Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.

La apariencia de viaje (Arrabal, el rinoceronte y El Rey)

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 He observado que mis viajes con frecuencia se transforman en una  excusa para concentrarme en libros de cierta extensión, releer esas pruebas que me rondan desde hace semanas y departir con detenimiento de todo lo inminente e inmanente, si tengo la fortuna de viajar acompañado.

Ayer regresé de la universidad Juan Carlos I donde asistí  a la conferencia que impartió  Fernando Arrabal, como chupinazo de los cursos de verano.  Nos vimos ya en el hotel, junto con el trotamundos Rivela y Marcos “el poeta leñador”, mientras realizaba una espléndida entrevista. En estas ocasión le acompañaba su esposa Luce, siempre capaz de aportar el más original contrapunto a los comentarios de Arrabal.

Se han publicado en diarios y se han editado en internet algunas de sus declaraciones, pero no ofrecen con justicia el talento que demostró el escritor. Le preguntaron por la visita del Papa a España.  A lo que alegó que sólo le había interesado la figura de Juan Pablo I porque, según palabras de Arrabal, afirmó: “Dios es la mujer”. Los medios de comunicación han publicado que Arrabal declaró “Dios no es un hombre sino una mujer”. Claro que también han confundido a Samuel Beckett con Bécquer. Y es que no hay nada como los reporteros patafísicos que con frecuencia asisten a las ruedas de prensa.

Durante la comida de ayer Arrabal mostró al presidente de la fundación Juan Carlos I y a otros amigos las fotografías que le tomaron toreando a un rinoceronte. Se manifestaba muy impresionado por la frecuencia de  copulación de los rinocerontes. “Cada 28 días en torno a 28 minutos”, me aseguró un señor físico con aspecto de persona seria, confirmó. Aquello conmocionó a la mesa. Según parece después el rinoceronte macho retoza en el barro para librarse del abundante sudor que ha expelido en tamaño ejercicio. Seguro que alguno de los presentes  la  noche pasada soñó con el mítico animal.  A Dalí también le fascinaron los rinocerontes, incluso realizó la película: “Historia de la Encajera y el rinoceronte”.

Arrabal prosiguió relatando abundantes anécdotas. Entre ellas una de Borges en la que respondió a un reportero que le preguntaba sobre el inicio de la guerra de las  Malvinas: “Argentina y Gran Bretaña se comportan como dos calvos peleándose por un peine.”

De vuelta a Zaragoza pasé por Madrid para saludar al poeta José María de Montells. Me comentó que su despacho poético se encuentra en la cervecería Santa Bárbara, en la terraza en verano y en el interior en invierno.. ¡Y me advirtió de un incendiario epílogo que ha escrito para el último tomo de la antología de la poesía visual de Víctor Pozanco!

Constato que mis viajes no lo son tanto por los lugares que recorro como por  la conversación con amigos y la lectura. No recuerdo ningún rostro de las personas con las que me he cruzado en andenes, calles y plazas, tampoco, aunque me esfuerce, logró recrear  ningún paisaje.

¿Lo que se espera de un viaje recae más en la distancia o en las impresiones que se producirán en nuestro interior?

Tuve que abandonar Aranjuez momentos antes de la llegada del torero pánico, ejecutor de grandes hazañas, entre las que destaca la famosa autocornada. Una lástima.

 

(En la imagen superior: “Torero alucinógeno”, lienzo de Salvador Dalí)

07/07/2006 12:22 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Pruebas documentales del fin de los tiempos del libro (y la presentación de Geografía enemiga de María Paz Moreno)

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 (En la imagen superior dos consejeros editoriales de una gran empresa, sorprendidos, durante sus vacaciones estivales, por la San Huevada de un pequeño editor inmoderado y hermoso.)

En Alicante presentaremos el próximo 13 de julio el libro de la poeta María Paz Moreno. El volumen consta de dos poemarios Geografía enemiga y Los dones perversos (Libros del Innombrable, 2005)  con prólogo de Julia Otxoa.

En cierto estudio sobre el relato breve, que cayó en nuestras manos por gracia y obra de Ester Fernández,  se menciona el nombre de Julia Otxoa y el de Antonio Fernández Molina entre los autores más destacados del relato breve en España. Precisamente el ejemplar editor José Ángel Zapatero de Menoscuarto publicó, hace ya unos meses, una interesante selección de relatos de Fernández Molina bajo el título Las huellas del funambulista. El prólogo, muy bien resuelto por el brillante  José Luis Calvo Carilla, recoge en su primera página un retrato muy vivo del funeral del autor.

A continuación para solaz de mis lectores incluyo un poema de Geografía enemiga:

Martes de Carnaval

 

La soledad

es acariciar mis propios muslos

echada de lado sobre la cama,

apretar los ojos para quedar dormida

y esforzarme pensando

que debo no pensar en nada.

Un eco de prisa angustiada

resuena desde la calle, los coches aceleran

y los motores rugen desafiantes,

rebelándose con violencia de alimaña

a su destino ineludible de amasijo y chatarra.

La ciudad ha enloquecido. Sus habitantes

han salido a celebrar que están vivos,

es preciso ahuyentar el miedo que se desliza

como el agua junto a las aceras, creciendo

con la urgencia invasora de la mala hierba.

A veces nos preguntamos por la vida,

quisiéramos saber si nuestra realidad

es la que nos estaba destinada, si ésta

es la única vida que nos cabe. Tal vez

pertenecemos a otro lugar o a otro tiempo

y equivocamos la máscara.

A lo mejor la soledad

no es más que nostalgia de esa otra vida

que no conocemos, pero intuimos

inalcanzable y perfecta como una fruta de oro.

   

El pasado diciembre se realizó el primer intento de la puesta de largo del volumen de María Paz, también en Alicante, pero gracias a los hados (puesto que, como es bien sabido, no es posible dilucidar responsabilidades entre el establecimiento y el distribuidor) pusimos sobre el tapete una nueva modalidad: la presentación de un libro  sin ejemplares. ¡Qué galán presentación sin presencia! La autora leyó algunos de sus poemas, tomamos un café y mostramos, para envidia de la muchedumbre, el único ejemplar disponible de la obra. ¿Volverá a la presentación esta vez la turba hambrienta de “compradores imposibles”?

 

Tras un éxito tan  venturoso repetimos este año la experiencia. Realizamos la presentación de Los viaductos de Albentosa de Alejandro J. Ratia sin libro también, ¡toma ya!. ¡Qué dicharachero parece desde nuestra óptica el mundo editorial! Desde aquí y ahora proponemos presentaciones sin libro, distribuciones sin libro y librerías sin volúmenes (ellas podrían vender “consoladores” en su defecto).

¿Alguien se percataría de la desaparición de la letra impresa? Si exceptuamos a ciertos incondicionales (quiero decir lectores), Antón Castro, dos ó tres distribuidores, la librería Antígona, Eutimio (santo y seña de la Librería General de Zaragoza), los redactores de la revista Symbolos, Arrabal, Tomeo, un señor de Cáceres y otro de Badajoz, Aloma (o sea, La divina presencia), algunos, los menos, críticos, una parte de los escritores y quien esto suscribe (pueden añadirse a esta lista nuestros lectores si lo desean), los demás podrían seguir con el negocio. Al fin y al cabo de eso se trata exclusivamente, del negocio...

Como expresó un pequeño editor, con el alma de espadachín del  Zorro y pretensiones de altos vuelos, en un acto al que asistí recientemente: ¡basta de editores poetas y románticos, yo lo que quiero sobre todo es vender! "Diga usted que sí", repetimos todos a una para nuestros adentros. La cultura son palabras mayores y hay que hacer lo posible para que no interese a nadie. ¡Basta ya de justificar a esos pobrecitos que publican libros sin publico! Ya hemos tenido suficientes ejemplos de este tipo: Manuel Altolaguirre, Sylvia Beach (editora de Ulises), Virgina Wolf, Carlos Barral y otros editores-autores... Sin duda hay que purgar (esa  palabra tan querida por Stalin) al mundo de este tipo de delincuentes-editores. Es mejor seguir los consejos de este iluminado de la edición que proponía, como novedad, la imagen del editor con pretensiones de grandes ventas. Pero, ahora que caigo, si eso es precisamente casi lo único que existe, ¿dónde reside lo original del planteamiento? Los surrealistas procuraban la descretinización de la sociedad a través de ejemplares travesuras. Por eso ahora, tras lo expuesto,  propongo para el mundo de las grandes editoriales el lanzamiento, promoción y presentación de libros que ni siquiera existan. De este modo Bretón, Dalí, Tzara y Duchamp bramarán de satisfacción desde el más allá ante proeza de tal calibre. Sin duda si lograramos esenivel de progreso nos enfrentaremos a la culminación de la decadencia monetaria: un mercado donde sólo importa el dinero y donde el producto no sólo no es importante, sino que ¡ya ni siquiera existe! Como los fotones virtules, aunque en realidad éstos sí dan muestras de su presencia.

¡Cómo gozarían mis publicaciones chapoteando entre la no-edición! Al igual que Alicia y sus secuaces celebraban los no-cumpleaños.

  Esperando ese momento mágico María Paz Moreno ha publicado los poemarios: La semilla bajo el asfalto (Botella, 1994), Mudanza en su costumbre (Frutos del tiempo, 1996), Correspondencia atrasada (Pre-Textos, 1999), Geografía enemiga (edición bilingüe español/portugués, Lisboa, Ediçoes Tema, 2001). Sus poemas han aparecido en diversas revistas literarias de España, México y Estados Unidos, entre ellas Zurgai, Reloj de Arena, Tierra Adentro, Cuadernos del matemático y Letras Femeninas. Su obra ha sido recogida en diversas antologías, entre ellas la de Luzmaría Jiménez Faro, Poetisas españolas: Antología general 1976-2002.

En el año 2005 realizó la edición de la poesía completa de Juan Gil-Albert. En homenaje de ambos y como finde fiesta reproduzco uno de mis poemas favoritos de Gil-Albert, incluido en su libro Migajas del pan nuestro.

 

El yo…

 

Cuando menos se tiene más se es.

Sombra del árbol, suave, como un velo,

estridente verano alrededor,

y cerca, casi oculto,

el murmullo del agua.

No quiero más.

Que me dejen pensar en quien me anima.

Y que el calor prospere.

Y que el mundo se pierda.

  
11/07/2006 17:55 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Arrabalesco

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Reproduzco arrabalesco, es decir, definición de Fernando Arrabal aparecida el pasado domingo 9 de julio en el periódico El Mundo.

El amarillo de la bandera: En los edificios públicos [¿y burdeles?], embajadas y consulados [con la excepción -entre otras-, de las que regenta Chencho (Inocencio -Arias-)] el símbolo patrio suele amustiarse con un gris mierdoso. Indiscutiblemente, por ello, el equipo de Francia del Mundial se albergó en el castillo de Munchausen. El Barón, en su día, se drogaba con petulancia. Un día, con blancas, trató de deslumbrar a todos jugando contra un humilde desconocido: 1. e4, d5 ; 2. e5, d4 ; 3. ç3, f6 ; 4. exf6, dxç3 ; 5. fxe7, çxd2+ ; 6. Axd2, Axe7 ; 7. Cf3, Cç6 ; 8. Cç3, Cf6 ; 9. Ce2, Cd7 ; 10. Cfd4, Cçe5.11. Cé6 y de pronto al ver la última jugada del tímido (11... Cd3) el ‘munchausente’ se dio cuenta de que estaba mate. El modesto vencedor se disculpó: “No tiene mérito. No sé jugar al ajedrez. Sólo he repetido con las piezas negras las jugadas que usted hacía con las blancas”. Como en la vida.

Más arrabalescos en http://www.arrabal.org/

Alicia en el país de los cuantos (¡Sepan cuantos!)

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 (Bailes y danzas de fotones en la fotografía superior.)

  Robert Gilmore ha escrito el fabuloso libro Alicia en el país de los cuantos, al que  ha subtitulado Una alegoría de la física cuántica. Y se trata precisamente de eso. Ha utilizado el hilo argumental de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll para realizar una divertida lectura de la física cuántica, con todo lo que tiene de opuesta a la lógica tradicional e, incluso, a lo que durante tanto tiempo se ha definido como sentido común.

Además de las explicaciones científicas pertinentes, desperdigadas como notas y pequeñas valoraciones que se entrelazan en el texto, resulta una lectura colosal por las aseveraciones, a modo casi de aforismos, que se intercalan. Aquí van unos ejemplos “ejemplares” con máximas que en algún momento quien escribe ha puesto en práctica: 

"¡Lo que no está prohibido es obligatorio!"

"Uno para todos y todos para nada."

"Cuando uso una palabra, yo elijo su significado, ni más ni menos." 

"Sea lo que sea, yo estoy en contra" 

Por supuesto tales afirmaciones vienen marcadas por el comportamiento de electrones, protones, neutrones y demás habitantes del mundo de lo pequeño. Sin embargo las frases extraídas del conjunto me recuerdan a algunas de las más osadas articuladas en los manifiestos dadaístas de Tristan Tzara.

Para mejorar la situación el autor ha decidido transformar a la medida más pequeña de la materia conocida, es decir, los quarks, en los Hermanos Quarks, que dan lugar a uno de los más afortunados momentos del libro. La física cuántica nos pone frente a partículas, es decir, antipartículas  que viajan hacia atrás en el tiempo, que atraviesan la materia, fotones virtuales en donde habitaba la nada... Y muchas más cosas que no desvelaré a los lectores. El momento que me ha deslumbrado completamente procede de la explicación del vacío, en el que nadan fotones virtuales. Es decir que la nada no es tal sino que está compuesta por elementos, lo que equivale a considerar el cero como número y no solamente como “nada” en el sentido habitual.

Algunos filósofos "espiritualistas" (que no tienen nada que ve con espiritistas ni esotéricos), ya lo advirtieron, como Malebranche, pero ahora lo encontramos ratificado en este libro sobre física: 

“Es sólo Nuestro acto de observación lo que impone una forma única y definida al mundo.” 

Desde que puedo recordar me ha indignado la visión reduccionista de la realidad, es decir, la limitación a lo que nuestros sentidos perciben. De hecho si fuéramos perros veríamos todo en blanco y negro y nos veríamos obligados a decir que los colores no existen. Quizá esa necesidad de amplitud y conocimiento, no sólo de la realidad inmediata, me ha llevado ha vincularme con expresiones como el surrealismo y al interés por la simbología, las tradiciones perennes y ahora también por la física.

Resulta estremecedor cuando uno el personaje de El Agente dice a Alicia: “Veo que estás observando los átomos que nadan en el vacío.”

Definitivamente no sólo la vida, sino el mundo, no era lo que nos habían contado.

Por el momento, les digo: Sea lo que sea, yo estoy en contra.

12/07/2006 13:26 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

Pitágoras en el momento del triunfo del cristianismo

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(En la ilustración "Monocordio de Pitágoras".)

 

 

Leí Vida pitagórica de Jámblico, en edición de Enrique A. Ramos Jurado (Etnos, 1991),  en mi trayecto de Alicante a Madrid tras la presentación del poemario Geografía enemiga de María Paz Moreno.

El  testimonio de Jámblico sobre Pitágoras, relativamente tardío (en torno al 300 d. C.), si tenemos en cuenta que los hechos del fundador del pitagorismo se enmarcan en torno al 500 a.C., se encuentra influido por escritos anteriores de su maestro Porfirio, además de por las refencias de autores antiguos como Eunapio de Saudes, Malalas, Nicómaco de Gerasa o Juliano.  Existen indicios de un libro de Aristóteles, no conservado, dedicado a  Pitágoras, al que, según la tradición confirmada por Jámblico, los antiguos lo tenían por fundador no sólo de las matemáticas sino también de la filosofía.

La comunidad pitagórica se encontraba establecida en dos grandes grupos diferenciados: matemáticos y acusmáticos. Los primeros recibían directamente las enseñanzas de Pitágoras y podían intervenir en el desarrollo de los conocimientos “divinos” (geometría y matemáticas). Los segundos seguían las enseñanzas, memorizando las normas de la comunidad y velando por sus pautas sin participar de las actividades que ahora denominaríamos como de investigación “matemática”. Jámblico nos informa de la normativa de la comunidad en torno a la celosa ocultación de los secretos revelados por los dioses a los hombres a través de Pitágoras,  así como de las normas de alimentación, de comportamiento, etc. También se nos ofrece un conjunto de máximas de Pitágoras que, a modo de aforismos, nos descubren ciertas semejanzas con principios del misticismo de tradiciones como la cristiana y de textos procedentes del hermetismo.

En algunos casos los pitagóricos  recuerda a las comunidades monásticas cristianas. Incluso en las referencias a los iniciados y sus pruebas de acceso se observa cierto paralelismo, salvando las distancias evidentes. Citaré algunos puntos de los pitagóricas y de  la regla monástica de San Benito.

Se dice por ejemplo en Jámblico: “A los neófitos les imponía un silencio quinquenal, poniendo a prueba su autocontrol”. Algo más arriba también se nos dice: “...le imponía ser menospreciado tres años, poniendo a prueba su constancia, su auténtico deseo de aprender, y si en relación a la gloria estaba lo suficientemente preparado como para menospreciar el honor.”

Referiré ahora un extracto de la regla de San Benito: “No se reciba fácilmente al que recién llega para ingresar a la vida monástica,  sino que, como dice el Apóstol, prueben los espíritus para ver si son de Dios. Por lo tanto, si el que viene persevera llamando, y parece soportar con paciencia, durante cuatro o cinco días, las injurias que se le hacen y la dilación de su ingreso, y persiste en su petición,  permítasele entrar, y esté en la hospedería unos pocos días.”

En ambos casos, por ejemplo, se habla de una comunidad que se sitúa por encima del individuo.

No quedan aquí las semejanzas entre pitagóricos y cristianos, al menos desde la perspectiva de la obra de Jámblico, aunque cabría preguntarse si todas proceden de los escritos antiguos, o, si bien, algunas son fruto de modificaciones para establecer paralelismos con el cristianismo entonces en expansión. En varias partes de la obra se deja constancia del desprecio que los pitagóricos sienten por la muerte. “Preferían morir a divulgar sus secretos”, se reitera de forma constante sobre miembros de la comunidad pitagorica. Incluso se nos cuenta la historia de una mujer capaz de tragarse la lengua para no revelar los secretos que un tirano pretende arrancarle por medio de tortura. No resulta muy difícil el recordar a los mártires cristianos y a su indiferencia frente a la muerte y la tortura.

Respecto a Pitágoras, del que se conocen poco datos históricos, en todas las referencias se le atribuyen rasgos divinos, con frecuencia emparentados con Orfeo, que suele aparecer como su antecesor. En ciertas fuentes se refiere la ascendencia divina de Pitágoras como hijo de Apolo Hiperbóreo. Jámblico da a la madre de Pitágoras el nombre de Partenide. En la nota al pie el profesor Enrique A. Ramos puntualiza:”Partenide formado sobre el griego pártenos, “virgen”, insiste en la idea del no contacto sexual entre el dios y la madre mortal de Pitágoras. El trasfondo del cristianismo, el nacimiento de Jesús, creemos que no debe ser ajeno a este punto de vista adoptado por el filósofo de Calcis”.

Las vinculaciones entre Orfeo, Pitágoras y Cristo darían para un interesante ensayo. Si alguien se atreve...

   
18/07/2006 18:44 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Fred Astaire en el delirio de un sueño

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 Desde que tengo uso de razón, (no es bueno comenzar un texto mintiendo), desde que puedo recordar, (eso se ajusta más a la verdad, que es inajustable) por diversos motivos he defendido con uñas y dientes, a capa y espada, cual lagarto ratonero y con el siempre énfasis fanático y mitómano que me caracteriza, la figura de Fred Astaire.

No sólo me parece un extraordinario y ¡divertido! bailarín, en comparación con los de ahora que siempre me aburren y me obligan a dormitar en la butaca y el sillón, sino que se me antoja como un buen actor y un  brillante cantante. Entre mis tesoros más queridos se encuentra su disco Finest hour, donde se recoge una selección de sus grabaciones de los años 50, en las que  recuerda muchas de canciones de sus películas. Varios de esos temas los grabaron después intérpretes como Sinatra y claro, ante semejante competencia, quedaron alguno empañados los matices vocales de Astaire. Y leo para mis sorpresa que fue nominado al oscar al mejor actor secundario por su participación en El coloso en llamas (1974). En fin, un gran artista al que hoy todavía no se le rinde el tributo que se merecería.

De niño me encadenaba voluntariamente al televisor cuando su figura, con sombrero de copa o sin él, con calzones o sin ellos, esa media sonrisa y sobre todo esa cabeza de zeppelín, de la que ya hablé en el poema Oda a Fred Astaire, se asomaba con implacable destreza.

Sin duda muchas pautas del carácter de sus personajes  se ajustan a los del padre que todo niño, al menos eso pienso yo, quisiera tener. Quizá Petrov, el personaje que interpretó en Ritmo Loco (1937), una estrella de ballet ruso obsesionado por seducir a una bailarina norteamericana, encarna  la tipología a la que me refería. Nada de señores fornidos, ni de complacientes o bondadosos triunfadores capaces de cualquier cosa. Ese hombre delgaducho, divertido, en muchas de sus películas inseguro y un tanto tarambana complacería a cualquier muchacho, sobre todo si este joven no es permeable a los modelos que la sociedad y el deporte pretenden imponer. Un padre que encima canta canciones de  Cole Porter, Berlin y  Gershwin. Ante eso poco importa su procedencia austriaca y que su nombre fuera Frederick Austerlitz.

 

Hastiado ya de la modernidad y de los prototipos masculinos imperantes en la pantalla y en las novelas, ya sea un antihéroe redomado o un perfecto destrozador de mobiliario urbano con buen corazón, aunque siempre algo canallesco para que no parezca demasiado blandito, propongo retornar a la frescura de Fred Astaire. A esa forma de vestir que resulta más rompedora que cualquiera de las que me encuentro a diario en la calle, a ese galanteo tan fuera de lugar que espantaría a cualquiera mujer de hoy, a esos pasos de claqué que dejarían fuera de lugar tanto a los bailes seudotropicales de hoy, como a los ritmos cansinos de las discotecas.

Desde luego yo no me lo pienso más y este invierno salto a la calle con bastón y sombrero de copa. ¡Como tiene que ser!

21/07/2006 14:39 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Te recuerdo como eras (In memoriam de Ruth Reichelberg)*

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*(Fernando Arrabal me remite por correo electrónico el siguiente poema inédito que publico en mi página para solaz de vertebrados e invertebrados lectores. Libros del Innmobrable publicó recientemente, de la profesora Ruth Reichelberg, el libro Don quijote o la novela de un judío enmascarado. En la fotografía superior Ruth Reichelberg.)

 

Te recuerdo como eras iluminando palabras y oraciones.

Te recuerdo como eras incendiando olvidos y naufragios.

Te recuerdo como eras fusionando amor y caridad.

Te recuedo como eras puliendo topacios y miradas.

Te recuerdo como eras enclavijando señas y señales.

Te recuerdo como eras rastreando destierros y retornos.

Te recuedo como eras sumergida en maestros e infinitos.

Te recuerdo como eras transformando instante y eternidad.

Te recuerdo como eras buscando la piedra y la piedad.

Te recuerdo como eras cantando con voz y con aliento.

Te recuerdo como eras viviendo transfiguraciones y trascendencias.

Te recuerdo como eras floreciendo el árbol y la vida.

Te recuerdo como eras saliendo a tu terraza y tus luceros.

Te recuerdo como eras alcanzando estrellas y fugaces.

Te recuerdo como eras tatuando tu mano y tu mejilla.

Te recuerdo como eras esperando relaciones y revelaciones.

Te recuerdo como eras soñando sin quimera ni utopía.

Te recuerdo como eras visitando el pabellón y el oro.

Te recuerdo como eras acechada por el fuego y la tormenta.

Te recuerdo como eras vulnerada por tormentas y desdenes.

Te recuerdo como eras protegida baja las faldas del cielo.

Te recuerdo como eras decidida a ser "más que yo misma".

Te recuerdo como eras forjando espíritu y pureza.

Te recuerdo como eras interrogando ausencia y perversidad.

Te recuerdo como eras discurriendo armoniosa y diferente.

Te recuerdo como eras argumentando por selvas y laberintos.

Te recuerdo como eras ampliando márgenes y cabelleras.

Te recuerdo como eras transmitiendo existencia y esencia.

Te recuerdo como eras multiplicando huellas y azucenas.

Te recuerdo como eras armada de musgo y esplendores.

Te recuerdo como eras resplandeciendo de certezas e indeterminaciones.

Te recuerdo como eras enfrentando peligros y pelajes.

Te recuerdo como eras cruzando mis dientes con tu paz.

Te recuerdo como eras atravesando mi torrente con tu torre.

Te recuerdo como eras penetrando mis dudas con tu duna.

Te recuerdo como eras abrazando esperanzas desde estrellas.

Te recuerdo como eras rompiendo intransigencia y rejas.

Te recuerdo como eras besando lo inefable en el espejo.

Te recuerdo como eras suspirando crisálida y mariposa.

Te recuerdo como eras piafando en el corcel del Paraíso.



Llegas al acantilado

y a mí

ola tras ola

por los siglos de los siglos.



Fernando Arrabal, París a 24 de julio de 2006

 

 

 

Sobre Don Quijote o la novela de un judío enmascarado:

Don Quijote o la novela de un judío enmascarado

Ruth ReichelbergPrólogo y traducción de María Dolores Espinosa Sansano

ISBN: 84–95399–69–5

Este libro se propone describir la toma de posesión, en el sentido literal del término, de la persona del lector. Querría modestamente —pues el reto depende de la apuesta— dar cuenta de la conmoción progresiva y porfiada, del rapto ejercido casi sin saberlo por una obra semejante sobre su lector.

La primera vez que leí con algún detenimiento el Quijote, mi asombro y mi irritación fueron aumentando al tiempo que progresaba la lectura. Cada vez más perpleja y desorientada por esta serie de aventuras aparentemente absurdas, me pregunté qué había podido originar la repercusión y la universalidad de esta obra.

Sin embargo la seducción fue enorme y operó hasta tal punto que acabé la lectura de la novela totalmente conmovida, habiendo dado un giro de ciento ochenta grados sobre mí misma y sintiéndome por otro lado extrañamente implicada, pero sin llegar a discernir por qué. Decidí a mi vez dar rienda suelta a Rocinante y seguirlo, atenta a los ecos más remotos que sus andanzas a través de las llanuras de Castilla despertaran en mí.

Ruth Reichelberg

 

M.K. Ciurlionis

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 (En imagen superior lienzo de Ciurlionis "Los reyes".)

Es difícil olvidar la pulsión que estremece el cuerpo cuando se descubre algo afín, ya se trate de una persona o de un elemento artístico, ya sea la respuesta que alguien da en una entrevista, el familiar sonido de la obra de un compositor, el deslumbramiento frente a un cuadro o el granizo de aquiescencia ante la lectura de un texto. Ese arrobamiento  o éxtasis lo padecí  “con la alegría de la esclavitud que ronda al amor” durante mi primera visita al Teatro-Museo de Salvador Dalí en Figueres, frente a Las Meninas de Velázquez,  cuando todavía era  un niño y no sabía nada del pintor ni de la importancia académica del lienzo, durante la lectura primigenia y original del Poeta en Nueva York de Lorca, El cuello cercenado de Fernández Molina, La piedra de la locura de Fernando Arrabal, la Antología poética de Juan Eduardo Cirlot, en el primer visionado de Manhattan de Woody Allen (por poner unos ejemplos que se dieron antes de que alcanzara los veinte años).

En ocasiones uno piensa que no encontrará una obra, una novedad, que le haga revivir esa sensación. Y por fortuna, uno, una vez más, se equivoca de cabeza a rabo y extremidades.

Para mi  fortuna ¡ de la mano de mis amigos Pedro y Beatriz he descubierto de pleno al pintor, compositor y escritor lituano M.K. Ciurlinonis. Ellas aseguran que les suena vagamente como compositor y, en mi caso, ese recuerdo me resulta tan impreciso que apenas creo se corresponda con una ligera mácula.

Ciurlionis pertenece intelectualmente a ese grupo, por mi tan querido, que pretendieron (y pretenden) aunar todas las artes en un impulso creativo.(Véase el Manifiesto del Arte Absoluto). Siguiendo trayectorias de creadores de diversas disciplinas  como Scriabin, Kandisky, Schönberg (que durante una etapa de su vida realizó excelentes autorretratos)  o Xul Solar. Así en un momento musical a caballo entre el nacionalismo y el expresionismo surge esta figura con su música, con poemas como Sonata y  lienzos con títulos como, de nuevo,  Sonata de Mar, Fuga, Sonata de primavera (repartida en tres lienzos que se corresponden con los tres movimientos de la sonata), sonata de las estrellas...  También dedicó toda una serie de cuadros a los signos del zodiaco que, por lo que hasta el momento conozco de su obra, puede que se encuentre entre lo mejor de su creación.

He leído algunas traducciones de sus poemas que, al igual que su pintura, me parecen muy próximos al simbolismo. Así mismo he buscado algunos fragmentos de sus obras musicales y me han parecido muy atractivas. Pero lo que ahora mismo me tiene subyugado sobre todo es la pintura,  de fácil acceso a través de la maquinita de internet. Algunos de sus lienzos recuerdan a los de ese otro visionario de la plástica del siglo XX, además de escritor, Víctor Hugo. También y, sobre todo, encuentro en sus pinceladas emulsiones  de mi admiradísimo Gustave Moreau (la visita a su casa-museo en París supuso en mi vida todo un acontecimiento) y también a su compañero de generación Odilon Redon (como en "La creación del mundo"). En algunas de sus entornos difumados puede incluso acercarse a Turner. Pero lo mordazmente hermoso es que, a pesar de tales paralelismos, mantiene una cierta personalidad íntegra. Resulta evidente su originalidad como antecedente del surrealismo al estilo de Paul Delvaux. Incluso algunos lienzos de increíbles vegetaciones  pueden rememorar vagamente al aduanero Rousseau

En una página de internet dedicada a su obra leo:

Lo interesante de todo esto es que hace mas de cien años, cuando nadie les hacía caso, varios pintores y músicos del Centro y Este de Europa habían hecho los primeros intentos de integrar las artes, gracias a sus estudios de música, arte y literatura. Ya conocemos el caso de Vasili Kandinsky y František Kupka, Paul Klee y Francis Picabia para mencionar sólo a los más famosos.

Entre los pioneros de ese arte que luego daría el surrealismo y el arte abstracto, figura una persona casi legendaria que parece pertenecer a todos los ismos del siglo veinte y a la vez, es único y personal. Se trata del compositor y pintor lituano M. K. Ciurlionis, nacido el 22 Septiembre de 1875 en Varena (Lituania) recibió las primeras lecciones de música a los tres años dadas por su padre el organista de la parroquia en Druskininkai, y de allí pasó a la escuela de música y orquesta de cámara del Príncipe M. Oginskis de Plunge. En 1894 hizo estudios de música en Varsovia y en 1901 de composición en el Conservatorio de Leipzig. En 1903 sin abandonar la música por completo  -dando lecciones de piano para ganarse la vida- empieza con pasión estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de Varsovia y en menos de 9 años deja unos 300 cuadros fantásticos que en su época nadie sabía cómo interpretar. Hoy, ya está claro que pertenecen a su época de Simbolismo y Art Nouveau y gracias a la sinestesia, así definida por Kandinsky, por intuición fue un pionero del modernismo y arte abstracto

 

Ruego a los lectores que ya conocieran al sujeto me permitan disfrutar de la comezón del descubrimiento.

Más información en http://www.combusem.com/CIURLIONIS.HTM

  
25/07/2006 17:59 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.
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