de Rudi, policía luxemburgués. También interviene un actor francés, al parecer muy popular, que asume el personaje de hijo del profeta de la secta de los elohimitas. Durante un descanso Arrabal, junto al actor belga de su misma estatura, se vuelve hacia su esposa Luce para espetar: ¡Por fin un actor de talla humana! Arrabal rememora que cuando dirigió a Mickey Rooney en la película La Odisea del Pacífico, el actor, también exclamó: ¡Al fin un director de talla humana!

El calor castiga a todo el equipo. Nos desplazamos asidos a botellas de agua y refrescos. Nuestro amigo el leñador y sonetista castellano Martín Marcos se apropia de una hamaca y duerme la siesta junto a la piscina. El artista gallego Rivela graba con su cámara de vídeo algunas escenas de los preparativos del rodaje. La unidad del “Cómo se hizo” del film rueda varios minutos de conversación entre Arrabal y Houellebecq. El responsable de sonido se lamenta porque su ayudante no gira el micrófono en la dirección apropiada. La ayudante de dirección nos muestra su camiseta: ¡La he pintado yo!, nos revela. Tras su sombrero de hongo rojo y sus constantes idas y venidas se oculta una pintora secreta de grandes dotes.

En la claqueta de la película leemos en francés La posibilidad de una isla, la última novela de Houellebecq. Sin embargo, descubrimos que el novelista ha introducido en el guión diversos elementos, como el personaje Rudi, procedentes de su libro Lanzarote.

Como la espera se prolonga Arrabal, vestido de emperador, nos propone adentrarnos en Benidorm tras un buen par de huevos fritos. Al final logramos nuestro objetivo en una terraza típica de la costa. Apenas podemos regodearnos en nuestro triunfo porque una llamada de móvil nos reclama. Regresamos apresuradamente hasta el hotel. La tarde se deshace acompañada por un sol plomizo y un calor angustioso. En torno a las seis se suspende el trabajo hasta el día siguiente.

Durante la cena Houellebecq nos habla de su admirado Schopenhauer. A la mesa nos acompañan el filósofo Antonio Muñoz y Nico, a los que Houellebecq dedicó su novela La posibilidad de una isla. Ambos también tienen un pequeño papel en la película.

Todo el equipo se reúne en torno a un desmesurado buffet libre, lo que otorga a la situación un cierto aire de viaje de estudios. “Mañana terminamos el rodaje en el hotel”, nos asegura la pintora y ayudante de dirección. “Seguiremos la película en Lanzarote”, musita Houellebecq. Lo celebramos en torno a una botella de vino.

Ernst Jünger, el autor y la escritura

Ernst Jünger, el autor y la escritura

De cuando en cuando el lector se encuentra con un volumen donde un autor de prestigio, de fuste, o de renombre se enfrenta con la materia prima de su arte: la escritura, la inspiración, el oficio, el arte, la técnica… En definitiva, la literatura y el autor. Es preciso reconocer que habitualmente se han dedicado a tales menesteres, por encima de los narradores y cuentistas, los poetas, quizá impulsados por el empeño de clarificar su poética para la posteridad, además de los filósofos. Personalmente no siempre hallo satisfacción en la lectura de tales obras y confieso que, a veces, incluso me han decepcionado. Así me ocurrió, por ejemplo, con el ABC de la lectura de mi admirado, por otra parte, Ezra Pound (aunque conozco a algunos autores tan impresionados por esta obra, que armonizan todos sus prólogos y críticas en torno a esta obra del poeta norteamericano).

En cualquier caso, este preámbulo viene a introducir mi encuentro con un libro que me ha proporcionado horas placenteras de inquietud y estrépito, y que, por esto mismo, se ha establecido como “otro” de mis libros de cabecera (que no de cabeceo). Todo esto hace referencia a El autor y la escritura (Gedisa Editorial, Barcelona, 2003) de Ernst Jünger.

Tras una conversación con Fernando Arrabal regresé a este autor al que sólo recordaba por algún ensayo, ciertas citas y el rumor de sus diarios de guerra. Pero al profundizar en su obra he presentido el desvelo de una certeza, el encuentro con una de las personalidades e inteligencias de mayor hondura del extinto siglo XX.

Por ejemplo, con precisión de cambista Ernst ejemplifica los excesos en la relación entre política y literatura cuando enuncia:

Politización de la literatura. Ya no se aprecia al autor o se lo valora por su producción, sino que uno “es partidario de él”, aunque no haya leído ni una línea. Un reseñista, que había alabado el libro de un autor para él desconocido y se enteró luego de la posición política de éste: “¡Si lo hubiera sabido antes!”

Nuestro autor reflexiona sobre Goethe, Novalis, Shopenhauer, introduce detalles sobre la clarividencia literaria en relación con el desarrollo tecnológico, ironiza con las “tiradas” de ejemplares en el mundo de la edición, también con las erratas, y realiza un alto en el camino para referirse a los dioses y lo sagrado.

La lectura de Jünger, en especial de la obra detallada, contribuye a la “descretinización”, o, en términos de la filosofía cínica, a “invalidar la moneda en curso” en un mundo cada día menos apto para el pensamiento. “No el pueblo, sino el hombre, es el soberano”, afirma nuestro autor para desenmascarar y enderezar uno de los sofismas peor comprendidos (y utilizados) del pasado siglo. Y tampoco tiene reparo en declarar: “La fama póstuma es algo más bien de temer en tiempos en los cuales la gente se vuelve más necia generación tras generación.”

Todo ello se nos muestra con estructura fragmentaria emparentada con Cioran, Nietzsche, con el romanticismo de ascuas intuitivas y la compilación de libros inconclusos al estilo de La Enciclopedia de Novalis, incluso establece vínculos con el reciente Diccionario Pánico de Fernando Arrabal.

Entre otros temas, y para sorpresa de ajenos y propios, Jünger se refiere con precisión a lo que él denomina la doble vista. Es decir, a la posibilidad de “visionar” sucesos. Por otro lado se esfuerza en distinguir este proceso de los cauces de los visionarios y del fenómeno profético. “La doble vista se diferencia de la profecía en cuanto que ésta puede cumplirse o no. Lo extraordinario de la doble vista es que pone en cuestión las categorías de Kant, y con ellas el fundamento de nuestra seguridad.”

También se adentra Jünger en el pudor. Para ello se sirve del coito y refiere el caso de algunas culturas donde no se encuentra inconveniente a la práctica del sexo en público. Tal preocupación me hizo rememorar a los filósofos cínicos Crates e Hiparquia que, según algunas fuentes, consumaban su matrimonio en cualquier lugar público.

La lectura de Jünger se aleja de lo manido (etiquetado), de las consignas que abrazan los que carecen de empuje para no pertenecer a jaurías ni facciones. Su vida se desenvolvió en términos tan controvertidos como su literatura. Huyó de su casa siendo adolescente para alistarse en la legión extranjera, participó con honores en la I guerra mundial, durante la II intervino en el atentado a Hitler de 1944, mientras estuvo destinado en París como miembro del ejército alemán se empleó en socorrer a los judíos de la Francia ocupada, no se mostró servil con los aliados y, en los años cincuenta, entabló amistad con el creador del LSD Albert Hofman, así escribió el libro Visita a Godenholm fruto de sus experiencias con dicha sustancia.

Sin duda la inmersión en Jünger refresca los caminos áridos, recupera la fe en la literatura, en el arte e, incluso, en las posibilidades de la humanidad.

¡Léanlo, por favor, apiádense de sí mismos!

 

Alucinógena Feria del libro, ( y II)

Alucinógena Feria del libro, ( y II)

 

(En la fotografía superior Il Casetone de Libros del Innombrable en la Feria del Libro libresco 2007)

 

La lluvia ganaba terreno a los libros, los devoraba, los ingería con una voracidad inquebrantable e inquisitorial. Félix, de la librería Los portadores de sueños, se vio obligado a “desestructurar” los andamiajes librescos de su caseta mientras el autor de la firma parafraseaba esa frase célebre por su habitual uso: ¡Menuda mierda de tiempo!

Los firmantes se tumbaban sobre el asfalto y estampaban sus rúbricas en los charcos del suelo con esa agua salpicada por la constante terquedad del tiempo. Por si esto fuera poco, ese mismo día, en un lugar no muy lejano, dos equipos se situaban, frente a frente, junto a un objeto esférico para desarrollar uno de esos momentos de crucial trascendencia para la historia del deporte mundial, uno de esos momentos en los que nunca pasa nada.

Mariano Esquillor combatía con varias firmas que, en un par de ocasiones, se le amontonaron en nuestro peculiar casetone. Una señora adujo que había estado presente en la inauguración monumental del libro de Mariano Huracán de sol. A Esquillor no le amedrentraba la lluvia, ni el calor que ya se extinguía, ni la desapacible y naciente revolución atmosférica, ni esa especie crucial de animales invertebrados que se paseaban por la feria del libro curioseando y sin adquirir ejemplar alguno… Esquillor ya lo ha visto todo, o casi, y ha aprendido a enfrentarse con la felicidad sin remordimientos, así que aprovecha esos instantes de ebriedad sin preocuparse de la adversidad.

José Antonio Conde recomendaba a los viandantes Playa de tormentas mudas y algunos le miraban con desconcierto, otros con el rostro inmenso del misterio.

El último día de la feria estuvo repleto de paseantes y de otras alucinaciones no menos impactantes. Una señora exclamó ante los ocho euros de un libro. ¡Qué caro! Por tan lúcido comentario deduje que esa santa señora practicaba el oficio más antiguo del mundo, por desgracia, hoy un tanto en desuso: el escarceo de libros, es decir, el robo indiscriminado de papel encuadernado en rústica o en rollo.

Y así las horas paseaban muertas sobre una carretilla que empujaba una charanga ensordecedora que obligaba a mis miradores, en principio posibles lectores, a huir despavoridos ante los atronadores quejidos de los instrumentos de viento. ¡Esas trompetas, esos flautines y sobre todo ese bombo antediluviano que abombaba los cráneos de animales, hombres y máquinas!

Un hombre con las gafas a la altura de las ingles preguntó por nuestra procedencia. No les conocía, arguyó. ¡Pues pronto cumpliremos diez años!, manifestó con orgullo quijotesco Marga, tripulante de Libros del Innombrable durante la feria del libro. El hombre sonrió con incredulidad, con esa sonrisa torcida que delata sorpresa y cierto malestar provocado por motivos ignotos.

Mientras se sucedían tales encuentros la figura de Arrabal nos contemplaba con impertérrita sonrisa. Unos lo señalaban, otros sonreían, otros le lanzaban cohetes y los más exclamaban olés y bravos con aire castizo. Un hombre de admirable inteligencia se acercó para adquirir todos los títulos publicados de Fernando Arrabal. Se interesó también por la página “huevo” y le informamos de lo que nos fue posible.

Cuando los minutos nos torturaban, a punto de finalizar la feria del libro del año 2007, en mi mente se reflejaban las palabras de Ernst Jünger: “El tiempo somete, no puede ser sometido”.

Motivos de tristeza, (XX)

Motivos de tristeza, (XX)

El coleccionista adquiría los cadáveres en subastas públicas que el gobierno organizaba con los cuerpos que aparecían desparramados por las calles y que nadie reclamaba. Cuando Aquilino se procuraba una nueva pieza primero la embalsamaba, después la situaba en un jardín secreto subterráneo que ocultaba en el sótano de su casa. En este idílico lugar los árboles estaban formados con limo amasado con orines, la flora la componían especies que apenas necesitaban de la luz, los animales pertenecían a especies nocturnas. En ese entorno situaba el coleccionista a los cadáveres ataviados con curiosos disfraces: explorador, minero, aborigen cantones, caballero del medievo, cazador de ballenas, bombero-torero, arlequín… En su afán, Aquilino incluso había logrado reproducir a una familia que aparentaba pasear con normalidad en aquel paraje. El hombre, con pronunciado bigote, mantenía la mirada distante, fija en un punto indeterminado. La mujer, a su lado, se descomponía paralizada junto a un carrito de bebé donde yacía una desgraciada criaturita que parecía emboscada en el sueño. Aquilino, en su afán de perfeccionamiento, pensó en la necesidad de incorporar a su colección a un popular cantante. Como el personaje ostentaba una insultante salud Aquilino se decidió a matarlo. Y así fue. El plan, meticuloso y ajustado a una disciplina rígida, se resolvió a la perfección. Y como nunca llueve a gusto de todos la desaparición del popular cantante fue, para los seguidores del intérprete, motivo de tristeza.