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Raúl Herrero

CENA A GOLPE DE TIMBAL CON EL PINTOR PÁNICO FERNANDO S.M. FÉLEZ

CENA A GOLPE DE TIMBAL CON EL PINTOR PÁNICO FERNANDO S.M. FÉLEZ

Pasa por Zaragoza Fernando S.M. Félez , el pintor pánico, con el propósito de ultimar los detalles de su próxima exposición, que se inaugurará el 7 de octubre en la Sala Fortea. Me agrada verle tan optimista y vital como de costumbre. Aunque nació en Zaragoza pronto se trasladó a Barcelona y después a París, donde conoció al grupo Pánico y donde pasó de la abstracción a la pintura figurativa.

Casi siempre que nos encontramos hablamos de Orson Welles, por el que ambos tenemos predilección. Frente a las viandas Félez me hizo el honor inmerecido de pedirme un texto para el catálogo de la muestra, donde también  figurarán Topor y Arrabal. Le confirmo que siento un placer inmensurable de escribir en su catálogo acompañado por dos de mis admirados.

Luego hablamos, como siempre, también, de Dalí, al que conoció con y sin el rostro oculto. Si muchos de los que habitualmente repiten tópicos sobre Dalí escucharan una sola vez  a Félez aprenderían quizá  a dejar de repetir ciertas zafiedades sobre el pintor ampurdanés.

Llega Carmen sofocada pero a tiempo de participar en la cena. Como no podía ser de otra manera la convertimos en el centro de la conversación y tratamos temas de interés general, como las dificultades en la pérdida de la virginidad femenina.

Por supuesto Arrabal se introduce en el debate. Da gusto imaginarse las escenas del joven Arrabal en el París de los años 60, que Félez relata con una tensión y una capacidad magistral.Antón Castro ha publicado en su blog una entrevista que hizo a Félez el año pasado.

Aquello comienza a impregnarse de aroma “pánico”. Estoy a punto de negarme a hablar de cuestiones carnales argumentando que “lo estoy dejando” pero, al final, los postres me distraen.

Félez me pregunta por la familia de Antonio Fernández Molina. La última vez que coincidimos los tres, me confiesa Félez, se quedó preocupado por  la amargura que demostraba Antonio. Le cuento detalles sobre los últimos homenajes que se le han brindado. ¿Por qué no se los hicieron en vida?, me pregunta. No sé que responderle y nos despedimos con un abrazo. La sombra de Antonio  me acecha por las aceras de la nocturnidad. La vida era mucho más divertida con él. Félez antes de  marcharse bromea con la posibilidad de instalarse en Zaragoza. ¡Lo pasaríamos bien!, le digo sonriendo. De mi bolsa, de improviso, surge una figura de Willy Wonka.

  

 En fotografía superior: Arrabal y su cuadro "Alegoría de Stalin, Musolini, Hitler y Franco torturando a la opinión pública"  de Fernando S.M. Félez. Foto de Lis.

Patricia Bargalló, Albarracín, Platón, Arrabal y el teatro de la memoria

Patricia Bargalló,  Albarracín, Platón, Arrabal  y el teatro de la memoria

En el estreno televisivo del programa Borradores,  animado por el escritor y periodista Antón Castro, utilizaron una filmación realizada en Albarracín en la que un servidor recitaba un poema. Antón luego escribió:  Ahí estabas envuelto en el corazón de la piedra de Albarracín. Aquella sugerente imagen me provocó de improviso la siguiente cita de Platón: 

Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver b la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.

 

Nos dicen los estudiosos que Platón, con su caverna y la visión de los hombres encadenados, pretendía realizar  una alegoría del individuo y el conocimiento.

Y claro está, ahí me encontraba como un cavernícola arañando las paredes de un poema y de las casas de Albarracín. Una forma algo quijotesca de enfrentarse a la búsqueda del conocimiento. Claro está todavía hay quien confunde la “gnosis” con la memoria, con aprenderse los ríos, las mesetas de España y el listado telefónico... Pero la memoria es otra cosa. Como repite Arrabal: La imaginación es el arte de combinar los recuerdos. Aquí algunos entonan un ¡ooooh!, otros un ¡aaaaahh!  porque olvidan que los sueños, los deseos, las frustraciones también forman parte de la memoria, sin contar con aquellos instantes que jamás ocurrieron y que nuestra mente archiva como si hubieran sido.

“Pasó lo que recuerdas”, titula Francisco J. Uriz su libro de memorias con gran acierto. Y, ¿por qué no escribir un libro de memorias internas? Se podría titular “Todo lo que recuerdo de mis ochenta años de sueños”. Hay sueños más hermosos que la vida y vidas tan hermosas como los sueños. Los surrealistas originales se pasaron sesenta años intentando que la gente comprendiera esto, pero en su lugar la opinión pública se empeñó en relacionarlos con el absurdo, que asemejarse pero que es otra cosa.

Y ahí me tenían ustedes en Albarracín corpore in sepulto. Elegí aquel  texto porque al situarme frente a la cámara recordé que la actriz Patricia Bargalló me confesó que antes de salir a escena, en el estreno de la obra de Arrabal El Arquitecto y el Emperador de Asiria en Barcelona, leyó aquel poema y le conmovió.

A mí me resulta extraño que alguien se conmueva leyendo un texto mío. Por el contrario la interpretación de Patricia en el Versus Teatre a mí sí logró emocionarme.

La “gnosis” quizá se encuentre más próxima a la conmoción del intelecto que a la memorización (no confundir con memoria).

El enigma insólito de la cabeza parlante (o del cráneo encantado)

El enigma insólito de la cabeza parlante (o del cráneo encantado)

A veces internet posee cierta utilidad. Sin ir más lejos he leído hoy en una página  que se atribuye a Alberto el Grande del siglo XIII la creación de la primera cabeza parlante, a la que se describe como artilugio. Es decir, se supone hubo quien construyó, de carne y hueso o con otros elementos más recios, una cabeza capaz de emitir sonidos, claro está de hablar. Y yo me pregunto si semejante máquina sería capaz de dialogar bajo el agua. ¿El mecanismo emitiría algo semejante a unas gárgaras al activarse en el medio líquido? ¿O más bien el sonido de los labios pasados por agua se aproximaría al ronroneo de un gato? ¡Qué sibarítico placer supondría bañarse acompañado por tan “tántrico” sonido!  Aunque también es posible que la cabeza se ahogara y nos “aguara” la fiesta.

Todo el mundo ahora, tras las líneas previas,  también yo, recuerda la famosa aventura de Don Quijote y la cabeza encantada  en el capítulo LXII de la Segunda Parte. Según Ruth Reichelberg, autora del libro Don Quijote o la novela de un judío enmascarado (Libros del Innombrable, 2006): la aventura de la cabeza parlante en Barcelona ilustra el  versículo: “tienen ojos y no ven”.

 

Según parece varios personajes, anónimos casi siempre, se han dedicado al menester de la fabricación de cabezas parlanchinas, en el mejor de los casos destinadas a ese canto a “otra realidad” que suponen las ferias. Otra cosa es el asunto de la calavera oradora puesto que aquí se nos viene encima  la idea de la muerte. En el caso de las testas de carne, además del hueso, nos quedaba la esperanza de que hubieran nacido así de cristiano viejo, frente a un esqueleto esa posibilidad se disipa. Ese divertimento de la calavera me parece apropiado para reuniones en salones de té y en festivales regionales. Algunas señoritas, de buen corazón, incluso permitirían al esqueleto que diera un mordisco a su pasta  de té. Pensándolo bien, ¡qué envidiables los cráneos de los salones de té! De las calaveras de los caballos no tengo tan buen concepto. Suelen ser caprichosas y molestas.

 

En cualquier caso este asunto no es para tanto. Casi a diario me topo con cabezas que cantan, gritan y se contonean. Si bien es cierto que suelen acompañarse del resto del cuerpo, su griterío resulta tan abrumador que a uno le cuesta pensar en otra cosa que no sea esa parte superior donde ronda el cráneo. Miguel Labordeta  escribió un poema donde decía, al contemplar la marea de espectadores de un campo de fútbol: ”bonita cosecha de calaveras”. La cita no es literal porque no tengo la paciencia suficiente para buscar el poema, pero venía a situarse en esos términos.

A mí me parece más inquietante esa recolección de cabezas con cuerpo capaces de gritar y envalentonarse de emoción porque un grupo de personas, con las que parecen haber entrado en profunda intimidad,  ha triunfado en una competición deportiva. ¿Se sentirán igual de satisfechos con las conquistas propias?

Por el contrario todo el mundo sabe que una cabeza encantada paladea sus comentarios, suele intervenir para enunciar profecías o citas de hondo calado y suele abstenerse de  frecuentar espectáculos frívolos, con la única excepción del circo. ¡Aunque también hay que ser burro para considerar el circo un espectáculo frívolo! Pero de eso hablaremos otro día.

Encuentros siderales

Encuentros siderales

Con frecuencia aparecen libros en mis sueños. En ocasiones se asemejan a  nenúfares iridiscentes, cajas de cartón, calcetines y otras cosas. A veces  adquieren incluso la forma de un libro. Dentro de esta última categoría puedo dividirlos por  tamaños (diminutos, medianos y enormes como panteras),  colores (rojos, color albaricoque, color azul mosca e invisibles) y también por el contenido (cuentos, teatro, conjuros, poesía, técnicos sobre ciencias imposibles y sobre la doma del escorpión). Una vez leí en sueños un libro en cuya portada rezaba  Así cuece a un hombre. El grupo de relatos en el que entonces trabajaba se publicó bajo semejante título, para desesperación de no sé qué crítico. Claro está, el libro de mi sueño era muy superior al que luego apareció con mi nombre.Sea por agotamiento o por pereza el caso es que me he pasado el fin de semana durmiendo y, en concreto, soñando con una sorprendente reunión de apasionados lectores en la localidad turolense de Albarracín. Todavía no entiendo cómo mi  impenitente inconsciente atávico me ha llevado hasta un lugar que nunca había visitado. Durante una parte de la ensoñación me he descubierto hablando sobre poesía y otros enseres frente a unos rostros atentos y, de cuando en cuando, sonrientes. No sé cómo pasaba de golpe al grupo de los espectadores y presenciaba la aparición mágica de millones de  libros en el que un feto hablaba por boca de Daniel Gascón como jamás ningún otro feto lo había hecho antes. Aquellos ejemplares se retorcían como serpientes cuadradas, otros parecían ascender a los cielos como la escalera de Jacob, aunque los que tenían forma de acordeón superaban a los demás en número.De pronto me encontraba frente a  Silvia Meucci (responsable de la Editorial Siruela) y Jaume Vallcorba (responsable de la editorial El Acantilado). Ambos hablaban  desplegando entusiasmo, pasión y amor por los libros, por la letra impresa y por el olor a nuevo  (con independencia de la fecha de nacimiento del autor) de las buenas publicaciones recién paridas. Resulta curioso que sueñe con personas a las que no conozco. Pero todavía me desconcierta  más la sensación de familiaridad que desde entonces me provocan sus nombres.En un momento de la ensoñación se produjo un misterioso interludio. El entorno se tornó nebuloso y los personajes que me rodeaban adquirían cierto aroma  de nocturnidad. Entonces ocurrió la experiencia más extraña. Una hermosa muchacha aparecía de la nada y me hablaba de perseguir a Milan Kundera por una plaza de París. Ella aseguraba que lo acechaba, como un cazador despreocupado y delirante, tarde tras tarde. La historia me inquietó. Hasta aquel momento me creía dentro de la realidad, pero semejante parlamento me  indujo a pensar que soñaba. Justo entonces surgió Rada, traductora de búlgaro, el diseñador Fernando Lasheras, el editor de MenosCuarto José Ángel Zapatero, Marta, traductora húngara, Malcolm Otero, nieto de Carlos Barral, el siempre afable Pepito, librero de Antígona, seguido por el periodista y escritor Antón Castro... Mientras aquella joven me hablaba de un teatro imposible, un teatro de la memoria, un teatro lindante con la eternidad. En efecto aquello tenía que ser  un sueño. Entonces alguien abrió de par en par, como una ventana que bostezara en el centro del pecho de un gigante, un enorme libro del que saltaron Félix y Eva, propietarios de la librería Los portadores de sueños...  y de golpe y  porrazo abrí los ojos en el salón de mi casa.

(Los VII encuentros de Albarracín han tenido lugar del 11 al 14 de mayo del 2006 en la Fundación Santa María dirigidos por Antón Castro.)

Noche serrana con El Arquitecto y el Emperador de Asiria

Noche serrana con El Arquitecto y el Emperador de Asiria

Rivela “El trotamundos”, Martín “El pescador de leños y sonetos”, el moral Carlos “Divino Marqués de Sade”, Carmen “La fotógrafa”, Ángel Alonso “El teatro ambulante”, Fernando Arrabal “Luz de luz” y yo mismo nos plantamos, sin raíces y con los ojos desclavados, el pasado 19 de abril en el Versus Teatre de Barcelona.
A las 22:15 horas se encendió la oscuridad y comenzó el ritual de El Arquitecto y el Emperador de Asiria, la obra teatral escrita por Arrabal hace medio siglo y publicada por primera vez en 1967.

Sonó la voz del Arquitecto: –¡Fi, fi,fi, figa…! Se iluminó el cuerpo de Joan Frank Charansonnet, el actor que interpreta al Arquitecto, sobre un columpio realiza contorsiones imposible. Entra después El Emperador, personaje encarando por primera vez por una mujer. La actriz y bailarina Patricia Bargalló aporta una enigmática luz a la escena que,
acompañada por el clavicémbalo de Eva del Campo y una de las variaciones Goldberg de Bach, entra en conflicto con un los acertados matices que Joan F. aporta al Arquitecto.
La obra se transforma en un combate cuerpo a cuerpo entre ambos actores, entre ambos personajes que se persiguen y se reencuentran como todos los elementos opuestos pero complementarios.
Patricia, a cuatro extremidades, simula ser el elefante de Brahma y el público sonríe.

Durante las entrevistas previas a la representación Arrabal recordó el estreno de esta obra interpretada por Sir Laurence Olivier. Rememoró a los directores teatrales que han montado sus obras durante medio siglo, ¿qué sería de ellos sin mí? A lo que el director Angel Alonso repuso, ¿que sería de ellos sin tu obra? Y añadió: Arrabal es el maestro de la metáfora en la escena.

El Arquitecto y El Emperador adoptan diversas personalidades a lo largo de la obra. Semejante complicación la resuelven ambos actores con acierto. Joan y Patricia relumbran con intensidad en una escenografía preparada por Quico Estivill.
En una escena turbadora Patricia Bargalló canturrea su texto amparada por una tonada infantil. Contemplaba aquel espectáculo sobrecogido, con las sienes presionadas por aquella belleza terrible.

Durante los trayectos de entrevista a entrevista viceversa Arrabal preguntaba por el congreso que Salvador Dalí organizó con los investigadores más importantes del momento en su museo de Figueres en los años 80. También buscaba la obra completa de
Dalí, que se viene publicando, a un ritmo de dos tomos al año, desde el centenario del 2004. “Para mí ahora es más fundamental que la enciclopedia Espasa”, repuso.
Arrabal se paseaba por la ruedas de prensa, por los carros de combate de los periódicos, con el gato vivo y muerto de Schrödinger, la indeterminación, el agua pasada de su Carta a Franco, sus recuerdos sobre El Arquitecto…” Aproximadamente cada tres meses me invitan a alguna parte del mundo para asistir a un estreno de El Arquitecto y el Emperador de Asiria”, refirió Arrabal.

Alaïn Chipot con su traje de astronauta “pánico” ocupaba el centro de la escena. Los aplausos atronaron. Arrabal se mostraba emocionado y satisfecho con el resultado final. Mi mente estaba maravillada. Para celebrarlo el diligente Chema Aldavert nos sirvió unas gotas de extracto de absenta diluidas en agua y azúcar.

Angel Alonso, durante la deliciosa cena que tuvo la gentileza de brindarnos, aseguró: “Creo que nada es trascendente”. A lo que Arrabal replicó: “Para mí todo es trascendente”. Entonces, por un instante, me creí frente al Arquitecto y el Emperador de Asiria.

(La obra de El Arquitecto y El Emperador de Asiria puede verse en el Versus Teatre de Barcelona en C/ Castillejos, 179 hasta el 28 de mayo. www.versusteatre.com

En el corazón de la Mancha

En el corazón de la Mancha

En la entrada de Alcázar de San Juan aparece la leyenda: ”Bienvenidos al corazón de la Mancha”. En esta localidad el vecino y estudioso de El Quijote  Ángel Ligero situó la mayoría de los episodios de la novela de Miguel de Cervantes. Por su emplazamiento fue un importante nudo ferroviario a camino entre Madrid y Barcelona. Así entre Cervantes, Don Quijote y el ferrocarril  se encuentra repartido el carácter de sus habitantes.

Nuestra nueva visita venía respaldada por la querencia por el poeta y pintor Antonio Fernández Molina. En su localidad natal se disponían a nombrarle hijo predilecto, a dedicarle una calle y a inaugurar una exposición con obra plástica, selección bibliográfica, dibujos y otros artefactos del universo “moliniano”.

Una cohorte formada por las hijas del poeta Teresa, Ester,  Isabel, Susana, el infatigable viajero y ferroviario Javier, la hermana de Molina Mari Carmen  y yo mismo, nos presentamos en cuerpo y alma en la sala de plenos del ayuntamiento. En conversación previa Fernando Sánchez, alcalde de la plaza, hizo referencia a la partida de bautismo de Miguel de Saavedra Cervantes (la inversión del apellido Azorín la atribuyó al origen portugués de la madre de Cervantes y la costumbre portuguesa de situar el apellido materno en primer lugar). “Todos los alcazareños están convencidos de la teoría que sitúa el nacimiento de Cervantes en Alcázar. Aunque lo que no tiene perdida es que se bautizó a un tal Miguel de Cervantes”, afirmó el alcalde.

Posteriormente nos mostraron una reproducción de la cerámica que se situara en la calle destinada a lucir el nombre del poeta. En letras de gran tamaño se ofrecía una prolija explicación, no habitual en la ornamentación urbana, en la que también se citaba a los poetas Fernando Arrabal y Carlos Edmundo de Ory. 

Durante al acto de nombramiento de hijo predilecto se recitaron poemas y relatos breves de la reciente antología de relatos Las huellas del equilibrista y del segundo tomo de su Poesía Completa. José Fernando, agitador cultural presidente del patronato Cultural de Alcázar, además de incondicional de Molina, se mostraba algo inquieto por el catálogo dela exposición. Sin embargo llegó a nuestras manos impoluto con un texto suyo y otro de Ester Fernández, hija del poeta. Nos sorprendió la presencia de obra pictórica no sólo nunca mostrada en público, sino inédita.

Entre la selección de obras destacaba un tríptico compuesto por tres lienzos: un paraíso terrenal, una anunciación y una crucifixión. Todas ellas pertenecen a distintas colecciones particulares,  lo que reduce la posibilidad de verlas reunidas en un futuro.

También resultaba sorprendente la selección de dibujos y un lienzo titulado “El entierro de la sardina” de admirable factura, donde una multitud de rostros se agolpaban en un ambiente rural.

Como preámbulo a la muestra el alcalde introdujo las intervenciones de Ester y de quien esto suscribe.  Se hizo referencia a la capacidad de trabajo de Fernández Molina, su vocación a prueba de las displicencias del mundo, sus apreciaciones rotundas en torno al arte, sus querencias literarias, su trato con personalidades como Camilo José Cela, Fernando Arrabal, Miguel Labordeta, los postistas, el grupo Cobra, Ramón Gómez de la Serna, Vicente Aleixandre...

***

Es cierto que Alcázar contiene una luz que aclara algunos de aspectos de la obra de Molina. En Vientos en la veleta su libro póstumo el propio autor atestigua:

 
 

Cuando viajo a mi pueblo al bajar del tren me siento envuelto en esa luz y la reconozco en mi luz física y poética. Reconozco la topografía de sus calles, el color, la noble arquitectura de sus edificios, el timbre de sus ruidos como señales permanentes de cuanto fuera el paraíso de mi infancia. Estoy seguro que de haber nacido en otro lugar mi sensibilidad sería muy diferente. Al abrir mis ojos a una luz tan limpia, tan realista y espiritual, casi quedé compensado del duro acontecimiento de abandonar el claustro materno y entré en un espacio donde alienta sin retórica y con toda naturalidad el alma grande de la literatura española.

La luz estuvo acompañada de los sonidos de la población manchega, de limpias paredes encaladas, de los portalones de las casas de labor, bodegas, palacios, caserones. Escucho en el fondo de mi alma el acento cadencioso del hablar manchego. Escucho el ritmo de las canciones populares entonadas por mi joven madre que impregnaron  mi alma de melancolía para siempre, como después durante mi temprana adolescencia tan sólo lo han conseguido las Rimas de Bécquer.

Escucho los cencerros del ganado, el balido de las reses, las campanillas de las mulas de labranza, el chirriar de las ruedas de los carros, las voces de ronda de los gañanes, las canciones del corro de las niñas. Estas canciones y los tangos de Carlos Gardel, entonadas también por mi madre y una muchacha  que me atendía, las entono con mi imaginación y espero me acompañen al tiempo de cerrar los ojos por vez última.

Un panorama de vidas y de largos caminos polvorientos por donde al avanzar un rebaño de ovejas parece transformarse en un ejército que se dirige al combate. Los molinos semejan gigantes… las botas de vino… las tinajas. Cuando soy niño aún lo ignoro pero entonces vivo como dentro de las páginas de El Quijote.

Nací el 20 de septiembre de 1927 y poco después me bautizaron en la parroquia de Santa Quiteria, situada en una plaza muy amplia. En la parroquia de Santa María de Alcázar hay una partida de nacimiento de la época de Cervantes de un tal Miguel de Saavedra Cervantes, invertido el orden de los apellidos. (¿Por ser su madre portuguesa? ¿Se trata de un error de trascripción?) Al margen está anotado con letra de tiempos pasados la frase: Este es el autor de El Quijote. Azorín en varios lugares de sus escritos y de muy especial manera en su libro Con permiso de los cervantistas sitúa a Cervantes y a los personajes del Quijote en Alcázar de San Juan.

El más genial de nuestros escritores, intérprete exaltador del alma manchega, al comienzo del capítulo XXII, de la primera parte de El Quijote dice así: Cuenta Cide Hamete Benengeli autor arábigo y manchego de esta gravísima, altisonante, mínima dulce e imaginada historia…

Cervantes se confiesa manchego donde no podía mentir, y eso estimo es una evidencia de haber nacido en Alcázar, el mismo lugar donde siglos después fui a nacer yo. No podría haberlo hecho en lugar más honrosamente literario, ni pudiera caberme mayor gloria que la inaccesible de alcanzar la de mi paisano.

 
 

Viajé por primera vez a Alcázar con Fernández Molina con el propósito de presentar los dos primeros tomos publicados de su Poesía Completa. Si no recuerdo mal corría el año 1999 ó 2000. Volví tiempo después con unos amigos con la extravagante intención de comer unas gambas en el corazón de la Mancha en pleno agosto. Creo que entre ambas visitas acompañé a Fernández Molina en un viaje donde nos agasajaron con ese postre inefable y sabroso al que llaman “bizcocha”. Dulce compuesto por tortas y leche que he procurado degustar en todas mis estancias.

De vuelta a Zaragoza desde ventanilla de tren observo y  contabilizo personajes literarios y pictóricos del mundo de Fernández Molina. ¿Estuvo presente el inefable Pompón entre los asistentes a los actos?

Fernando Arrabal, Leonardo Balada y la Fausta

Fernando Arrabal, Leonardo Balada  y la Fausta

Hace al menos dos años se nos dio una noticia increíble, tanto por lo fértil de la idea como por lo infrecuente del posible resultado, Fernando Arrabal preparaba el libreto de una ópera, con música de Leonardo Balada, para el Teatro Real. ¡Qué fenómeno de fusta y fuste! ¡Qué iluminación la de situar a un poeta y dramaturgo brillante para establecer un libreto original! En el pasado se tomaron obras de Oscar Wilde, Hugo von Hofmannsthal, Tirso de Molina, entre otros, que se alteraron para recrear un texto a la medida de la música. Menos frecuente ha sido que a un autor le encarguen una creación nueva.

¿Y qué sabíamos de la gestación? ¿Cuál iba a ser el argumento? ¡Ni más ni menos que un Fausto! Desde luego el atrevimiento es mayúsculo por lo marmóreo de los predecesores. Por un lado Arrabal toma un mito literario claro y reconocible para su nueva composición dramática, lo que ya supone un riesgo elevado,  pero a la postre los situa  bajo la tutela del proyecto de una ópera donde, como en el cine, Fausto también ha sabido desgarrar a muchas de los talentos más brillantes de occidente.

La condenación de Fausto de Berlioz, las escenas de Robert Schumann, la Sinfonía Fausto de Franz Liszt y la ópera del mismo nombre de Charles Gounod, la aparición del final de la segunda parte del libro de Goethe en el segundo y último movimiento de la Octava Sinfonía de Gustav Mahler, la obertura de Wagner… Por no referirnos a las adaptaciones literarias sobre el personaje de Fausto desde el siglo XVI. Desde el libro anónimo de 1587, pasando por Calderón de la Barca con El mágico prodigioso, hasta la dramatización de Christopher Marlowe, para llegar a la monstruosa creación de Johann Wolfgang Goethe, la novela de Thomas Mann…

Con frecuencia se cita la lista de obras y autores que me he atrevido a repetir, una vez más. Aunque rara vez se suele reseña a  una de las fuentes principales del germen del personaje. Hablamos del heresiarca Simón El Mago, designado como faustus (el favorecido) en el entorno latino. Por si alguien no recuerda a este personaje diré que los padres de la iglesia le hicieron el dudoso honor de calificarlo como el padre de todas las herejías. Conocemos los sucesos relatados en Hechos de los Apóstoles, su enfrentamiento con Pedro en Roma y su muerte en un intento de elevar el vuelo. Por otro lado conocemos al Simón con  un fuerte apoyo popular que el apóstol Felipe encontró en Samaria. Según los estudiosos no se puede asegurar que ambos se correspondan con la misma persona. Quizá su nombre se convirtiera en “apelativo” común para designar a varios disidentes del cristianismo definido como ortodoxo, porque terminó prevaleciendo sobre los otros sistemas, durante los primeros siglos de nuestra era.

Volvamos al texto de Arrabal. Al poco de saber de su esforzada tarea descubrimos otra novedad todavía más sorprendente. Su Fausto, como no podía ser de otra manera, es una mujer. Teníamos noticia de una mefistófela por la obra del mismo título de Jacinto Benavente, ¿pero una “fausta”? Sin conocer ni una línea del texto dramático imaginamos a una heroína característica de Arrabal, a la altura de las aparecidas en sus novelas La matarife en el invernadero y La virgen roja, quizá en algo cercana a la “generosa” Dila de El cementerio de automóviles. Esas mujeres sabias y generosas, capaces de la profundidad y del arrebato. Quizá, entonces, recordamos también  a Helena, la compañera de Simón El Mago, una prostituta que acompañaba al nigromante por los caminos y de la que su mentor argüía que se trataba de la sophía divina encarnada, de la resurgida Helena de Troya.

Sin duda Fernando Arrabal puede originar un auténtico avatar en el teatro y la ópera española contemporánea. Por otro lado tenemos en Leonardo Balada que ya colaboró con Salvador Dalí y que se manifiesta influido por la vanguardia pictórica.

Creo que será preciso esperar todavía  al menos otros dos años, durante los cuales nos comeremos y nos descomeremos, quizá, a otros faustos fútiles de orígenes diversos,  a la espera del que quizá sea el Fausto de este siglo ya principiado.

Arrabal posee genio de sobra para dar al mundo lo que es del mundo.

El cine de las sábanas blancas

El cine de las sábanas blancas

(El siguente texto se realizó para el catálogo de la exposión dedicada a Antonio Fernández Molina El poeta multiplicado. La muestra permaneció en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza hasta finales de febrero del presente año 2006. Como su extensión resultaba excesiva para el espacio asignado tuve que recortar el artículo quizá demasiado. Por tanto ahora presento el texto íntegro en torno a la relación de  Antonio Fernández Molina con el cine. Sobre este mismo tema el día 20 de abril pronunciaré una conferencia en la Biblioteca de Aragón de Zaragoza con el título: El maravilloso mundo de Antonio Fernández Molina filmado por el ojo de una aguja.)

 

Antonio Fernández Molina al igual que se ocupó de la plástica de los escritores (Ángel Saavedra, Victor Hugo, Moreno Villa …) y de la literatura  de los pintores (Picasso, Dalí, Miró, Manolo Millares, José Gutiérrez Solana…) se interesó por los vasos comunicantes entre el cine y las demás artes.
Tenemos los casos de films de pintores como Fernando Léger (Ballet mecánico, 1924), Salvador Dalí (Un perro andaluz,1929 y La edad de oro, 1930 con Luis Buñuel o Impresiones de la Alta Mongolia, 1974, a nivel individual), Andy Warhol (Sleep, 1963, The Chelsea Girl, 1966)... Muchos escritores han ejercido la dirección  cinematográfica  con desigual fortuna: Jean Cocteau, Fernando Arrabal, Alejandro Jodorowsky, Isidore Isou, Passolini, Ernesto Giménez Caballero, Edgar Neville... Otros se han limitado ha proyectar sus escritos sobre papel: Salvador Dalí (Babaouo, 1932), Juan Larrea (Ilegible hijo de flauta, 1947), Joan Brossa (Foc al canti, 1948), Federico García Lorca (Viaje a la luna,1930)... Por todos ellos sentía nuestro poeta fascinación y curiosidad. Cuando Arrabal presentó su película Borges: una vida de poesía (1998) en la filmoteca de Zaragoza en 1999 Fernández Molina departió con su amigo escritor y cineasta diversos aspectos de la película. Lo mismo hizo un año antes al participar en una mesa redonda en torno a J’irai  comme un cheval fou, también de Arrabal.
A finales de los años 40 en Guadalajara, aconsejado por Pepe de Juan, entonces director  de Nueva Alcarria, Fernández Molina alienta la tertulia llamada Vino y Pan, en deferencia a la película Marcelino, pan y vino. Una vez a la semana se reúnen un grupo de personalidades inquietas en la primera planta del bar Soria: Antonio Leyva, Suárez de Puga, José Luis Aguado y el futuro cineasta Miguel Picazo, entre otros. Los contertulios organizan un cine-club al que incluso se acerca Fernando Fernán Gómez para presentar la película Esa pareja feliz.
Miguel Picazo por entonces ingresó en la Escuela de cine. Se cuenta entre sus primeros proyectos transformar en película Panadería de pan, un relato de Fernández Molina inspirado en el pueblo de su futura esposa Josefa Echeverría,  Casa de Uceda (Guadalajara),  publicado en la revista Deucalión. Años más tarde, en 1964, en una entrevista para Nuestro cine Miguel Picazo no tendrá reparo en afirmar: ”... conocí al poeta Antonio Fernández Molina, que venía de Madrid, charlamos mucho; me trajo otro aire (...) Antonio que tenía un bagaje cultural mucho más amplio me abrió los ojos”. Aunque Fernández Molina se plantea seguir los pasos de su amigo las dificultades del ambiente y la escasez financiera le obligan desechar la posibilidad
El único rodaje de Fernández Molina proviene de sus primeros años en Mallorca. Durante una reciente organización de su archivo la familia ha reencontrado una filmación, así como un rudimentario guión en imágenes (storyboard). Carlos Gonzalo, pintor y animador de happenings, fue el encargado de la cámara. El cortometraje se inicia  con el título  dibujado en rojo sobre un muro UOIEA, sobre un rectángulo azul. Luego prosigue con un plano “buñuelesco” de los pies de su director. La cámara sube hasta mostrarnos el rostro de un joven Molina. Después se entremezclan objetos que se mueven y cambian de lugar, una muchacha, su hija mayor María Elena, que derrama el contenido de una botella desde la cima de una escalera, planos de una pintura japonesa, una máscara africana... .. El breve documento respira el mismo aire de su obra escrita y pictórica.
En 1992 en un acto organizado en el Teatro del Mercado de Zaragoza por la tertulia  “87 gata” en homenaje a Jean Cocteau se proyecta alguna de sus películas y se entrega “El ángel de Heurtebise”, traducido por Fernández Molina y publicado por Gabirol. Posteriormente, en 1996, invitado por Alberto Sánchez, en Zaragoza, Huesca y Logroño presenta la película La sangre de un poeta (1930) de Jean Cocteau. A los asistentes se les entrega un pequeño libro con la disertación. En sus memorias asegura que quizá éste sea su mejor texto sobre cine.
Como actor participó en 1988, con José Antonio Novais y Antonio Leyva, en el capítulo dedicado a Miguel Labordeta de la serie de TVE Apuntes biográficos. Fue rodado por Antonio Artero con el título Oficina de horizonte.
En  Zaragoza redacta la mayor parte de sus guiones y ofrece una conferencia, entre otras de semejante tema, sobre cine, poesía y arte de vanguardia (26 de febrero de 1987) dentro del ciclo  dedicado al Cineclub español, organizado por Cine-club Gandaya.
En 1984, en un número dedicado al cine español durante el franquismo, la revista “Cahiers de la cinematique” publica en francés su guión La Guerra de los Cien Años.
En el nº 453 de Andalán, correspondiente al mes de junio de 1986, dedican las páginas centrales a las vinculaciones entre Molina y el cine. Con texto introductorio de Eloy Fernández Clemente se incluye el guión: El perfume de la memoria y los poemas procedentes de Platos de amargo alpiste (1973) Leí la vida de una chica (Marilyn Monroe), Si voy al cine es porque sí… El autor ilustra los textos con semblantes de indios sugeridos por las películas del Far-West.
En Té con limón, antecedente de la editorial 1/2 Vaca, se editó en abril de 1989 el guión Las consecuencias de los sueños, en tirada de 200 ejemplares, junto con viñetas de Rosana Pérez Mascuñan. En el interior del ejemplar los dibujos se presentan en diapositivas listas para ser proyectadas, quizá acompañadas por un recitado del texto. En definitiva una forma primitiva de cine.
Los guiones ya citados, además de Jaque Mate, Una Historia de Amor y La edad de las ilusiones, se publican en 1990 bajo el título La guerra de los Cien Años y otros guiones cinematográficos (Prensa y ediciones Iberoamericanas, SL), con edición, introducción y notas  de Jesús Ferrer Solá.
Por encima de la raya del horizonte fue su último guión cinematográfico publicado, en este caso en edición bilingüe. Se editó en el 2003 dentro del cuadernillo Poema Piedra, con motivo de un intercambio cultural con el pueblo de Calitri en Italia.
Para componer sus guiones el poeta sigue un esquema sencillo. En contadas ocasiones añade algún diálogo mientras las escenas, precedidas por el número que las ordena se suceden con mayor o menor ligazón. Se trata de una estructura que encontramos sobre todo en guiones desarrollados por escritores como en El entierro del Stradivarius de Ramón Gómez de la Serna.
Esta forma se adecua sobre todo al estilo del cine mudo, próximo en el tiempo a las primeras experiencias del surrealismo en la pantalla. En el caso de Molina, al igual que ocurre con algunas de sus narraciones y de sus poemas, las imágenes se suceden en un ambiente donde los objetos toman especial protagonismo y, a menudo, sufren diversas metamorfosis. Por este motivo a los ojos del lector el guión cinematográfico puede leerse como un poema donde se entrecruzan acciones, imágenes, a veces casi greguerías, del mismo modo que algunos de sus poemas parecen evocarnos la sucesión de escenas de una película. Por otro lado existe el intento evidente, quizá siguiendo el modelo de la novela-film de Vicente Huidobro Cagliostro, de integrar el lenguaje del cine en la narrativa y en el poema. Al tiempo procura trasladar a una posible proyección una imagen “literaria”.
Georges Méliès contaba con la admiración de Fernández Molina precisamente por ese aire ingenuo, mágico, (no hay que olvidar que Mélies procedía del ilusionismo), teatral, de cámara fija, que ofrecía en los cortometrajes. Incluso muchas de las piezas teatrales de Fernández Molina parecen ajustarse mejor a un film al estilo de Mèlies. Nuestro autor concibe el cine como un instrumento para extraer de lo cotidiano la cerviz de lo poético.
En sus novelas los personajes, con frecuencia erráticos, tienen presente el cine en una medida que desestima lo casual. Están dispuestos a introducirse en la pantalla, comparan la realidad con los planos de una filmación, o emplean la sala de cine como medio para aislarse del mundo.
En El león recién salido de la peluquería Malva y Juan, los personajes principales, se quedan a la puerta de un local donde proyectan una película intentando adivinar el título por los gritos y comentarios del público. En Una hoja amarga Encarna decide pasar la tarde en el cine. Por supuesto Encarna asiste a una peculiar sesión difícil de clasificar. Al final Encarna, seducida por la situación más que por la película, cierra los ojos y se deja llevar por los olores almibarados de la sala y la banda sonora, para así “ver” de otro modo. Una vez más Fernández Molina se sirve del aforismo de Wols: “Ver es cerrar los ojos”, pieza clave en su obra.
En La liebre mecánica, subtitulada: películas de personas, animales y máquinas, todo un pueblo se ve alterado por la llegada de Lagarto y su proyector de cine. Sin embargo la esperada sesión se suspende. Posteriormente, en las últimas páginas de la novela, llega un nuevo personaje al pueblo, un tal Merlín que les promete una proyección  y, en efecto, les ofrece una extraña sesión de cine.
Al tratarse de un artista que trabaja en diversos disciplinas Fernández-Molina se salta las fronteras de géneros literarios y rigores artísticos. Fiel a este espíritu desarrolló un proyecto, junto al cineasta Víctor Lope, con el propósito de extraer el lenguaje cinematográfico de algunos lienzos de Goya, en especial de la serie de seis pinturas Historia de Fray Pedro de Zaldivia y El Maragato. El resultado final de esta colaboración la encontramos en el libro Goya en la prehistoria del cine, firmado por ambos artistas. En uno de sus textos Victor Lope reconoce haber quedado sugestionado por los guiones de Molina, además de haber acariciado el proyecto de filmar alguno para la televisión. Sobre el aspecto anticipatorio de Goya en el  cine ofreció Fernández Molina varias conferencias a lo largo de 1996.
Nuesro poeta contaba entre sus directores favoritos a Jean Renoir y Jean Cocteau. Sin embargo invocaba el nombre de Alfred Hichtock como su director predilecto. Su opinión la fundamenta tanto en el ritmo de sus películas como en las ambientaciones que recreaba: “La atmósfera que rodea a los escenarios de sus crímenes es auténtica”. Tenemos noticia de su participación en 1965 en el coloquio posterior al preestreno en España de Extraños en un tren. Aún así en sus memorias Fragmentos de realidades y sombras cita Ciudadano Kane como su  película favorita.
Recuerdo con nitidez cuando le manifesté mi entusiasmo por El séptimo sello de Bergman tras asistir por primera vez a una proyección de la cinta.  Fernández Molina levantó los brazos para evidenciar que mi exaltación era algo obvio. Él mismo escribió un artículo para la revista de Miguel Labordeta Despacho Literario sobre sus impresiones en torno a la película de Bergman. El séptimo sello fue un tema muy presenta en algunas de nuestras penúltimas conversaciones.
Entre sus recuerdos más queridos y evocados de la infancia se encontraba  la rememoración de cómo su madre le invitaba al cine de las sábanas blancas cuando llegaba la hora de acostarse. ¿Qué pensamientos y escritos habrá recreado Fernández Molina uniendo el sueño a un posible cinematógrafo  donde todo fuera posible?