Se muestran los artículos pertenecientes al tema Antología personal de páginas y pagodas.

Poema inédito de Raúl Herrero

20120613203501-naranjas.gif

A través de tu corona de nubes y árboles

trasciendo tus pensamientos:

corola de perfección y ascenso.

Prevaleces más allá de las pasiones tupidas,

danzas en el vértigo de la paz y la pena.

¡Qué desnudos paraísos sofocados

por los pasos de la resignación!

 

Son fríos los días bajo mi manto de apariencia.

Materializas mi voz a través de tu corona ungida

por la verdad, el conocimiento y la esperanza.

¿Lo que nos aguarda en boca de los demás

es un enjambre de moscas, la pereza

o el infierno?

 

Raúl Herrero

 

 

Sustancia por Antonio Tello

20120306163931-jaguar.jpg

En el altar de los dioses

ha llegado el momento:

 

El jaguar salta sobre mí.

En sus ojos veo el tiempo

y en el iris del tiempo a mi alma

convertida en el jaguar que corre

hacia donde acaba la muerte.

 

El jaguar olvida los ojos que lo han visto;

el alma, la mirada de los muertos

en el altar de los dioses.

 

Poema de Antonio Tello del libro

Conjeturas acerca del tiempo, el amor y otras apariencias

Ediciones Cartografías Archipiélago, Río Cuarto (Argentina), 2009

Zorba, el griego, (I)

20111031170139-zorba-el-griego.jpg

Un día pasaba yo por una aldehuela. Un viejo abuelo nonagenario estaba plantando un almendro . "¡Eh, padrecito! -le digo-, ¿plantando un almendro?". Y él, todo doblado como estaba se vuelve hacía mí y me dice: "Yo, hijo, obro como si no hubiera de morir nunca". "Y yo -le respondo- obro como si mi muerte fuera inminente". ¿Quién de los dos acertaba?

Nikos Kazantzakis, Alexis Zorba.

Círculo de lectores, Buenos Aires, 1973

Traducción de Roberto Guibourg

Natascha Kampusch

20111022155353-3096-dias.jpg

Esta sociedad necesita criminales como Wolfgang Priklopil para ponerle rostro a la maldad que habita en ella y apartarla de sí. Necesita las imágenes de zulos escondidos en sótanos para no tener que mirar en las muchas casas y jardines en los que la violencia muestra su cara más burguesa. Utiliza a las víctimas de los casos más espectaculares, como yo, para librarse de la responsabilidad de las numerosas víctimas sin nombre, a las que no se ayuda… aunque ellas pidan ayuda.

Delitos como el que se cometió contra mí forman la estructura en blanco y negro de las categorías del bien y del mal en que se sustenta la sociedad. El secuestrador tiene que ser una bestia para que uno mismo pueda estar en el lado bueno. Hay que adornar su delito con fantasías sadomasoquistas y orgías salvajes hasta que no tenga nada que ver con la vida propia.

Y la víctima tiene que estar rota y seguir así para que funcione la externalización de la maldad. Una víctima que no asume este papel personifica la contradicción en la sociedad. No se quiere ver eso. Habría que ocuparse de uno mismo.

Por eso provoco sin querer reacciones negativas en algunas personas.

 

Natascha Kampusch 3.096 días

Editorial Aguilar Madrid, 2011

Del libro Cenizas del mediodía de Carlos Barbarito

20111015190204-enterrados-vivos.jpg

A Rubén Grau

 

Oídos,nariz, ojos: tiene que haber otra cosa.

Otro modo de saber qué nos mata

o nos salva, cuál es el destino real del largo viaje

en el que estamos desde siempre embarcados

y que apenas si alcanzamos a entrever

en los ojos de los otros,

en el vuelo de los pájaros de rama en rama.

Tiene que haber una manera diversa,

un instrumento más allá de la brújula,

el compás, el cronómetro;

de la tierra lodosa, por fin, a tierra firme,

del mero número al color y sabor del número,

de la sangre en la tierra a la sangre,

para siempre, purificada por la luz, el agua.

 

Carlos Barbarito, Cenizas del mediodía, Editorial Praxis, México, 2010

Año Pagano de Aldous Huxley

20110706185600-dark-light21.jpg

Cerrados están los ojos del paraíso, pero no pueden del todo matar

los colores del mundo hibernal. Suprimidos

y aun así tan fuertes, brillando en secreto todavía

carbonilla y amenazadores, de color negro y ciruela dan fe

de la luz ausente. Con su ansiado renacimiento

desnuda el mundo en un etéreo sueño de hojas;

resplandece; el escaso sueño dentro de la tierra madura,

y los inmensos olmos se exhiben oscuros sobre las gavillas.

¡Mágico otoño! Todos los bosques son zorros,

dormitando estirados bajo el casi argénto sol.

¡Ay!, brillantes y tristes bosques y melancólico cielo,

¿no hay cura para la belleza más que correr

aún más rápido que las escurridizas horas, flores y concubinas

y música moribunda, hasta que nosotros también muramos?

 

Poesía Completa Aldous Huxley

Edición bilingüe de Jesús Isaías Gómez López

Cátedra Letras Universales,

2011, Madrid.

La salmodía

20110624213836-resurreccion-rubens.jpg

Aba Pablo, higúmeno del monasterio de aba Teognosto, nos dijo que un asceta le contó lo siguiente:

Un día estaba yo sentado en mi celda. Hacía mi trabajo manual, que consistía en trenzar cestas y recitaba salmos. De repente, entró por la ventana un desconocido con aspecto de niño sarraceno, vestido con una túnica. Se puso delante de mí y comenzó a bailar mientras yo recitaba la salmodia.

—¿Bailo bien, anciano?—me preguntó.

Yo no respondí nada.

—¿Te gusta como bailo anciano?

Seguí sin responder.

—¿Qué te crees, maldito anciano? —me dice—, ¿qué haces algo importante? Pues te digo que te has equivocado en los salmos sesenta y cinco, sesenta y seis y sesenta y siete.

Entonces yo me levanté y me arrodillé ante Dios. Desapareció en el acto.

 

El prado, de Juan Mosco

Siglo VI D.C.

Biblioteca Medieval, Siruela

Madrid 2005 

El lector de poesía de Robert Graves

20110302193846-5094c97.pjpeg.txt.jpeg

El siguiente objetivo del batallón había sido "El Cuadrángulo", un pequeño bosquecillo antes del bosque de Mametz, donde Siegfried  se distinguió al apoderarse solo de un frente que el Regimiento Real Irlandés no había logrado capturar el día anterior. Se había acercado armado con dos granadas a la luz del día, cubierto por el fuego de un par de rifles, y había hecho huir a los ocupantes de las trincheras. Una hazaña inútil, ya que en vez de hacer señales para pedir refuerzos, se sentó en la trinchera alemana y comenzó a leer un libro de poemas que había traído consigo. Cuando al fin volvió, ni siquiera presentó un informe sobre el hecho. 

Robert Graves. Adiós a todo eso. Traducción de Sergio Pitol. RBA libros, SA, Barcelona, enero 2010.

Ars Moriendi de Manuel Machado

20110126172424-meister-e-20s-ars-moriendi-01.jpg


I

Morir es... Una flor hay, en el sueño
—que, al despertar, no está ya en nuestras manos—,
de aromas y colores imposibles...
Y un día sin aurora la cortamos.


II

Dichoso es el que olvida
el porqué del viaje
y, en la estrella, en la flor, en el celaje,
deja su alma prendida.

III

Y yo había dicho: «¡Vive!»
Es decir: ama y besa,
escucha, mira, toca,
embriágate y sueña...

Y ahora suspiro: «¡Muérete!»
Es decir: calla, ciega,
abstente, para, olvida,
resígnate... y espera.

IV

Era un agua que se secó,
un aroma que se esfumó,
una lumbre que se apagó...

Y ya es sólo la aridez,
la insipidez,
la hez...

V

La Vida se aparece como un sueño
en nuestra infancia... Luego despertamos
a verla, y caminamos
el encanto buscándole risueño
que primero soñamos;
... y, como no lo hallamos,
buscándolo seguimos,
hasta que para siempre nos dormimos.

VI

¡Y Ella viene siempre! Desde que nacemos,
su paso, lejano o próximo, huella
el mismo sendero por donde corremos
hasta dar con Ella.

VII

Lleno estoy de sospechas de verdades
que no me sirven ya para la vida,
pero que me preparan dulcemente
a bien morir...

VIII

Mi pensamiento, como un sol ardiente,
ha cegado mi espíritu y secado
mi corazón ...

IX

El cuerpo joven, pero el alma helada,
sé que voy a morir, porque no amo
ya nada.

Manuel Machado (1874-1947)

Os veo detrás del cristal de las vitrinas

20110125193152-una-luz-de-relampagos.jpg

Jesús Belotto (Elda, 1985) es traductor, máster y doctorando en traducción literaria por la Universidad de Alicante. Ha participado como traductor en la antología Poesía francesa contemporánea (Murcia, 2008) y en el libro Tiniebla original (Alicante:Logos, 2010). Colabora habitualmente en la revista digital Poe+ con la sección de traducción poética "Polyphónikas". Una luz de relámpagos es su primera plaquette.

Recibo de las manos de un cartero montado sobre un rinoceronte, pintado con los colores del arco iris, con el cuerno cubierto de flores, un paquete con tres ejemplares del libro de Jesús Belottoo. Con arrobamiento lo leo y de su interior para mis lectores amantísmos del blog este poema rastreo:

 

 

Os veo detrás del cristal de las vitrinas

 

En las vitrinas estáis: tacones de quince centímetros, vaqueros desgastados, camisetas transgresivas, relojes de acero, joyas  y baratijas, zapatillas de ronaldo, piercings en el ombligo, somebody forgot his rayban sanglasses, estáis temporada otoño-invierno, cincuenta  por ciento de descuento, estáis maniquíes calvos y bulímicos, máscaras venecianas con i-pods en las orejas, aves en la cazuela, peces en la pecera, estáis en stock en todas las vitrinas.

 

Yo paso y, desde fuera, me veo reflejado al otro lado.

 

(O acaso es mi reflejo el que mira

y y estoy aquí dentro

con vosotros.)

 

 

 

Mi reseña del libro en la revista generación.net:

http://www.generacion.net/una-luz-de-relampagos

Sumido en este mundo del dólar o del peso… de José Moreno Villa

20100728091414-pescador-de-jose-moreno-villa.jpg

Sumido en este mundo del dólar o del peso

rodeado de expertos labradores de oro

¿qué puedo hacer? Me miran los míos como caso

extraño, que no siente vergüenza de ser pobre;

que no siente vergüenza de carecer de garras;

que en vez de garras tiene manos ensoñadoras,

pies que no van a sitio alguno; delirante

cabeza que rehúye cálculo financiero;

ojos que miran cosas sólo por recrearlas;

oídos que no escuchan más que lejana música;

nariz que no respira sino vaporaciones

sutiles despedidas por médulas y tuétanos;

boca que no contrata ni compra, que tan sólo

canta o habla del rudo destino, de la suerte.


José Moreno Villa [Últimos poemas] La música que llevaba. Antología poética. Edición de Juan Cano Ballesta. Ediciones Cátedra, colección Letras hispánicas, Madrid. 2009.

(En la imagen superior la pintura "Pescador" de José Moreno Villa)

El Zoófito solitario de Harry Stephen Keeler

20100405144014-dibujo-2.jpg

Solo, en un sumidero, sobre una gota de agua,

un zoófito trataba una vez de pensar.

Pensaba—: ¿Por qué me siento tan triste

que no se me ocurre lo que he de hacer?

Los otros gérmenes que me rodean están en un remolino.

Lo que yo necesito ahora es una chica guapa.

Se alejó rápidamente hasta ser sólo una motita.

(¡Curiosos muchachitos son estos zoófitos!)

Volvió a poco, pero ahora parecía enfermo,

pues era largo y flaco, cuando antes era gordo,

cada vez se alargaba más, hasta que al fin

estalló, y luego se marchó, y dos formas

fueron lanzadas entonces.

Ahora es feliz, puede usted apostar su grata vida. 

Pues ¿por qué no ha de serlo

teniendo una esposa bien parecida?


[Este poema de Harry Stephen Keeler se incluye  en el capítulo "El zoófito solitario" (pág. 211) de su novela Los cinco budas de Plata publicada en castellano por Editorial Reus, Madrid, 1946. Trducción de Fernando Noriega Olea]

Automoribundia, Ramón Gómez de la Serna

&color2

Vivir de milagro todos los días llegó a ser en mí una costumbre, pero yo necesitaba poco porque me corto el pelo muy de vez en cuando. Digo como Epicuro: "La necesidad es un mal, pero no hay necesidad de vivir bajo el imperio de la necesidad".

Cuando alaban una cosa mía suelo exclamar: "¡Mis miserias me cuesta!".

El embozo de terciopelo de mi capa llegó a ser por el uso terciopelo del siglo XVII.

El escritor es un ser del que sólo adquieren gran publicidad sus hambres, sus amores y sus deshonras.

La literatura no es un medio de comer, pero hay que ir comiendo mientras se escribe la literatura.

Lo que pasa es que el escritor no puede estar pensando en pequeñeces y eso le mete en el hambre. Hay muchos interesados en que no coma el escritor, porque su hambre es contraste  de otras harturas.

¿Pero qué va a hacer él contra ese artículo que es el único que no se deroga en ninguna constitución: "El hombre tiene el inalienable derecho a morirse de hambre"?

Con el trabajo espontáneo, libre y firmado, no se puede alcanzar más. Sin pertenecer a ninguna camarilla, ni dedicarse a la intriga, ni vender el alma a nadie, hay que someterse a la menesterosidad. ¿Pero habrá algo más feliz en  la vida que conseguir subsistir sin cometer ninguna bajeza?

En esa performancia ideal la Providencia me saca muchas veces del atolladero. Es un espectacular y sencillo milagro, pero siempre —siempre hasta hoy— ha sucedido. A la Providencia le es muy fácil echar por debajo de la puerta una carta —muchas veces con sellos extranjeros— en el preciso momento de no poder más.

¡Y después los psiquiatras hablan de ciclos depresivos y motejan al escritor de "maníaco depresivo"!

Sin embargo no protesto, porque protestar de la pobreza es como protestar del morir:unos mueren antes, otros depués. Por lo visto el hambre tiene la misma fatalidad que la muerte.

Mi pobreza es como un apasionado voto, y así como el monje no desea las vanidades que desdeña, tampoco hay que creer  que tenga ambición o resentimiento el que hizo ese voto.

Todo lo que pasa en el mundo se debe a que no sabe soportar la pobreza ni encontrar su alegría. El que no ame la pobreza podrá ser rico o pobre pero será un desesperado.

"Los que más sufren —ha dicho Laercio— son los ambiciosos a mayores felicidades", que es lo mismo que dijo también Fernando de Rojas: "Que no los que poco tienen son pobres; más, los que mucho desean".

Mientras no se eleve y se haga gustosa la pobreza no tendrá entrañas felices la vida.

"No hay mejor salsa que el hambre", dijo Cervantes, que había sopado tantas veces pan seco en esa salsa.

Lo peor es la falsificación de este estado de gracia, y me indigna aquel Rothschild que le sirvió a Delacroix de modelo para un tipo de miserable.

Sin embargo, no hay que desconfiar demasiado de la pobreza, porque como dijo Barbey d’Aurevilly, "no hay que hacer muchos reparos a los pobres, porque entonces, ¿a quién daríamos limonosna?"

El verdadero resumen de la historia es ése:  ir con la moneda que sea a comprar un poco de pan.

Descubierto por los psicoanalistas que el deseo de dinero es una coprofilia, toda alma grande no puede caer en ese juego con lo excrementicio. ¡Los demás que hagan lo que quieran si desean incurrir en esa aberración".

Ramón Gómez de la Serna

Automoribundia. Capítulo LVI. Editorial Mare Nostrum, Madrid, 2008

Within You Without You

20090430132519-3050486507-e33faae303.jpg

cuando exhalas el humo de limo

-légamo- que bajo tus pies pernocta

-se detiene- cuando exhalas el humo de humo

-hollín- que bajo la destrucción y la ruptura

-disolución- de siglos y de períodos,

-decenios- bajo la eternidad pretendida y

-acometida- en la preeternidad

-persistencia- cuando exhalas las ubres

-descalzas las orillas- del tiempo que se despereza

-acurruca- cual oso de la existencia

-del tiempo-

-cosecha- cuando exhalas lo que la lluvia llama madre

-cubremanteles- y lo que los centinelas cubren con vergüenza

-apocamiento- en los corredores subterráneos

-furtivos- donde se apacienta el cordero

-dócil pero no tibio- y cuando la llave de tus vidas

-savias- muerde la cerviz y se desmaya

-desalienta- sobre la llama (alma –da-) leve de la muerte

-tránsito- los dedos del hombre no aciertan

-descifran- atusan velan el velo desean

-apetecer de apetencia- todo lo que ya tienen

-gozan- por eso tu rostro cubierto de tatuajes

-figuras- tus brazos (enlazados) cubiertos por las  ramas

-cepas- tus formas prensadas por la primera forma

-rumia runa- por eso tu nombre

-esencia- que se adelanta en tu rostro

-catadura o faz- tu mar se adelanta  a tus orillas

-aristas- y tu cárcel a tus cascabeles

 

Y mientras la eternidad –rectangular y generosa-

rueda sobre ese mí que se ausenta

y que es un yo lejano.

 

Raúl Herrero

[Poema inédito que iba a formar parte del libro inédito de un servidor "Los trenes salvajes", que verá la luz a finales del presente año, es decir, dentro de un par de semanas aproximadamente. En ese instante, el poema hubiera dejado de ser inédito, pero puesto que, por olvido de un servidor, no se incluye el poema en el libro arriba citado sigue siendo inédito o no.]

Poema de Pero Garcia d'Ambroa (1203?-Mediados del XIII)

20091013200427-musicos.jpg

Pero d’Armea, cuando compusisteis

para que fuera hermoso, vuestro culo

y le pusisteis arrebol y afeites

para que en hermosura venciese a una doncella

y le añadisteis sobrecejas, todo

se echó a perder por no ponerle unas narices.


Ponedle, pues, don Pedro, las narices

pues quiero aconsejaros lo mejor que puedo;

y he de matar unas perdices

pues un culo tan bello como el vuestro,

aunque quisiéramos buscarlo

nunca lo encontraríamos en la tierra

que va de Sahagún a Saelices.


Y ponedle, don Pedro, unos labios también

a ese culo que fuera tan barbado,

y hacedle unos bigotes recortados

y ya tendréis un culo bien peludo;

y luego, sin tardar, procurad ocultarlo

porque si lo ve venir Fernand’Escalho

soltero sois y acabaréis casado.


[Traducido del galaico-portugués por Carlos Alvar, Santiago Gutiérrez  García y Jenaro Talens.

Locus Amoenus, Antología de la lírica medieval de la península ibérica. Edición bilingüe de Carlos Alvar  y Jenaro Talens, Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, Barcelona, 2008]

 

El sufrimiento

20090925060922-amos-imre-almodo-rabbi-dreaming-rabbi-1938-550.jpg

[En la imagen Imre Ámos: Dreaming rabbi, 1938]

El rabí Shmelke de Nokolsbourg y su hermano el rabí Pinjás plantearon al Maguid esta pregunta:

-Está escrito en el Talmud que el hombre debe dar gracias a Dios tanto por lo bueno como por lo malo. ¿No se trata de una tarea inhumana? ¿Quién tendrá fuerza para alabar al señor por el mal padecido?

-Od, entonces, a charlar un poco con Zusia -dijo el Maguid.

Zusia era conocido en Mezeritch. Se sabía que estaba enfermo, agobiado por miserias y males; padecía todo tipo de sufrimientos.

-Zusia, ¿cómo haces para dar gracias al Señor? ¿Y tus sufrimientos?

-¿Mis sufrimientos? -se extrañó Zusia-. ¿Qué sufrimientos? Personalmente no conozco ninguno. Yo soy feliz, Zusia es feliz viviendo en un mundo creado por Dios y destinado a la alegría; Zusia no carece de nada, no necesita nada; Zusia lo tiene todo y su corazón desborda de gratitud.

Ni siquiera había entendido la pregunta.

[Celebración Jasídica, Elie Wiesel, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2003]

La pelota azul -Cuento de Eduardo Chicharro–

20090904182548-187-chicharro-caleidoscopio.jpg

 


Era una pelota azul, aunque no totalmente. En sus dos casquetes ostentaba el mismo azul unido, tierno e intenso a un tiempo, pastoso, matizado por esa imponderable pátina que con el tiempo acaba por adquirir la pintura. En síntesis, algo semejante a como puede entreverse el cielo del atardecer si se mira a través de los párpados entornados. Tenía en su círculo máximo una estrecha faja encarnada entre dos líneas blancas, las cuales, si bien ligeramente veladas por el repetido contacto con manos, suelo, paredes, troncos, hierbas, pelo de animales, rodillas, esputos, tomillo, sartenes, carbón y aleros de tejado, seguían siendo blancas. El rojo de la lista central, de siete milímetros, era bermellón rabioso, un tanto ensombrecido por la referida pátina y los diversos contactos que acabamos de enumerar. La parte azul, de tono más sosegado, se exaltaba por la presencia de las líneas blancas y roja, éstas hacían lo propio entre sí, y a las tres les sucedía otro tanto gracias al azul. De suerte que la pelota, que no estaba limpia, ya que no era nueva de tienda, que no estaba sucia, ya que ni manchas ni pegotes tenía encima, brillaba como nueva merced a la atinada distribución de sus colores. Por debajo de la pintura era de goma; no maciza. Dentro nada tenía: ni pequeños guijarros, como otras de celuloide, llevan ni cascabeles, ni menos estopa, trapo, crines o serrín, aunque tampoco fuese rigurosamente exacto decir que no contuviese nada. Estaba llena de aire comprimido, y de olor a goma. Su tamaño no era ni grande ni pequeño. En verdad no era ni lo uno ni lo otro, pues podía medir unos doce centímetros de diámetro y  ser su volumen, entonces, de unos novecientos cuatro, coma, setenta y ocho centímetros cúbicos. Para formarse una idea: hubiera cabido media en un tazón grande. Pesaba más que regular, si se considera que estaba hueca, y su dureza era todavía suficiente para que, arrojada con fuerza contra el suelo, pudiese saltar hasta cinco o seis metros de altura.

Ha permanecido quieta en un vasar de cocina todo el invierno, cubierta en su hemisferio superior por una capa de grasiento polvo. La han lavado con agua y jabón. Durante unos días ha recibido impulsos, manotazos, golpes. Ha vuelto a la cocina, ha rodado por los suelos, las sillas, las camas, aprisionada a veces entre las manos y mejillas de un niño dormido. Ahora, inexplicablemente, se encuentra en la calle, en el empedrado sucio y sin acera. Es de noche, la luz mortecina de un farol la hace apenas visible. Ya no es azul, parece gris, o verde, parece oscura. Ya no es una pelota, parece una cosa, un bulto. No puede comprenderse cómo, estando allí, nadie la haya recogido todavía. Debió de perderse ya tarde, tal vez a la hora crepuscular.

Con frecuencia se extravían objetos de manera incomprensible. No se caen, no se escurren, simplemente se olvidan en cualquier sitio. Los hombres pierden cosas que sus semejantes no alcanzan a comprender cómo pueden perderse. En los periódicos se lee. Además de alhajas, carteras, paraguas, niños, los hombres suelen perder a su mujer, a un amigo, una mula, la memoria y hasta su propia vivienda. Lo que, en cambio no, es justo afirmar que se pierde, es aquello que tanto se oye decir: el tiempo. Ya que el tiempo nadie sabrá con certidumbre si lo ha perdido, y más atinado resultaría concebirlo como empleado o gastado en detrimento de otras cosas que pudiéramos haber resuelto mientras estamos charlando, tumbados, cantando o haciendo el amor –apreciación muy relativa, por cierto, sea para lo que fuere.

Ahora bien, el sitio adonde ha ido a parar la pelota es una plaza extensa, irregular, en la que desembocan cuatro calles desiguales, dos de ellas en ángulo agudo, y una quinta, cuesta abajo, empinada y escalonada. Parece una plaza de pueblo grande, pero no la principal. Está desierta y silenciosa, y así sigue durante algún tiempo, hasta que dos hombres la cruzan. Poco después, la sombra confusa de una mujer dobla la esquina. Junto a la pelota pasa un perro, sin detenerse. Un cura pasa también. Luego, ráfagas de aire que la hacen oscilar. Alguien, incomprensiblemente, le da un puntapié, y la pelota rueda varios metros, a lo largo del muro: no se la llevan. Pasan dos curas más, dos o tres perros más, un potro, figuras que son bultos, que son envoltorios de ropas, una vaca, un pato, murciélagos, aves extrañas por los aires, una cosa negra, más ráfagas, algo como rodando aprisa. Hasta que llega un grupo de mozos. La pelota está en medio de la plaza, en un charco. Cerca hay una fuente pública. La fuente no echa agua. Un mozo se la salta, otro se sienta encima. Los demás ríen, canturrean, charlan, alborotan, fuman, escupen, pronuncian palabras soeces, dichos soeces, algunos lascivos, hablan de los balcones de mozas o señoritas que duermen en sus casas, hacen alusiones obscenas, les brillan los ojos. El de la fuente juega con una navaja y en un momento brilla la hoja de acero. Hay luna; sólo a intervalos se deja ver. Algún mechero, alguna cerilla se enciende también periódicamente. Los mozos pasan el rato, no se van a dormir, no se van a la taberna, no se van al prostíbulo, no se sabe qué hacen allí. No están graves, pero algo grave aletea en ellos, en frases que pronuncian. Ya no cantan. Juguetean: a empellones, puñadas, puntapiés. Uno ha encontrado la pelota. Inmediatamente se la pasan entre ellos. Sólo el sentado en la fuente, el de la navaja, el que fuma y no habla, sólo ése no participa en el juego, que acaba por dirigirse contra una pared, tal vez la de una iglesia, pues pegan entre macizos contrafuertes. Hasta que el sentado, el de la navaja, se levanta y va a quitar la pelota a los otros mozos. Todos se callan, le miran. Él dice: «Ya está bien», luego pronuncia otras palabras. Discuten entre sí, como si deliberasen. Luego, el de la navaja, que ya no la tiene en la mano, pero sí la pelota, dice: «Vamos pues», y todos se marchan apelotonados. Se meten por una de las bocacalles, la más amplia. Una figura viene hacia ellos. Alguno la reconoce. Es un tipo bien trajeado y de aspecto principal. Su nombre, un mote y algunos calificativos, mezclados con palabras sentenciosas, se cruzan por lo bajo. La pelota, que alguien ha arrancado al de la navaja, derriba con fuerte impulso el sombrero negro del personaje al golpearle brutalmente en la frente. No reacciona en seguida el del güito, sino que, pasada la sorpresa y vencido un momento de vacilación, en el que cada cual permanece clavado en su sitio, se agacha a recoger el sombrero. Mientras maquinalmente le quita el polvo con la manga, les espeta un «¡Cerdos!», y, mientras se lo encasqueta, añade un «¡Me las pagaréis todas juntas, canallas!» Como nadie le contesta, echa a andar por su camino. Pero los mozos le cierran el paso. No hay en ellos continente amenazador, se agrupan y mueven pausadamente, con ademanes torpes. Uno de los de atrás se agacha a recoger un canto. El personaje se ha detenido, también los mozos. Así permanecen algunos segundos, hasta que uno de los de delante hace un brusco quiebro con el cuerpo y golpea fuertemente el suelo con el pie, al tiempo de darse una palmada en el muslo, resoplando entre dientes como se hace para espantar a un perro. El personaje, que llevaba bastón, además de sombrero, desenvaina un estoque. Recibe entonces una pedrada en mitad de la cara y los mozos le acorralan, se le echan encima. El hombre se defiende con bravura, pero le agobian, le desarman, le zarandean, le aporrean, le acogotan, le apalean cobardemente.

–¡A colgarle del farol! –grita alguien.

–¡Venga! –gritan varios.

Y mientras uno trepa al farol, otros pasan una correa, la del propio agredido, por el cuello de un hombre agotado o tal vez muerto. Se lo cargan al hombro, le empujan hacia arriba. «Ya está bien», sentencia el de la navaja. Arranca el cuerpo del personaje a sus verdugos y lo deja caer al suelo. Todos permanecen mudos, rodeando al cuerpo tirado, que allí queda con la correa al cuello, la negra ropa cubierta de polvo y la cara ensangrentada. No lejos, yacen también el sombrero, el bastónvaina y la pelota azul. Por último, dice el de la navaja «¡Hala!», y se aleja seguido de los demás calle adelante. Uno de ellos se lleva la pelota. El de la navaja lleva el estoque. Otro, que se queja y va renqueando, pasa los brazos por los hombros de dos compañeros. Después de recorrer un par de calles más, llegan a una taberna. Está cerrada. Golpean a la puerta, llaman a voces. Se les abre. Entran. La pelota queda en una mesa. Suben al herido a casa del tabernero. Tiene una cuchillada en el muslo, se está desangrando. Un chico, que va abrochándose los pantalones, corre a avisar al médico. Mientras se atiende al herido como se puede, los otros de abajo, los que no caben arriba, beben. Llega por fin el médico, entonces vuelven a enviar al chico, esta vez a casa del herido. Va a marcharse ya cuando uno de los mozos, viendo la pelota en la mesa, se la entrega y le dice que la tire al corral de su casa, la del mozo, para que al día siguiente la encuentren los chavalines. Regresa el chico acompañado por un hermano del herido, pero no trae la pelota. En la prisa y los apuros se le olvidó echarla al corral. Todos abandonan la taberna con el espíritu más afianzado. Llevan garrotes, piedras. Se dirigen a un edificio público, no se sabe si ayuntamiento, audiencia o qué. Hay funcionarios reunidos, guardias que interceptan el paso. El de la navaja insulta groseramente a los allí congregados, la pelota sale disparada de la mano de uno de los mozos y va a golpear a alguien que parece persona principal. Piedras recorren trayectorias paralelas a la de la pelota. Los guardias forcejean por desasirse, los concejales, magistrados o lo que sea, responden a la agresión con lo que tienen a mano, sillas, tinteros, tijeras, cortapapeles. Entre los pies de los beligerantes, los cantos ruedan de un lado para otro con la pelota de goma. Salta ésta escalones abajo arrastrada por los que salen, primero los personajes, detrás de los mozos que los empujan. Llega a la calle entre los pies de unos y otros. Está rajada. Los mozos se llevan a los personajes hacia el río. Los guardias marchan corriendo en dirección opuesta. Un perro se acerca a la pelota, la husmea y le da medio lengüetazo, después se orina en la puerta del edificio. Un borracho que pasa recoge la pelota azul, tiznada, manchada, algo rajada. En esto tropieza y cae. La pelota va a parar a las tablas de una carreta de bueyes junto a la que ha caído el beodo. Penosamente se levanta éste y la busca a su alrededor, debajo del carro, hasta que renuncia a encontrarla y sigue por su camino. En un movimiento de los bueyes rueda otra vez al suelo la pelota. Regresa una pareja de guardias, van a entrar en el edificio. Uno de ellos la ve, tal vez la recuerda, duda un momento y se la lleva escaleras arriba. Así es como la pelota entra de nuevo en el salón de actos. Los dos guardias consideran el destrozo de muebles, cortinas y cristales. Comentan, discuten, se insultan, y la pobre pelota, siguiendo su predestinación de bólido, sale disparada, a través de uno de los balcones. Va a parar a la casa de enfrente, penetra por una ventana y rebota en una mesa llena de papeles y libros. Es la de un estudiante que en ese momento no sabemos si ha de habérselas con las diofánticas o con alguna rima rebelde, pues la hoja en que escribe se halla parcialmente cubierta de signos dispuestos en columna. No da tiempo a verlo, el tintero se ha derramado sobre lo escrito. El estudiante apenas si hace el indispensable movimiento de separar las piernas para que la tinta no le gotee en los pantalones. Su pasmo se prolonga unos segundos, bastantes. Endereza el tintero, separa los papeles, mira a la ventana abierta. Dirige por fin la vista a su alrededor intentando averiguar la causa de tamaño desastre. Descubre la pelota. Se agacha y la toma en la mano maravillado, no menos que si hubiese caído en su aposento un albatros de los mares del sur. La sopesa, vuelve a considerar la ventana y, en un arranque de mal humor, la arroja con fuerza hacia el balcón de enfrente. Por muy extrañamente casual que pueda parecer, el proyectil acierta a colarse entre el bastidor y los cristales rotos del vano. Todavía hay allí un guardia. Oye ruido y ve rodar la pelota. No tan sorprendido como el estudiante, pero sí tan enojado, la recoge y la arroja de nuevo a la calle a través del mismo balcón. La pelota no vuelve a entrar en el cuarto del estudiante; rebota en la pared y va a parar de nuevo, segunda broma del azar, a la carreta de bueyes. El estudiante ha podido entrever cómo el proyectil de goma salía por el balcón. Guardia y estudiante se contemplan, preguntándose si hay algo de común entre ellos. Sube a la calle un grupo de gente. Algunos parecen los mozos de antes. Pasan todos junto a la carreta.

Estudiante y guardia se retiraron, la escena queda silenciosa. Poco más tarde se aproxima un hombre, el boyero, y la carreta echa a andar. Sigue siendo de noche. La carreta lentamente abandona la población. Va por el campo. Hace aire, un aire húmedo, frío. Ya lejos, en un tumbo, la pelota cae a la carretera. Rueda a la cuneta, después de hollar el espeso polvo blanco que en la oscuridad tiene un color de ceniza. Ahí queda. La carreta se aleja con pausa de alucinación. Al alejarse, se oscurece y se achica, devorada por los márgenes convergentes de la carretera y por el cielo inmenso, combado, en el que brilla un mar de estrellas. Hasta el ruido de la carreta se perdió. Todo se lo tragaron el cielo y la hora de la noche. También es inmenso el silencio, y es inmenso el campo alrededor de la pelota. Se oye sólo el silbido intermitente de los sapos y, de cuando en cuando, el de las ráfagas a través de los cardos secos. Grandes, vagas, traslúcidas figuras de tul, azules, malva, grises, pasan ingrávidas por los aires. Tal vez falta poco para que la aurora aparezca. Así, antes de que esto ocurra, la pelota parece consolidar su estructura física, cerrar su grieta, agrandarse, distenderse. Hasta remontarse. Sí, hasta hacerlo como un globo de tafetán o como un globo de fuego que empieza a dar botes por la carretera en sentido inverso al de la carreta, y a crecer, y a remontarse, de suerte que cada salto es más largo, más alto, y más lento, y el último la lleva sobre el pueblo aquel, donde atónitas las personas, las pocas que velan, observan el extraño meteoro de fuego que se cierne muy por encima de los tejados, aunque no tan alto como para podérsele confundir con la luna llena. También el estudiante contempla el fenómeno. Sin saber por qué, se acuerda del primer hecho mágico de aquella noche: la pelota llovida de los cielos en su cuarto. En un momento todo el poblado despierta y se asoma a ventanas, puertas, escotillas o tragaluces, lleno de espanto, de curiosidad, de asombro, y prorrumpe en inmenso alarido que pronto se trueca en clamor dentro del tumulto general. Sólo desde una ventana abierta a última hora, la de una cocina, no salen estentóreas voces ni lastimeros ayes. Allí unos niños ven y reconocen en el enorme globo su hermosa pelota azul extraviada la víspera. Cae de pronto como un rayo de fuego la esfera alargándose en su forma, hasta el zócalo de la casa donde recibió el puntapié inicial. Los niños salen corriendo en su busca. De los demás habitantes, nadie se atreve a moverse. Por fin se arriesgan algunos, se reúnen en la plaza principal, se dirigen al edificio de la lucha. Hay confusión. Los personajes no pueden acudir, ya que se hallan malheridos o fuertemente contusos, impresentables. Todo el mundo está en la calle. El revuelo es mayúsculo. Nadie sabe lo que fue. En la plaza de la fuente no se ha encontrado nada, si es que el bólido ha caído allí. Tampoco los niños han hallado su pelota. Intentan explicar que ellos saben lo que era, pero nadie los escucha. En medio de la zozobra, el susto, la interrogación, muchos ojos se vuelven hacia poniente, a la línea oscura de los montes por donde empieza a desaparecer una luna enorme, color naranja de brasa. Pero el nuevo día aún no aflora. Algunos se reintegran a sus viviendas, muchos rodean a los niños, no logran entenderlos ni entenderse entre sí, van olvidando el aerolito, casi no creen lo que han presenciado. Se forman corrillos en todas partes, hasta que un nuevo resplandor atrae a todos hacia la plaza principal. Allí está ardiendo el edificio de la pelea, los mozos le prendieron fuego. Arde también un pajar inmediato. Al cabo de cierto tiempo el fuego puede ser reducido, pero corre la voz de que otro edificio arde al lado opuesto del pueblo y que fueron los mozos los incendiarios…

Pálidamente, empieza a amanecer. Como si esto fuese la señal, cada cual huye hacia su cobijo. Las puertas parecen absorber con fuerza prodigiosa a esa población que en el espacio de unos minutos desaparece y cierra y atranca sus casas. Queda el pueblo desierto, sumido en sepulcral quietud. También los niños se han retirado. No hay luz, no unos pañales tendidos en las cuerdas de las solanas. Los niños, en sus camitas, se han dormido ya de día. Transcurren unas horas de calma absoluta, ni campanas se han oído. Cuando los niños despiertan, corren a la cocina, al vasar. Allí no hay pelota ni nada que se le asemeje. Corren a la plaza, se cruzan con el basurero, la lechera, el alguacil, el perro cojo de la inclusa. Nadie parece mirarlos con curiosidad a pesar de ser ellos los de la pelota. Nadie parece impresionado y, en la plaza, junto a la pared, encuentran la pelota azul, tal y como la dejaron; no rajada, no tiznada, no salpicada de sangre, aunque sí húmeda de rocío… El reloj del Ayuntamiento da una hora. Los niños cuentan: son apenas las nueve de la mañana.

 

 

[A los ocho meses de su concepción nace Chicharro en Madrid, un año después que Salvador Dalí, es decir en 1905, en la calle de Ayala un 13 de julio. Tras vivir en Roma desde 1913, con excepción del tiempo que pasó en su país en torno a 1925 enzarzado en el servicio militar, o en ciertos viajes por Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Austria, regresa a España, con su esposa e hijos, en 1943. Se había casado en 1937 con la pintora Nanda Papiri, cuyos dibujos ilustraron revistas y catálogos vinculados con el Postismo.

En Madrid, Chicharro realiza una exposición en la Sala Marabini. Instala su estudio en el Pasaje de la Alhambra, lugar de reuniones en las que se discute, se recitan poemas y se dirigen las operaciones postistas en los años del movimiento.

Se voltea el año 1944 cuando Chicharro conoce a Carlos Edmundo de Ory en el café Castilla y deciden fundar el Postismo en compañía del italiano Silvano Sernesi.Cuando el grupo se disuelve, Eduardo mantiene amistades cercanas al ismo, como Ory y Francisco Nieva, con los que seguirá colaborando. Precisamente junto al segundo funda, a principios de los años 50, la revista Ambo que, como las anteriores Postismo y La Cerbatana, sólo verá un número. En los cuatro años de la década de los 60 que vivió disminuye su producción, se entrega a infinitas correcciones.]

Una cabeza humana viene lenta desde el olvido de Emilio Adolfo Westphalen

20090829182149-1201130534-f.jpg

Una cabeza humana viene lenta desde el olvido

Tenso se detiene el aire

Vienen lentas sus miradas

Un lirio trae la noche a cuestas

Cómo pesa el olvido

La noche es extensa

El lirio una cabeza humana que sabe el amor

Más débil no es sino la sombra

Los ojos no niegan

El lirio es alto de antigua angustia

Sonrisa de antigua angustia

Con dispar siniestro con impar

Tus labios saben dibujar una estrella sin equívoco

He vuelto de esa atareada estancia y de una temorosa

Tú no tienes temor

Eres alta de varias angustias

Casi llega al amor tu brazo extendido

Yo tengo una guitarra con sueño de varios siglos

Dolor de manos

Notas truncas que se callaban podían dar al mundo lo que faltaba

Mi mano se alza más bajo

Coge la última estrella de tu paso y tu silencio

Nada igualaba tu presencia como un silencio olvidado en tu cabellera

Si hablabas nacía otro silencio

Si callabas el cielo contestaba

Me he hecho recuerdo de hombre para oírte

Recuerdo de muchos hombres

Presencia de fuego para oírte

Detenida la carretera

Atravesados los cuerpos y disminuidos

Pero estás en la gloria de la eterna noche

La lluvia crecía hasta tus labios

No me dices en cuál cielo tiene tu morada

En cuál olvido tu cabeza humana

En cual amor mi amor de varios siglos

Cuento la noche

Esta vez tus labios se iban con la música

Otra vez la música olvidó los labios

Oye si me esperaras detrás de ese tiempo

Cuando no huyen los lirios

Ni pesa el cuerpo de una muchacha sobre el relente de las horas

Ya me duele tu fatiga de no querer volver

Tú sabias que te iba a ocultar el silencio el temor el tiempo tu cuerpo

Ya no encuentro tu recuerdo

Otra noche sube por tu silencio

Nada para los ojos

Nada para las manos

Nada para el dolor

Nada  para el amor

Por qué te había de ocultar el silencio

Por qué te habían de perder mis manos y mis ojos

Por qué te habían de perder mi amor y mi amor

Otra noche baja por  tu silencio



[Emilio Adolfo Westphalen nació en Lima en 1911. De su autoría sólo se conocen dos poemarios con un total de 18 poemas, a los que se suman unos textos no agrupados. Se le vincula al movimiento surrealista de la poesía hispanoamericana. Fue además el creador de dos revistas "Las Moradas" y "Amaru". La primera entre 1947-49 y la segunda entre 1967 y 1971. ]

Polimnia

20090803190820-fenicios04.jpg

Y, al ver plagado de navíos todo el Helesponto, y atestados de soldados todas las playas y todos los campos abidenos, en ese momento Jerjes se consideró un hombre afortunado; pero, acto seguido, se echó a llorar.

Al percatarse Artábano, su tío paterno, de la reacción del monarca (la persona que, en su principio, manifestara francamente su opinión, aconsejándole que no organizase una expedición contra Grecia), al advertir, insisto, ese personaje que Jerjes se había echado a llorar, le dijo lo siguiente: "Majestad, ¡qué gran diferencia existe entre tu actitud de ahora y la de hace un instante! Primero, te consideraste un hombre afortunado, y, en estos momentos, estás llorando. "Es que –replicó Jerjes– me ha invadido un sentimiento de tristeza al pensar en lo breve que es la vida de todo ser humano, si tenemos en cuenta que, de toda esa cantidad de gente, no quedará absolutamente nadie dentro de cien años."

Entonces, Artábano le respondió como sigue: "¡Otras desdichas peores que ésa sufrimos a lo largo de la vida. Pues, durante una existencia tan breve como la nuestra, no hay hombre alguno, ni entre los que ahí ves ni en el resto del mundo, que sea tan afortunado como para que no le asalte, en repetidas ocasiones y no una sola vez el deseo de preferir estar muerto a seguir con vida, ya que las desgracias que se cierran sobre nosotros, y las enfermedades que nos aquejan, hacen que la vida,  pese a su brevedad, parezca larga. Así, cuando la existencia resulta penosa, la muerte se convierte para el hombre en una escapatoria muy apetecida, y, por su parte, la divinidad, si nos deja probar la dulzura de la vida, con su actitud pone de relieve su envidioso talante".

Heródoto, Historia, Libro VII, traducción de Carlos Schrader, Biblioteca Básica Gredos, Madrid, 2000

Canto del retorno por Carlos de la Rica

20090722190915-city-of-jerusalem-xviir.jpg

Yo tomaré a los hijos de Israel dispersados entre las naciones y los traeré a su tierra.

(Ezq. 37,21)


Cada primavera yo he subido a Jerusalem,

las ovejas pasando vi cada primavera en torno a ti, Jerusalem;

cuando mis zapatos arreglaba o también las sandalias

en ti pensaba y en cómo el largo camino transitar;

hasta cuando tocaba la sortija o jugaba a la pelota

yo te recordaba, Jerusalem. Los dos alejados y en deriva,

          tristes y ojerosos

al encender la lámpara en la mesa del Pesaj.


Fugitivo en el Sena o asomado al Potomac

          mis ojos echaba hacia las nubes,

hacia tus puertas arrogantes, tus calles estrechas,

hacia el santo Muro que con aire inmóvil esperaba.


Oí hablar de mi amada y sollocé porque

          esbelta y al saliente

un agua extraña taladraba su Roca, oh ciudad más allá de toda ponderación.


Tal una carta inacabable de color y aceituna

puse en circulación, oh ciudad mía, Jerusalem,

con el ansia y el deseo de encontrarte,

presentida casi al posar los pies la playa de Ascalón.


Igual que en el lecho un durmiente reclinándose

                callaba;

mas, sin embargo, el corazón recorre la cortina

y tras el cristal de cualquier ventana

como un ave de pico largo en los aleros de tus moradas

              aparezco y me presento.


Sobre el llano ol pradera mi río emisario ahora,

oh, siempre tú, Jerusalem, con tus formas tirando

           de mi vida.

Oh David, el cabello de Isaías, Jerusalem revuelta, paniza,

como un pavo real de oro por el sol.

Jerusalem con la cabeza en la primavera y en la luna reclinada,

los indomables cipreses, dedos tuyos, alas de luz divina,

          ciudad deseada siempre,

llamando desde las mil piedras a los hijos dispersados y lejanos.


Dame

un relámpago par el retorno, que yo coloque

          un ramo de rosas bajo el cielo claro

que como un manto hermoso se cierne en tus espaldas.

Jacob, Josué de Melilla, Moisés o Leví el pastelero

entre los recién retornados, compañeros,

donde nace flotando igual que un madero en el agua

el fuerte arcoiris de los siete brazos

o en el cielo, como una cierva corriendo, la estrella

          de las seis puntas.


Ah! retorno, vuelta a ti, al olivar, Sión,

          Jerusalem con quien me topo

y alegre vuelvo, ciudad de mis mayores, para

libar abeja la fiesta de la primavera reciente

¡ay! con los dedos ya secos, aquellos

con los que muy antes las cien lágrimas

          enjugaba,

¡oh, Jerusalem, hermana y madre!

Jerusalem otra vez y para siempre

          en primavera.

 

Carlos de la Rica

Yad Vashem, El toro de Barro, Cuenca, 2000.

[Entre lo más injustos olvidos de los poetas del siglo pasado sin duda se encuentra el autor de este poema: Carlos de la Rica (1930-1997). Durante su vida compaginó la vocación del sacerdocio con la de la poesía, pero no, como algún mal pensado puede sospechar, con   poesía mansa y rumiante, sino que se vinculó ni más ni menos que con el movimiento Postista. Entre sus amistades se contaron Angel Crespo, Gabino-Alejandro Carriedo, Antonio Fernández Molina, Federico Muelas… A su poesía la denominó "realismo mitológico" Según el presente Carlos Morales, director presente de la colección  "El toro de barro" que fundara Carlos de la Rica,: "Originado, pues, en los territorios de la vanguardia postista española, el ’realismo mitológico’ encontró su nota distintiva no tanto en las tradiciones literarias hispanas cuanto en las corrientes culturales de la España de posguerra (Claudel, Cocteau, Supervielle, Batalille, etc)…". A las que se sumaría la influencia de la generación Beat norteamericana y del simbolismo francés.

Autor de varios títulos que oscilaban entre la poesía y el teatro Carlos de la Rica fundó en Cuenca la colección de poesía "El toro de barro", donde publicaron entre otros autores Manuel Pinillos y  donde se editó la primera antología poética de Eduardo Chicharro, si bien ya póstuma y preparada por Angel Crespo y Pilar Gómez Bedate.

Carlos de la Rica sentía especial simpatía la causa hebrea. Así, aunque a algunos les pueda resultar curioso, publicó varios libros dedicados al pueblo de Israel y su crítica al antisemitismo le valieron ciertos ataques por parte  de algunos miembros de la  sociedad de su tiempo. A partir de los años 70 realizó varios viajes a Tierra Santa y su pasión "hebrea" cristalizó en un largo poema, al que pertenece el que aquí reproduzco y que se publicó en el lbro Poemas junto a un pueblo (1977). Sirva esta pequeña nota para honrar su memoria, despertar la curiosidad por su poesía y reivindicar su figura de poeta original y excelente.]

 

Bakunin -aproximaciones a la santidad-

20090715190038-tem53-g12opus5.jpg

Y lo declaro aún, es un ejemplo a seguir para todos los que creen en la inmortalidad del alma. Desde este punto de vista, la sociedad no puede ofrecerles más que una perdición seguro. En efecto, ¿qué da a los hombres? Las riquezas materiales primeramente, que no pueden ser producidas en proporción suficiente más que por el trabajo colectivo. Pero para quien cree en una existencia eterna, ¿no deben ser esas riquezas un objeto de desprecio? Jesucristo ha dicho a sus discípulos: "No amontonéis tesoros en esta tierra, porque donde están vuestros tesoros está vuestro corazón"; y otra vez: "es más facil que una maroma (un camello, según otra versión) pase por el agujero de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos". (Me imagino la cara que deben poner los piadosos y ricos burgueses protestantes de Inglaterra y de Estados Unidos, de Alemania, de Suiza, al leer esas sentencias tan decisivas y tan desagradables para ellos).

Jesucristo tiene razón; entre la codicia de las riquezas materiales y la salvación de las almas inmortales hay una incompatibilidad absoluta. Y entonces, por poco que se crea realmente en la inmortalidad del alma, ¿no vale más renunciar al confort y al lujo que da la sociedad y vivir de raíces, como hicieron los anacoretas, salando su alma para la eternidad, que perderla al precio de algunas decenas de años de goces materiales? Este cálculo es tan sencillo, tan evidentemente justo, que estamos forzados a pensar que los piadosos y ricos burgueses, banqueros, industriales, comerciantes, que hacen tan excelentes negocios por los medios que se sabe, aun llevando siempre palabras del evangelio en los labios, no tienen en cuenta de ningún modo la inmortalidad del alma y que abandonan generosamente al proletariado esa inmortalidad, reservándose humildemente para sí mismos los miserables bienes materiales que amontonan sobre la tierra.

Aparte de los bienes materiales, ¿qué da la sociedad? Los afectos carnales, humanos, terrestres, la civilización y la cultura del espíritu, cosas todas inmensas desde el punto de vista humano, pasajero y terrestre, pero que ante la eternidad, la inmortalidad, ante dios son iguales a cero. La mayor sabiduría humana, ¿no es locura ante dios?

Mijaíl Bakunin. Dios y el estado, El viejo topo, 1997

In memoriam Jean-Marc Debenedetti

20090626171453-la-ecuacion-del-fuego.jpg

 

[En el año 2000 de la mano y escritura de Fernando Arrabal conocí al poeta y artista Jean-Marc Debenedetti. Mantuvimos correspondencia durante un tiempo  y me ofreció su poemario La ecuación del fuego, entonces  recientemente traducido al castellano por Danièle Bonnefois y Alberto Blanco. En la editorial Libros del Innombrable, en la Biblioteca Golpe de dados, se publicó en el año 2001 su poemario. Le acompañaban en el volumen en el prólogo Fernando Arrabal y en epílogo Alberto Blanco. Durante nuestro epistolarío hablamos de presentar su libro en España, pero el caso nunca se llegó a concretar. Hoy, también de la mano y escritura de Fernando Arrabal, recibo la noticia de su fallecimiento. Al parecer fue enterrado el pasado 19 de junio en París. Sirva la inclusión de estos poemas de  La ecuación del fuego como testimonio y homenaje personal a este autor, editor y creador de la revista Poèsie. Los libros   El pánico  y Manifiesto para el tercer milenio de Fernando Arrabal, de los que Libros del Innombrable editó su versión en castellano, se publicaron también en su editorial Punctum.]

Jean-Marc Debenedetti es poeta, pintor y escultor. Nacido en 1952 en París, en donde vive, simultanea una obra poética y una creación plástica que se completan y corresponden.

Ha publicado ya una decena de libros de poesía así como obras críticas especialmente sobre los Simbolistas y los Surrealistas.

Expone desde 1973 y ha participado en numerosas manifestaciones colectivas en Francia y en otros países (EE.UU., Suecia, Portugal, Inglaterra, Canadá, Suecia, México, Luxemburgo y Alemania).

 

Yo la veo en una concha
forcejeando con la arena
o bien viento
entre el palenque de una casa
desalojada hace tiempo
hace tiempo
que los líquenes y los musgos
abandonaron la arena
poblada sin embargo de caracoles
Ellos entregan su corazón a las hierbas
hablan del lenguaje que le conviene a la arena
el techo es su testigo

***
Maíz de llama verde
mujer abandonada a pesar de tensiones
cajón oscuro de donde nace
el aburrido deseo
Para sustraerse a la farsa
tachar de una vez la alianza
para una soledad ideada pieza por pieza
con sus vértigos y sus tiernos abismos

***
Nacida de un anuncio de estrellas
la noche en camisón
se la lleva de la mano
a darle un beso de foso
Entre sus labios
un musgo abstracto interroga
al séquito de los enigmas bajados
descalzos de su firmamento

***
Entonces la medianoche expulsa subterránea
las palabras con colores de hombre
y los espléndidos calvarios
construidos para resistir
En la encrucijada
pasa la desesperación
con largos muslos desnudos

***
A la orilla de la memoria
las palabras caen como el barbecho
como plantas inquietas
por inutilidad de la savia
Aquí es la costumbre
la que da sed
y lo prohibido sirve de estación
a los viajeros

***
Para ti la pizarra
cuando se desnuda
y no se rompe







Noche caníbal


1
La que espera arrebujada
bajo los postes de su tienda de campaña
la de las pestañas que parpadean en probable adiós
cuyo vientre es húmedo
como el rocío
La del nombre que sólo sirve una vez
a primera hora
me arranca el reptil de las manos
dejando la jaula sin cerrar

2
La del nombre que se deletrea a gritos
en tiempos de tormenta a la altura de la gaviota
La del pico que se ensaña
en volver a abrir la misma llaga
parecida a una sonrisa
acribillada por dientes de animales
Tú cuyo cuerpo niega
el beso del manantial

3
La que no cambia ni un óvulo
ni un reptil anidado en su vientre
lleva la muerte hasta la orilla
De la que nada me hace uniforme
reduce el ala del reparto
a la mirada del pájaro azul
al inocente pájaro carpintero
para el que la corteza no tiene alma
el enigma queda por descifrar

4
La del vientre liso
hasta el ano que sigue siendo su misterio
la del misterio duro de llevar
como bisagras cerradas
La que se alimenta de fiebres
desde hace tanto tiempo ya
se levanta el altamar
con sus naufragios previsibles

5
La del todo en la nada que duerme
en mi sitio de fiera
me encanta cuando enseña sus dientes
como una ofrenda saliva
La de la lengua con sabor
a ámbar a amaranto y a sal
La del deseo que nunca comulga
con el deseo del deseo del deseo
[La ecuación del fuego, Jean-Marc Debenedetti. Traducción de Danièle Bonnefois y Alberto Blanco, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2001.]

 

A Osiris de Juan Eduardo Cirlot

20081113134806-osiris1.jpg

Repartido en pedazos y en lamentos,
repartido en países y en canciones,
repartido en lejanos corazones,
repartido en profundos monumentos.

Repartido en obscuros sentimientos,
repartido en distintas emociones,
repartido en palabras y oraciones,
repartido y perdido en los momentos.

Heredero del tiempo y del espacio
víctima de transcursos y distancias,
ser en seres deshecho y repartido.

Yo busco tu hermosura y tu palacio,
tu boca de rubíes y fragancias
para reunirte solo en un gemido.

 Juan Eduardo Cirlot

ATASCO (Poema de Rada Panchovska)

20090428092450-pic04729.jpg

Sofía, 21 de abril de 2009
Hola, Raúl,
Te adjunto un poemita mío que te dedico, está provocado por tus Motivos de tristeza, espero que te guste. Se publicó en el suplemento de cultura "Detonatziya[Detonación]" que sale mensualmente, en el número del marzo, pero hasta ahora no pude traducirlo...


ATASCO


A Raúl Herrero


En la lejanía indiferentemente parpadea un semáforo.
Las columnas avanzan pausadamente fastidiadas, sólo un metro.
En los coches ya se produce alguna animación, calculan posibilidades,
tratan de enfilarse de nuevo, y de sopetón, por poco ocurre,
ya un transeúnte nervioso choca su mirada con otra, fiera,
mientras pasa ante el nariz de los motores rugientes,
en la vía vecina un amateur ha frenado con un chut
y cinco coches se han enhebrado en espera de la policía del tráfico,
¡y destella el verde sereno! Asalto. Los que pasan, pasan…
… Por mi cabeza pasan fragmentos de pensamientos
parados en la memoria atascada por eventos no sucedidos.
La vida se comporta de manera insolente, sin rodeos es sin salida, me digo,
hasta que emerge el hallazgo apacible de Raúl: motivos de tristeza.
Y con motivo y sin motivo el dique de la tristeza de desobstruye,
al menos un atasco se va desparramando para el momento.

 

[La poeta y traductora Rada Panchovska, que lleva camino de trasladar al búlgaro toda la poesía española del siglo XX, me remite este texto. Sirva su inclusión en este blog como muestra de mi agradecimiento por esta demostración inmerecida de atención.]

Luna Luna: Poema de Martin Marcos

20090420081618-copy-of-viajeluna.jpg

Querido Raúl:  te mando un poemita para frivolizar la existencia como un juego musical ahora que la primavera nos devuelve el color. Martin Marcos.

 

 
   Luna Luna

 
Miro el sol y la luna
y todas las estrellas
y estoy inmerso en ellas
dormido como en cuna.
No me falta ninguna
de contemplarlas bellas.
Ni juicio ni querellas
ni orquesta ni tuna.
Tan sólo quiero aquellas
que son como una;
a modo de centellas
o en clave de runas.
A veces desierto
desierto sin dunas,
a veces olivos,
sin flor ni aceitunas.
Porque no la has visto
porque hay mucha bruma
porque estás muy solo
y ataca la hambruna.
Tan lejos del mundo
absorto en la luna.


     17-4-2009

Se cumplen 120 años del nacimiento de Charles Chaplin

Que se ha muerto la madre de Charles Chaplin.

Muerta la llevan en un calcetín.


El calcetín era de Pío Nono.

Muerta la llevan en una botella de Anís del Mono.


La botella era de Enriqueta.

Muerta la llevan en bicicleta.


La bicicleta era de Manolito.

Muerta la llevan en un gambusito.


El gambusito era de un chivo.

Muerta la llevan en un objetivo.


El objetivo era de Chaplin.

Muerta la llevan en rueda sin fin.


Federico García Lorca

Perlas peladas de Giovanni Papini

20090413193228-gotoimage.jpg

Circe y Orfeo


En el mundo del arte hay una sola guerra: la de Circe y Orfeo. Entre Circe, que transforma los hombres en bestias, y Orfeo, que transforma los brutos en hombres.


Escritores y animales


Cuentan que el famoso poeta francés Dubartes, cuando quería hacer al descripción de un caballo, se agachaba colocando las manos en el suelo, a guisa de cuadrúpedo y relinchaba, galopaba y tiraba coces. Diríase que muchos escritores modernos han intentando durante toda su vida, hacer la descripción del orangután o del pavo.


Autobiográfico y polémico


Los críticos italianos de principios del Trescientos —tanto los clérigos como los laicos— no veían a Dante con buenos ojos. Es más, algunos le tenían   verdaderamente en gran dispitto. Pero, como quiera que las obras del florentino eran buscadas y leídas en toda Italia, no podían por menos que ocuparse de él, aunque fuese a regañadientes y con desgana.

Y para no estrujar demasiado sus delicadas meninges escogieron una "fórmula" tan cómoda como simplista para deshacerse rápìdamente de aquel importuno Alighieri que les atacaba los nervios. Y sentenciaron, de una vez para siempre, que nuestro Dante era "autobiográfico" y "polémico", todo lo más con algún ribete "lírico" e "idílico".

Y todos los críticos de aquel entonces repitieron, como un coro de urracas domesticadas, esa fórmula y esos epítetos, cada vez que salía a la luz una obra de Dante. En la Vita Nuova y en las Rimas —decían— prevalece lo autobiográfico, en el De Monarchia y en el Convivio, domina, en cambio, "la polémica" mézclanse y elázanse continuamente, exceptuando unos cuantos intermedios líricos y retóricos. Has en lo más alto del Paraíso ese condenado florentino exponía su persona abandonándose a deplorables "excesos polémicos".

La historia, hoy, no registra ni los nombres de los tales críticos del Trescientos, mientras las obras "autobiográficas" y "polémicas" de Dante se leen y se admiran en todos los idiomas del mundo.

 

[Exposición personal, Giovanni Papini, traducción de Alfonso Banda Moras, Luis de Caralt editor, Barcelona, 1968.]

Jesús de Nazaret, una ópera de Josep Soler contada por Josep Soler

20090408190853-cristus-vincit.jpg

(Entre nuestros compositores más fecundos e interesantes, por ende, importantes del siglo XX, y de lo que llevamos del XXI, se encuentra Josep Soler. Autor de una estética personal que bebe tanto de la tradición  que desentrama lo que de ella habita en Wagner, Scriabin y Schönberg. Entre sus trece óperas se cuenta una de las obras más ambiciosas de las que ha emprendido un ser humano en los últimos siglos, o, al menos, desde que encuadernamos páginas y escribimos sobre  ellas la palabra historia. Nos referimos a la ópera Jesús de Nazaret, obra extensa y, por lo que de ella sabemos, de gran interés, para la que no encuentro calificativos ni obras hermanas a las que compararla. Para mejor conocimiento de mis amados lectores, y como muestra de mi admiración ilimitada por su obra y su persona, incluyo el siguiente extracto escrito por el propio autor sobre las disquisiciones de su ópera.)

Josep Soler (nacido en Vilafranca del Penedès, Barcelona, 1935); en su ciudad natal estudia con Rosa Lara y más tarde —1960— es discípulo de R. Leibowitz en París (amigo de Schoenberg y discípulo, a su vez, de A. Webern). En Barcelona trabaja con C. Taltabull —que estudió con Max Reger a comienzos de siglo, en Munich— desde 1960 hasta la muerte de éste en 1964.
En su dilatada carrera ha compuesto dieciséis óperas —entre las que mencionamos Edipo y Yocasta (1972), Frankenstein (1996), Nerón (1985) o La Bella y la Bestia (1982)—. En el resto de su obra destacan las piezas de temática religiosa como Noche oscura (1971), la ópera —oratorio— Jesús de Nazaret (1974-2002) y el poema-sinfónico Via Crucis (1995).
Junto con su importante producción musical ha publicado Fuga, Técnica e Historia (Barcelona, 1980), La Música (Barcelona, 1982), Victoria (Barcelona, 1983), Escritos sobre música y dos poemas (Barcelona, 1994), J. S. Bach. Una estructura del dolor (Barcelona, 2004) y Música y ética (Barcelona, 2006); asimismo ha editado y traducido Pseudo Dionisio Areopagita: Los Nombres Divinos y otros Escritos (Barcelona, 1980, 1ª edición), Poesía y Teatro del Antiguo Egipto (Madrid, 1993) y  —junto con Joan Cuscó–— Tiempo y Música (Barcelona, 1999). En Libros del Innombrable: Otros escritos y poemas (1999)y Nuevos escritos y poemas (2003). En la colección Sarastro, aunque también en Libros del Innombrable, se ha publicado: Josep Soler Sardà. De la tradición al oficio de Joan Cuscó y Josep Soler.)


La obra se divide en dos actos o partes; su extrema duración hace casi inviable representarla como un todo; ello exige, si algún día, cosa prácticamente impensable, llegara a intentarse su puesta en escena, encontrar una solución entre dos días consecutivos o considerar las dos partes como unidades individuales y autónomas –cosa factible– y tratarlas como tales.
A diferencia de su primera obra, Jesús de Nazaret  contiene en su partitura largos interludios y aun escenas enteras orquestales: entre otras, se pueden citar la Natividad, la institución de la Eucaristía –como acción de gracias–, ciertos momentos del Via Crucis o el momento del descendimiento de la cruz y la Piedad de María  que no utilizan voz alguna; en otras son los coros solos los que cantan .De hecho no es una obra para grandes lucimientos vocales de ningún intérprete; la persona de Jesús está concebida para ser hablada y otros personajes tienen unas intervenciones mínimas: lo «sagrado» del tema, está concebido aquí en su dimension más abstracta; dimensión sagrada por su misma naturaleza pero nunca, ni remotamente, por sus implicaciones eclesiásticas, que han pervertido, por sus conveniencias, la figura de Jesús hasta hacer de él un objeto lejano de su posible y aceptable realidad y sin relación, física y real alguna, con lo que a sus «herederos» y sucesores les convenía creer que había predicado, esperado y, muy en especial, instituido en realidad.
Es bien conocida la terrible frase de que Jesús esperaba la llegada del Reino de Dios (y sólo esto) y, en su lugar, lo que llegó fue la Iglesia; es por ello que en nuestra obra nunca tocamos este tema: el iluminado profeta galileo, hombre de pueblo con ideas sencillas, de admirable sentido común, tal como, con notable tacto e inteligencia , ponen en su boca los cuatro biógrafos oficiales –y también en algunos textos de los llamados apócrifos–, atraído por su urgente y, según creía él, sobrenatural llamada, seguramente sintió con enorme fuerza que supo transmitir a sus escasos seguidores, la noción de que el Reino de Dios, como concepto abstracto, no político ni institucional, estaba allí, estaba dentro del corazón de los hombres que quisieran reconocerlo con todas sus consecuencias de hermandad, solidaridad frente a las desgracias de todos los días y comunidad de bienes; y éste fue su mensaje, vigente entonces y con pleno sentido ahora (y quizá aún más en nuestros momentos).
La inevitable conclusión, entonces (y también lo sería ahora) fue la muerte en la cruz, en época romana y cualquier otro tipo de muerte caso de haber vivido hoy día y haberse atrevido a decir en público y en privado lo que allí su ingenuidad pueblerina le impulsó (con medios harto diferentes y posibilidades de comunicación incomparables a los actuales) a decir y proclamar con la fuerza que le daba la seguridad de la Presencia en su interior, frente al Imperio, a los ocupantes romanos, al rey impuesto por ellos y a los grandes jefes religiosos, políticos y económicos del país que no podían tolerar semejantes mensajes y anuncios: entonces y ahora su final era previsible y trágico y fue y ahora sería el mismo (seguramente aún más violento) y de la misma manera.
Y esta Fuerza que le impulsaba, según parece transparentarse con gran verosimilitud a través de los textos, canónicos o no, le llevó a autosacrificarse e intentar acelerar la llegada del reino de Dios a través de su muerte –se podría decir de su suicidio– al subir, por última vez a Jerusalén: no podía ignorar que allí sólo le esperaba un único final: las fuerzas estaban totalmente en desequilibrio –aunque en los textos se ve claro que sus seguidores llevaban armas–; a pesar de estas escasas armas, nada podían hacer frente al poder de los soldados romanos o los grandes jefes colaboracionistas, muy interesados en mantener intacta esta relación, buena para los intereses de ambos.
Queríamos mostrar una aventura –una búsqueda– de un alma que ha tenido una importancia excepcional en la civilización de Occidente y en parte del resto del mundo, durante los últimos dos mil años: y esta aventura nos llega a través de textos en los que el equilibrio histórico y personal se hace difícil y no siempre es posible obtener una imagen coherente del personaje: a pesar de todo, a través de los años de leer y «tratar» los textos, sentimos que, a lo largo de ellos, se dibuja con una peculiar nitidez, una sombra, pero una sombra viva y, también en algunos casos, una sombra agresiva y aun feroz: en otro momento llega a un extremo de perversidad (o se le atribuye, con razón o no, este extremo)  quizá inigualado en texto alguno de la historia –aunque queremos creer que los escritores qe intervinieron en estas «historias sagradas» añadieron, de su cosecha, aquello que creyeron era más útil (y es bien sabido que el miedo es lo más útil que puede manejar un sacerdote o un político para sus conveniencias), útil y utilizado sin escrúpulos, para su labor de predicadores que imponían una nueva religión– :léase la parábola, que no queremos reproducir, tal es el horror que nos produce, del hombre rico, vestido de púrpura y un pobre lleno de úlceras llamado Lázaro (Lc. XVI, 19-31): el diálogo final, entre el rico y el Padre Abraham, eleva la perversidad a lo sublime: sólo un hombre –sólo los hombres– pueden hablar así.
Hemos intentado obviar esta circunstancia, olvidarla y centrarnos en lo que pudo ser el costado más positivo del personaje, sin dejar de lado, por otra parte, ciertos aspectos «sobrenaturales» que lo encuadran y le dan un carácter determinado: en el Acto I o Parte I, desde la introducción en la que una voz (sobre la orquesta y las voces del coro, sin texto), recita el Poema--prólogo de Juan, hasta la escena, dramática y muy movida, en casa de los tres hermanos, María, Marta y Lázaro y la resurreción final de éste, pasando por el dúo, al comienzo de la obra, entre María –la madre de Jesús– y el Mensajero, el ángel, la música para la Natividad (en la que nos limitamos a glosar musicalmente el momento, bajo la influencia de una pintura de William Blake, sin que nos atreviéramos a incluir texto hablado alguno); la larga escena de la tentación en el desierto; el diálogo nocturno de Jesús con Nicodemo, en Jerusalén; la Transfiguración, etc., todo ello conforma una primera parte en la que, desde la Eternidad en la que preexiste, «cabe Dios», Jesús, después de esta aparición maravillosa en el mundo, se enfrenta al costado maligno de las cosas, objetivado en el Tentador, conversa y discute con los judíos, con Nicodemo, se encuentra asimismo frente a la enfermedad y al dolor humanos en la Piscina de los Cinco Pórticos y, en Jerusalén, tiene que patentizar que, por encima de la Ley está la caridad y la compasión, en la escena con los judíos y la Mujer adúltera.
Después de otros diálogos en los que se presenta como Enviado salvador, Luz que ilumina las Tinieblas y asegura, finalmente, que Él y el Padre son una sola cosa y provoca el miedo y el escándalo de los judíos por decir cosa parecida, en la casa de Lázaro cierra la primera parte evocando a un muerto del más allá y retornándolo a la vida: con esta afirmación final de la fuerza divina, se cierra esta primera parte.
En el Segundo Acto, en Betania, en casa de Lázaro y sus hermanas asistimos a la escena de María, hermana del resucitado, que unge con un perfume muy caro al profeta; más tarde, ya en Jerusalén, la obra prosigue en el cenáculo donde Jesús instituye la acción de gracias, la Eucaristía. En el monte de los Olivos, por la noche, durante la Agonía en el Jardín (orquesta sola), un mensajero, de nuevo, aparece en la vida del Enviado, ahora para consolarle y enjuagar su rostro, mojado por el sudor de sangre.
 Sigue luego la larga historia de la pasión: un intermedio orquestal comenta la escena en el palacio de Herodes; igualmente orquestal es la Coronación de Espinas y , ya en el Pretorio, la voz de Pilato y el coro es la ultima intervención cantada antes del anuncio, frente al sepulcro, del Mensajero –¡de nuevo!– a las Tres Marías y, finalmente, el encuentro del Jardinero y María de Magdala; entre estas dos escenas transcurre la acción con el Via Crucis que cierra la orquesta con extrema violencia a la llegada al Monte de la Calavera: después de una larga pausa, ya en PP, es la voz de Jesús que exclama sus últimas palabras, con intervenciones, por primera y última vez, del clavicémbalo, la viola de gamba, órgano y celesta, todo con la mayor discreción y PP.
La escena de la muerte del Enviado se cierra con una música muy suave que incluye el llamado Amén de Dresde –bien conocido por su uso en Parsifal– aunque la alusión proviene, creemos, de su intrínseco valor musical (si bien es cierto que no puede desligarse, hoy día, de su relación con la música de Wagner): un acorde do-mi-sol, muy largo y PP en el órgano y, finalmente, en las cuerdas solas, cierra esta escena.
Unos compases de extrema violencia expresan el dolor de María ante su hijo muerto, su meditación sobre el cuerpo y el entierro en el sepulcro nuevo; ya al amanecer del primer día de la semana, el Mensajero sale al paso de las tres Marías y les advierte de lo que ha sucedido. Sigue la escena de María de Magdala con el Jardinero y el aviso de Jesús de que les abandona a todos para ascender hacia el Padre.
Un largo intermedio orquestal anuncia las luces del final de todas las cosas: la voz de Jesús afirma que Él es el primero y el último, que estuvo vivo y muerto y que ahora, por el poder de Dios, ha sido despertado para vivir por los siglos; desde el comienzo de esta última escena las tres máquinas de viento, símbolo del Triple Aliento divino, al unísono, suenan dulcemente y en PPP; en 275 y sólo en los tres compases siguientes, en FFF: aquí el gran coro se une al pequeño coro que canta desde el principio de la escena; son en realidad tres únicos compases FFF que disminuyen de volumen rápidamente. El pequeño coro se halla situado o debe sonar «como oyéndose desde lejos», indicación cara a los autores de la Escuela de Viena.
De nuevo la voz de Jesús aparece, sobre las voces PPP del coro pequeño, ahora ya por vez postrera: «Todo está consumado, soy el alfa y el omega, principio y fin; a los sedientos les doy agua de la Fuente de la Vida… soy Dios para ellos y ellos son hijos para Mí … soy la estrella esplendente de la mañana».
Y las voces al unísono de las tres máquinas de viento, ya solas, siguen sonando PPP pero incesantes, sin detenerse, por la eternidad…
Es evidente que esta obra –ópera, oratorio escénico…– nada tiene que ver con cualquier confesión religiosa o con iglesia alguna; el material histórico y humano pertenece a todos los hombres y es por ello que ha sido –confesamos que con el mayor y máximo respeto –empleado –en ésta y otras obras de tema semejante– por el compositor.
El empleo del órgano, muy frecuente en las obras del compositor, no tiene aquí –ni en parte alguna– ningún carácter eclesiástico, pero sí es símbolo de lo «sagrado» o de sonido «trascendente»; su timbre, casi siempre suave y dulce, medita en éstas y otras obras –incluso en Macbeth o en El Sueño de una Noche de Verano– sobre la gran tragedia que se desarrolla en escena o en el espacio imaginario del oyente.
Con todo, sería equivocado ver en esta obra una especulación sobre el choque entre política e idealismo: Jesús de Nazaret fue un galileo, un pueblerino nacido en un paisaje amable y muy distinto de la aridez y dureza del sur de Israel y que, por temperamento y carácter, debía tender a ver el mundo y sus circunstancias de un modo harto diferente del que imponían y aceptaban como único los legalistas y aristocráticos habitantes de Jerusalén.
Muerto hace más de dos mil años, la pasión de sus seguidores –sea la pasión de una alucinada, sea la pasión de un hombre enfermo, exaltado y genial, como Pablo– hizo que las ideas derivadas de sus enseñanzas (que iban poco más allá de la sabiduría popular) se implantaran en terreno griego y, fecundadas por los misterios helénicos y orientales, vinieron a convertirse en el llamado cristianismo; de esta manera organizaron la base de nuestra civilización occidental, maridaje entre el pensar de Grecia y la austera y agresiva visión del mundo de los judíos: sobre su figura, directa o indirectamente, se ha basado el devenir de nuestra cultura y ahora, que pensamos está ya en su ocaso definitivo, el compositor, fascinado por esta figura, lejana, huidiza y que , a pesar de todo, aún posee entidad y vida propias, ha querido, con insistente dificultad y esfuerzo, situarla sobre la escena y –¿por qué no?– rodearla de su aura y halo míticos y místicos, evocarla desde la eternidad como Logos intemporal y que está cabe Dios y observarla, de nuevo, tras su vida terrestre, en la detención en un punto sin tiempo, retornado a la fuente inicial, al lecho en el que, inmutable, descansa como Logos desde el comienzo de todas las cosas.
Al final del oratorio u ópera serán las tres voces de las tres máquinas de viento las que sonarán cada vez más solas para acabar la obra únicamente con los tres instrumentos al descubierto, símbolos del triple Aliento divino: con Él se iniciaron todas las cosas y así el triple viento –la rouah de la Voluntad que todo lo mueve– las concluye y sigue para siempre su operación inacabable, eterna. En otros momentos, el Aliento será simbolizado por tres flexatones que juntarán sus voces a los flatterzunge de las maderas y los metales con sordina para llorar su dolor y su desesperación ante los trágicos sucesos que cierran la vida terrena del Enviado: el llanto de María ante su hijo muerto está acompañado por sus gritos.
El tema tratado parece situarse en una órbita dependiente de las ideas de Wagner, cosa que ya era más que visible en su primera ópera completamente acabada e incluso en el primer intento que recuerde el compositor; vista la evolución de este largo ciclo de óperas, es evidente que, desde un principio, el compositor se sintió, por derecho y natural sentimiento, cada vez más inmerso dentro de la gran corriente que en Wagner halla un teórico consecuente y preciso pero que ya veía sus primeros y muy exactos exponentes en Monteverdi, Cavalli, etc. y, ahondando aún más, remontaba el hilo conductor hasta el teatro griego y, más allá, en el teatro litúrgico de Egipto, (es ya un lugar común el que la ópera que se inicia en los gloriosos comienzos del siglo XVII es un intento de actualizar, de revivir, de provocar un renacimiento de la tragedia griega aunque se olvide o se desconozca el papel crucial que Egipto y sus representaciones litúrgicas tuvieron sobre el teatro de Grecia primero, y mucho más tarde, en el teatro litúrgico de la Edad Media).
El compositor ni tan sólo se planteó en su juventud el discutir o el interrogarse sobre esta problemática: Wagner, Strauss, Mussorgsky, Schönberg y Berg (Wozzeck lo pudo oír en la grabación que hizo Mitropoulos en 1951, Lulu, sin fecha en los discos, es aproximadamente de la misma época; el Schönberg de Erwartung fue la única de sus óperas que conocía en aquel momento en  la grabación de Mitropoulos y Dorothy Dow de 1952 y no pudo acceder a Moses und Aron hasta su edición en 1957; las dos óperas restantes tuvieron que esperar hasta las ediciones de Robert Craft, Die Gluckliche Hand en 1962 y –absoluta obra maestra– Von heute auf morgen en 1968), todos ellos, le indicaron el camino que, por instinto y por una absoluta afinidad electiva, era el suyo propio.
Y por otra parte, no se sintió interesado en absoluto (dadas las fechas en las que inicia sus intentos dramáticos que se remontan, tan primitivos como se quiera, a los finales de los cuarenta: por razones personales recuerda que una obra que intentó preparar, no sabía exactamente cómo y de qué manera, fue Jezabel inspirada, más que en la historia, fascinante en su conclusión: «… y los perros lamieron su sangre…», en los grabados de Gustavo Doré; allí, como en otras obras, fue una imagen la que sugirió la necesidad de una representación escénica; tiempo más tarde será el cine, que, en aquellos momentos, ya le hacía sentir la necesidad de poner música a obras como Los Nibelungos que Fritz Lang había rodado sobre la tragedia de Hebbel, el que le empuje a escribir unas determinadas obras sirviéndole como ideal telón de fondo, imaginario y personal), no se sintió interesado, decimos, en un teatro nacionalista heredero del que preconizó Pedrell y del que son pocas las obras que, en la actualidad, se pueden salvar con auténtica calidad musical; ni menos, en aquellos momentos tan difíciles y con connotaciones políticas del peor nivel, se sintió afectado por «la lección castellana de Falla», tal como se insistía, con fuerte presión, desde determinadas revistas y centros musicales; siempre admiró –y admira– las obras teatrales (e instrumentales) de éste, pero jamás ha sentido necesidad alguna de proseguir o continuar por aquellos caminos.
Tampoco sintió, en absoluto y como es muy evidente, vista su trayectoria, necesidad alguna de transitar por determinadas experiencias de teatro musical, –con acentos de «denuncia social»– harto discutibles –o, lo que es peor y en el peor sentido de la palabra, socializantes, es decir, las más vulgares y de peor calidad posibles– o por tratar de conseguir una o unas obras «revolucionarias» abriendo «nuevos caminos» o tratando de destacar por lo nuevo de sus aportaciones: ingenuo o no, trataba entonces y aún lo intenta ahora, hacer aquello que creía y cree es lo que debe hacer y de la manera como cree es la correcta, pensando que sólo de su interior, de su necesidad y fondo interior –del pozo, temible o no, pero inevitable, de su interior más profundo– es de donde tiene que sacar aquello que será el material de sus obras y las ideas y músicas que las configuren.
Digamos, finalmente, que una de las sugerencias para escribir esta obra fue el hecho de que Wagner había planeado componer una ópera (aunque no es claro que esta fuese su intención: el texto lleva la indicación de ein dichterischer Entwurf –esbozo poético–; se publicó, cuatro años de después de su muerte, con una dedicatoria de Herr Siegfried Wagner «a la memoria de Heinrich von Stein») sobre este mismo tema y con el mismo título: Jesus von Nazareth (entre noviembre de 1848 y comienzos del 1849); el texto nos ha llegado en un resumen de la acción de sus cinco actos e incluyendo comentarios y fuentes para la redacción del libreto o poema definitivo que nunca llegó a escribirse.
Nuestra primera intención, antes de recibir las fotocopias del original (en enero de 1978), había sido poner música al texto de Wagner dando por sentado que él quería escribir una «Handlung» y no una obra de teatro; esto se reveló imposible: no sólo no había en sus escritos un diálogo establecido y concreto sino que la acción y sus incidencias tocaban temas que eran y estaban muy alejados de nuestra manera de pensar y concebir la obra y la alejaban de lo que para nosotros era lo más esencial: la unidad de la acción en el Enviado trascendida por lo arquetípico, si así se puede decir, de su acaecer y su circunstancia «sobrenatural» y no en el desarrollo de un fresco seudohistórico, de gran espectáculo, pero lejos de lo íntimo y «sagrado» que deseábamos para nuestra visión de la historia del paso del logos eterno por entre los hombres: el esfuerzo de Wagner, único que sepamos que exista para poner en escena estos acaeceres, nos parece muy notable y sería de desear que se hiciera un estudio profundo de sus textos, pero para nosotros, como texto para una ópera propia, no era válido.


Josep Soler

[Extracto del capítulo Jesús de Nazaret del libro: Nuevos escritos y poemas, Josep Soler, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2003]

Poema sin título de Mariano Meneses

20080917200623-conejo-blanco.jpg

Cuando hablan de poesía
hablan de algo que no me interesa,
pues aunque sea difícil saber qué es
sé que es algo distinto de lo que dicen.
Resulta extraña mi actitud.
Me hace pasar por un curioso ser,
que aunque escribe versos y los ama,
antipoético, a veces parece detestarlos.
¿Es una manera
de no llegar a entendernos
o de entendernos de otro modo?

Mariano Meneses, La arena del sendero, Editorial Heliodoro, Madrid, 1986.

Incluido en Orfeo errante, Antonio Fernández Molina, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2008.

Una brigada de « madres Teresa » por Fernando Arrabal

20090327090720-20252-1.jpg

Había leído y oído algo de lo que se cuenta sobre el hospital público. Y sobre sus “horrorosos” servicios de Urgencia.

Súbitamente, el día 18 de marzo de 2009,  a medianoche, en mi casa parisiense, creo topar con la Muerte. Caigo al suelo, dislocado.

No puedo levantarme.  Indefenso, me siento incapaz de moverme.

Pido socorro. Nadie me oye.

Tengo la impresión de estar emponzoñado. Por un veneno que me revuelve mis adentros. 

Me arrastro hacía el teléfono. Que nunca llegaré a alcanzar. A la velocidad de cinco metros por hora. Mi cabeza no responde. He perdido el equilibrio. Y mi  cerebro se bambolea. Pero mi cara permanece aplastada en  el suelo.  Mis ojos no se dejan dominar. Se descentran,  mareados. Voy a desaparecer definitivamente.  Voy a ocultarme para siempre, pero  rodeado por un océano de inmundicia vomitada.   

Y de pronto, cuando había perdido toda esperanza, aparecen dos enfermeros del SAMU. Dos “madres-Teresa”.

No quiero que me vean en el estado en que estoy. No  quiero que se aproximen. Que les apeste mi miseria.

Mis ojos son incapaces de fijarlos. Me los tapo con la mano.

Me piden que me incorpore.  No puedo. Y si hubiera podido no lo hubiera querido. Prefiero permanecer acurrucado. Y dejar que llegue el final. Será menos doloroso Y sobre todo menos pestilente y  vergonzoso.

Y, sin embargo, los dos enfermeros no paran de decirme gentilezas. Para ellos soy un anónimo.  Me parece que tienen un bonito acento. ¿franco-marroquí? ¿portugués? ¿arrabalero? ¿bretón?  Me tratan de

- “Monsieur” .

Con infinito respeto.

A mí  que me siento menos que un trapo sucio.

Uno de los enfermeros, abrazándome, me incorpora. Me limpia. Ayudado por su colega. Mientras me mantiene en sus brazos el segundo me abrocha los pantalones.  Y me consuela al mismo tiempo. 

-“Adelante,  Monsieur….”

Sienten que temo descoyuntarme al menor esfuerzo. Me miman. Por fin en andas y volandas me llevan a una ambulancia.

Acierto a decir por vez primera, ¡tan tarde !

-«Merci beaucoup…».

Y por primera vez voy a recibir la respuesta que oiré de todos los miembros del servicio de Urgencias del Hospital  Cochin de París:

-“No nos lo agradezca;  estamos aquí para ayudarle”.

Y los dos samaritanos desaparecen. 

Para dar paso a  varias enfermeras que me desnudan. Me arreglan. Me cuidan. Me visten de azul. Luego de amarillo. Me preguntan a menudo

-“¿Quiere algo? ¿Se siente mejor?”

Llegan  cuidadores,  médicos, internos. Para ellos también soy un anónimo. Todos con la misma preocupación por mi estado. Con el mismo deseo de auxiliarme.

-“¿Quiere utilizar mi móvil particular?”

Y yo repito que estoy envenenado. Que algo he tomado...

Pero ellos no dejan de hacerme radiografías y escaners y análisis.

Descubren que el mal lo causa el laberinto de mi  oído interno. Que hace meses mi cabeza topó contra una barra de acero. Y que ahora surgen las consecuencias.

Buscan lo mejor para curarme. Piensan inmediatamente en el mejor especialista.

-“Sabe usted, es el más competente. Pero está ocupadísimo”.

Consiguen que el Profesor Pascal Corlieu venga a verme a Urgencias. Con sus aparatos de cosmonauta y su saber legendario.



Estoy a salvo, re-equilibrado y en casa. 

[Toda mi vida… me ha frustrado no llegar a ser el santo pagano de mis aspiraciones. Con lo fácil que les resulta alcanzar la santidad civil a esta brigada de la Fraternidad y de la Urgencia.] 

Mil gracias  a todos, desde el camillero  hasta el catedrático. De todo corazón

Pero sé que todos y cada uno va a repetirme  una vez más:

-“No nos lo agradezca;  estamos aquí para ayudarle”.

 

Fernando Arrabal

Esopo no era zopo

20090323201513-p93.jpg

El enfermo y el médico

 

Un enfermo a quien el médico le preguntó cómo estaba dijo que había sudado más de lo normal. El médico dijo: "Eso es bueno". Preguntado una segunda vez cómo se encontraba, dijo que había sido sacudido por escalofríos. El médico volvió a decir que esto era bueno. A la tercera, cuando apareció el médico y le preguntó por su enfermedad, dijo que le había sobrevenido una diarrea. El médico dijo que eso iba bien y se marchó. Uno de sus parientes que vino a verlo le preguntó cómo estaba, el enfermo dijo: "Yo me muero a fuerza de ir bien".

 

[Fábulas / Vida de Esopo. Traducción y notas de P. Bádenas de la Peña. Biblioteca Básica Gredos, Madrid, 2000]

HOMENAJE A FAUSTBAL (Por Martín Marcos)

20090222193050-portada-faustbal-adn.jpg


 Un nuevo drama de Arrabal va;
Va, va, va
Va al Teatro Real...
 
No es ballet, ni es balada
ni siquiera un musical.
Sólo es FaustBal.
 
Ya en los tiempos de los tiempos
antes de Saturno y Pan
habitaban los guerreros,
representaban el mal.
 
Por eso vino Faustbal
con amor y con dulzura
y estética arquitectura
a su batalla campal.
 
Vino arengando a la tropa,
Vino al sabor de su boca
Vino como flor de azar...
 
Eras mujer y tenías
el corazón de una diosa
tan bellísima y dichosa
envuelta entre melodías.
El esplendor que lucías
absorta como en un cielo
nos servía de consuelo
para seguirte emulando,
e ingrávidos levitando
alejándonos del suelo.
(En puro y jocoso vuelo)
 
¡Bien te quiso la Amazona!
¡Mal te quiso Margarito!
Que te llevaba al garito
cuál si fueras una mona
volando por Arizona.
 
¡Mal te orienta Mefistófeles!
¡Bien el triángulo isósceles!
¡Mal el rencor y la muerte!
¡Bien el amor y la suerte!
(¡Faust-Bal se acerca a los ángeles!)
 
(Ángeles caídos
ángeles odiosos
ángeles adheridos
a mis ángeles umbrosos)
 
Bella nínfula Amazona
Teta de robusta cal
sin trapos ni silicona
donde beberá FaustBal.
Donde amarga a Margarito
leche licuada con sal.
Bella nínfula Amazona
corre tu leche a raudal,
sabor de teta exprimida
que degustará FaustBal.
 
Tú hieres a Margarito,
lo mandas al hospital.
Flechas de amor se aproximan
a los labios de Faustbal.
¡Masas, mesas, misas, musas...
a Don Fernando Arrabal!
           

23-2-2009

[El poeta Martín Marcos me envía este poema en homenaje a la ópera de Arraba-Balada:Faustbal. En la ilustración superior collage de Juan Francisco Nevado en homenaje a la misma obra.]

BLUES DE LA LOCOMOTORA FANTASMA

20090221023049-bob-dylan-slow-train-coming-back.jpg



Fueron las gentes del norte las primeras
en hablarnos de su presencia.
Ella recorre trayectos solitarios,
siente especial predilección por vadear
campos de trigo tostados por alas de cuervo.
Mantiene  la misma velocidad,
quienes la encuentran en su camino
pierden la cara tirados por un hilo invernal.
Su sonido característico no evoca nada conocido,
a su paso deja un rastro refulgente
que parece surgir de la tierra agrietada.
En las noches claras refleja su silueta
sobre el tapiz quemado de la luna;
las yerbas que crecen sobre los párpados
de los muertos le silban al pasar.
Una vez conocí a un anciano que juraba
haber vivido, cuando le protegía su juventud,
al menos dos meses en ella.
La tomó, con proporcionada agilidad, una mañana
que la locomotora arrasaba la estación abandonada de su aldea.
En las tripas de aquella serpiente con forma de tren
sonaba una música de niebla,
como sobre una paleta con miles de tonos
flotaban colores  suspendidos en bolsas de yema.
El anciano aseguraba que a sus oídos les crecieron
tentáculos porosos que el paisaje presentía.
Le venció un aletargado aleteo que masajeaba su espalda,
despertó enterrado vivo en la ladera de una montaña.
Al levantar de la yacija, podrida por carroña,
notó como sus esperanzas quedaban enterradas bajo los guijarros.
Por eso se comenta que la locomotora
hurta las ilusiones de cuantos cortan la línea
que separa su distancia del mundo.
La evitan los hombres con guadaña al hombro,
se lanzan bajo sus ruedas los pintores cuando tiembla
el suelo que les cobija bajo la rosa celeste.
En las noches veraniegas los abuelos, sentados en el porche
de cara a la brisa o vaho de dragón, cuentan a sus nietos
historias sobre el espectro del ferrocarril.
Le atribuyen ángeles desguazados junto a trompetas
secas y mudas, destrozadas por la necesidad.
Quien la encuentra puede cavar una fosa
donde olvidar las adelfas de su edén,
cruzar las piernas sobre una cruz que signifique
la capitulación ante la deslealtad del fracaso.
Esa máquina aguarda el momento preciso, la paciencia es su combustible,
jamás se agota, araña el hielo, disuelve la semilla del calor.
Algunos para llorar su visión emplean pañuelos
untados con espinas, se dice que si no la observas
puedes salvar de la ruina algunas puertas.
El exterminador de hierro avanza desgarrando el laberinto.
Auténticos sabios afirman que pronto los diablos
la reclamarán para nutrirse delos anhelos robados
en su desbocada carrera de morfina.
La presentirán junto a las alambradas,
se afirmará que cabalga hacia el sur,
procurarán vigilar para destruirla,
mas ella insuflará el calmante del desaliento.
La leyenda dice que se puso en marcha
porque en su fogón quemaron unas marionetas.
Los segadores huyen con la guadaña al hombro…


[Inédito, 1998. © Raúl Herrero]

¡Poeta! por Fernando Arrabal

20081223084521-huidobro.jpg

 

(El pasado 12 de agosto de 2008 el diario el Mundo publico los siguientes ditirambos de Fernando Arrabal en loor de Federico García y Morante de la Puebla. Ya que este año también se conmemoraba el aniversario de la primera edición de Romancero Gitano de Federico García Lorca, ¿se habrán colado las musas bajo las tartanas y los toros?)


París, Madrid, N. York & B. Aires, a 11 de agosto de 2008

Fernando Arrabal:

¡Poeta! (quince ditirambos por peteneras en loor de Federico García y Morante de la Puebla)

El maestro de La Puebla,
qué porte lleva en su puerta,
imitando a Federico
el poeta para el pueblo:
qué maravillas compuso
en el retablo del arte
dando cita a los portentos,
de los versos del primor.
*
Qué sangre de Federico.
Qué boda para García.
Qué novela de Kundéra.
Qué Soljenitzín de agosto.
Qué Houellebécq de la isla.
Qué Beckétt para Godót.
Qué teatro de Jarry.
Qué Wittgenstein del saber.
Qué cocina de Topór.
Qué pánico para Goya.
Qué romancero de Lorca.
Qué lanzas para Velázquez
con borrachos de pitón.
*
Me encanta cuando callado,
heredero de De Paula
y el poeta de Granada,
lo hace todo muy despacio:
muy despacio en sus andares,
muy despacio con sus gestos,
muy despacio dibujando
cada paso y cada pase
con rumbo hacia el infinito
dándole tiempo al tiempo
en su larga duración.
*
Mucho flamenco le cabe
mucho cante de su Lorca,
mucho aire de guitarra,
mucho ‘quejío’ y desgarro.
Se inspira por bulerías,
se alegra por alegrías,
qué solo por ‘soleás’,
qué tono de tonadilla,
seguido por seguidillas
y sevillanas del Río
de La Puebla en que nació.
*
“Qué blando con las espigas”,
como dijo García Lorca.
Qué esencia de la existencia.
Qué burladero sin burlas.
Qué casta para castillos.
Qué magia para el magín.
*
Me encanta cuando callado
Se escucha como Cuchares;
y cambia con Lagartijo
para sus largas cambiadas;
cuando el frasco se derrama
con fragancias de Frascuelo;
cuando se planta engallado
con el duende de Gallito;
y nos cagamos de gusto
con, de Cagancho, su clon.
*
Qué gran poeta del mundo
desde la Ceca a la meta,
desde lo poco a la pica,
con Buñuel y con Dalí,
cuando cuajó, cojonudo,
la poesía de la emoción.
*
Me encanta cuando callado,
perfecto como la joya,
purifica al más impuro
el purista del Parnaso,
con la mona y con la moña
de su traje de poeta ,
con la chorra y con la chota
en un choque de chorreras
entre Bretón y Artaud
y el ‘choc’ del ‘electrochoc’.
*
Qué cid para el magno Carlo.
Qué diez para el sabio Alfonso.
Qué trono para el tronío.
Qué lord para Buckinghám.
Qué rey del verso más libre,
de la república y corte.
Qué zar, sultán y micado,
del embrujo y seducción.
*
Qué terrenal de galaxia.
Qué marciano de la tierra.
Qué cuernos para la luna.
Qué agujero sin el negro.
Cómo se monta en el carro
de la Virgen y Santiago
y Federico García.
Cómo sube al firmamento.
Cómo estalla con la estrella.
Cómo planea, planeta,
con la luz de los luceros
con querer de querubín
con querencia y quemazón.
*
Me encanta cuando callado
el jugador de La Puebla,
el Borges de la corrida,
se abre con la española:
la apertura de los guapos
del extremeño Ruy López;
recorriendo el repertorio
como Múrphy de Orleáns;
sin enrocarse en la roca
tal un Kámski de Newyórk;
protegiendo a su cuadrilla
como Cárlsen de otra orilla;
y dando jaque a la muerte
como Físcher del tablero,
con ansiada precisión.
*
Qué sabio entre monosabios
Qué naranja del indulto.
Qué pañuelo para el blanco.
Desde Méjico hasta Dax
todo arenero presente
o mulillero de arrastre
pueden vivir el instante
de la infinita faena
por Federico y su don.
*
Me encanta cuando callado
el mítico de La Puebla
se arrima al compás del ritmo
a la tarima del mito,
monolito para el rito
de mármol o bien de barro.
Todo gusta y hasta asusta
en su cita y ceremonia:
culminando su cultura
con su culto y con su culo,
su secreto para Ortega
(el torero y don José),
su ciencia y su tradición.
*
El día de ‘beneficencia’
Madrid se benefició
del diluvio de su empeño
abierto a las cataratas.
Cayendo chuzos de punta,
ensopados los presentes,
y apenados los penes,
el Neptuno de los toros,
como quien oye llover,
se sirvió del temporal
para trenzar la faena
de aspirante a Poseidón.
*
Qué historia para la Historia
Qué parra muerto Parrita.
Qué Melilla ¡maravilla!
con cuatro deístas sillas
de sus cuatro religiones
en terrenal paraíso.
Qué Miróbriga y Ciudad
con Amadís y Rodrigo;
con Palmerín de testigo,
en plena peña de Francia,
para un franco dramaturgo.
para un “ghetto” de poesía,
un arrabal de París,
un García insuperable,
un Lorca del Gran Perdón.

www.arrabal.org

 

[En la fotografía superior Vicente Huidobro]

Me gusta el 3 (En homenaje a Miliki)

20081218085921-miliki-emocionado-recibir-premio-trayectoria.jpg

[Por aclamación popular incluimos este poema de Miliki en homenaje al artista y a su nuevo disco recopilatorio que se publica en estas fechas.]

Me gusta el tres ¡Dios lo bendiga!
que come mucho porque tiene dos barrigas.

Me gusta el tres por comilón:
de todo come siempre una doble ración.
3 x 1,3
Tres pedazos de una nuez.
3 x 2 son 6
¡y a comer el entremés!
3 x 3 son 9
se comió los dos percebes
3 x 4, 12
come como se te antoje
3 x 5,15
la barriga no te pinche
3 x 6 son 18
Aunque comas un bizcocho
3 x 7,21
Si te cabe una aceituna
3 x 8,24
Doble de bicarbonato
3 x 9,27
Ya no comas cacahuetes
3 x 10 resultan 30
dos barrigas que revientan
dos barrigas que revientan
dos barrigas que revientan...
¡YA!

Me gusta el tres por elegante
que siempre lleva sus barrigas por delante.

Me gusta el tres, número non,
sus dos barrigas: la sandía y el melón.
sus dos barrigas: la sandía y el melón.
sus dos barrigas: la sandía y el melón.


Las tablas de multiplicar. La tabla del 3 de Emilio Aragón "Miliki"

Novela breve o de la vida breve (Homenaje a Manuel de Falla)

20081212110332-sangre01js5.jpg

 

“¡Mantengámonos unidos! Sobre todo que nada nos estropeé la fiesta”, gritó la madre desde la cocina, mientras el hijo se desangraba en el salón.

 

Raúl Herrero

Oda a todos los Santos con antojos y abrojos

20081212091330-mujer-muerte.jpg

Yo con mis muertos

y mis ojos casi preñados de ceguera

me basto y sobro.

Sueño con calamares gigantes,

con épocas pretéritas que confundo con el presente,

con la puerta entreabierta por la que fluye

una brisa frugal, leve, de muerte.

Yo, tal como estoy, con mis muertos

y las sardinas que mi cerebro aerostático oculta

y mis trescientos dolores fulminantes en el pecho

y mis cuatrocientas mandíbulas batientes

y mis quinientos dedos en llamas que me llueven

¡cómo me llueven!

sobre mi cerebro inquieto por el que la vida pasa…

Y también mis seiscientos libros incandescentes

y una pestaña errabunda que me llora,

con eso me basta y sobra.

Me acurruco junto a las tijeras,

la madera cruja con dolor

y la identidad me duele

como un calmante intravenoso.

Yo con mi muerte

y con mis muertos

tengo suficiente para mis gastos,

para los últimos días

y las sombrillas finales

y la añoranza del útero,

es decir,

del paraíso.

Bueno, de momento

también me acompañan algunos

vivos, pero ese inconveniente vespertino

se puede resolver con una estaca.


Raúl Herrero

12 de diciembre de 2008

Poema de Drukpa Kunley

20081207123748-kukkuripa.gif

La Beatitud y la Vacuidad indivisibles, la Conciencia última,

renuevan el vínculo que une al Lama con lo Divino.

El aliento vital de aquellos que violan los Votos en las Diez Esferas

renueva el compromiso de los Protectores y de los Guardianes.

Una ofrenda de Tres Cosas Blancas y de Tres Cosas Azucaradas

renueva el compromiso de las Diosas Guardianas.

La ofrenda de un poco de comida, de incienso y de cerveza

renueva el compromiso de los Demonios y de los Dioses de la Guerra.

La ofrenda de cientos y miles de regalos

renueva el compromiso de los Lamas egoístas.

La ofrenda de pequeños objetos al monasterio

satisface a los discípulos sirvientes  vulgares.

La ofrenda de una sonrisa aduladora

satisface el espíritu de los monjes sin fe.

Negarse a hacer una donación a los monjes cuando se está a punto de morir

satisface el espíritu de los viejos y de los enfermos.

Doblar o triplicar la ofrenda al Superior o al Tesorero

satisface a los funcionarios de un templo.

Desgranar sin cesar un rosario de palabras resecas

satisface la ambición de los eruditos.

Practicar una meditación falsa en el paraíso de los locos

satisface el espíritu de los Gomchens libertinos.

Golpear en las puertas y hacer ladrar a los perros

satisface al mendigo de aliento putrefacto.

La radiante sonrisa del joven Gomchen

satisface el espíritu de las monjas.

Las generosas donaciones póstumas de té

satisfacen a los cráneos afeitados perezosos.

La adulación superficial

satisface a los políticos y a los superiores.

Las promesas no cumplidas

satisfacen a los sirvientes sinvergüenzas.

Los campos estériles satisfacen a los esclavos.

Aunque predique  en el desierto, sus propias palabras

satisfacen al cabeza de familia charlatán.

El parloteo de los borrachos sin malicia

satisface a los jóvenes de carácter débil.

Las querellas de dinero entre amo y criado

satisfacen al intendente tejemaneje.

La manteca y las golosinas

satisfacen a las madres repletas.

Los bienes mobiliarios y vendibles

satisfacen a los padres borrachos.

Jugar y lloriquear en la ceniza y en la caca

satisface a los bebés mimados.

El célibe sin discernimiento

satisface a las mujeres insaciables.

Encontrar hábiles excusas para la glotonería

satisface a los barrigudos.

El té frío y la cerveza pasada

satisfacen a los gorrones hambrientos.

Un brisa frescaprocedente de la montaña

satisface a las hilanderas, ya que no pueden trabajar.

Los rábanos crudos y sin sal

satisfacen a los criados y a los campesinos perezosos.

Un jarro enlucido con una capa de laca

satisface al ceremista cuyos potes huyen.

El moco, los gargajos y las porquerías de la nariz

satisfacen al fabricante de escupideras.


Drukpa Kunley Siglo XVI

Traducción de Hipólito Heredia


(La divina locura de Drukpa  Kunley, Prólogo y traducción de Hipólito Heredia, Miraguno ediciones, Barcelona, 2002).

 

 

Macacafú, macacafú

20080913110632-picture-19133.gif

(Francisco García Lorca recoge en su libro Federico y su mundo el siguiente poema al que enmarca dentro del género literario de "las cerrajerías". El propio Francisco define estas composiciones como: "canciones de lo absurdo en las que las rimas vienen determinadas por el puro sonido en asociaciones inconscientes, especie de presuperrealismo folklórico").


Macacafú, macacafú,

macacafú, macacafú, margá.

Si te gusta comer a la pimén,

si te gusta comer a la tomá,

si te gusta comer a la alcachó,fa, fa.

Chilibrí, chilibrí, margá.

Chimpón, polaví, polaví, polaví,

polipolipón, chimpón.

Manguanguay de la vida culinay,

que manguanguay, que manguanguay;

manguanguay de la vida culinay,

que manguanguay, macarafú.

Eme a: ma.

Eme e: ma - me.

Eme i: ma - me - mi.

Eme o: ma- me - mi - mo.

Eme u: ma- me - mi - mo - mu.

Macarafú.

 

 

El taparrabos corredor

20081123195739-emu-2.jpg

En la decimocuarta olimpíada, en el arcontado de Hipómenes en Atenas, aconteció que uno de los que corrían con taparrabos en el estadio de los juegos olímpicos, Orsipo, entorpecido por el taparrabos, cayó al suelo y murió. Por ello los oráculos prescribieron que compitiesen desnudos.


Escolio T a Homero, Ilíada XXIII 683


En un principio los antiguos tenían por costumbre llevar taparrabos en las partes pudendas y competir con ellos. Pero en la decimocuarta olimpíada, mientras competía el lacedemonio Orsipo, se le desató el taparrabos y fue causante de su derrota. Desde entonces se impuso la costumbre de correr desnudos.


Escolio AD a Homero, Ilíada XXIII 683

Lo Absoluto (Poema de Sri Chinmoy)

20081105092014-sri-chinmoy-painting.jpg

Ni mente, ni forma, sólo existo;

Cesada toda voluntad y pensamiento.

La danza de la naturaleza ha llegado a su término.


Soy Eso que he buscado.


Un reino de Deleite puro, último

Más allá del conocedor y de lo conocido;

Disfruto al fin de un descanso inmenso;

Frente a mí, sólo el Único.


He cruzado los caminos secretos de la vida,

He llegado a convertirme en la Meta.

La Verdad inmutable es revelada;

Soy el camino, el Dios-Alma.


Mi espíritu es consciente de todas las alturas,

Soy mudo en el corazón del Sol.

No hago trato alguno con el tiempo y la acción.

Mi juego cósmico se realizó.

 

Sri Chinmoy


La enseñanza silenciosa, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1996

En la imagen superior Sri Chinmoy pintando.

El final (Poema en homenaje a Tristan Tzara)

20081030232116-el-mayor-evento.jpg


Encontrábame sentado en un café,
en el mismísimo fondo de una laguna
entre la cafeína y el azúcar,
cuando conocí en persona al poeta
Tristán Tzara, y a su no menos interesante
monóculo monóculo monóculo.
Este gran amigo muerto en el año
mil novecientos sesenta y tres,
este aproximativo marsupial disfrazado
de lecho eterno que me sirvió de lecho,
al verme, con una taza encasquetada
en la cabeza, inició una conversación
que se alargó durante sesenta y seis años,
durante los que perseguimos,
con sendos bastones, a un mismo hombre
muy serio, mal poeta y peor persona.
Es posible que esto a ustedes
les parezca una tontería, o les impresione
de tal manera que no terminen de
leer el poema, sin embargo, ¡créanme!,
no pensarían lo mismo si formaran parte
de un batallón de infantería
en la I Guerra Mundial.
Sí, esa guerra que prostituyó a Europa,
la gran uña, durante cuatro años; sí,
a la misma Europa que compuso
unos cuartetos dedicados a Haydn;
la misma Europa que atesoró
en sus entrañas escenas orgiásticas;
la misma Europa masacrada por ese gran
comedor de peladillas y obuses que era
el Káiser Guillermo II;
la misma Europa que ahora envidia
a un pariente lejano inventor
de la crema de cacahuetes:
detestablemente mediocre.
Pero nos hemos desviado de Tristán Tzara.
Este orador delicuescente fue
capaz de apalear durante quinientos años
a las más arruinadas mentes malpensantes,
apoyado en sus inicios por su hijo Dadá
y, más tarde, con el muy simpático André Breton.
La insonorización crepuscular evolucionó
con sus aportaciones hasta alcanzar
al arte moderno.
Sin Tzara este poema sería un cacharro,
como lo seguirá siendo
para paisajistas recolectores
de vacas envenenadas,
o minadores que consideran trasnochadas
las teorías vanguardistas,
y que proponen, en su lugar,
estéticas superadas con
el descubrimiento del fuego.
Visité su tumba, cuya originalidad
me mantuvo en vela hasta que terminé
el libro-bolol.


9 de octubre de 1994


Raúl Herrero

 

(Este poema en homenaje a Tristan Tzara cerraba el poemario Bolol (y ningún otro poema), 1º Edic 1994, 2ª edic, 1998. Posteriormente se incluyó en mi antología El mayor evento (1989-2000), con prólogo de Luce Moreau-Arrabal y dibujos de María Luisa Madrilley.)

Poema de Miguel de Unamuno para la Antología de poesía mística española de A.F. Molina

20080922092219-2087855355-cd0c0b060c.jpg

Ester Fernández me remite el siguiente poema de Miguel de Unamuno. Entre los archivos de su padre, Antonio Fernández Molina, apareció este documento con vistas a la Antología de poesía mística española. En una primera instancia el autor seleccionó este poema que luego, o bien decidió no incluir, o no entregó para la versión definitiva. En cualquier caso lo reproducimos a continuación. Nuestro agradecimiento a la familia de Fernández Molina por brindarnos este nuevo dato.

A MI ANGEL


Cúbreme con tus alas, ángel mío,
haciendo de ellas nube que no pasa;
tú proteges la mente a la que abrasa
la cara del Señor, mientras el río

del destino bajamos. Pues confío
que cuando vuelva a la paterna casa,
contemplar pueda a todo mi albedrío.

Mira, ángel mío, que la vida es corta
aunque muy trabajosa su carrera
y en ella no puede ir el alma absorta

de su Dios. Así espero a que me muera
para velo, pues única soporta
la muerte a la verdad nuda y entera.

La máquina de escribir (cortometraje sobre un poema de Antonio Fernández Molina)

(Algunos lo habíamos visualizado ocultos en graneros y en el paisaje urbano, otros hablaban de su existencia como si se tratara de un eclipse, los descreídos aseguraban que no existía… Ahora para unos y otros, sobre todo para mis impávidos lectores, el cortometraje basado en el poema La máquina de escribir de Antonio Fernández Molina. Que lo disfruten bien.)

Poema de Mariano Meneses

20080917195016-getting-better.jpg

En un tiempo
imaginé caminar por las nubes
y me senté a merendar con los hombres.
Las mariposas
venían hasta mí
y volvían al árbol.
Era una vida rica.
El tiempo se ha encargado
de hacerme comprender
que él pasa y pasamos nosotros.
No sé si eso es mejor,
peor, igual o indiferente.

Mariano Meneses, La arena del sendero, Editorial Heliodoro, Madrid, 1986.

Herman Melville escribe sobre Perseo, Hércules y otros balleneros míticos

20080912181111-ballena-y-cachalote.jpg


El valiente Perseo, un hijo de Júpiter, fue el primer ballenero, y ha de decirse para eterno honor de nuestra profesión, que la primera ballena atacada por nuestra cofradía no fue muerta con ninguna intención sórdida. Aquéllos eran los días caballerescos de nuestra profesión, cuando sólo tomábamos las armas para socorrer a los que estaban en apuros, y no para llenar las alcuzas de los hombres. Todos saben de la hermosa historia de Perseo y Andrómeda; cómo la deliciosa Andrómeda, hija de un rey, fue atada a una roca en la costa, y cuando el Leviatán se disponía a llevársela, Perseo, el príncipe de los balleneros, avanzando intrépidamente, arponeó al monstruo, libró a la doncella y se casó con ella. Fue una admirable gesta artística, raramente lograda por los mejores arponeros en nuestros días, ya que este Leviatán quedó muerto al primer arponazo. (…) Afín a la aventura de Perseo y Andrómeda —incluso, algunos suponen que deriva indirectamente de ella— es la famosa historia de San Jorge y el dragón, el cual dragón yo sostengo que fue una ballena y los dragones se entremezclaban extrañamente, y a menudo se sustituían unos a otros. "Eres como un león de las aguas, y como un dragón del mar", dice Ezequiel, en lo cual alude claramente a una ballena; en realidad algunas versiones de la Biblia usan esa misma palabra. Además, menguaría mucho la gloria de la gesta que San Jorge sólo hubiera afrontado a un reptil de los que se arrastran por la tierra, en vez de entablar batalla con el gran monstruo de las profundidades. Cualquier hombre puede matar a una serpiente, pero sólo un Perseo, un San Jorge o un Coffin tienen bastantes agallas como para avanzar valientemente contra una ballena.(…)

Mucho tiempo he estado dudando si admitir o no a Hércules entre nosotros, pues aunque, según las mitologías griegas, aquel Crockett y Kit Carson de la antigüedad, aquel robusto realizador de excelentes gestas entusiasmadoras, fue tragado y vomitado por una ballena, con todo, podría discutirse si eso, estrictamente, le hace ser ballenero. Por ninguna parte consta que jamás arponeara a tal pez, a no ser, claro está, desde dentro. Con todo, puede considerársele como una suerte de ballenero involuntario; en cualquier caso, la ballena le cazó a él, si no él a la ballena. Le reclamo para nuestro clan.

Pero, según las mejores autoridades contradictorias, esa historia griega de Hércules y la ballena ha de considerarse derivada de la aún más antigua historia hebrea de Jonás y la ballena, o vicecersa: ciertamente , son muy semejantes. Entonces, si reclamo al semidiós, ¿por qué no al profeta?

Y tampoco los héroes, santos, semidioses y profetas son los únicos en componer toda la lista de nuestra orden. Nuestro gran maestro todavía no ha sido nombrado, pues nosotros, como los solemnes reyes de antaño, encontramos nuestro manantial nada menos que en los mismísimos grandes dioses. Ahora ha de repetirse aquí aquella maravillosa historia oriental del Shastra, que nos presenta al temible Visnú, una de las tres personas que hay en la divinidad de los hindúes, y nos da al propio divino Visnú como señor nuestro; a Visnú, que, con la primera de sus diez encarnaciones terranales, ha dejado aparte y santificado para siempre a la ballena. Cuando Brahma, o el dios de los dioses, dice el Shastra, decidió volver a crear el mundo después de una de sus disoluciones periódicas, dio nacimiento a Visnú, para presidir el trabajo; pero los Vedas, o libros místicos, cuya lectura parecería haber sido indispensable a Visnú antes de empezar la creación, y que, por tanto, debían contener algo en forma de sugerencias prácticas para jóvenes arquitectos, eso Vedas, digo, yacían en el fondo de las aguas, de modo que Visnú, encarnándose en una ballena se zambulló a lasl últimas profundidades y salvó los sagrados volúmenes. ¿No fue entonces un ballenero ese Visnú, del mismo modo que un hombre que va a caballo se llama caballero?

¡Perseo, San Jorge, Hércules, Jonás y Visnú!, ¡vaya lista que tenemos! ¿Qué club, sino el de los balleneros, puede encabezarse de modo semejante?

 

(Fragmento del capítulo LXXXII de la novela Moby Dick (Traducción de José María Valverde, Booket, Barcelona, 2003).

Mujer barbuda (Poema de Richard Outram)*

20080720134603-barbara.jpg

De hecho soy del público una esclava;

cómo me gustaría ser indisciplinada

y empezar la mañana con una afeitada;


pero no me atrevo. Cada día me levanto

para mirarme al espejo con los ojos gachos

y, aunque me repugne, atusarme el mostacho


y acicalarme completa, obedientemente,

rizando las patillas untadas con aceite

antes de salir a enfrentarme con la gente.


Soporto el día entero los crueles azotes

de mil bromas soeces, insultos y sarcasmos;

yo leo los labios sin que nada se me note.


Se dice que no hay en el infierno alojada

furia semejante a la de la mujer despreciada:

sabrá Dios por qué yo estoy de este modo adornada.


Incluso al Todopoderoso le será peliagudo

encontrar entre los humanos aunque sólo sea uno

que me ame a pesar de mi semblante peludo.


Mas cuando el mundo y el tiempo hayan pasado,

vendréis todos frente a mí, sentada a Su lado,

radiante Novia Suya con el rostro barbado.



* (Poema extraído del libro En el bosque del espejo de Albergo Manguel (Alianza Editorial, Madrid, 2001)

In memoriam Bernard Leonard par F.Arrabal

20080701080208-bagelaar-zelfportret-1801.jpg

Salut l’artiste!



Je me souviens comme tu étais fusionnant amour et amitié.

Je me souviens comme tu étais incendiant oublis et naufrages.

Je me souviens comme tu étais polissant topazes et regards.

Je me souviens comme tu étais alliant signes et signaux.

Je me souviens comme tu étais recherchant exils et retours.

Je me souviens comme tu étais accordant questions et réponses.

Je me souviens comme tu étais transformant l’éternité et ses instants.

Je me souviens comme tu étais cherchant la pierre et le feu.

Je me souviens comme tu étais chantant avec souffle et modulation.

Je me souviens comme tu étais fleurissant l’arbre et la vie.

Je me souviens comme tu étais sortant sur ta terrasse et tes étoiles.

Je me souviens comme tu étais atteignant astres et astérisques.

Je me souviens comme tu étais tatouant ta main et ta joue.

Je me souviens comme tu étais déchiffrant le fil et le secret.

Je me souviens comme tu étais rêvant sans chimère ni utopie.

Je me souviens comme tu étais visitant l’or et le pavillon.

Je me souviens comme tu étais blessé par dédains et déluges.

Je me souviens comme tu étais protégé sous les jupes du ciel.

Je me souviens comme tu étais décidé parmi les mythes et comètes.

Je me souviens comme tu étais forgeant esprit et fantaisie.

Je me souviens comme tu étais interrogeant absence et perversité.

Je me souviens comme tu étais glissant harmonieux et différent.

Je me souviens comme tu étais argumentant par forêts et labyrinthes.

Je me souviens comme tu étais enrichissant lisières et chevelures.

Je me souviens comme tu étais transmettant essence et existence.

Je me souviens comme tu étais multipliant vagues et traces.

Je me souviens comme tu étais armé de mousse et de gloires.

Je me souviens comme tu étais affrontant périls et pelages.

Je me souviens comme tu étais pénétrant mes doutes avec ta dune.

Je me souviens comme tu étais embrassant des espoirs sans épines.

Je me souviens comme tu étais brisant grilles et intransigeances.

Je me souviens comme tu étais chechant l’ineffable dans le miroir.

Je me souviens comme tu étais soupirant chrysalide et papillon.

Je me souviens comme tu étais piaffant sur le coursier du Paradis.

Tu arrives à la falaise

et à moi

vague après vague

dans tous les siècles des siècles.

Salut l’artiste!

Arrabal, Paris



Lu superbement par l’acteur J. Barbouth le 30-VI-08 au Colombarium du Père
Lachaise.

 

(Agradecemos a Fernando Arrabal que nos permita reproducir este poema inédito dedicado a su amigo Bernard Leonard.)

Soneto de Antonio Fernández Molina

20080626204512-001.jpg

Los enanos caminan por la acera,
tienen la dentadura cual su hermano.
El pan de su cabeza es un piano
sin patas, sin troquel, sin tapadera.


Era en tiempos la vida como era
y es cual barbecho. Canta cada enano
con un bizcocho entre la diestra mano
y el corazón de carne y no madera.


Escupen hacia el árbol del paseo
y hacia el escaparate del modista
como a quien eso ni le importa un pito.


Los enanos se suben al trineo,
enfilan muy veloces por la pista
y me arrojan al rostro un huevo frito.

(Del libro Sonetos crudos, editorial Heliodoro, Madrid, 1985.)

 

ORDENAR (Poema de Iván Humanes Bespín)

20080611102842-20105737.jpg

 

(En la fotografía superior Signe Toly Anderson, cantante del grupo Jefferson Airplane)

Mi admirado Iván Humanes, poeta y escritor y merodeador de curiosidades y otras categorías de la naturaleza se ha tomado la molestia de imbricarme a este poema en su vibrante blog: http://ivanhumanes.blogspot.com/

 

(A Raúl Herrero)


siempre visitaron el mismo río revuelto y eran dos amigos (opuestos) y lanzaban idénticas piedras y suponerle a ella acercándose al agua y ella enredarse hasta el oscurecer en el lugar más peligroso del Aurach, luego los dos se marcharon a casa y el camino se dividía en el claro (abajo y arriba) y uno yendo arriba y otro optando por abajo y siempre en sus pasos ella (otra vez ella) y el río que es peligro y el eyacular en un cuerpo que aspiraba desde su inicio a crisálida, y más tarde la búsqueda de ese (u otro) cuerpo: batida al amanecer y por siempre ella ausente / perenne, o como se dice en argot popular: fantasma.

Reflexiones de Antonio Fernández Molina sobre el arte

20080527161522-lsd23.jpg

(A continuación traslado el texto de Antonio Fernández Molina que utilicé como preámbulo al homenaje que se le realizó en Alagón. En mi opinión transmite con esencial fidelidad la visión del poeta sobre el concepto artístico.)

 

El contacto con la obra de arte y con sus creadores brinda motivos de reflexión sobre su realidad y circunstancias. Así resalta el hecho de la amplia diversidad de soluciones artísticas cuanto de caracteres diferentes capacitados para cultivarlos.
La variedad se amplía con el mayor conocimiento. Ello viene a ponernos en la sospecha, que prácticamente es certeza, de que el artista como tipo no existe de una manera definida. Se puede serlo desde cualquier posibilidad o circunstancia.

Y, dando un paso más allá, en definitiva el hecho de llegar a serlo es casi únicamente consecuencia de una decisión personal, puesto que en definitiva el hombre es esencialmente artista. Ser artista es una manera de ser hombre acorde con otras muchas, acaso con todas las maneras de serlo.

Mas si hombre y artista son conceptos prácticamente identificables y artista se es en la variedad de las posibilidades de ser hombre, también acontece que en esta variedad, en sus múltiples y nunca agotadas posibilidades, se es de muy diversas maneras y con muy variada calidad y altura.
Está conforme con que la de artista sea una realidad acorde con la personal decisión, el hecho de la existencia de fenómenos tan elocuentes como el cultivo del arte popular en algunas familias, clanes o habitantes de determinadas regiones, el que artísticos vengan a ser los productos utilizados en la vida –trajes, armas, utensilios, viviendas, objetos de culto, adornos, etc– de los pueblos salvajes o primitivos, o prehistóricos, y la existencia de los artistas naïf que surgen un día, a cualquier edad, cuando por un impulso interior, a veces motivado por un cambio brusco en la vida, –enfermedad, jubilación, etc– deciden practicar el arte por sí mismos, sin supeditarse a ningún tipo de imposición –como la de recibir ajena enseñanza o seguir alguna moda plástica del momento– y se lanzan a la expresión personal de su propio mundo. Por otra parte es bien cierto, aunque en ello no se repare, que el arte cuenta en la vida de los hombres mucho más de lo que habitualmente se piensa. Pero normalmente se acepta como arte sólo algunos de sus aspectos, importantes sin duda, pero no únicos, ni de un mayor valor frente a los otros. El enumerar las actividades artísticas nos llevaría a enumerar casi todas las artesanas. Las del adorno y aseo personal y del medio en que se vive, etc, etc, etc…

 

Antonio Fernández Molina

De su libro sobre el escultor Juan Fontecha

La catedral (Poema de José Verón Gormaz)

20080517122558-catedral-leon.jpg

(El pasado día 9 de mayo, tras la ceremonia-recital en Calatayud, el poeta José Verón Gormaz, tuvo a bien regalarme su libro En las orillas del cielo, del que transcribo el siguiente poema. En la imagen superior fotografia de la catedral de León.)

La catedral

Un anhelo de límites invadió las ciudades.

Las plegarias brotaron entre luces y sombras

para buscar la fe de los vientos lejanos.

La humana soledad

encerró al infinito en altos muros.


(En las orillas del cielo, Tropo editores, Zaragoza, 2007)

 

Un poema sobre ajedrez de Martín Marcos

20080507200241-cartel-escaparate.jpg


(Durante nuestro encuentro en Soria el poeta Martín Marcos me ofreció un cuaderno con poemas sobre ajedrez. En él se glosa la historia de los ajedrecistas y de sus aperturas. Como muestra incluyo uno de los sonetos del libro.)

La Siempre Viva

"El verdadero ajedrez radica en la combinación"
Andersen


Que no te preocupaba la salida:
Blancas o negras, peras o melones.
Mi arte radica en las combinaciones,
Una Venus pletórica y pulida.

Para hacer la sinfónica partida
Andersen improvisa variaciones
Su espíritu impregnado de canciones
Le deja satisfecho en esta vida.

Sacrifica dos torres y la reina
Es normal, ni siquiera se despeina
Su posición pronto será un volcán.

¡Sencillo, muy sencillo, todo encaja!
¡Pronto su rey se dormirá en la caja!
¡Pronto mi rey se creerá un Titán!

(La ilustración superior es una fotografía de María José Benedí tomada previamente al recital en Soria.)

Un breve cuento de Tevie el Lechero

20080422180813-chivo2.jpg

Recordé el cuento del carrero que yendo un día por el bosque, solo en su carro, vio de pronto tirada en el camino una bolsa de avena. Ni corto ni perezoso el hombre bajó del carro, alzó la bolsa y haciendo un gran esfuerzo se la echó al hombro; consiguió luego a duras penas cargarla en el carro, y siguió viaje. Después de recorrer más o menos un kilómetro, quiso echar un vistazo a la bolsa de avena; resultó que no era bolsa ni avena: en el carro había una chiva con toda la barba. Y cuando la quiso tocar, la chiva le sacó la lengua, una lengua de un metro de larga, lanzó una risotada salvaje y se hizo humo…

 

(Extracto de Tevie El Lechero, Schólem Aléijem, Riopiedras, Barcelona, 2004. Traducción del yidis por Bernardo Kolesnicoff y Mario Calés.)

Dos sonetos en memoria de Bobby Fischer por Martín Marcos

20080206210805-fischer-ajedrez.jpg

(Mi amigo el poeta, sonetista y hombre orquesta de caminos y veredas me remite estos dos sonetos en recuerdo del recientemente fallecido Bobby Fischer al que tanto admiramos.)

Bobby Fischer


La lógica implacable se evade
cuando pasa un poema y se desborda
si el espíritu se aleja de la horda
indómito y voraz tal una náyade.

fue tan incomprendido como Sade:
Terco, individual, cual mula torda;
A su llamada fue la vida sorda
por su exquisito transcurrir de jade.

Su vida se define en un tablero
hiperbólico, magistral, ardiente,
allí no tiene sitio el embustero.

Nunca un solo ha llegado a tanta gente
y a dejar las cabezas sin sombrero:
¡ Viva siempre el sobrio sin par ausente !
20-1-2008

HOMENAJE A BOBBY FISCHER

Sabio, preciso, abstraído en la jugada,
el tiempo se detiene en el tablero;
Tú reina, tú caballo, tú el obrero
que aceptaste la vida sosegada.

Ojos abiertos,absorta la mirada,
excesivo ademán de caballero,
si digo la verdad sobra el dinero
que todo el existir se queda en nada.

Una mano apacible lentamente
se dirige a la pieza color mate.
Y una vez apoyada dice : ¡Jaque!

y otro rostro sumido en el escaque
descubre con pavor que no le miente
la voz, y que además de jaque es mate.
21-1-2008

Suite diario de Nosferatu (Aguafuertes)

20071109100143-nosferatu-isabelle.jpg

 

(Redacté el siguiente grupo de poemas allá por el año 2001. Se incluyeron en el poema inédito El silencio en llamas (2002), bajo el apelativo Interludio -Suite diario de Nosferatu-. Hasta ahora no habían sido accesibles a los lectores.)

 

Para Iván Humanes, que sospecho se deleitará con tales viandas.

 

Preludio

El rostro parece amasado con escayola

o acicalado con talco.

Nosferatu hunde los colmillos

en el blanco busto de la paloma:

dos sílabas o golpes de sangre

resbalan por las alas

y se derraman en la tierra.

En la mansión revolotea humo

que, una vez en el firmamento,

se convierte en otra ave.

Nosferatu, que es cabalista,

yergue la mirada para fulminar

al pájaro con su cautivo reflejo.

I

Duermo en la bañera lechosa

rebosante de sangre cuajada.

A veces me desvisto en medio

de la nocturnidad,

me lanzo a través del espejo,

que me expele transformado en

gárgola, en éter, en la forma

de ninguna forma.

 

II

Al escudriñar mi sombra

en el agua estancada,

mi rostro enmudece

y paso varios días ciego

en busca de mi identidad perdida.

III

El castillo amanece a diario

con nuevas grietas en la piel.

El viento recorre las profundas galerías

como una incorpórea serpiente interminable.

Entonces me envuelvo en mi paño,

me arrincono con la cabeza hundida

entre las rodillas, tirito de frío.

IV

La muerte imposible

me duerme lentamente con la punzada de la espina.

La busco

entre las bestias, los cazadores, los extraños.

La eternidad me acosa

con su caballo furibundo y muerto.

Apenas me sobrevive

mi propio espectro cambiante,

dueño de mis vestidos,

fantasma de mi carne,

testa con tez de terrera.


V

Mi alma rebosante de sarcófagos,

mi alma disecada,

mis genitales de caballo persa tiznados,

mis dientes ahora de confitura,

mis pies hoy de estiércol,

mis ojos…

Prefiero renunciar,

que los insectos se alimenten de mi cuerpo.

VI

Cuando los picotazos en la cabeza

se tornan insoportables,

me someto a incisiones profundas

en los brazos o en los muslos.

La tensión desaparece gradualmente,

acompañada por el lentísimo fluir

de unas larvas púrpuras que, como la sangre,

se deslizan fuera de las heridas.

VII

Los días se amontonan uno sobre otro

con el perfume de adormidera de los fardos míseros.

Y me mantengo viejo.

Decrépito, aunque azulado.

Por las noches enciendo el fuego blanco;

en los espejos

contemplo las ruinas

que me apresan como si les perteneciera.

 

VIII

Arrodillado junto a la orilla

me asomo al interior del agua,

veo en la corriente mi residencia.

Con ojos invisibles descubro

que mi cabeza, arrastrada por el río,

se dirige a la mar.

Poema inédito

20070713110223-india.jpg

 

(Al impávido y marsupial lector le propongo este poema inédito escrito en torno al año 2003 ó 2004)

 

 

Tus caderas de parturienta lasciva

con las formas de la cúpula de San Pedro;

tu cordón umbilical como la leche azul

de las vacas sagradas,

como el cenotafio de la quietud azulada.

Las agrestes grietas

por las que el infierno se deja entrever…

Las palabras secretas escritas en tu frente con limo,

el puente colgante de los martirios permanentes .

Los muslos como el altar donde se celebra

la Comunión en santa sangre y en santa aurora:

la luz depositada en el iris

por los estambres de la divinidad.

Las copas de los árboles esquinados

como caderas, muslos

y la cúpula de San Pedro.

Y la distancia que media entre las manos cortadas

como el tiempo que se estira en la corriente de aire,

como la materia que no pertenece al tiempo.

En el ombligo

la espiral que adormece las horas

y la distancia.

En tu voz,

el silencio en llamas de Dios.


 

Invocación a la musa

20070402184530-musa.jpg

 

( A mis amados e impávidos lectores les ofrezco para sus santas vacaciones este poema inédito que pertenece a un libro, también inédito, que espero vea la luz a lo largo del presente año. En la imagen superior una musa.)

 

¡Líbrame, oh Musa, de los cantos envanecidos,

del fango y lo aparente,

de los cantos expirados en palabra ignífuga!

¡Líbrame, oh Musa, sobre todo, de los poetas

que esgrimen versos para el olvido

con la ira de un matarife!

¡Aléjame, oh Musa, sobre todo, de los poetas

que ignoran la inmanencia,

de aquellos que señalan la realidad

para referirse a la putridez!

¡Líbrame, oh Musa, de la lluvia curtida

en el seno de púgiles y liturgistas!

¡Líbrame, oh Musa, de la letra plomiza,

honrada por reptante y trepadora en los certámenes!

¡Líbrame, oh Musa, de los poetas

que confunden las carencias de su canto

con la austeridad y el agreste ritmo de lo cotidiano!

¡Líbrame, oh Musa, de la ciencia poética

de “escribidores” y “versificadores”

que siendo vacas mansas y moscardones

se pretenden animales sagrados!

¡Líbrame, oh Musa, en definitiva, de las divisas

tras las que se ocultan corderos sin carne ni sangre!

¡Aléjame, oh Musa, de los que mojan su herida en el futuro

en lugar de presentir el presente siempre presente!

¡Aléjame, oh Musa, del réprobo

de la mediocridad y de su eco vanidoso!

¡Líbrame, oh Musa, de los vates

que confunden el mérito equinoccial

con la sabiduría y el talento!

¡Líbrame, oh Musa, de los iracundos,

de los cadáveres puristas

que se aferran a la carne hasta desgarrarla!

¡Líbrame, oh Musa, de los libertadores

y cronistas, de los conversadores y rimadores

que se piensan poetas!

¡Líbrame, oh Musa, de la jauría infecunda

acicalada de luto riguroso para la ceremonia de mi ocultación!

¡Aléjame, oh Musa, de los distinguidos

que atribuyen al error la norma

y de los que cauterizan con presunción!

¡Aléjame, oh Musa, de los que no te invocan

por escándalo o ignorancia!

¡Líbrame, oh Musa,

del aliento mojado y extático,

del yodo y sus accidentes,

de la lejanía de ti!

BOSQUE DE KOBERNAUSS (Poema de Ivan Humanes)

20070112085642-ivan-sailboat-9-06.jpg

(Mi amigo Ivan Humanes me remite el siguiente poema como adelanto de su próximo poemario. Lo deposito en estos lares para disfrute de todos. En la imagen superior fotografia de Sheldon Brown en la que se aprecia a su hermano Ivan en la Isla de San Juan en 1906.)

acaso una Región a la vera del camino
que se extiende más allá de cualquier límite por frecuentar
el barro gatea por los árboles a la conquista de copas sagradas

allí
tiempo quieto
piedras y río transcurren
sabedores del fin del tiempo

Kobernauss
olvido del presente
bajo su piel ríos de lava
empujan / comprimen tierra y cielo
ríos son venas vivificantes
no han degenerado sus pastos en fría grieta
aguas traídas con el viento leve

un párpado se abre al bosque
sólo un hombre intuirá su secreto
sólo El Hombre agonizará tras conocerlo.

Embrional (Poema inédito de Alicia Silvestre)

20070104184853-jopan2.gif

"I am the necessary angel of earth,
since in my sight,
you see the earth again"
Wallace Stevens


No todo silencio es triste
no todo frío carece de belleza
ni el blanco equivale siempre a vacío.

Mira la milagrosa hija del invierno,
la nieve.

(Recién llegada a Brasil la poeta Alicia Silvestre me remite este poema para inaugurar el año 2007 en mi página "huevo"-blog.)

ÍTACA REVISITADA (Poema de Alicia Silvestre)

20060828110443-ul-matanza.jpg

(Para disfrute del lector de este blog-huevo incluimos el siguiente poema que, la poeta y amiga, Alicia Silvestre, nos remite desde lejanos lugares indeterminados.)

 

A solas y en la balsa momentánea
de una quietud robada a lo invisible,
trema, arde de incertidumbre
su deseo.
Desciende a la egóica caverna
y lamiendo sus heridas paredes
la fiera está elegante cuando sale
ya limpio el panteón para sus muertos.
Luego viene la luz y barre el polvo
del ayer que se aferra como un vicio
a curvas tentadoras y a la madre.
Pero el placer adquiere varios nombres,
de islas, de sirenas, de invencibles.
Tapóse los oídos, vista al frente,
guerreó contra fantasmas apelantes
y mendigos de atenciones trasnochadas.
Contra la sal del pasado
y sus dulces tristezas
revolvióse.
A ti, Ítaca, te sobrevivió y te tuvo.
Canta ciego como un antiguo bardo:
Tocar a la Verdad, quema en los ojos.

 

 

Te recuerdo como eras (In memoriam de Ruth Reichelberg)*

20060724184243-ruth.jpg

*(Fernando Arrabal me remite por correo electrónico el siguiente poema inédito que publico en mi página para solaz de vertebrados e invertebrados lectores. Libros del Innmobrable publicó recientemente, de la profesora Ruth Reichelberg, el libro Don quijote o la novela de un judío enmascarado. En la fotografía superior Ruth Reichelberg.)

 

Te recuerdo como eras iluminando palabras y oraciones.

Te recuerdo como eras incendiando olvidos y naufragios.

Te recuerdo como eras fusionando amor y caridad.

Te recuedo como eras puliendo topacios y miradas.

Te recuerdo como eras enclavijando señas y señales.

Te recuerdo como eras rastreando destierros y retornos.

Te recuedo como eras sumergida en maestros e infinitos.

Te recuerdo como eras transformando instante y eternidad.

Te recuerdo como eras buscando la piedra y la piedad.

Te recuerdo como eras cantando con voz y con aliento.

Te recuerdo como eras viviendo transfiguraciones y trascendencias.

Te recuerdo como eras floreciendo el árbol y la vida.

Te recuerdo como eras saliendo a tu terraza y tus luceros.

Te recuerdo como eras alcanzando estrellas y fugaces.

Te recuerdo como eras tatuando tu mano y tu mejilla.

Te recuerdo como eras esperando relaciones y revelaciones.

Te recuerdo como eras soñando sin quimera ni utopía.

Te recuerdo como eras visitando el pabellón y el oro.

Te recuerdo como eras acechada por el fuego y la tormenta.

Te recuerdo como eras vulnerada por tormentas y desdenes.

Te recuerdo como eras protegida baja las faldas del cielo.

Te recuerdo como eras decidida a ser "más que yo misma".

Te recuerdo como eras forjando espíritu y pureza.

Te recuerdo como eras interrogando ausencia y perversidad.

Te recuerdo como eras discurriendo armoniosa y diferente.

Te recuerdo como eras argumentando por selvas y laberintos.

Te recuerdo como eras ampliando márgenes y cabelleras.

Te recuerdo como eras transmitiendo existencia y esencia.

Te recuerdo como eras multiplicando huellas y azucenas.

Te recuerdo como eras armada de musgo y esplendores.

Te recuerdo como eras resplandeciendo de certezas e indeterminaciones.

Te recuerdo como eras enfrentando peligros y pelajes.

Te recuerdo como eras cruzando mis dientes con tu paz.

Te recuerdo como eras atravesando mi torrente con tu torre.

Te recuerdo como eras penetrando mis dudas con tu duna.

Te recuerdo como eras abrazando esperanzas desde estrellas.

Te recuerdo como eras rompiendo intransigencia y rejas.

Te recuerdo como eras besando lo inefable en el espejo.

Te recuerdo como eras suspirando crisálida y mariposa.

Te recuerdo como eras piafando en el corcel del Paraíso.



Llegas al acantilado

y a mí

ola tras ola

por los siglos de los siglos.



Fernando Arrabal, París a 24 de julio de 2006

 

 

 

Sobre Don Quijote o la novela de un judío enmascarado:

Don Quijote o la novela de un judío enmascarado

Ruth ReichelbergPrólogo y traducción de María Dolores Espinosa Sansano

ISBN: 84–95399–69–5

Este libro se propone describir la toma de posesión, en el sentido literal del término, de la persona del lector. Querría modestamente —pues el reto depende de la apuesta— dar cuenta de la conmoción progresiva y porfiada, del rapto ejercido casi sin saberlo por una obra semejante sobre su lector.

La primera vez que leí con algún detenimiento el Quijote, mi asombro y mi irritación fueron aumentando al tiempo que progresaba la lectura. Cada vez más perpleja y desorientada por esta serie de aventuras aparentemente absurdas, me pregunté qué había podido originar la repercusión y la universalidad de esta obra.

Sin embargo la seducción fue enorme y operó hasta tal punto que acabé la lectura de la novela totalmente conmovida, habiendo dado un giro de ciento ochenta grados sobre mí misma y sintiéndome por otro lado extrañamente implicada, pero sin llegar a discernir por qué. Decidí a mi vez dar rienda suelta a Rocinante y seguirlo, atenta a los ecos más remotos que sus andanzas a través de las llanuras de Castilla despertaran en mí.

Ruth Reichelberg

 

Arrabalesco

20060711185034-mundo119-gd.jpg

Reproduzco arrabalesco, es decir, definición de Fernando Arrabal aparecida el pasado domingo 9 de julio en el periódico El Mundo.

El amarillo de la bandera: En los edificios públicos [¿y burdeles?], embajadas y consulados [con la excepción -entre otras-, de las que regenta Chencho (Inocencio -Arias-)] el símbolo patrio suele amustiarse con un gris mierdoso. Indiscutiblemente, por ello, el equipo de Francia del Mundial se albergó en el castillo de Munchausen. El Barón, en su día, se drogaba con petulancia. Un día, con blancas, trató de deslumbrar a todos jugando contra un humilde desconocido: 1. e4, d5 ; 2. e5, d4 ; 3. ç3, f6 ; 4. exf6, dxç3 ; 5. fxe7, çxd2+ ; 6. Axd2, Axe7 ; 7. Cf3, Cç6 ; 8. Cç3, Cf6 ; 9. Ce2, Cd7 ; 10. Cfd4, Cçe5.11. Cé6 y de pronto al ver la última jugada del tímido (11... Cd3) el ‘munchausente’ se dio cuenta de que estaba mate. El modesto vencedor se disculpó: “No tiene mérito. No sé jugar al ajedrez. Sólo he repetido con las piezas negras las jugadas que usted hacía con las blancas”. Como en la vida.

Más arrabalescos en http://www.arrabal.org/

Cuarteto en fa mayor

20060330111922-cabeza-parlante.jpg

(Sugerido por el cuarteto en fa mayor, op.135 de Ludwig van Beethoven).



Allegretto

Los juguetes enjaulados alborotan

bajo una iluminación amarillenta.

Estambres de ciudad exacerbados

por el agua de muslos abiertos

a macilenta fuente de pus.

Tierra húmeda se desprende

del ombligo con ojo de alfiler.

Piedras de madera

obstaculizan el paso

de volcanes aceitosos.

En el salón de festejos

se reúnen damas

alrededor de galanes

con punzantes tornillos anillados.

Los cuerpos migratorios en fluctuante

vibración sirven de cenotafio

de sus almas desnudas

con arciprestes llameantes

que inyectan venenosa ponzoña.

La podredumbre, el arrojo,

los terneros de alcohol

electrificados en laberinto

de placer, fugacidad, vacío,

hueco, llaga, desintegración.





Vivace


en los oídos–conchas

resuenan las leyendas viejas

articuladas por embajadores

de explosiones vitalistas

se adormila sentado sobre una vitrina

de roca punzante

el respeto a los dones

que el propio cuerpo produce

en beneficio de los danzantes

en simbiosis con vegetación amatoria

serrana difunta en constante lucha

con las algas de la iniquidad

se acerca con pezuñas de mula

mansa

ningún asalto al cerco enquistado

vino sin la navaja de la pasión

figuras pestilentes que cargan

losas sobre sus almibarados fracasos

ensalzan los beneficios que produce

el descuartizar

un cuerpo indiferente como transporte

para las propias descargas de muerte

no se empuña con fortaleza

un pincel ni un arma ni una letra

con el espíritu saciado de


Lento assai cantante e tranquilo


Como rebaño de lobos amamantado

por un mismo pecho solar

entran los aplastados colores

de las arañas roídas con velas.

Los peldaños rugen fuera de la escalera,

están los flexibles brazos de tilos

recortando la silueta

de los cuervos translúcidos y terrosos.

Vuelven de la contienda

las partes del cuerpo innecesarias:

sapos, corazones, axilas, faisanes.

Aún quedaba por ver

la ululante sonrisa de las bombas

exaltadas entre química de halcones

y rítmicas ballenas de sangre.

La inocente mordacidad

de un pelotón de fusilamiento

con los testigos desplumados,

silenciosos, pensativos,

con boca llena de pulmones

de otras contiendas.

Menos afortunados fueron los mártires,

encerrados en medallas que necesitan

ser frotadas con voracidad.

Las aguas volcadas en vertical

arañan las alas de arbustos

y destruyen la paz de los patos

como caballería lanzada al equilibrio

entre la ventisca doblada.






Der Schwer gefasste Entschluss

(Grave ma non troppo tratto. Allegro).


Al parecer los collares esféricos

se derrumban sobre pechos

como pequeñas calaveras de mármol.

Las medias comprimen muslos

de mariposa como si fueran

hielo picado contra puños de granito.

Y la verdad dentro de la locura

desatada; y los nudos de pan

sobre los embalses de sangre

coagulados en capas tectónicas.

Grita el alabastro,

la vida deja sus disfraces,

aterra a cuantos en ella recorren

los orificios de un lecho

con voluntad atada al frío.

Las paredes respiran con fuerza

el granizo que eclosionó en manos

de caminantes separados

por el cincel oxidado en busca

de ventanillo con temblores helados;

por las ganzúas colgadas en ramas

como jugosos frutos desgastados

por soplido de fuego sigiloso.

Si algo puede salvarme de las cenizas

es el polvo que arrasó las callejuelas

donde habitó la lengua del cisne descarnado.

Salut d´amour.

(El amor y la guerra: la sal de la tierra. Los puntos Cardinales, Coleccion Gran Parnaso, Zaragoza, 1996)

Via Crucis en homenaje a Antonio Fernández Molina

Mi amigo Juan Francisco Nevado ha realizado un comentario acertado sobre esta bitácora. En su disertación recuerda la figura de nuestro amigo Antonio Fernández Molina, al que dediqué el poemario Officium Defunctorum. Me ha parecido oportuno recuperar un pequeño texto que escribí para la revista de Madrid Káskara Marga de José Fernández Arroyo. Éste dedicó el último número de su publicación a la memoria del entonces recientemente fallecido escritor, pintor y, sobre todo, a mi juicio, poeta, Fernández Molina. El título es una referencia a su libro Via Crucis (además de constituir un breve via crucis) y la estructura un homenaje a sus abundantes aforismos, a los que quiso denominar Musgos.

 

Via Crucis

In memoriam Antonio Fernández Molina

 

La vida se alimenta de la vida

A.F.M. Vía Crucis



1.- Jesús condenado a muerte

No hay como la inocencia para la condena.


2.-Jesús toma la cruz sobre sus hombros

¿La culpa es tal cosa o sólo su peso?


3.- Primera caída

Por los empujones violentos te sabrás en el camino adecuado.


4.-Jesús encuentra a su madre

Nuestra mirada puede invocar todo lo que hemos visto.


5.-Simón el Cirineo ayuda a Jesús

La generosidad supera a la ambición en fortaleza.


6.- La Verónica enjuga el rostro de Jesús

De un instante surge lo imperecedero.


7.- Jesús cae por segunda vez

Todo es prescindible salvo la fe y la perseverancia.


8.- Jesús consuela a las mujeres

¿Cómo consolarse sin aceptar la renuncia?


9.-Jesús cae por tercer vez.

Al silenciar una afrenta se la desprecia dos veces.


10.- Jesús despojado de sus vestiduras.

Lo terrible sería que tras la desnudez no hubiera nada.


11.- Jesús clavado en la cruz

Defiende tu identidad, sé diferente, evita toda actividad innecesaria y serás condenado.


12.- Jesús muere en la cruz

Las huellas de las acciones hablan de quien las emprendió.


13.- Desclavan a Jesús y se lo entregan a su madre

Es la eternidad la suma de todas las memorias.


14.- Jesús es sepultado

Orfeo extrae las palabras del otro lado de la muerte.


 

 

 

certificado por
GuiaBlog