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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.

Invocación a la musa

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( A mis amados e impávidos lectores les ofrezco para sus santas vacaciones este poema inédito que pertenece a un libro, también inédito, que espero vea la luz a lo largo del presente año. En la imagen superior una musa.)

 

¡Líbrame, oh Musa, de los cantos envanecidos,

del fango y lo aparente,

de los cantos expirados en palabra ignífuga!

¡Líbrame, oh Musa, sobre todo, de los poetas

que esgrimen versos para el olvido

con la ira de un matarife!

¡Aléjame, oh Musa, sobre todo, de los poetas

que ignoran la inmanencia,

de aquellos que señalan la realidad

para referirse a la putridez!

¡Líbrame, oh Musa, de la lluvia curtida

en el seno de púgiles y liturgistas!

¡Líbrame, oh Musa, de la letra plomiza,

honrada por reptante y trepadora en los certámenes!

¡Líbrame, oh Musa, de los poetas

que confunden las carencias de su canto

con la austeridad y el agreste ritmo de lo cotidiano!

¡Líbrame, oh Musa, de la ciencia poética

de “escribidores” y “versificadores”

que siendo vacas mansas y moscardones

se pretenden animales sagrados!

¡Líbrame, oh Musa, en definitiva, de las divisas

tras las que se ocultan corderos sin carne ni sangre!

¡Aléjame, oh Musa, de los que mojan su herida en el futuro

en lugar de presentir el presente siempre presente!

¡Aléjame, oh Musa, del réprobo

de la mediocridad y de su eco vanidoso!

¡Líbrame, oh Musa, de los vates

que confunden el mérito equinoccial

con la sabiduría y el talento!

¡Líbrame, oh Musa, de los iracundos,

de los cadáveres puristas

que se aferran a la carne hasta desgarrarla!

¡Líbrame, oh Musa, de los libertadores

y cronistas, de los conversadores y rimadores

que se piensan poetas!

¡Líbrame, oh Musa, de la jauría infecunda

acicalada de luto riguroso para la ceremonia de mi ocultación!

¡Aléjame, oh Musa, de los distinguidos

que atribuyen al error la norma

y de los que cauterizan con presunción!

¡Aléjame, oh Musa, de los que no te invocan

por escándalo o ignorancia!

¡Líbrame, oh Musa,

del aliento mojado y extático,

del yodo y sus accidentes,

de la lejanía de ti!

Presentación de Antología de poesía mística española de A.F. Molina

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(Impenitente lector cuelgo en estos lares la circular informativa de Libros del Innombrable referente a la presentación del libro de Antonio Fernández Molina Antología de poesía mística española)

 

Tema: Presentación del libro Antología de poesía mística española, edición, selección y prólogo de Antonio Fernández Molina. Editado por Libros del Innombrable

Lugar: Parroquia de San Gil C/ Don Jaime I, 15 de Zaragoza

Día: 16 de abril

Hora: 20:30 h.

Nota:

En la presentación participarán:

D. José Luis Melgares Hidalgo

De la editorial Libros del Innombrable

D. Mario Gállego

Delegado Episcopal de Patrimonio Cultural del Arzobispado de Zaragoza

D. Domingo Buesa

Doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza

Vicepresidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis

Miembro de la Real Academia de San Fernando

Dª Ester Fernández Echeverría

Hija del autor

Antología de poesía mística española

Varios autores desde la edad media hasta siglo XX.

Prólogo, selección y edición de Antonio Fernández Molina

ISBN-10: 84-95399-76-8

ISBN-13: 978-84-95399-76-2

La esencia mística pone al ser humano en comunicación con la trascendencia divina. La relación del hombre con Dios puede intentarse ocultarla pero nunca se puede borrar ni hacer desaparecer. Esta relación es permanente aunque aparezcan situaciones donde los más favorecidos y más voluntariamente disponibles, alcanzan la realidad del éxtasis. El misticismo no tiene delimitado de modo contundente su campo ante lo artístico y tampoco el misticismo religioso lo tiene de cuanto participa de otra clase de misticismos. En cualquiera de sus aspectos el misticismo puro es excepcional. Pero su presencia impregna de luz los sentimientos y las obras humanas con la evidencia de un astro luminoso. Juan Eduardo Cirlot, evidente vidente de los desastrosos peligros que se avecinaban a las creaciones del porvenir, poco antes de morir manifestó que el arte, y por ende la poesía del siglo XXI, «será místico o no será».

Antonio Fernández Molina
Prólogo y selección de Antonio Fernández Molina

Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan (Ciudad Real), 1927-Zaragoza, 2005).

En su amplia bibliografía encontramos libros de poesía (Cabeza de árbol, Carpeta azul, Jinete de espaldas...); novelas (Solo de trompeta, El león recién salido de la peluquería, La llama invisible...); relatos y microrelatos (En Cejunta y Gamud, Pompón, Dentro de un embudo...); guiones cinematográficos (La guerra de los cien años), teatro (Todos los días son espléndidos, Aquí no desayunamos...), ensayo (Dalí-Testimonios y enigmas-, Picasso escritor, La generación del 98...); antologías (Antología de poesía modernista, Antología d la poesía romántica, , la poesía de los pintores...); aforismos (musgo). Además participó como crítico de arte en diversos medios. Y todos los géneros los cultivó siguiendo una línea clara, dejando siempre la huella indeleble de su identidad. Como pintor compartió sala con postistas, Lucebert, Cocteau, Miró, Ionesco... Sus dibujos quedarán para siempre como una deliciosa muestra de la ejemplificación plástica de su estilo literario.

A lo largo de su vida abordó abundantes conferencias sobre los más variados temas desde Goya en el cine, hasta Dalí, pasando por Cela o la poesía de vanguardia. En los últimos tiempos la editorial ½ vaca de Valencia le publicó el libro para niños Aroma de galletas, que triunfó tanto en España como en México. En el año 2003, coincidiendo con los 50 años de la aparición de sus primeros poemarios, editamos en Libros del Innombrable una antología de sus relatos bajo el título La vida caprichosa.

Además en esta misma editorial se ha publicado su poesía completa (3 vols.), su ensayo Dalí –Testimonios y enigmas-, la novela La llama invisible, el poemario Fragmentos de una elegía permanente, el libro misceláneo de recuerdos, traducciones, relatos y escritos de arte Vientos en la veleta. Al que se añade esta reciente Antología de poesía mística española.

www.librosdelinnombrable.com 

11/04/2007 12:24 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Toledo y los gatos submarinos

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(En la imagen superior el cuadro Resurrección de Cristo, del Greco, 1599.)

 

Habité en Toledo bajo una corriente continua de agua, atrapado por soportales y escaleras de Jacob. Esa ciudad, que fue capital de España hasta la época de Felipe II (1563), en la que convivieron templarios, hechiceras, magos, herméticos, cabalistas e inquisidores, bajo el tapiz de cristianos, musulmanes y judíos, se nos abrió de par en par desde su puerta del sol. En sus calles luminosas transcurre el resumen de la historia del hombre, de sus curiosidades, miserias, atrevimientos, temores y deseos. Las leyendas de Toledo ejemplifican, también, las inquietudes y frustraciones que han movido y conmovido a la humanidad desde los cimientos que, a día de hoy, conocemos.

Bajo los auspicios de un grupo toledano, amigos de lo heterodoxo y lo exótico, (ver www.odelotoledo.com) realizamos una nocturna y decisiva visita a la ciudad oculta. Ellos nos hablaron de “el hombre palo”, un autómata de madera, creado por el arquitecto Juanelo Turriano, que circulaba por las inmediaciones de la catedral con una alcancía para la que reclamaba limosna. Cuando un peregrino o curioso le otorgaba una dádiva el curioso mecanismo obsequiaba al generoso con una reverencia. La historia cuenta que Juanelo, que diseñó las campanas de El Escorial, recurrió a este ingenio para paliar la necesidad que le acuciaba por unos trabajos que no le habían pagado. Se supone que este engendro mecánico se encontraba situado en la calle que hoy ostenta su nombre.

Durante la visita se nos mostró el que fue cuartel general de los caballeros templarios, sito junto a la iglesia de San Miguel, cerrada a cal y canto, al menos durante nuestra estancia.

También se nos habló, por parte de nuestros cicerones y de otros varones de la plaza, del arquitecto Juan Guas. Famoso artista que intervino en la catedral de Toledo y en la iglesia de San Juan de los Reyes. En una entrada lateral de la catedral nos advirtieron de la presencia de María Magdalena que, según nos informaron, se supone embarazada. Ella sostiene un cáliz en una mano, mientras apunta con el dedo índice, de su otra mano, en dirección a la copa, aunque nuestros guías aseguraron que, en verdad, el dedo señala su propio vientre. A mi observancia le quedaron serias dudas de que así fuera, pero, no obstante, el detalle participa de algunas de las teorías hoy tan en boga. En cambio, la que sí parece probada es la admiración de Juan Guas por los templarios, hasta el punto de situar el lema de esta orden en la fachada monasterio de San Juan de los Reyes (non nobis domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam”, -nada para nosotros Señor, sino a tu santo nombre hemos de glorificar-), en tiempos en que esta orden ya se encontraba prohibida y condenada. Aunque, antes de su muerte, Guas fue nombrado maestro de obras de la catedral de Toledo, dejó por escrito su voluntad de enterrarse en la iglesia templaria de San Justo. Allí reposa con la señal del compás sobre su lápida. Por cierto, también encontramos cerrado este templo. ¡Qué misterio!

Se nos dio noticia de momias, actos de brujería, así como del paso por la ciudad del Santo Grial y la mesa del rey Salomón, además de sucesos inquietantes que no desvelo para no privar al visitante en potencia de su capacidad de asombro. Sin embargo, sí referiré la presencia, junto a la catedral, de una muchacha, de mirada despierta, acompañada por una esclarecedora música. La intérprete se llama Ana Alcalde, su peculiar instrumento, viola de teclas. A los pies de Alcalde, así como en otros puntos de Toledo, encontramos un CD en el que se nos ofrece la posibilidad de apreciar la sonoridad de esta viola sueca, aderezada con unos arreglos deliciosos. En las piezas que integran la grabación nos encontramos con música tradicional griega, jotas castellanas, melodías sefardíes y hasta con una pieza popular de Huesca. En su página “huevo” (www.anaalcaide.com) Alcalde nos instruye. Ella, intérprete, de violín, descubrió la viola de teclas durante su estancia en la Universidad de Lund en Suecia. De allí procede este instrumento, inédito en nuestro folklore, al que Ana Alcalde le extrae matices y expresiones que sujetan al oyente desde el primer momento.

Paseamos con calma por la judería bella y tradicional. Allí saludamos a la librería judaíca “Casa de Jacob”, especializada en cultura hebrea, donde con mimo y dedicación seleccionan títulos y autores de primer orden. (Ver http://www.casadejacob.com/) ¡Esencial! En nuestra visita nos atendió un amable y paciente habitante que nos aconsejó y dedicó su preciado tiempo.

Así, más o menos, transcurrió la visita a Toledo, bajo una lluvia desolada y arrolladora, de la que los gatos se protegían vestidos de buzos.

La figura del Greco, desnudo como un Cristo, nos despidió desde lo alto de la ciudad.

 

12/04/2007 12:13 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

El manzanazo prodigioso o la entrega a Fernando Arrabal del premio Max de honor.

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(En la imagen superior Arrabal acompañados por Clément, el perro de Houellebecq.)

 

¡Cómo disfrutamos, cómo nos vestimos de gala sin necesidad de engalanarnos, cómo jaleamos y nos besamos en el besamanos de una fiesta que duró más de dos horas!

En la X edición (como la cruz de San Andrés) de los premios Max las autoridades, es decir, la sociedad de autores, otorgó el premio de honor a Fernando Arrabal. Y allí nos presentamos armados con libros, jaculatorias y arrabaleros para acompañar al homenajeado: Rivela, el andador y viajante, Martín Marcos, el trapecista del verso en soneto y sin sordina, el pintor de cigarros y cornucopias y quien esto escribe. Al final del acto se unieron a nosotros dos estudiantes de meditación y astrofísica que desde San Sebastián se desplazaron hasta Bilbao para saludar al dramaturgo.

Durante la comida Arrabal se refirió con entusiasmo a uno de sus autores predilectos: el escritor y filósofo Ernst Jünger. El presidente francés Mitterrand durante una visita diplomática a Alemania pidió entrevistarse con el escritor alemán. Llegó hasta la Selva Negra, donde vivía un Jünger casi centenario, a lomos de un helicóptero violento. “Los periodistas apenas podían resistir el viento que ocasionaba el aparato al aterrizar. En cambio Jünger permaneció inalterable, sin pestañear, en actitud firme”, concluyó Arrabal.

Posteriormente Arrabal solicitó a la Sociedad de Autores indulgencia para las compañías pequeñas de teatro que, desde las catacumbas, representan sus obras en todo el mundo con más esfuerzo que medios. La novia de Arrabal, desde hace cincuenta años, Luce Moreau, me contó que ahora había publicado en ediciones de bibliofilia algunos de sus poemas sobre animales. Le pedí que me los mostrara y ella accedió sonriente a remitírmelos.

El escenario del palacio Euskalduna de Bilbao fue invadido por un grupo de mariachis. Una escalerilla de avión se deslizó portando a unas bailarinas que simulaban ser turistas aéreas (por el avión y las acrobacias que perpetraban). Los mariachis entonaban la ranchera: Con dinero y sin dinero / hago siempre lo que quiero / y mi palabra es la ley…. “ Tras unos instantes en la cima de la escalerilla surgió Arrabal. El escritor lucía una corona y una manta de armiño (toda la tramoya fue idea de los creadores de la gala, apunte que me parece oportuno por si las moscas y los moscones). Tras realizar un “arrabalesco” descendimiento se dirigió a la Ministra de Cultura Carmen Calvo que lucía, hermosa y luminosa, un vestido con los colores violeta, amarillo y rojo.: “La veo muy republicana”. El público estalló en una ovación. Cada una de las ocurrencias de Arrabal fueron celebradas con entusiasmo. “Quiero agradecer mi premio a la señora que me ha atendido en los lavabos, a las azafatas, los acomodadores, el cajero que corta de la entrada y a mi mano derecha”, semejante afirmación, tras una hora larga de escuchar a los premiados las glosas de su parentela y amigos, cayeron como un manantial de agua pura, o como un puchero de agua hirviendo. En todo caso, la agudeza fue vitoreada. Fernando Arrabal lucía una casaca que le llegó desde Pekín, con una espiral de Ubú en la panza, regalo del Colegio de ‘Patafísica de China.

Para la ocasión quien esto escribe lucía una camiseta realizada por Ester Fernández (Antonio Fernández Molina Factory) donde se leía: ¡Viva Arrabal!, para despejar dudas si las hubiese.

Tras la ceremonia se nos agasajo con fastuosos alimentos y bebidas múltiples. Un señor de una altura del todo inapropiada se arrodilló ante Arrabal mientras le manifestaba su fervor. Varias señoras revoloteaban con la esperanza de cruzar unas palabras con el dramaturgo. Entre tanto, el pesado premio Max circulaba por las manos de los que acompañábamos al premiado. El sonetista Martin desapareció unos minutos con el galardón y, ante la preocupación general, un destacamento lo buscó por las cuatro esquinas del palacio Euskalduna. Al fin fueron hallados el poeta y el manzanazo sanos y salvos junto a una señorita de gráciles proporciones.

La troupé se encaminó hasta el hotel donde se alojaban Lis y Arrabal para desearles buenas noches. Y la noche aún continuó …. Pero eso pertenece a otros paisajes y figuras.

19/04/2007 10:35 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Hindúes, números y Kurt Vonnegut

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(En la imagen superior chimpancé contemplativo)

 

Con devoción patrística y como homenaje, tras su fallecimiento, releo el libro, breve, curioso y edificante libro de Kurt Vonnegut: Un hombre sin patria. En la contracubierta se afirma que se trata de un “best-seller internacional”, lo que me deja perplejo y acosa mi incredulidad. La reciente muerte de este autor me empuja también a recordar y releer su famoso: Matadero cinco, donde se describe la destrucción de la ciudad de Dresde, por bombas incendiarias aliadas, durante la segunda guerra mundial. El autor refiere: “No fuimos nosotros (en referencia a los norteamericanos) sino los ingleses”. Y me pregunto, ¿a quién importa eso? ¿Acaso tranquiliza o evita la suciedad de una conciencia el reconocer la nacionalidad del matarife? También apunta Vonnegut que subtituló este libro La cruzada de los niños (mal traducido en algunas ediciones en castellano como la cruzada de los inocentes) porque cuando, años después, recordó la guerra descubrió que, a esas alturas del conflicto, muchos soldados poseían una juventud casi “post-infantil”.

Pero volvamos a Un hombre sin patria. El volumen se compone, si lo desprendemos de sus artificios y embellecedores, de artículos de opinión. Al ser contemporáneo del comienzo de la guerra de Irak, propiciada por Busch junior, se introducen por doquier apreciaciones sobre las partes en conflicto.

Como es frecuente se habla de los árabes en términos generales, sin tener en consideración las distintas etnias y segmentos políticos que pueblan las naciones agrupadas bajo la denominación de árabe. En un intento de ejemplificar la alta cultura originada en países hoy adscritos al Islam (que yo sepa nadie lo ha puesto en duda), Vonnegut atribuye a los árabes la invención de los números. Es cierto que en Europa los llamados “números arábigos” penetraron de la mano de la cultura y los pensadores árabes (de ahí el nombre). También reconozco que los trazos que hoy dibujamos e identificamos como números poseen un nacimiento indo-arábigo. Sin embargo, el origen del cero, por ejemplo, y del presente sistema posicional de base 10, es decir, del alma de nuestros números procede de los hindúes. Lo que convierte la afirmación de Vonnegut (o su traducción al castellano) como mínimo en imprecisa.

Aún así a los sumerios, si quería Vonnegut destacar una contribución vital a la cultura universal del actual Irak, se les atribuye uno de los primeros sistemas de numeración. Si bien conviene destacar la interesante tradición del sistema numérico mesopotámico (que también se da en otras culturas como la judía) que establece correspondencias entre números y letras. Tales atribuciones se mantienen incluso durante el cristianismo, aunque de manera no tan explícita. (Véase San Ireneo).

El reconocimiento del cero como número (lo que ahora puede parecernos algo banal) supuso un destacado avance en los fundamentos del pensamiento, con hondas implicaciones en materia filosófica. Los griegos del siglo III a. C. ya realizaron un gráfico similar al cero actual para identificar el vacío, si bien no poseía el carácter de número.

¿Puede ser la ausencia de cantidad una cantidad? Esta pregunta fue a la que respondieron los que se enfrentaron a la decisión de contabilizar el 0 como número.

Los pitagóricos establecían que todo lo que “es” puede adscribirse a un número. Así mismo, para ellos, todos los números proceden de la unidad. Por tanto ellos desarrollaron la regla del Tetraktys: 1+2+3+4=10, que devolvía el sentido de la unidad primigenia (1+0=1).

 

30/04/2007 17:34 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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