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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006.

Officium Defunctorum

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¡Con cuánto placer y delectación he acogido la traducción al francés de Paola Diaz  de mi último poemario Officium Defunctorum (Las patitas de la sombra, Madrid, 2005)! Además, no contenta con su labor de intérprete, ha elaborado una introducción a la obra tomando algunos datos de ciertos “emilios” que le remití para solventarle ciertas dudas,  una no muy extensa conversación telefónica y extractos de entrevistas perpetradas a mi persona  que ha encontrado por aquí, por allá o por acullá.

Su entusiasmo ha logrado hacerme participe de su esfuerzo. Su resultado excelente, realizado bajo la atena mirada de Francisco Torres Monreal (Universidad de Murcia)  lo he sentido como propio. Compruebo, al leer la versión francesa de mi Officium, que ha procurado reproducir ideas, formas y toda clase de esos pequeños detalles que distinguen a la poesía de la prosa.

Este libro se lo dediqué al escritor y pintor y muchas otras cosas Antonio Fernández Molina. La lectura de las últimas pruebas de los poemas coincidió con su muerte. Por ello este cierto “triunfo”  me conmueve, me provoca una satisfacción que supera a la vanidad personal. En cierto modo lo entiendo como un logro compartido.

El libro se abre con una fotografía, para la que no posamos, con Fernando Arrabal, Fernández Molina y yo mismo de paseo por Zaragoza. La tríada nos dirigiamos al estreno en España, en la filmoteca de Zaragoza, de la película de Arrabal Borges: una vida de poesía,  de la que guardo placentero recuerdo. Cuando vuelvo a esos momentos siento un cosquilleo complaciente y una laceración sangrante, todo al tiempo y sin frenos. Lo segundo por la pérdida de un amigo y la irreductible distancia que me separa del otro.

Para aquellos que no conozcan el poemario, estructurado según una misa de difuntos o réquiem,  incluyo un extracto.

 
 

II. Kyrie

 
 

           “Casi todo lo creo muy seguro”

           (Dámaso Alonso. Duda y amor sobre el ser supremo)

 
 

Casi nada lo creo muy seguro.

Los que sólo son para sí mismos

como amenaza contemplan lo trascendente.

La duración se contiene en la duración misma,

sin paréntesis de horas, sin ese repecho

de impostura al que denominamos tiempo.

En la equivalencia entre el instante y lo permanente

reside la sustancia de mi alcance.

Pido piedad a los recuerdos,

a esas notas adscritas a mi conciencia,

a esos sueños, a esa mentira

semejante a la certeza, a esas evocaciones

conservadas para el rencor o la podredumbre.

La piedad lo es si cumple con el deber

del perdón para lo inexcusable, sin tal merced

la caridad se convierte en limosna,

en gracia concedida sin mérito ni virtud.

 
 

¿Qué será de la conciencia

cuando se desprenda de la memoria?

¿Continuará bajo el dictado

de las vividas impresiones?

La misericordia

en la aceptación miserable del abandono.

Saciarse de la hierba del olvido

silencia pero no acalla.

 

¿Cómo habitar la respiración, el crujir denso

que acompaña a la vida en cada gesto?

Ni el rechazo, ni la consunción,

ni el reclinarse en un altar de dorado,

ni el morder con rabia todas las privaciones

son causa de mayor virtud ni gracia.

 

Cuando el camino es el fin

se anula la falta.

 

En definitiva la vida no es tan importante,

pueden serlo más los pájaros.

 
 

III. Secuentia

 
1. Dies irae
 

De no haber un fin para el mundo

el mundo será el final,

todo suceso se leerá como último.

Pero si se avecina el día de la ira,

esa ira imperecedera, asistente divina

de muchos encuentros,

¿a qué hielo se someterán nuestros deseos?

Ante el presagio dulce de las primeras luces

los ojos de hierro se doblegarán,

los huecos que dan al alma

se abrirán para dejarnos entrever los árboles de sangre

y las aves de trasiego firme, de nieve.

Si ese hálito de agonía se convierte en manos

el sonido caminará sin aire,

el fuego se propagará sin llama

y las aguas parirán noches ausentes;

se batirán corderos sin lanas

y cada mejilla conocerá el aliento de la obscuridad.

Pero si fuera el silencio,

la callada renqueante, angustiosa,

el que nos someta a la nada…

Si el final recayera en una decadencia sin caída,

aséptica, vacía,

agonía de muerte sin fe ni palabra,

las bocas quedarían encaladas para siempre

en una visión de futilidad sin empuje.

¡Cuánto se precisa una catástrofe

cuando no es la estabilidad del hueco

sino el vacío lo que soporta el mundo!

En Dios es en ninguna parte

pero alejado de la nada.

Por eso la oquedad supera al contenido,

la pausa al arpegio,

el blanco a la mancha de óleo.

La materia importa sólo porque transforma

en visible la gran ausencia,

en todo presente.

 
 
02/02/2006 19:38 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Via Crucis en homenaje a Antonio Fernández Molina

Mi amigo Juan Francisco Nevado ha realizado un comentario acertado sobre esta bitácora. En su disertación recuerda la figura de nuestro amigo Antonio Fernández Molina, al que dediqué el poemario Officium Defunctorum. Me ha parecido oportuno recuperar un pequeño texto que escribí para la revista de Madrid Káskara Marga de José Fernández Arroyo. Éste dedicó el último número de su publicación a la memoria del entonces recientemente fallecido escritor, pintor y, sobre todo, a mi juicio, poeta, Fernández Molina. El título es una referencia a su libro Via Crucis (además de constituir un breve via crucis) y la estructura un homenaje a sus abundantes aforismos, a los que quiso denominar Musgos.

 

Via Crucis

In memoriam Antonio Fernández Molina

 

La vida se alimenta de la vida

A.F.M. Vía Crucis



1.- Jesús condenado a muerte

No hay como la inocencia para la condena.


2.-Jesús toma la cruz sobre sus hombros

¿La culpa es tal cosa o sólo su peso?


3.- Primera caída

Por los empujones violentos te sabrás en el camino adecuado.


4.-Jesús encuentra a su madre

Nuestra mirada puede invocar todo lo que hemos visto.


5.-Simón el Cirineo ayuda a Jesús

La generosidad supera a la ambición en fortaleza.


6.- La Verónica enjuga el rostro de Jesús

De un instante surge lo imperecedero.


7.- Jesús cae por segunda vez

Todo es prescindible salvo la fe y la perseverancia.


8.- Jesús consuela a las mujeres

¿Cómo consolarse sin aceptar la renuncia?


9.-Jesús cae por tercer vez.

Al silenciar una afrenta se la desprecia dos veces.


10.- Jesús despojado de sus vestiduras.

Lo terrible sería que tras la desnudez no hubiera nada.


11.- Jesús clavado en la cruz

Defiende tu identidad, sé diferente, evita toda actividad innecesaria y serás condenado.


12.- Jesús muere en la cruz

Las huellas de las acciones hablan de quien las emprendió.


13.- Desclavan a Jesús y se lo entregan a su madre

Es la eternidad la suma de todas las memorias.


14.- Jesús es sepultado

Orfeo extrae las palabras del otro lado de la muerte.


 

 

 

La regla del juego

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En estos días finalizo la lectura de La regla del juego (Galaxia  Gutenberg/Círculo de Lectores, 2004)  del brillante José Luis Pardo.

En el capítulo undécimo leo: “En el trabajo tiene uno –uno que haya tenido la suerte de vivir preservado de esta sensación hasta su primer empleo–, por primera vez, la certeza de no ser nadie. Ésta es una experiencia de humillación tan completa que probablemente es extraña  a aquellas formas de organización social no basadas en el empleo asalariado. Y uno intenta, por supuesto, defenderse de esta humillación, pero, en la medida en que no puede eliminarse la necesidad de tener que trabajar, esta defensa es una defensa en la humillación, un consuelo o una estrategia para soportarla, no un combate contra ella, que tenga una mínima expectativa de victoria.”

Aparto la mirada del texto, sonrió y afirmo con cabezazos físicos que pueden transmutarse en cabezonadas intelectuales.  En efecto se percibe en el ambiente una sorda persuasión para diluir la voluntad de ser. Las vocaciones, sobre todo aquellas que apuntan  a una disciplina artística, se enfrentan plenamente con el proyecto de uniformidad. Cuando alguien, por encima de circunstancias racionales o de conveniencia social, se sitúa con la “necesidad”, la disposición a “ser”, en realidad  se significa, se distancia de las posiciones que pretenden acomodar al ciudadano a las pretensiones del mercado.

¿Acaso hoy no se prepara a cada individuo para producir en un determinado nivel aunque no coincida con sus aptitudes? Ahí reside el secreto, el gran enigma por el que todos suspiran. ¿A qué viene ese empeño por reducir los estudios de humanidades? ¿Por qué no se presta la atención debida a la investigación científica?

Algunos consideran que nuestra sociedad no precisa de esas zarandajas que, en definitiva, sólo conducen al pensamiento propio, a la individualidad intelectual,  -parece ser que debería bastarnos con la  “individualización” del consumo-.

Claro que en el trabajo asalariado se pide al individuo que no-sea. Y con mayor frecuencia también se educa con ese propósito, vemos cómo se  apartan las materias “conflictivas”, cómo se pretende organizar la uniformidad en el pensamiento, los hábitos, las modas…

Este régimen cultural, que reduce las posibilidades de formación ética y filosófica, terminará generando individuos incapaces de asumir la responsabilidad de una tecnología cada vez más imponente y destructora. ¿Tal situación no equivale  a permitir que unos niños jueguen con armas de fuego?

El novelista francés Houellebecq, en una pública conversación con Fernando Arrabal aparecida en un diario, asevera: «Nuestro contemporáneo, obsesionado por el trabajo, evita el amor. Acepta el matrimonio pero ignora el arte de amar. Ha creado un sistema en el que es imposible existir.»

Dios responde a Moisés en el Sinaí: “Soy el que soy siempre y en todo lugar”. Nosotros empezamos  a ser una ausencia dedicada a la producción. Una sombra de ser humano, un animal que produce para una colectividad cada vez más difuminada.

En el mismo libro José Luis Pardo finaliza un párrafo con la siguiente reflexión: “Para los hijos de las sociedades modernas, el mercado aparece en primer lugar como un paraíso (el paraíso del consumo) y termina por convertirse en un infierno (el infierno de la producción).”

Mi apreciado lector, no sé si llamarle a la rebelión intelectual  o a una huelga de producción indefinida.
15/02/2006 08:45 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Schopenhauer, Lautréamont y el gnosticismo (I)

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Arthur Schopenhauer siempre me ha resultado simpático. Sí, esa es la palabra justa, simpático, quizá por lo fastidioso que resultó para muchos en su tiempo, ¿quién sabe si todavía hoy para algunos?. Con frecuencia, cuando se  refieren a su obra, la denominan pesimista.. Cuando leo sus obras entiendo que la existencia, la vida, el mundo sobre el que reflexionan  es el “puramente” humano. Doy por sentado que tal vez la vida sea –en términos genéricos– menos cruda de lo que expresa Schopenhauer, pero, sin embargo, sí considero que sus apreciaciones resultan certeras en tanto que hablan del “mundo humano”, por tanto la sociedad como su reflejo,  al que todos pertenecemos sin remedio.

También me atraen ciertos aspectos de su pensamiento cercanos a la renuncia (El medio más seguro de no llegar a ser muy infeliz es no pretender ser muy feliz, nos dice.). A veces parece que nos insta a ocupar la vida casi con desdén, como si ésta no fuera con uno. Al tiempo nos invita a “ser”, a perpetuarnos en torno al conocimiento como instrumento para alcanzar la bonanza del individuo.

Por ejemplo leo: “…lo más esencial para la felicidad de la vida es lo que uno tiene en sí mismo. Pero como esto, por regla general, es tan escaso, la mayoría de aquéllos que ya no tienen que luchar contra la necesidad en el fondo se sienten tan desdichados como los que aún se hallan inmersos en la lucha contra ella. El vacío interior, lo aburrido de sus conciencias, la pobreza de sus espíritus, los empuja a la búsqueda de compañía, la cual, sin embargo, consiguen de otros como ellos pues, similis simili gaudet (traduzco: lo semejante llama a lo semejante).

En el reciente libro Schopenhauer. Vida del filósofo pesimista (Algaba ediciones, Madrid, 2005), Luis Fernando Moreno presenta el siguiente extracto de un manuscrito del filósofo llamado Libro del  cólera: “…este mundo no podía ser la creación de un ser lleno de bondad sino, más bien, la de un demonio que se deleita con la visión del dolor de las criaturas a las que ha abocado a la existencia: esto era lo que demostraban los hechos, de modo que la idea de que ello es así acabó por imponerse.”

También Harold Bloom me resulta simpático, sí, de nuevo este adjetivo describe mejor que agradable, interesante o cualquier otro, mi preferencia por este autor. (Ahora hay a quienes les ha disgustado sobremanera su osadía al escribir un libro con la nómina de “sus genios”.) Precisamente en el preámbulo a este compendio, Genios, dice: “Después de una vida de meditar sobre el gnosticismo, me atrevo a afirmar que este es, en la práctica, la religión de la literatura (…) …es un conocimiento que libera la mente creativa de la teología, del pensamiento histórico, y de cualquier divinidad completamente distinta de lo que es más imaginativo en el yo.”

El gnosticismo se forma con pliegues que proceden de entornos paganos y judíos, aunque toma cuerpo con los primitivos cristianos. Aunque también fruto de otras influencias, el pensador gnóstico Marción, que ingreso en la comunidad cristiana en torno al 140, defendía la existencia de dos dioses. El del Antiguo Testamento, de rango inferior, creador del hombre y el mundo, y el Dios de rango superior que envió a Cristo, el del Nuevo Testamento.

Muchos de los diversos grupos gnósticos, hasta que su exterminio por la ortodoxia “romana”, pretendían evitar este mundo, creado por una divinidad “inferior”. Para ello promovían el ascetismo y una cierta radicalidad en sus costumbres.

De estos planteamientos sin demasiado esfuerzo llegamos hasta el mundo originado por una divinidad demoníaca, de lo que arriba escribía Schopenhauer.

Un diablo creador próximo al personaje  maligno, tanto que en ocasiones roza la cómico, del conocido como Conde Lautréamont (se supone que se trataba de  Isidore Ducasse –1846-1870-) en Los Cantos de Maldoror. En el Canto II una omnisciente fuerza exclama mientras devora los sesos de unos peces: “Yo os he creado; por lo tanto, tengo derecho a hacer con vosotros lo que quiera. No me habéis hecho nada, no digo lo contrario. Os hago sufrir por placer.”

Desde luego no llegan a tanto los textos gnósticos y su lectura me parece más bien provechosa.

Página recomendada: http://www.schopenhauer-web.org/

21/02/2006 09:23 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.


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