Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.

La isla Monk

20070803123721-theloniusmonk.jpg

(En la fotografía superior imagen de Thelonious Monk)

 

 

En la década de los años cuarenta del siglo XX surgió, en los clubs de jazz de Nueva York, el movimiento llamado bebop. Entre los músicos adscritos a esta nueva forma de interpretar y entender la música de jazz suele citarse a Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Miles Davis, Sonny Rollins, John Coltrane y, por supuesto, también al pianista y compositor Thelonious Monk. Laurent de Wilde, músico y escritor, publicó en 1996 una biografía sobre Monk que, ahora, la editorial Alba ha editado y que, con el ritmo de lo inesperado, me acompaña durante la última semana.

En la historia del jazz Monk resalta por su personalidad pero, no sólo por las leyendas que circulan sobre su carácter y anécdotas, sino, conviene no olvidarlo, sobre todo por su música. Mientras sus compañeros de generación seguían el ejemplo de Art Tatum, es decir, persistían en incrementar la velocidad de sus interpretaciones, Monk se adentraba en otros caminos que incluían la persecución de insuperables armonías. Se cuenta, se nos cuenta también en la biografía, que cuando algún mal intencionado sugería al pianista que no era capaz de tocar a cierta velocidad Monk se exhibía durante unos minutos frente al teclado para luego aseverar: ¡Pero a mí no me interesa esa forma de hacer música!

Nuestro músico, durante su adolescencia, comenzó tocando el piano y el órgano en la iglesia de baptista de St. Cyprien. Su temprano uso del órgano explica, según su biógrafo, la especial atención que siempre prestó el músico a los pedales de su instrumento. A los dieciséis años se enroló en una gira, con una evangelista itinerante, durante dos años. En los descansos de la predicadora Monk interpretaba al piano acompañado por batería y bajo. A este respecto Laurent afirma: “Se puede incluso intentar hacer un análisis musicológico del estilo de Monk y su vínculo con este tronco común que es la música de iglesia: la simplicidad, si se me permite decirlo, bíblica de sus acordes ( sus voicings), cuyas voces se desplazan ateniéndose a reglas nuevas pero a la vez familiares. También hay que tener en cuenta el juramento de fidelidad infalible de estos acordes a unas melodías imperiales, a menudo dictadas por la armonía…” Laurent también glosa la capacidad de Monk para que su piano suene como si le acompañaran otros instrumentos en la base rítmica, además de su facilidad para añadir varias voces al instrumento y, en este punto, lo compara con las necesidades técnicas que precisa el intérprete en algunas de las Variaciones Goldberg de Bach.

Josep Soler escribe en su libro Bach. Una estructura del dolor: “Sean las Goldberg, sean las variaciones sobre un tema de Diabelli, en las que Beethoven nos entregó una de sus obras maestras totales, sean las variaciones de Brahms, Max Reger, Schoenberg, Webern o Stravinsky, en todas ellas el enorme aparato (del tipo que sea: de complejidad o de forma global) con el que se nos presentan –orquestales o para piano-, las complejas estructuras que las organizan, en todas ellas, esta peculiar máquina infernal con la que se construye destruyendo, un acto caníbal en el que el autor se autodestruye –y de los fragmentos de sí mismo que allí restan, el compositor reconstruye un cadáver que vendrá a tener vida semejante a la operación de un doctor Frankenstein que asimismo hubiese vuelto a hacerlo revivir después del acto de descomponer aquello que más amaba…”

Resulta interesante que Soler mencione que se “construye destruyendo”, aunque quizá sea más exacto referirse a la reconstrucción, porque a Monk se le suele achacar su capacidad para descomponer los temas, para desentrañar nuevos giros armónicos y para, en definitiva, “deconstruir” las piezas de jazz a las que se enfrenta. En este sentido me sorprende que nadie, que yo sepa, haya establecido paralelismos entre lo que Monk elabora con las frases musicales y los motivos literarios de la denominada “deconstrucción”.

Pero esta particularidades no deben hacernos olvidar que Monk llevó a cabo algunas de las más inspiradas composiciones de la música de jazz como: Round Midnight, Monk’s mood, Misterioso, Ruby, my dear o Reflections. Las señales de identidad de la forma de componer de Monk hacen que Laurent afirme que nadie ha interpretado y extraído tantas posibilidades de estas obras como su propio compositor. Ya en el primer disco que grabó, a la edad de treinta años, demasiado mayor para la media de los músicos de jazz, incluyó dos de sus piezas propias.

Al parecer, el músico esbozó letras para la mayoría de sus piezas, sin embargo, según reza la biografía ya citada, al parecer no las registró por escrito ni mucho menos en sus discos. (Sin embargo, la cantante Carmen McRae grabó un disco en el que interpretaba canciones de Monk -Carmen sing Monk-, aunque ignoro si las palabras pertenecían al músico o, si bien, eran obra de "letristas", o de la propia Carmen.) Los crípticos títulos que dio Monk a sus piezas pueden darnos una idea del estilo que el músico pudo emplear a la hora de insertar letra a sus composiciones.

A los aspectos musicales las biografías añaden detalles sobre la compleja personalidad del músico. Sus extravagantes sombreros, sus largos silencios, su vida eremítica en la que se recluyó durante sus últimos diez años , su amistad con la tenida por excéntrica dama de la nobleza Nica de Koenigwarter… Hay quien ha dicho de Thelonious Monk que su forma de interpretar y sus composiciones constituyen una isla, en mi opinión sugerente y furiosamente atractiva, en la historia de la música.

(Monk, Laurent de Wilde, Alba Editorial, Barcelona, 2007)

(A continuación reproducimos una entrevista a Thelonious Monk aparecida en Jazz Magacine en 1970. Esta entrevista y otras dos pueden encontrarse en su lugar original en la siguiente dirección: http://www.tomajazz.com/perfiles/monk_jm.htm.)

Thelonious Monk, si no tocase el piano, ¿qué instrumento hubiera escogido?
Probablemente la trompeta.
¿Por qué?
Cuando era crío quería tocar la trompeta, pero fue mi profesor quien me dijo que tocase el piano.
Si no hubiera sido músico, ¿a qué se hubiera dedicado?
Nunca tuve la intención de hacer otra cosa que no fuese música. Si no fuera músico, seguramente me habría convertido en un vagabundo.
Durante su formación musical, ¿le influyeron determinados músicos?
"Determinados", no: me influyeron todos los músicos que escuché siendo crío... Recientemente leí que Bud Powell fue uno de sus primeros intérpretes... Cuando le conocí, Bud no sabía mucho de piano, ni de cómo frasear, por otra parte. Tenía un estilo bien definido pero no conocía gran cosa sobre armonía, tuve que enseñarle.
¿Cuándo realizó su primera gira por Estados Unidos?
No me acuerdo muy bien, debía tener 17 años.
¿Qué opina de la palabra "jazz"?
No lo sé. Para mí es una palabra como otra cualquiera. Es una etiqueta para una música nacida en Estados Unidos, por lo que sé. Ha trabajado con John Coltrane, Bud Powell, Dizzy Gillespie...
¿Ha tenido compañeros privilegiados?
También trabajé con Bird. Con casi todos: Coleman "Bean" Hawkins, Roy Eldridge, antes de que Norman Granz lo contratase para participar en el Jazz At The Philarmonic.
¿Cómo vivió la indiferencia de la gente, en sus comienzos, cuando muy pocos apreciaban su música?
Había que tocar, fuera como fuera. Yo estaba ahí, me tenía que dar a conocer.
A menudo se ha escrito que usted prefiere Nueva York a cualquier otra ciudad: ¿podría vivir en otro lugar?
Amo Manhattan: llegué allí siendo un crío, es una ciudad que conozco bien.
"Friday the Thirteenth", "Little Rootie Tootie", "Misterioso"... ¿Tiene usted motivos especiales para elegir unos títulos tan enigmáticos?
No, me viene así, en mi cabeza. Les doy un poco cualquier nombre... ¿Incluso para "Little Rootie Tootie"? Esta está dedicada a mi hijo. Lo llamamos Toot.
¿Estudia algún instrumento?
Sí, le gusta la batería, como a todos los adolescentes.
¿Ha tocado ya con usted?
No, empezó en la escuela y ha tocado con Randy Weston...
Cuando toca en clubes, ¿no le perturba su horario para dormir?
No, puedo dormir a la hora que sea.
¿Hay algún un momento del día que prefiera para componer?
Por la mañana, cuando no hay nadie. ¿Dónde vive exactamente en Nueva York?
Cerca de la calle 60 Oeste.
¿No se quejan sus vecinos cuando toca por la mañana temprano?
Sí, hubo una queja cuando llegué al piso, al principio. ¡Pero el piano ni siquiera había llegado!
© Jazz Magacine, 2002
03/08/2007 12:37 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

De la búsqueda de la verdad como territorio

20070810093042-alice-par-john-tenniel-04.png

 

El siguiente texto se publicó en la Revista Rolde nº 117-118, Septiembre-Diciembre de 2006, ROLDE · Comunicarte. Número especial de Rolde · Revista de Cultura Aragonesa dedicado a la exposición Comunicarte inaugurada en la Sala de la Fundación Alcort de Binéfar el 22 de diciembre de 2006 y en el que se reúne la obra de jóvenes artistas aragoneses que dedican sus obras a cuatro temas relacionados con la comunicación. Cada sección viene introducida por el texto de un narrador o poeta y de este modo se ofrece la unión de palabra y obra plastica. Portada: Miriam Reyes. Introducción: El mar del arte: Antón Castro. Parte 1 (Yo, interior, cuerpo). Texto de Miriam Reyes. Obras de David Cobos, Luis Javier Loras, Elisa Lozano, Álvaro Ortiz y Sergio Sevilla. Parte 2 (Proyección, luz, vacío). Texto de David Mayor. Obras de Silvia Bautista, María Belacortu, Pablo Cano, Christian Losada, Vicky Méndiz, Isaac Montañés, Mapi Rivera, David Viñuales. Parte 3 (Entorno, hábitat, territorio). Texto de Raúl Herrero. Obras de Alejandro Cortés, María Enfedaque, María Felices, David Martínez, Raúl Moya y David Rodríguez Gimeno. Parte 4 (Los otros, diversidad). Texto de Carmen Ruiz. Obras de Carolina Antón, Noemí Calvo, Raúl Castillo, Alberto Gamón, Javier Joven, Fernando Martín Godoy, Peyrotau + Sediles. Se pueden conseguir las diversas partes de la revista en formato pdf en la siguiente página: http://www.rolde.org/numeros.php?id=23)

 

 

“...al filósofo le conviene ser hierofante del mundo entero”

Proclo

La nacionalidad, las pasiones, las preferencias y otros aspectos que pensamos nos identifican, aunque no coincidan con los atribuidos por los demás, conforman la identidad de un individuo. Sin embargo estos pormenores, incluido el lugar donde un individuo nace, sólo redactan notas marginales en el entramado “corpus” que supone lo que un sujeto “es”. Si nos desvestimos de fundamentos biológicos, territoriales o de cualquier otra clase, si nos consideramos lo que somos: “entidades capaces de promover y remover ideas, ocurrencias, de identificarlas y de interrelacionarlas”, alcanzaremos bondades perdurables y de intenso provecho. El Maestro Eckhart atribuye a un instructor pagano la siguiente afirmación: “...porque la voluntad, decía, toma las cosas tal como son en sí, mientras que la inteligencia las toma tal como son en ella, en la inteligencia”.

El ser humano, cuando se revuelca con libertad en su intelecto, ya sea racional o intuitivo, suele preguntarse por el lugar que su conciencia ocupa en el mundo. A nuestro juicio para adentrarse con éxito en esta exploración se deben respetar dos directrices: la renuncia a todo dogma que suponga un obstáculo para conocer o discernir, y la asunción, por encima de otros propósitos, de lo ecléctico, entendido según el término griego (eklektikós), es decir, ”capacitado para elegir”. Ambas conductas se resumen en la siguiente cita del cabalista Safed Moshe ben Ja’acob Cordovero: “Siempre debe ser perseguida la cualidad de la verdad, allí donde se encuentre.” Y la verdad se halla unida a la inteligencia aplicada al propósito de “saber”. No obstante resulta necesario apuntar que esta búsqueda de conocimiento, con el fin de aproximarse a la sabiduría, nunca pasa de un intento, puesto que establece un camino, jamás un destino fijado en el tiempo. Para emprender tal pesquisa nos podemos valer de la inteligencia, de la intuición, del amor y también del escepticismo preciso para dudar de esa parte de la “verdad” que hemos alcanzado desde nuestra óptica parcial, siempre condicionada por nuestros sentimientos, orgullos y factores terrenos (de “terruño” mas que de tierra o terrenal).

El entorno puede condicionar al individuo, insuflarle aire o alterar su conducta; ahora bien, si este escenario implica una restricción, ya sea por la adscripción a un grupo determinado, o por la exclusividad de reconocerse unido a un hábitat, entonces conviene desprenderse de los impedimentos psicológicos, intuitivos e intelectuales que nos procura este espacio (o dogma, ideología o postura religiosa).

El estudio de una disciplina, la filiación a un lugar o doctrina proveen de una herramienta destinada a la búsqueda de la verdad. Ahora bien, si tales parámetros suponen un lastre y una limitación para la perseverancia en el aprendizaje, el sujeto deberá desasirse de ellos para evitar comportarse como un fanático deseoso de imponer sus neurosis y traumas por encima, incluso, de las capacidades propias racionales o intuitivas. Entonces, cuando el instrumento se confunde con el fin, el individuo se distancia del propósito de pensar, filosofar y poetizar con la verdad. Por tanto, sus acciones y desvelos se encaminan a los intereses de un grupo, se distancia de lo verdadero, de la exploración filosófica. Nyanaponika Thera desarrolla, en su introducción al Canon Pâli, una definición de “liberación”, desde la perspectiva budista, que, en parte, también podría aplicarse a la idea que hemos desarrollado: “...limpiar la mente de todas las contaminaciones que desfiguran su pureza, eliminar todos los obstáculos que obstruyen su progreso desde la conciencia mundana...”.

El individuo precisa de la identificación con su entorno exclusivamente para cumplir con la llamada “conócete a ti mismo” que, anotada en la entrada al templo de Apolo en Delfos, hicieron suya Zoroastro, Sócrates, Platón y, en gran medida, los cristianos “gnósticos” que promovían una búsqueda interna de Cristo amparada en la gnosis (conocimiento). El admirable estudioso del renacimiento Picco della Mirándola escribió en su Discurso sobre la dignidad del hombre: “No espero ni busco de mis estudios y reflexiones nada más que el cultivo del espíritu y el conocimiento de la verdad, que siempre y tan intensamente amé.”

Al igual que la soledad no reside en la ausencia del otro, lo cercano no depende de lo próximo. La cualidad de liberarse de la “realidad inmediata” se encuentra entre las principales potencias del individuo. Si no fuera así, resultaría imposible el aprendizaje y, en cierto modo, el disfrute de la lectura (la impresión de participar del argumento de una novela, o de seguir los pensamientos de un autor), así como de una película, de una obra plástica o de cualquier otra recreación que traslada al receptor, desde su entorno, a las fantasías, elucubraciones o ideas sugeridas por un artista o pensador. De igual manera, alguien puede sentirse a distancia de sus coetáneos y “cercano” a personalidades o, incluso, parientes del pasado, siempre, claro está, que exista un soporte mínimo que nos facilite información sobre tales personas. Lo cercano depende de los afectos y no del entorno.

En cambio, el territorio implica una delimitación geográfica, un intento por fraccionar zonas de influencia. Esta noción varía, como es evidente, según se trate de un pueblo nómada o sedentario.

En los mitos de las diversas civilizaciones encontramos una explicación del origen del mundo, de la materia, de los cielos, de la creación del ser humano y, con frecuencia, también de su territorio. Tenemos el caso de la fe judía y la Tierra Prometida, donde la identidad cultural y religiosa se encuentra estrictamente unida, junto a otros conceptos y hechos históricos, a un territorio. A este respecto el estudioso Gershom Scholem refirió en una entrevista concedida a la cadena de televisón ARD: “En la vida sentimental de los judíos desempeñaba esta tierra un papel decisivo. La historia de los judíos era la historia de la Biblia, no la historia del país en el que vivían; la geografía que conocían no era la geografía de Polonia o Marruecos, Francia o España, sino la geografía de este país.”

La tradición judía, si efectuamos una lectura rigurosa de las escrituras, condena la idea de un propietario absoluto de la tierra, puesto que ésta sólo pertenece a Dios, lo que implica la obligación de reparto de excedentes de cosecha y otras leyes igualitarias, en cierta forma, próximas a una utopía de distribución de la riqueza. En Levítico XXV, 23-24, Moisés recibe, entre otros, el siguiente mensaje en el monte Sinaí: “Y la tierra no podrá ser vendida a perpetuidad, porque es Mía, por cuanto sois forasteros y peregrinos para Mí. Y otorgaréis redención para toda la tierra que tuviereis.” Este concepto agravó, a principios de la era cristiana, las tensas relaciones entre los judíos y los romanos, puesto que estos últimos demandaban, por derecho de conquista, privilegios sobre los territorios dominados que las autoridades y ciudadanos judíos jamás les podían conceder.

Estas normativas, sin embargo, no impidieron la existencia de latifundios, ni de grandes propietarios, aunque sí facilitó el florecimiento de una especial inquietud por el sentido de la justicia. Se contemplan leyes, amparadas en la Torah, dirigidas a la protección de un bien común, de la justa obtención de los beneficios procedentes de los negocios... Por ejemplo en Levítico XXV, 35-37 se condena la usura de forma notoria: “No le prestarás a interés ni te aprovecharás de su pobreza, sino que temerás a tu Dios, para que tu hermano viva contigo. No le prestarás dinero a interés y no le darás tu comida con intención de ganancia.” También en El Talmud nos encontramos con parábolas que apuntan en este sentido.

En la actualidad naciones, ciudades, o zonas de maridaje cultural esgrimen como señas de identidad a equipos de fútbol, pasteles, vestuarios, gobernantes o tiranos y otros rudimentos. Desde luego estos signos identificativos provienen de un interés comercial o bien, en el mejor de los casos, de la afirmación de una tradición de segunda fila, cuyos orígenes se remontan como mucho, salvo excepciones, al medioevo, cuando no proceden de los “nacionalismos” que se dedicaron durante el siglo XIX a extraer conjeturas (o directamente a pergeñar invenciones), en relación con las raíces de los pueblos (trajes regionales, ornatos, etc). Por otro lado ese ímpetu también impulsó magníficos logros como la compilación de cuentos y leyendas tradicionales, el estudio concienzudo de lenguas, la clasificación rigurosa de música popular… Por citar un ejemplo literario mencionamos el sobresaliente caso en Alemania de Jacob Karl y Wilhelm Grimm.

La tierra, supongamos que virgen, una vez reclamada en nombre de un pueblo se transforma en “hábitat”, al que el diccionario María Moliner define como: “el modo en que se organiza un asentamiento humano”. A esa “forma” de organización los pueblos suelen darle un “fondo”, es decir, la autoridad del asentamiento dicta normas de actuación, leyes, prohibiciones, en definitiva, organiza instituciones normativas.

Así el hábitat social, la “polis”, impone una tiranía hacia el exterior por su existencia en oposición a territorios colindantes, y también interna, al imponer un control, evidente o indirecto, sobre los ciudadanos. Y, por si esto fuera poco, los líderes promueven un férreo adoctrinamiento de valores identificativos para, de esta manera, formalizar una comunidad unida en torno a emblemas destinados a enarbolarse cuando al gobernante le interese exaltar los ánimos de los ciudadanos, ya sea para evitar una invasión, o para eliminar facciones disidentes dentro del propio territorio. El ajusticiamiento de Sócrates sirvió como precedente y modelo. Desde entonces los poderes han utilizado con frecuencia la eliminación de los discrepantes....

En nuestra opinión, no puede contemplarse la sociedad desde la perspectiva parcial que promovió la máxima: “la economía es el motor de la historia”. ¿El propio concepto de historia acaso no lo han provocado, incluso en el origen de la palabra, ese grupo de pensadores o filósofos y hasta hierofantes que, desde diferentes culturas, religiones, creencias, a veces incluso en oposición entre sí, optaron como Pico della Mirandola por la búsqueda de la verdad? ¿Acaso las sociedades no evolucionan, establecen valores y certidumbres según los planteamientos de individuos aplicados al pensamiento? De acuerdo con restricciones históricas y modelos de organización las naciones han procurado el auge de unos filósofos y la ocultación de otros. Desde luego esa conducta no puede atribuirse a la casualidad, ni al simple capricho. Los pensadores comprometen la orientación del futuro, o designan interpretaciones sobre el presente que pueden incomodar a facciones dirigentes. El renacentista Angelo Poliziano manifestó “la filosofía dicta la acción”.

El motor interno de la historia, por encima de la economía, es decir, de las disputas con el objetivo de la posesión de riqueza, se moviliza con el constante enfrentamiento entre los “bien vistos” (los poderes del momento) y los disidentes; de los triunfos de unos sobre otros han dependido los dogmas, los conocimientos transmitidos y los posteriores auges de sistemas políticos. Ahí tenemos las purgas culturales, las destrucciones de templos, de textos sagrados, el asesinato y encarcelamiento de filósofos... Ahora pienso en Giordano Bruno quemado en la hoguera; en las piras de libros considerados perniciosos (véase El Talmud, los escritos gnósticos o los códices mayas); el destierro de Ovidio; las sucesivas quemas ideológicas o fortuitas de la biblioteca de Alejandría; la persecución de los pitagóricos; los grados de miseria y denigración que llevaron a la locura y la aniquilación a otros muchos durante el nazismo y el estalinismo… Incluso me atrevo a proponer la lectura de la historia como la inmolación permanente de filósofos y poetas con motivo de cualquier excusa, una guerra, pongamos por caso. Los escépticos pueden plantearse como ejemplo la guerra civil española, con un buen número de pensadores aniquilados en ambos bandos.

Sin embargo, la tradición grecoromana, la judeocristiana y otras concuerdan en la siguiente aseveración, en este caso, tomada literalmente de Baltasar Gracián: “La verdad siempre llega la última, y tarde, coxeando con el tiempo.”

10/08/2007 09:27 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¡Arrabal cumple 75 años!

20070810103549-caibynax..jpg

 

 

(El próximo día 11 de agosto Fernando Arrabal cumple 75 años y para celebrarlo incluyo dos extractos de su Diccionario Pánico, de reciente publicación en Libros del Innombrable. Bravos y olés! Los despistados y versátiles lectores pueden encontrar este libro por internet en las siguientes páginas: http://www.casadellibro.com/fichas/fichabiblio/0,3060,2900001181503,00.html?codigo=2900001181503&ca=830 y http://www.agapea.com/Diccionario-Panico-n675911i.htm.)

 

Últimas palabras

Momento cumbre de la agonía incluso, para los amigos, admirados o admiradores de Marcel Duchamp.:

Beckett, con quien compartió tantas partidas (y no sólo a Peggy Guggenheim), auguró en 1989: “¡Qué mañanita!”; su compañero de equipo, el gran maestro de ajedrez Tartakower que inspiró mi Torre herida por el rayo, susurró en 1956:"Esta vez sí que estoy requetejaque mate";

Henry Michaux en 1984 pidió humildemente: “Oxígeno… Me avergüenza causaros tantas molestias”;

Maurice Utrillo en 1955 exigió: “Retirarme todas esas porquerías…me estáis jodiendo”;

Trotsky en 1940 reconoció: “Esta vez me han pillado... Sólo quiero que tu [su mujer, alejada Frida Khalo] me desnudes”;

Truman Capote en 1984, temblando de frío: “Mama, estoy helado”;

Fellini en 1993, ilusionado: “¡enamorarme otra vez!”;

Ginsberg en 1997, dichoso: Toodle-oo, soy feliiiiiiz!;

Apollinaire en 1918, impaciente: « Quiero vivir, tengo tanto que hacer a mis 38 años » ;

Alfonso Allais [último autor que leyó M.D. en compañía de Tzara y Lebel poco antes de morir] en 1905 se quejó: “Mañana habré muerto… ¿y les parece divertido? A mí no me hace ninguna gracia”;

“Morir tiene su semántica, no es indiferente saber cómo y cuándo a un hombre le sorprende la muerte” (Kundera)

Agonizando el asirio rió: «Sería más seria mi muerte si pudiera ensayarla”.

Últimas voluntades

Testamento para el momento en que todo será semejante. Nos dirigiremos en aquel instante hacia ¿la gran ambigüedad? ¿habiendo tomando alguna precaución?

Redacto las mías [sin decirme “memento mori” y sin moscas] impulsado por el actual ‘tour’ (‘vuelta’ o ‘giro’) con etapas de puro teatro. Me desplazo (en compañía de Lis o de Lélia) a Italia, España, Estados Unidos, Polonia o Brasil a bordo de aeroplanos cada vez más modernos y seguros, a pesar del arrabalesco “l’avión tombe”.

Mi salud, indolente en su invernadero, no parece sufrir puesto que se diría que el cuerpo aguanta. En estos días he nadado en playas brasileñas; he recorrido una docena de kilómetros por los cerros inmediatos al mar, pero tan lejos de Úbeda, con un artilugio (que cabalgaba por primera vez ) llamado “montain-bike’; también por vez primera he pilotado un minivelero (otro desconocido, llamado “laser”) mientras mi maestro e iniciador tomaba un baño de sol en la proa dejándome que me las apechugara, novicio, con el timón y la vela.

Mis pulmones sólo tienen cita con el quirófano a mis 92 años, si siguen respetando el múltiplo de 23. Pues siempre fui operado al compás de este número primo, impar “et passe”. Los heraldos de la gripe “aviar” han conseguido que sueñe con ella. No me ha dado tiempo para comprar la “concesión perpetua” en el cementerio de Batignolles de París para la que he iniciado los primeros trámites de berbiquí embotado.

Sopesando la posibilidad de una súbita desaparición (gripal, aeroplana o cuántica) he pensado en lo que se denomina arbitrariamente “la colección”.

Mientras Lis permanezca en vida será ella la heredera universal de todo lo mío y la depositaria de “la colección”.

Mis hijos (Lélia y Samuel) serán los herederos universales a la desaparición de Lis y mía. La salud de mi hija (Lélia) debería estar protegida prioritariamente siempre. Me gustaría que le fuera garantizada una ayuda psicológica y una mensualidad constante adaptada al llamado “índice económico de vida”. Las pertenencias (fuera de la colección) como los derechos de autor y los bienes formarán parte de la herencia que se repartirán exclusivamente mis dos hijos Lélia y Samuel cuando Lis y yo ya no estemos en vida.

Me tranquilizaría estar seguro de que no se repitieran las “captaciones de herencia” que se han dado en torno mío durante un siglo de veneno y brujas. Tanto mi padre como mi madre desaparecieron misteriosamente tras ser desposeídos. No deben heredar los familiares que suprimieron recientemente los bienes y la vida de mi madre, acaudillados por estafadores de amargos antecedentes jurídicos.

“La colección” [los centenares de cuadros y esculturas, la correspondencia (como por ejemplo la mantenida con Beckett), los manuscritos, los siete centenares de mis volúmenes de bibliofilia, los premios, los miles de fotos, las decenas de miles de libros etc.] no quisiera que se dispersara en arreboles financieros.

España tiene prioridad sin corseterías.

Mucho agradecí los amables proyectos que me propusieron las diferentes ministras de cultura de la democracia. También me honraron los planteamientos de Melilla, Zaragoza, Burgos, Ciudad Rodrigo, Cuenca, Aviñón, Figueres, Poggibonsi etc. Ninguno de ellos parece encaminarse a un posible museo, casa o fundación que albergara la voluminosa aportación, probablemente única en lo que concierne las llamadas vanguardias del XX y del Tercer Milenio.

En Francia el IMEC me ha hecho una proposición razonable para archivar, ‘répertorier’ y conservar “la colección”. Por ello me gustaría que, a la desaparición de Lis y mía el IMEC, sea el depositario de “la colección”, propiedad de mis dos herederos.

Sería ideal, para mí, que el IMEC se aliara con una ciudad o institución española para realizar un “concepto común” sin cortapisas amusgadas.

10/08/2007 10:37 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Motivos de tristeza, (XXX)

20070817185231-thoth.jpg

(En la imagen superior el dios egipcio Thot) 

 

Vivía donde los muertos habitan, se transmutan y se disuelven en cien mil formas y palabras. En este paraíso mis conversaciones eternas con los espíritus se aguijoneaban con prudencia. Mis contertulios no abusaban de la vanidad, la egolatría y la necedad, salvo si ignoraban su estado de muertos y alegres. En este reino permanecí, entre amables locuciones y llevado por la búsqueda de la verdad, hasta que me expulsaron al territorio de vivos y ajenos. Allí pronto me rodearon gentes que pretendían empujarme a  inframundos terribles, a residencias donde la vida resultaba todavía  menos agradable que en el hogar de los vivos y, desde luego, que en el de los muertos. Los vivos me robaban, me bebían la sangre, me cargaban de cadenas y me sonreían con dentaduras podridas. Además mis semejantes disímiles solicitaban mi ayuda con insistencia, con el propósito, de establecer un mundo de justicia y paz. Más tarde, los alentadores me confesaron que para materializar tales deseos se esperaba de mí que matara a un dragón. Tras varios intentos de aniquilar a la bestia, que me procuraron algunas costillas rotas y el cráneo quebrado,  comprendí que el dragón y las carencias sólo residían entre los vivos y, al comparar mi nuevo hogar con el territorio de los exánimes, tuve nostalgia de las conversaciones y las palabras pronunciadas en mi antiguo estado. La imposibilidad de regresar al reino de los muertos primero fue motivo de tristeza y, después, se transformó en una llama de un azul intenso.

17/08/2007 18:52 Raúl Herrero Enlace permanente. Motivos de tristeza No hay comentarios. Comentar.

Trakl y el canto a la noche

20070818193416-trackl.jpg

(En la imagen superior el poeta Georg Trakl)

El brillante poeta Georg Trakl nació en Salzburgo en 1887, exactamente 131 años después que Wolfgang Amadeus Mozart, al parecer se suicidó en un hospital de Cracovia en 1914, a la edad de veintisiete años. Los críticos literarios lo han suscrito, por su estética y pertenencia generacional, al movimiento expresionista.  Esta corriente se origina en Alemania, en el grupo de los pintores adscritos a Die Brücke (El puente) en Dresde y Der Blaue Reiter (El jinete azul) en Munich. Sin embargo, las ramificaciones literarias del expresionismo se establecen en las revistas Der Sturm (La tempestad) y Die Aktion (La acción), fundadas en 1910 y 1911 respectivamente. En esta época coinciden un destacado grupo de artistas y escritores centroeuropeos, entre los que mencionaré al apasionante Karl Kraus.

Georg Trakl se publicó en castellano por primera vez en la antología Poesía Expresionista (Hontanar, Valencia, 1971) junto a los poetas Ernst Stadler y Georg Heym. En este caso, la traducción corrió a cargo de Ernst-Edmund Keil y Jenaro Talens. Con posterioridad, Jenaro Talens elaboró una antología de Trakl que apareció en la editorial Hiperión y, más tarde, en el año 2006, publicóuna nueva edición, aumentada y corregida  en Círculo de lectores, con el título Sebastián en sueños. Además tenemos noticia de la antología Cantos de muerte preparada por Angélica Becker , cuya primera edición procede de 1972, que reapareció en la editorial Seix Barral en 2001. En este volumen se incluye un estudio introductorio a la poesía de Trakl desarrollado por Carlos Bousoño. Entre ambas versiones existen profundas diferencias. En mi opinión, la realizada por Talens mantiene el colorido de la poesía del autor salzburgués, además del tono y el ambiente que promueve el texto, con especial atención a la adjetivación que el autor empleaba a modo de “leitmotiv”. Por su parte, Angélica Becker se ha esforzado por evocar el ritmo de los textos e, incluso, por reproducir un equivalente a la rima de los originales. Así, en la decimotercera sección del poema Canto a la noche, la traductora, según ella misma ratifica en una nota,  no puede reproducir el famoso adagio nevermore de El cuervo de Edgar Allan Poe, introducido por Trakl en su texto, en beneficio de la rima y la regularidad de las estrofas.

El movimiento expresionista se opone al naturalismo y a los conceptos que gravitaban a su alrededor. Los artistas adscritos a esta estética destacan la individualidad en oposición a un tipo de sociedad mecanizada, es decir, donde la función organizativa pretende derogar al individuo como ser “en sí mismo”. A este concepto se añaden otras propuestas, tal como Talens expresa en su prólogo, donde priman “la sustitución de la belleza ‘avant tout’ por un feísmo”, el “irracionalismo expresivo” y  la “negación del mundo material”. La generación de artistas expresionistas combatió en la primera guerra mundial, al igual que hicieron los fundadores del surrealismo, y quizá esta experiencia, unida a las traumáticos conflictos anteriores a la refriega, justifique las semejanzas entre ambas estéticas. En torno al expresionismo gravita también el “malditismo”, donde se engarzan otras alhajas de la poesía como Edgar Allan Poe, Arthur Rimbaud, Baudelaire, Mallarmé, Verlaine, Novalis, Villiers d'Isle-Adam, Nerval  entre otros,  y cuyo testigo recogen las generaciones que se mueven, hasta mediados del siglo XX, en torno a la bohemia y en movimientos como el modernismo de Rubén Darío.

La vida de Georg Trakl ejemplifica el perfil de autor maldito, tanto en su obra como en los acontecimientos de su vida, a lo que podemos añadir su muerte prematura, su adicción al cloroformo, aliñada por otras sustancias, una personalidad que se muestra próxima a la hipersensibilidad… A estos detalles se suma el complejo de culpabilidad que, algunos críticos, atribuyen al poeta por una pretendida relación incestuosa con su hermana.

A pesar de estos detalles exóticos, me interesa de Trakl las arriesgadas y elocuentes imágenes que estallan en sus versos y la apertura que su poesía supone al irracionalismo poético, tan vinculado a corrientes artísticas del siglo XX de diverso signo (simbolismo, surrealismo, futurismo, etc.). Angélica Becker afirma en su introducción: “…Trakl es uno de los poetas del siglo XX que participa –en distintos momentos creacionales- de todas las fases del desarrollo que ha tomado el irracionalismo poético contemporáneo entre la época “simbolista” de Baudelaire y el superrealismo”.

El lector debe agradecer a los esforzados traductores y editores la aparición en castellano de este poeta inmenso, de este talento “salvaje”, algo machadiano, según refiere Becker, aunque poseedor de un dolor y de una furia y de una belleza que asalta, sorprende y conmociona. R. Modern calificó a este poeta como el Hölderlin del siglo XX.

18/08/2007 19:34 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

La luz de Antonio Fernández Molina

20070824135149-pho1-255507.jpg

(Incluyo a continuación un texto que escribí en vida de mi maestro Antonio Fernández Molina. No recuerdo si se publicó en todo o en parte en algún soporte, aunque, sí recuerdo que en su día lo utilicé para presentar alguno de sus libros. Me ha parecido interesante compartirlo con mis impávidos lectores.)

En la imagen superior fotografía de Angela Ibáñez.

«No hay que imitar aquello que se desea crear», expresa Georges Braque en un aforismo que parece pensando para Antonio Fernández Molina, un poeta que se ha buscado a sí mismo enamorándose del arte y la poesía de otros, para después lanzarse a su propia materia creativa. Y se adivina este origen en Fernández Molina cuando habla con fervor y pasión de la gran poesía, la auténtica, la eterna de Rubén Darío, de Dante, de San Juan de la Cruz, de Cirlot, de César Vallejo, del surrealismo, de Góngora o de Lautréamont. Pocos como él han comprendido las conexiones que engarzan lo heterodoxo de la poesía rabiosamente moderna y rompedora con la mística. Resonantes pruebas de esta proximidad las intuyo en los siguientes versos de San Juan de la Cruz: “Entréme donde no supe / y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo”

En la poesía de Molina hallamos el placer por lo trascendente: “Un día que morí un poco / y estaba muerto dentro de mi muerte”, dice en su poema Perdí pie; y esta vertiente la ha imbricado a la perfección con el juego, con el placer de buscar y divertir a la palabra consigo misma: “Los enanos se suben al trineo / enfilan muy veloces por la pista / y me arrojan al rostro un huevo frito”, escribe en uno de sus sonetos. Fernández-Molina tiene entre sus mayores aciertos, como prueba de un estilo personal, la alternancia entre lo lúdico y lo trascendente. Y es así porque él vive de poesía.

A estas alturas todo hombre de bien sabe que la poesía no es sólo la palabra escrita en un papel, sino que comprende una actitud vital, religiosa, conceptual y estética. Y no quisiera que estas palabras resonaran en las cabezas de críticos enseñoreados como una proclama deudora del romanticismo, aunque en parte así sea.Fernando Arrabal escribe a este respecto: “Fernández-Molina entró en poesía como en religión o en el maquis”. Y, en efecto, el autor de El cuello cercenado no vive para y de la poesía, sino en el centro de ella misma.

Cuando vi a Fernández Molina por primera vez se me antojo que su identidad asumía la personificación de un poeta que siente ese extraño temblor, ese impulso gozoso que le obliga a crear como si sufriera una enfermedad incurable. (Hospital de los Incurables) Este mal, que es un bien, que padece Molina, esa maldición, como él mismo expresó en una conferencia, tiene como consecuencia ese impulso que le obliga a perderse en las procelosas aguas de la poesía, o sea en sí mismo y, al tiempo, en el olvido del propio yo.

Wols en un anuncia: “El azar es un gran maestro / pero no es azar / sólo existe el azar ante nuestra mirada / es un agente del maestro “universo”. Esta cita la refiere Andrés Rubio cuando escribe sobre Molina. Es precisamente tal actitud de entrega a la creación constante lo que diferencia a unos poetas de otros. Unos se internan en el misterio de lo poético, mientras otros, que han sabido de la poesía sólo por el camino “decente” de lo docente y lo académico permanecen atónitos, asombrados y, por desgracia, también a menudo celosos de los resultados de los artistas del impulso.Fernández-Molina, todo el mundo lo sabe, ha convivido con algunas figuras sobresalientes de nuestro siglo: Camilo José Cela, Gabino-Alejandro Carriedo, Francisco Nieva, Robert Graves, Joan Miró, Fernando Arrabal, Lucebert, Aleixandre, entre otros; y, aunque a otras personalidades no las trató personalmente, en cambio, se ocupó de estudiarlas para posteriormente escribir sobre ellas aportando agudos y heterodoxos ángulos de lectura, como en el caso de Dalí, Picasso o Apollinaire, entre muchos otros. Esta disposición al conocimiento profundo de sus admirados llevó a Fernández Molina a forjarse su personalidad, a identificarse y familiarizarse con lo genial y, en definitiva, a participar del fenómeno creativo con naturalidad.

“Tienes que buscar sin buscar”, reza un proverbio Zen y Molina se ha construido de esta manera, de la única manera posible, siendo él mismo. Aunque este sistema pueda parecer sencillo implica toda una vida de esfuerzo y dedicación el salir airoso de semejante trance.

Molina y su poesía, es decir, toda su actividad artística, contribuyen a la esencia de lo verdadero, es decir, aportan la prueba mayor del triunfo.

 

24/08/2007 13:51 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Aproximación al lenguaje como fenómeno sagrado

20070829175219-tetragrama.jpg

 

 

Entre los niveles reconocidos en La Toráh por estudiosos y fieles nos interesa especialmente aquel que encuentra en su contenido un símbolo, un reflejo, una materialización de la inmanencia divina. Como aduce en su artículo La hermenéutica de la experiencia visionaria el profesor Elliot R. Wolfson: “Cada palabra de la Escritura es potencialmente un símbolo de la vida divina y como tal participa en ésta”. La concomitancia entre el lenguaje, la escritura y la divinidad han suscitado abundantes fundamentos místicos y religiosos. En principio tales propuestas reposan sobre la afirmación. “Sólo al hombre Dios otorgó el don del lenguaje”.

En la Cábala se reconocen, como en la escolástica, cuatro caminos para la deglución de un texto: literal, moral, alegórico y místico. Estos niveles permiten adentrarse en otros territorios, amplían una enseñanza que se supone oculta y ejemplifican la perennidad del contenido de los textos sagrados. En la Edad Media, tanto en el entorno cristiano como en otros círculos, estas cuatro sendas se aplican a la interpretación de textos sacros y a nuevos creaciones, así la Divina Comedia de Dante se supone desarrollada al amparo de las cuatro visiones. Para los rabinos La Toráh contiene todas las deducciones y revelaciones presentes y futuras (cual organismo vivo) que puedan establecerse sobre ella, por tanto no existe temor del resultado de la aplicación sobre el texto de los cuatro niveles de interpretación, al tiempo que se evita el menoscabo de los fundamentos de la tradición. En gran parte la Cábala se ocupó de comentar, desarrollar y digerir los textos sagrados, así como las revelaciones y estudios que generaron los propios cabalistas. Harold Bloom ha señalado con entusiasmo la función de crítica literaria propia de la Cábala.

Según la tradición judía, así como el tetragrama supone el nombre de Dios más breve, el más extenso lo conforman todas las letras de La Toráh. Incluso, en ciertos aspectos, se considera que “todo” el lenguaje es el nombre de Dios. Y aquí el lector puede suponer la dificultad de acometer una traducción “honesta” de este documento sagrado. Pero, en este caso en concreto, a las dificultades propias de una traducción se añade un detalle capital: en el hebreo primitivo y original no existen las vocales y, por tanto en este caso, se justifica más que nunca, la sugerencia de traducción como interpretación.

Para calificar a una lengua escrita de sagrada se precisa detallar ciertas requisitos: la función simbólica de la grafía, la posibilidad de interpretación como ideogramas (por ejemplo en la escritura china), así como su relación con números y, a su vez, con figuras geométricas. Así tenemos a las letras, emanaciones de la divinidad, al tiempo que al resultado de su orden, que enuncia materia sagrada. En esta condición se encuentran por ejemplo el hebreo y el griego clásico.

La conformidad del origen divino de un lenguaje escrito implica, como mínimo, una cierta dificultad a la hora de admitir que la escritura se produjo como desarrollo ulterior del idioma hablado, lo que entra en conflicto con los patrones de algunos lingüístas. Sin embargo, otros filósofos y estudiosos del lenguaje poseen dudas sobre este respecto. Así Walter Benjamin plantea una posible simultaneidad entre la aparición del lenguaje hablado y escrito. El mismo Benjamin, cuando desata sus reflexiones sobre la poesía moderna (empleamos el apelativo moderno para diferenciarla de la poesía clásica en sentido histórico), en casos como los espacios blancos utilizados por Mallarmé, introduce la posibilidad de una transformación de la escritura en lenguaje plástico. Sin embargo, como ya vimos, la citada función plástica, que asume, en definitiva, parte del contenido simbólico (por la manifestación gráfica) de la letra, ya se incluía en la escritura hebrea y en los ideogramas de idiomas orientales. En el libro Dirección única Walter expresa: “En esta escritura pictográfica, los poetas, que como en los tiempos más remotos serán en primer término y sobre todo expertos en escritura, sólo podrán colaborar si hacen suyos los ámbitos en los que (sin darse demasiada importancia) se lleva a cabo la construcción de esa escritura: los del diagrama estadístico y técnico”.

Geoffrey Hartman en su artículo El comentario literario como literatura anuncia inspirado por los impulsos de “la deconstrucción”: “…cuanta mayor presión pongamos en un texto para interpretarlo o descodificarlo, tanto mayor es la indeterminación que se presenta. Al igual que la ciencia, los instrumentos de investigación comienzan a ser parte del objeto que se estudia”. Si aceptamos esta afirmación, a imagen de esta idea ya presente en la física cuántica, es decir, que el texto se altera ante el lector (el experimento lo modifica el observador) encontramos que el resultado toda escritura deriva en un territorio con infinitas interpretaciones. ¿Se refería a esto Lutero cuando afirmó que todo lector se encuentra auspiciado por la divinidad a la hora de interpretar la Biblia durante la lectura y que, por tanto, todas esas lecturas con correctas? Si aceptamos la multiplicidad de un texto nos encontramos a un paso de aceptar la propuesta rabínica que establece que La Toráh contiene todo, incluidas las sugerencias futuras que puedan adecuarse, en apariencia, al devenir del hombre en su tiempo, un tiempo, claro está, fuera de Dios.

29/08/2007 17:52 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris
certificado por
GuiaBlog