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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.

En la C de Cirlot, Juan Eduardo

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Desde que tengo uso de razón, es decir, desde que conozco las poéticas de Antonio Fernández Molina y Juan Eduardo Cirlot he aguardado con impaciencia una nueva edición del Diccionario de ismos de Cirlot. Y hace unos días, ¡eureka!.... Me he dado de bruces con esa hermosa publicación aparecida en Siruela en la que me sumergiré, cuando finalice este texto, para quizá no emerger nunca más. No en vano he pasado bebiendo de las aguas de su Diccionario de símbolos cerca de diez años, que se me han antojado fugaces y etéreos.

En una de mis primeras cartas al escritor y pintor Antonio Beneyto afirmé: “Amo a Juan Eduardo Cirlot”, a lo que Beneyto respondió enviándome un corazón producto de sus pinceles con un rojo “crisagon” y sangrante.

Fue a la proterva edad de dieciocho años cuando soñé con una mujer con el rostro y el cuerpo plagado de cicatrices, aunque desesperantemente hermosa. Esa misma tarde visité al poeta Fernández Molina en su casa de Zurita y me dejó caer en las manos la edición de Clara Janés de la Obra poética de Cirlot en Cátedra. Tras el encuentro fui directo a una librería donde adquirí un ejemplar de esta obra. Durante varios días leí y releí con inusitada entrega aquellos textos, entre los que hallé, para mi sorpresa, el poema La doncella de las cicatrices.

Con Cirlot son frecuentes las circunstancias donde el sueño y la realidad se entremezclan. Antes de conocer la nueva edición del Diccionario de ismos soñé que visitaba con Fernández Molina una librería de viejo. Ambos nos enfrascábamos en escudriñar en una pila de libros situada en el centro del establecimiento. Entre enormes volúmenes de épocas inconcretas nos topábamos con ratas muertas y aplastadas, a las que, tras capturar  por un extremo del rabo, hacíamos volar libremente sin preocuparnos del lugar en el que caían. Antes de despertarme Molina afirmaba: “Mira lo que me he hallado”, y le veía con el Diccionario en la mano.

También fue en casa de Fernández Molina donde vi por primera vez el Diccionario de ismos. “Aguarda un momento”, me dijo. Cuando volvió a sentarse frente a la mesa ovalada, donde nos anegábamos en conversaciones y trabajos varios, portaba el grueso volumen. Desde aquel día siempre consulté la obra en su casa. Nunca supe de donde provenía aquel tomo, mas, cuando se lo solicitaba para realizar alguna consulta, Molina desaparecía unos segundos y regresaba a la estancia con él entre las manos. Me sentía como Parsifal frente a la procesión de la Lanza Sagrada y el Grial.

Ambos diccionarios de Cirlot conforman dos obras imprescindibles de la literatura española y, no nos dé reparo reconocer sus enormes méritos, de la universal. No conocerlos y hasta no releerlos se me antoja equivalente a ignorar quien fue Cervantes. Ambas obras agrupan una serie de verdades, de iluminaciones, de una altura desde luego no superada posteriormente por ningún otro autor en lengua española y, desde luego, sólo comparable con obras como El libro de Polifilo.

Lo llamado por algunos cirlotiano se corresponde con todo un mundo, con una cosmogonía donde se hermana la riquísima personalidad del autor con la Tradición y las Vanguardias.

Gracias al Archivo Bayona, personificado en mis amigos Antonio y Julián, publiqué en Libros del Innombrable el libro inédito de Cirlot : Pájaros tristes y otros poemas a Pilar Bayona, por ello les estoy y les estaré siempre sumamente agradecido.

07/12/2006 09:23 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

El siglo XX se construyó con la medida Dalí

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Irrumpí en la librería Los portadores de sueños de Zaragoza dispuesto a curiosear el último tomo de las Obras Completas de Salvador Dalí, dedicado a las entrevistas que concedió el pintor. Pero Félix se espantó ante la petición y me conminó a que desistiera en mi propósito. Durante unos instantes no supe a qué venía esa negativa férrea y ferruginosa, hasta que lo comprendí todo (y me refiero a TODO, no sólo a esta circunstancia aislada). Al acercarse la fecha de mi onomástica, sin duda, algún amigo ha adquirido ese ejemplar con el retorcido y oscuro propósito de regalármelo, por tanto mi apreciado Félix, con buen criterio, me invita a mantenerme virgen para que el festival de la lectura explosione con todo vigor durante mi encuentro con el libro. A punto estuve de arrancarme los puños de la camisa y de colgármelos cual bigotes, pero me moderé porque ante mi vista se desplegaron otros nuevos y sorprenden hallazgos. Por ejemplo la nueva edición de  la Fundación Arca (Fundación Rafael Cansinos Assens) donde se recogen las traducciones de poetas persas que realizó el poeta y estudioso Cansinos, por mí tan admirado. Sin duda Manuel Cansinos, promotor de estas joyas, desarrolla una encomiable labor.

A pesar de mi renuncia voluntaria no puedo apartar de mi mente ese color morado que cubre las tapas de las Obras Completas de Dalí, ese color morado que resuelve con elegancia y pasión el universo del pintor. Los últimos años han tenido para mí el aliciente de aguardar con ahínco las nuevas entregas de esos tomos tan llenos de la clarividencia y talento. Cuando casi nadie hablaba de su obra escrita Fernández Molina la recomendaba, Arrabal la elogiaba y un servidor, que todavía no conocía a los anteriores, la leía en las escasas ediciones a las que tenía acceso. Durante años recité en comuniones, bodas y bautizos un poema escrito por Dalí en francés, auque traducido en un especial de la revista Litoral dedicado al Surrealismo. Su título era Folleto acunado en rústica. Y ahora recuerdo algunos versos:

 

Pues una taza se parece por su forma

A una dulce antinomia municipal árabe

Montada al final del alrededor

Como la mirada de mi bella Gala

Olor de litro

Como el tisú epitelial de mi bella Gala

Su tisú epitelial  chocarrero y lamparista

Sí, yo lo repetiría mil veces

 

Si este texto se recita de forma conveniente pueden producirse fenómenos maravillosos. Los hombres se transforman en gallinas, las gallinas en rinocerontes, los rinocerontes en tinteros y los tinteros en colecciones completas de la Enciclopedia Británica, tan amada por Jorge Luis Borges. Esa transformación de la materia sólo la provocan un contado número de poemas que participan de lo mágico y de lo único.

En el periódico de hoy leo que durante tres meses Berlín acogerá una muestra de litografías y grabados de Dalí. Aunque muchos proclamaron que la obra del pintor se apagaría tras su muerte, hoy asistimos a su afianzamiento definitivo, a pesar, todavía, de muchas conciencias y de algunos inquisidores. Entre otras virtudes la pintura de Dalí proyecta, como no lo hace la de ningún artista del siglo pasado, la influencia de la tradición como la mística y la alquimia, al tiempo que la ciencia y los descubrimientos más “vanguardistas” de su tiempo, como la teoría de las catástrofes de René Thom, el ADN o la mecánica cuántica.

En el libro Proceso al azar se recogen las ponencias del congreso sobre la ciencia más avanzada del momento que acogió el Museo de Dalí en Figueres, por expreso deseo del artista, en noviembre de 1985. El propio Dalí, con una debilitada salud, asistió de forma virtual, gracias a un circuito cerrado de cámaras, a todas las conferencias.

Una de las dificultades de la pintura de Dalí recae en la necesidad de recabar conocimientos sobre diversos temas, como los ya mencionados, sobre ciencia, alquimia, mística y la propia historia de la pintura  (desde el punto de vista de Dalí)  para apreciar el sistema de ciertas telas. Sin embargo no creo que su arte sea plenamente “literario”. Por el contrario algunos informalistas actuales, o de mediados del siglo XX, precisan dedicar cientos de páginas, o enmarcarse en largas referencias textuales para sostener su intencionalidad en relación con sus manchas y texturas sobre lienzo, pared o cualquier otro soporte. En Dalí sí reconocemos lo que vemos, pero esto, a su vez, se transforma si reconocemos su vinculación con la materia hermética o con los hallazgos científicos de su tiempo. Por otra parte en su obra escrita Dalí no pretende explicar su pintura, sino incorporar datos sobre su vida, intereses, proyectos, afianzar sus teorías, como su metodo paranoico-crítico, o simplemente fantasear con la realidad como en su novela Rostros ocultos.

Algunos han calificado a la pintura de Dalí como anecdótica, Si este adjetivo se esgrime en relación con los temas de sus obras, o porque sus telas se nutren de un espacio concreto que refleja un instante congelado, o si se pretende sugerir que su único valor se centra en hallazgos aislados, considero que idéntica calificación podría atribuirse a otros pintores como Picasso, Delacroix, Magritte, Toulouse Lautrec, Goya y todos los adscritos a la pintura figurativa. Una pintura sin anécdota es una pintura sin forma.

“Soy mejor escritor que pintor”, afirmó en alguna ocasión Dalí, quizá para reclamar la importancia que él concedía a su obra escrita. El nuevo tomo de las Obras Completas nos sitúa ante un nuevo tipo de arte que llegó con la prensa escrita, me refiero a la entrevista, no desde el punto de vista del periodista sino del entrevistado. En un Museo Imaginario dedicado a los maestros de la entrevista  incluiría a ciertos artistas como Arrabal, Cela, Borges, Nabokov y Warhol. Aunque tal vez el mayor talento del siglo en este ámbito sea Salvador Dalí. Por ello me como y me descomo aguardando ese libro que llegará vestido con toda la lumínica de la ciencia, de la hermética, de las artes, de la ocurrencia, del disparate y de la verdad, en esas páginas con las entrevistas a Salvador Dalí.

 
15/12/2006 10:50 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Novedades Libros del Innombrable

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De la mano de las novedades de la editorial Libros del Innombrable y de la felicitación que acompaña deseo a mis lectores una sapientísima y grácil Natividad.

 

BIBLIOTECA GOLPE DE DADOS

Volver a Ruritania(Para una lectura de lo hermético) José María de Montells Prólogo de Raúl Herrero ISBN-10: 84-95399-75-X ISBN-13: 978-84-95399-75-5 Precio: 14,00 € 

Antología de poesía mística española Varios autores desde la edad media hasta siglo XX. Prólogo, selección y edición de Antonio Fernández Molina  ISBN-10: 84-95399-76-8ISBN-13: 978-84-95399-76-2 Precio:15 € 

Non Serviam(Antología poética) Gunnar Ekelöf Prólogo, traducción y selección de Francisco J. Uriz  ISBN-10: 84-95399-77-6 ISBN-13: 978-84-95399-77-9 Precio: 20 € 

COLECCIÓN SARASTRO Claudel y Kafka 2ª edición Fernando Arrabal y Ruth Reichelberg Prólogo de Antonio Fernández Molina Epílogo de Luce-Moreau Arrabal Traducción de epílogo: Paola Masseau ISBN-10: 84-95399-73-3ISBN-13: 978-84-95399-73-1Precio: 12 € 

Lieder de Wolfgang Amadeus Mozart Traducción de Alicia Silvestre y otros. Prólogo de Josep Soler ISBN-10: 84-95399-74-1 ISBN-13: 978-84-95399-74-8 Precio: 12 € 

COLECCIÓN CICLO DEL 9 Ciclo del 9 9.5 Punto de no-retorno Raúl Herrero Prólogo de Marta Agudo ISBN-10: 84-95399-72-5 ISBN-13: 978-84-95399-72-4 Precio: 10 € 

Volver a Ruritania

José María de Montells

Prólogo de Raúl Herrero

ISBN-10: 84-95399-75-X

ISBN-13: 978-84-95399-75-5

Precio: 14,00 €

En el presente libro el desprevenido lector se encontrará con una serie de artículos, narraciones y otros textos de difícil clasificación vertidos por el tradicional y vanguardista José María de Montells. En solfa sitúa nuestro irredento autor la perspicacia, los dragones en la cocina, la poesía y la virtud . De todo ello, tamizado con acertadas dosis de humor, tendrá noticia quien se pierda en las páginas interiores.Volver a Ruritania, se confirma así como un libro imprescindible para aventureros de todas las épocas. «No es cierto que la carne del draconígeno no pueda comerse. Alfredo Escudero que es entendido en paellas, malicia que los chinos algo habrán inventado para cocinarle, sin intuir que fueron los homéricos los que primero lo probaron: el dragón está en el recetario desde que Afrodita supiese, por la reacción de Apolo, sus propiedades en la cama.»

José María de Montells

Antología de poesía mística española

Varios autores desde la edad media hasta el siglo XX

Edición, selección y prólogo de Antonio Fernández Molina

ISBN-10: 84-95399-76-8

ISBN-13: 978-84-95399-76-2

Precio: 15 €

La esencia mística pone al ser humano en comunicación con la trascendencia divina. La relación del hombre con Dios puede intentarse ocultarla pero nunca se puede borrar ni hacer desaparecer. Esta relación es permanente aunque aparezcan situaciones donde los más favorecidos y más voluntariamente disponibles,alcanzan la realidad del éxtasis.El misticismo no tiene delimitado de modo contundente su campo ante lo artístico y tampoco el misticismo religioso lo tiene de cuanto participa de otra clase de misticismos. En cualquiera de sus aspectos el misticismo puro es excepcional. Pero su presencia impregna de luz los sentimientos y las obras humanas con la evidencia de un astro luminoso. Juan Eduardo Cirlot, evidente vidente de los desastrosos peligros que se avecinaban a las creaciones del porvenir, poco antes de morir manifestó que el arte, y por ende la poesía del siglo XXI, «será místico o no será».

Antonio Fernández Molina

  Non Serviam(Antología poética)

Gunnar Ekelöf

Prólogo, selección y traducción de Francisco J. Uriz

ISBN-10: 84-95399-77-6

ISBN-13: 978-84-95399-77-9

Precio: 20 €

GUNNAR EKELÖF (1907 –1968), considerado hoy como el poeta sueco más importante del siglo XX, nació en Estocolmo, en el seno de una familia burguesa. Terminado el bachillerato, siguió cursos en la Escuela de Estudios Orientales de Londres y en la Universidad de Upsala. A pesar de ello, siempre se consideró un autodidacta.En 1932 publicó tarde en la tierra, poemario escrito durante una larga estancia en París, que, recibido con cierta ironía por la crítica más tradicional, se convirtió en poco tiempo en uno de los textos fundamentales de la poesía sueca del siglo XX. En esa época, colaboró en las importantes revistas literarias Spektrum y Karavan.Tras un par de libros menores, Ekelöf publica en 1941 uno de sus grandes poemarios: Färjesång (Canción de transbordador) que marcará una línea divisoria en su producción.El título del libro siguiente, Non serviam, es el grito de alguien que, como Lucifer, el ángel caído, se niega a la sumisión.En este libro hay poemas que constituyen un rechazo drástico de la sociedad sueca moderna. A este le siguieron 6 poemarios de gran calidad que lo confirmaron como el poeta de su generación.La trilogía Diván (incluida íntegramente en este volumen) aparecida a mediados de la década de 1960 es la cumbre de su obra. En ella se manifiesta su pasión por Oriente y se concentran sus temas favoritos: soledad, amor, muerte ysueños.En 1958 fue elegido miembro de la Academia Sueca. También es destacable su labor como traductor, sobretodo de poesía francesa, en especial, Mallarmé, Baudelaire, Desnos.FRANCISCO J. URIZ (Zaragoza, 1932), poeta y traductor (Premio nacional de traducción), ha seleccionado y traducido los poemas y ha escrito el prólogo.            

  COLECCIÓN             SARASTRO 

Claudel y Kafka 2ª edición

Fernando Arrabal y Ruth Reichelberg

Prólogo de Antonio Fernández Molina

Epílogo de Luce-Moreau Arrabal

Traducción de epílogo: Paola Masseau

ISBN-10: 84-95399-73-3

ISBN-13: 978-84-95399-73-1

Precio: 12 €

 Fernando Arrabal y Ruth Reichelberg escribieron a cuatro manos la presente obra de teatro. En Claudel y Kafka ambos genios de la literatura se encuentran en el cielo e inician un amplio diálogo sobres sus vidas, mujeres, querencias y actitudes literarias. A la conversación de ambos personajes se van sumando otras voces del cielo. Se presenta una segunda edición ampliada y corregida de esta obra teatral que Libros del Innombrable publicó en el año 2002. Arrabal nació en Melilla en 1932. Ha publicado doce novelas, cuatro centenares de libros de poesía (ilustrados por Dalí, Magritte, Amat, Picasso, Saura...), varios ensayos, libros de ajedrez… y su famosa Carta al General Franco en vida del dictador. Ha dirigido también siete largometrajes. Tras permanecer tres años en el grupo surrealista, Arrabal, junto con Topor y Jodorowsky, creó el movimiento pánico. Ha sido vinculado desde el postismo o los beatnik a diversos grupos renovadores contemporáneos. Fue premio nacional de «superdotados» a los diez años y Nadal de novela cuarenta después. Ha recibido el aplauso internacional por su obra (Gran Premio de Teatro de la Academia Francesa, el Nabokov de novela, el Espasa de ensayo, el World’s Theater, el premio Alessandro Manzoni di Poesia etc.) Su teatro completo, en dos volúmenes de más de dos mil páginas, ha sido publicado en la Colección Clásicos Castellanos de Espasa. En el año 2001 recibió el Premio Nacional de Teatro por su obra El cementerio de automóviles. Fue Premio Nacional de Literatura Dramática al año siguiente por Carta de amor 

Lieder de Wolfgang Amadeus Mozart

Varios autores
Prólogo de Josep Soler
Traducción de Alicia Silvestre

ISBN-10: 84-95399-74-1

ISBN-13: 978-84-95399-74-8

Precio: 12 € 

¿Qué quería saber o qué cosas buscaba esconder Mozart al escoger los poemas de sus lieder?Porque allí donde una música maravillosa se mezcla entre los versos de sus canciones, allí surgen llamadas angustiosas, preguntas que no serán nunca respondidas y paisajes llenos de flores y avisos de primaveras que, quizá, nunca podrán abrirse mientras sus perfumes se pierden entre las evocaciones de besos olvidados —o puede que demasiado recordados— y abrazos que nunca se repitieron...Josep SolerLa figura de Wolfgang Amadeus Mozart nos ha movido a la confección de este libro por encima de los autores de los poemas y de otras consideraciones. Creemos que los textos elegidos por Mozart, en un formato tan íntimo, pueden resultar muy significativos a la hora de enjuiciar su personalidad. Por otra parte, las piezas no sólo nos hablan de su autor, sino también de los gustos y los tópicos literarios del momento en que fueron compuestas (música) y escritas (poemas). 

  COLECCIÓN             Ciclo del 9 

9.5 Punto de no-retorno

Raúl Herrero

Prólogo de Marta Agudo

ISBN-10: 84-95399-72-5

ISBN-13: 978-84-95399-72-4

Precio: 10 €

Raúl Herrero ha publicado el número cinco de la colección “Ciclo del 9”. La obra está prologada por Marta Agudo: “Es en esta entrega en la que palpita con más vigor el apego a la existencia, pese a cualquier obstáculo que estorbe el curso vital. Finales de poemas como “El silbido de la tierra me retiene” o un interés superior en observar y describir lo circundante, informan de su apuesta por el arte como “modus operandi” en busca de la intensidad, así como del momento de autoafirmación que se está viviendo.”  

Más información:

www.librosdelinnombrable.com

 

21/12/2006 12:28 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La nieve aleve

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Mi amiga la poeta Alicia Silvestre se traslada a Brasil por una temporada. Como despedida con pompa, marcha y circunstancia una troupe cenamos juntos para homenajear a  "la viajante" Alicia, recién llegada de Londres, por cierto. Aunque todo el mundo se las promete muy felices ignoran las dificultades de una noche dedicada a los rigores de la celebración. Por tanto, más o menos a la mitad del periplo, apenas quedamos la homenajeada y un servidor. A eso de las cuatro o cinco de la mañana el cielo cambia de color, el frío se intensifica y comienza a nevar con debilidad primero, luego con cierta insistencia, que pronto queda en nada. Pero mientras mi abrigo se empapa con copos blancos mi memoria rescata el siguiente extracto de un poema del pintor Gregorio Prieto:

 

Y no en balde, vencedor

el poeta podrá abanicarse

con el fresco resplandor

de bellas alas de arcángel.

Miguel, Rafael, Gabriel,

prestos vendrán a ofrecerse,

dispuestos a coronarle.

 

Lo que nos impresiona en ese instante no es el acto lluvioso de la nieve, sino el blanco que se abandona brevemente sobre el suelo, en los márgenes de nuestras cabezas.

 En alquimia las tres grandes fases de la gran obra se relacionan con el color negro (materia prima), el blanco (mercurio) y rojo (azufre). Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de símbolos refiere: “…la serie ascendente: verde, blanco, rojo constituía el símbolo predilecto de los egipcios y de los druidas célticos.” Y más adelante afirma: “…hace notar Réne Guénon, la coincidencia de que Beatriz aparece vestida, según Dante –que tenía un absoluto conocimiento de la tradición simbólica–, de verde, blanco y rojo, como expresión de la esperanza, la fe y la caridad…”.

Por supuesto el blanco se vincula con la fe y lo sagrado. Ya vestían de blanco los sacerdotes de ciertos cultos paganos por su vinculación con la luz del conocimiento, al acercarse al significado de ciertos ritos.

Fulcanelli también tiene algo que decir a este respecto:

 “El color blanco es el de los Iniciados, porque el hombre que abandona las tinieblas para seguir la luz del estado profano al de Iniciado, al de puro queda, espiritualmente, renovado. El término blanco –dice Pierre Dujols– fue elegido por razones filosóficas muy profundas. (…) En el célebre Diccionario-Manual hebreo y caldeo de Gesenius, hur, heur, significa ser blanco; hurim, heurim, designa a los nobles, a los blancos; a los puros. Esta transcripción del hebreo más o menos variable (hur, heur, hurim, heurim) nos lleva a la palabra heureux (feliz). Los bienheureux (bienaventurados), los que han sido regenerados y lavados por la sangre del Cordero, aparecen siempre representados con vestiduras blancas. Nadie ignora que bienaventurado es, además, equivalente o sinónimo de Iniciado, de noble, de puro.”

Precisamente aquella noche me cubría con una chaqueta blanca que, oculta por mi abrigo, sin duda se regocijaba de esa lluvia de blancura. Alicia y yo, embobados por el sueño y el frío, nos sentíamos embaucados por luces y sombras. Por un instante el cielo se volvió de un azul intenso. Fue entonces cuando más blanca se había tornado mi indumentaria, empapada por el agua que cedía su paso a la blancura.

Sí, Cirlot publicó el poemario Blanco en 1961, con frontis del excelente pintor Cuixart. Aquel recuerdo me sorprendió bajo el agua blanca, con los labios entrecortados por el frío punzante y un sonámbulo recuerdo de un pasaje del libro de Cirlot:

 

“Me acerco a la iglesia de piedra mientras el sol brilla a través de la lluvia. Otro campo, negro y nevado, se extiende detrás de mí, pero el infierno ensordecedor llamea sobre mi cabeza.”

 

Alicia y yo compartimos una pasión devoradora por Juan Eduardo Cirlot. Y ambos nos quedábamos embobados cuando el imprescindible Antonio Fernández Molina nos narraba sus encuentros con el poeta, nos mostraba sus cartas y nos refería alguna anécdota.

 

La felicidad tiene la forma del libro de entrevistas a Dalí que mis amigas Ángela y Carmen me han regalado, pensaba blanco como la patena blanca.

 

A lo lejos se divisaba una casa y nuestro paseo llegaba a su final. El frío había dejado de importarme porque había alcanzado uno de esos misteriosos estados en que uno siente que el tiempo no le alcanza,

 

Fernández Molina escribió:

 

Al soplar la ceniza

la nieve

se transformó en estatua.

 

De regreso a mi casa encuentro sobre la mesa la antología de Lundkvist, preparada por Francisco J. Uriz: Textos en la nieve. Sin embargo abro el libro que me regaló Félix, de la librería Los portadores de sueños, un encendido y “surrealista”, sin pretenderlo, ensayo de Léon Bloy, sobre Napoleón, y leo:

 

“Es un inmenso rebaño de almas, es el ganado de la Eternidad”.

 

 El autor se refiere a los soldados prestos para el combate. La vida hay que tomarla como si no fuera con uno, creo.

 

Buena suerte y buen viaje.

   
24/12/2006 11:32 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Al año nuevo por la metafísica

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(En la imagen superior Cristo Hipercúbico de Salvador Dalí)

 Antes de cumplir los 50 años Salvador Dalí decidió renacer de nuevo. Con este propósito se introdujo en un cubo metafísico y desfiló por las calles de Roma. La idea del cubo que, según Dalí, representa la mayor fuerza espiritual, procedía de Raimundo Lulio (ahora más conocido como Ramon Llull), aunque empleó como modelo para su elaboración a Juan de Herrera y su Discurso sobre la Figura Cúbica. Sobre las diversas caras del objeto dibujó el pintor unas letras cuya combinación aseguraba “representaban lo contrario de la bomba de hidrógeno”. El “re-nacimiento” de Dalí tuvo lugar en el centro matemático del Palacio de la Aurora, debajo de la techumbre pintada por Guido Reni [nacido en Bolonia (1575) - (1642)]. Por supuesto, tras el parto Dalí pronunció un discurso en latín, donde dijo, entre otras cosas:

“Este cubo nuclear contiene en sus inscripciones todas las combinaciones posibles e imaginables de todas las fuerzas explosivas espirituales, y el máximo de energía corpuscular de las más creadoras majestades morales y estéticas del alma humana.”

Dalí pretendía superar el cuadrado y el cubo producto de una tercera dimensión para ejecutar el hipercubo, es decir, trasladar la figura a una cuarta dimensión. Con esta pretensión, a camino entre la física y la metafísica, el pintor realizó su Cristo Hipercúbico (1955). Así trasladaba un concepto místico (crucifixión) hasta las matemáticas más avanzadas de su tiempo, que indagaban en la representación de lo geométrico más allá de la tercera dimensión. Por este motivo Salvador Dalí entró en contacto con el matemático y especialista en estas cuestiones, Thomas Banchoff. La fabricación de un hipercubo desplegable, por parte del matemático, impresionó a Dalí, quien ya había pintado su Cristo hipercúbico veinte años antes. Este encuentro ponía en consonancia una unión de intereses (y una conclusión equiparable) desde disciplinas diversas como la artística y mística (de donde procedía la primigenia idea daliniana) y las matemáticas y, por tanto, la ciencia más ortodoxa, desde el punto de vista actual.

De la unión entre lo racional y lo místico escribió en abundancia el físico Wolfgang Pauli. En un ensayo sobre este asunto de su colega Werner Heisenberg leemos:

 El puente que conduce desde los datos experimentales, inicialmente desordenados, hasta las Ideas lo ve Pauli en ciertas imágenes primigenias que preexisten en el alma, los arquetipos de que hablaba Kepler y también la psicología moderna. Esas imágenes primordiales –aquí Pauli está de acuerdo en gran medida con Jung– no están localizadas en la conciencia, ni están relacionadas con ideas concretas formulables racionalmente. Son, más bien, formas que pertenecen a la región inconsciente del alma humana, imágenes dotadas de un poderoso contenido emocional y que no brotan a través del pensamiento, sino que son contempladas, por así decir, imaginativamente. El placer que se experimenta al hacerse uno consciente de una nueva parcela de conocimiento proviene del modo cómo esas imágenes preexistentes concuerdan de modo congruente con el comportamiento de los objetos externos. (…) Pauli intenta aclararlo, señalando que incluso la conversión de Kepler a la teoría copernicana, que marca el comienzo de la ciencia natural moderna, se debió de forma decisiva al influjo de ciertas imágenes primordiales o arquetipos. 

Cuando la Tradición, revestida por el barniz de una u otra cultura, se refiere a la iniciación no pretende otra cosa que incidir en esas “imágenes primordiales o arquetipos” para propiciar en el individuo un “conocimiento”, alcanzado en diversos estadios en los que le sumirán la reflexión y contemplación. En definitiva, se trata de dar luz, de erradicar las telarañas y todo lo aprendido para sustituirlo por una línea que encauzará al “iniciado” y que, a su vez, le permitirá también “reconocer” lo que hasta ese momento tuvo delante sin interpretar. Algo semejante a enseñar a leer a un bibliotecario.

La definitiva utilización de símbolos con el propósito del despegue del conocimiento lo encontramos también en esa insistencia religiosa en las imágenes, ya sean figuras (con forma de cruz) o mandalas, que servirán al “creyente” para penetrar en una conciencia superior (que siempre procede de su interioridad). Lo mismo puede decirse en relación con los rezos, los avemarías, la repetición, en definitiva, de sílabas y ritmos con el propósito de ampliar la conciencia.

Peter Kingsley en su interesante ensayo En los oscuros lugares del saber nos describe la utilización de templos destinados a la curación, donde el individuo que precisaba sanarse permanecía frente a la estatua del Dios o del héroe, en silencio, sin tomar alimentos ni líquidos, casi en la oscuridad, aunque protegido por los “sanadores” o “sacerdotes”. Estos procesos que pretenden del individuo la reflexión, la profundización en las procelosas oscuridades del alma o del ser, para luego permitir el regreso triunfante tras “conocer”, se encuentran emparentados con la simbología de la muerte y la posterior resurrección.

Desde luego no se transforma el mundo físicamente, ni siquiera tiene porque hacerlo el sujeto, pero sí lo hacen los ojos y la percepción lo que, en cualquier caso, es igual o superior a la transformación “real” del mundo y del entorno.

¿Se referiría a esto mismo el pintor Wols cuando escribió: Ver es cerrar los ojos?

En todo caso, Dalí, como siempre, sabía muy bien lo que hacía cuando cumplió con el rito, inventado por él o inspirado por la geometría sagrada, que arriba describíamos. ¿Cuántos, de los que sonrieron aquel día al paso del cubo de Dalí, tenían siquiera una ligera idea de la trascendencia y el origen de su acción?

  
30/12/2006 18:15 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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