Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2007.
Resumen
- 07/05/2007 09:26 - Motivos de tristeza, (XVI)
- 09/05/2007 17:18 - Novedades de Fernando Arrabal, Josep Soler y José Antonio Conde en Libros del Innombrable
- 14/05/2007 09:33 - ¿Por qué es imprescindible Antonio Beneyto?
- 17/05/2007 09:41 - Motivos de tristeza, (XVII)
- 18/05/2007 04:25 - Presentación del Diccionario Pánico de Fernando Arrabal en la Universidad de Murcia
- 26/05/2007 00:32 - Aventuras y desventuras del Diccionario Pánico de Arrabal en la Universidad de Murcia y el rodaje de la película de Houellebecq, (I)
- 30/05/2007 13:29 - Motivos de tristeza, (XVIII)
- 30/05/2007 17:57 - Libros del Innombrable en la Feria del Libro de Zaragoza 07
- 31/05/2007 10:33 - Motivos de tristeza, (XIX)
Motivos de tristeza, (XVI)

(En la imagen superior máscara Vida-Muerte ritual de México -hallada en la aldea Tlatilco- utilizada por Bonifacio para asistir al cine)
Bonifacio coleccionaba máscaras de todo tipo: grotescas de látex que reproducen caricaturas de políticos y otras celebridades, funerarias o mortuorias mexicanas y chinas, rostros de dioses procedentes de rituales amerindios, etc. El buen hombre destinaba un modelo para cada actividad de su vida cotidiana. Por ejemplo, el mercado lo visitaba, sobre todo para pertrecharse de mandarinas y patatas, que constituían su base alimenticia, con el rostro de un conocido torero. En cambio lucía una máscara africana durante sus visitas nocturnas a los bares de moda. El uso de estas prendas no se reducía a las actividades públicas, sino que también las portaba en la intimidad. Por ejemplo se duchaba siempre con una máscara antigas. Por otra parte en comuniones, bodas y bautizos empleaba su rostro de gala, una faz de origen maya. Los paseos dominicales, sobre todo en verano, los realizaba con un acartonado rostro de Popeye. Por desgracia, una de esas mañanas estalló una virulenta tormenta de verano. Popeye se deshizo en las manos al pobre Bonifacio, mientras procuraba que esa exquisita pieza de su colección no se deteriorara. Al fin el rostro de Bonifacio quedó al descubierto revelando unos rasgos hermosos y angelicales que atemorizaron a los viandantes. Aquella demostración pública fue, para Bonifacio, claro está, motivo de tristeza.
Novedades de Fernando Arrabal, Josep Soler y José Antonio Conde en Libros del Innombrable

Libros del Innombrable presenta este mes de mayo tres nuevas novedades de distinto alcance y de profundas simas. Pildoras y sorbos para un mundo adocenado. En la página www.librosdelinnombrable, en la sección de noticias, encontrará el desocupado lector un avance de los libros citados en pdf.
Los Nombres Divinos
Pseudo Dionisio Areopagita
Edición, traducción y prólogo de Josep Soler
ISBN-10: 84– 95399–78–4
ISBN-13: 978–84–95399-78–6
318 págs.
Precio: 15,00 €
A principios del siglo VI comienzan a citarse unos escritos atribuidos a Dionisio Areopagita, al que, según se nos narra en los Hechos de los Apóstoles (XVII, 34), convirtió al cristianismo Pablo de Tarso en Areópago. Sin embargo, estudiosos recientes vinculan los textos atribuidos a Dionisio a la filosofía neoplatónica y, sobre todo, al ámbito de Proclo (411-458), al cual se hacen referencias casi textuales.
En la edad media, traducidos por Juan Eriúgena, estos textos gozaron de amplia difusión y constituyeron una piedra angular de la mística medieval.
En esta edición recuperamos la clásica traducción que de las obras de Pseudo Dionisio Areopagita realizó Josep Soler en 1980 para Antoni Bosch, editor. A las Epístolas, Los Nombres Divinos y la Teología Mística, Soler ha añadido los Oráculos e himnos de Proclo. Además, el volumen se inicia con un estudio introductorio revelador y capital de Josep Soler, donde el autor analiza con profusión la «teoría» de Dionisio Areopagita sustentándose en referencias y citas de Damascio, Rilke, Eckhart, San Juan de la Cruz, Plotino y Proclo, entre otros.
Se desconoce la persona que se oculta tras la designación pseudo dionisio areopagita . En su obra convergen elementos de la filosofía neoplatónica y del cristianismo. La tradición considera a Dionisio Areopagita como el único griego que se convirtió al cristianismo por intercesión de Pablo de Tarso y, por tanto, además se le reconoce como discípulo del apóstol. Estos escritos aparecieron alrededor del siglo VI, atribuidos al citado discípulo de San Pablo en Atenas. La redacción de los mismos suele enmarcarse entre finales del siglo V y principios del VI. Algunos especialistas actuales los han atribuido a un anónimo teólogo bizantino. En un principio, al vincularse a Dionisio Areopagita, los documentos alcanzaron el rango de apostólicos, aunque en el siglo XVI fueron revisados y se añadió el apelativo de «pseudo» para señalar las dudas sobre la autoría de los mismos.
Josep Soler (nacido en Vilafranca del Penedès, Barcelona, 1935); en su ciudad natal estudia con Rosa Lara y más tarde —1960— es discípulo de R. Leibowitz en París (amigo de Schoenberg y discípulo, a su vez, de A. Webern). En Barcelona trabaja con C. Taltabull —que estudió con Max Reger a comienzos de siglo, en Munich— desde 1960 hasta la muerte de éste en 1964.
En su dilatada carrera ha compuesto dieciséis óperas —entre las que mencionamos Edipo y Yocasta (1972), Frankenstein (1996), Nerón (1985) o La Bella y la Bestia (1982)—. En el resto de su obra destacan las piezas de temática religiosa como Noche oscura (1971), la ópera —oratorio— Jesús de Nazaret (1974) y el poema-sinfónico Via Crucis (1995).
Junto con su importante producción musical ha publicado Fuga, Técnica e Historia (Barcelona, 1980), La Música (Barcelona, 1982), Victoria (Barcelona, 1983), Escritos sobre música y dos poemas (Barcelona, 1994), J. S. Bach. Una estructura del dolor (Barcelona, 2004) y Música y ética (Barcelona, 2006); asimismo ha editado y traducido Pseudo Dionisio Areopagita: Los Nombres Divinos y otros Escritos (Barcelona, 1980, 1ª edición), Poesía y Teatro del Antiguo Egipto (Madrid, 1993) y —junto con Joan Cuscó–— Tiempo y Música (Barcelona, 1999). En esta misma colección: Otros escritos y poemas (1999) y Nuevos escritos y poemas (2003). En la colección Sarastro, aunque también en Libros del Innombrable, se ha publicado: Josep Soler Sardà. De la tradición al oficio de Joan Cuscó y Josep Soler.
Exilios
José Antonio Conde
Prólogo de Francisco Jarauta
ISBN-10: 84–95399–79–2
ISBN-13: 978–84–95399-79–3
78 págs.
Precio: 12,00 €
El primer exilio fue el del tiempo, aquél que no nos pertenece, que nos huye, que nos marca con la herida de ser humanos en la Historia. El primer exilio fue el de marcar su inicio con una pérdida, la del único lugar en el que habitaríamos sin tiempo: el paraíso.
Con Exilios aparecerán los temas de la ausencia y la huella, la errancia, el desierto. La escritura no arranca del libro ni de su saber disponible, sino de su dificultad. «Ligero de fragancias, huye por los jardines del gozo, pero he visto en su clámide manchas de inocencia». No surge del rostro del cuerpo, sino de su pérdida. «Perdonad la difícil geología de mis latidos, ese tibio desorden que conmemora el silencio». No del rostro de Dios, sino de su ausencia. «Al tomar posesión de la desdicha, los dioses retiran sus títulos y nada crece entre las llagas de mi nombre».
Francisco Jarauta
José Antonio Conde Lafuente nació en Sierra de Luna (Zaragoza) en 1961. Poeta y artista plástico; ha publicado poemas en distintas revistas de creación literaria como: Turia, Cuadernos del Matemático, Corondel, Laberinto, Ágora, Árbol de fuego, Káskara Marga, etc. Así mismo ha escrito diversos textos para catálogos de arte.
Ha publicado: La Vigilia del Mármol, en la colección «La gruta de las palabras», de Prensas Universitarias de Zaragoza (Universidad de Zaragoza, 2003) y Entre Paréntesis en la colección «Libros de Berna» de Lola Editorial (Zaragoza, 2004).
Diccionario Pánico
Fernando Arrabal
Edición y prólogo Raúl Herrero
Prólogo de Emilio Pascual
ISBN-10: 84–95399–80–6
ISBN-13: 978–84–95399-80–9
556 págs.
Precio: 20,00 €
Arrabal comenzó a publicar sus definiciones, jaculatorias y «arrabalescos» en la prensa internacional hace cuarenta años. En España el lector las puede encontrar cada domingo. Esta edición agrupa un buen número de esas colaboraciones de Fernando Arrabal en prensa. En ocasiones, este diccionario recuerda a un diario, puesto que vincula la palabra elegida con sucesos inmediatos. Además abundan los artículos con el tono de un libro de memorias. Podemos afirmar que el Diccionario Pánico (y patafísico) constituye una superficie límpida y espejada en la que Arrabal se contempla para devolvernos su reflejo. Algunos temas del diccionario se introducen, sumergen, evaporan y reaparecen como si fueran diversas tramas de una novela. Prepárese el lector para «la fiesta pánica» del Diccionario Pánico.
«El universo de Arrabal es un mundo fantástico que no se parece a nada conocido o imaginado; el grado de su desemejanza alcanza el límite de lo concebible: sólo se asemeja a sí mismo.»
Milan KUNDERA
«Fernando Arrabal posee el incalculable tesoro de tener voz propia.»
Camilo José CELA
«El conocimiento que aporta Arrabal está teñido de una luz moral que está en la materia misma de su arte.»
Vicente ALEIXANDRE
«El excepcional valor humano y artístico de Fernando Arrabal le ha izado a la primera fila de los escritores de hoy.»
Samuel BECKETT
Fernando Arrabal, nacido en Melilla en 1932, aprendió a leer y a escribir en Ciudad Rodrigo. Desde su adolescencia no ha cesado su búsqueda-huida de su padre y su trágico destino. Esta constante pesquisa ha permitido al autor permanecer siempre alerta gracias a «su obra gozosamente lúdica, rebelde y bohemia… es el síndrome de nuestro tiempo de campos de concentración y alambradas» (Diccionario de las literaturas, Ed. Bordas).
Arrabal es un solitario. Su inconformismo es un handicap y un privilegio.
El dramaturgo Arrabal [Teatro Completo, en dos volúmenes de más de cuatro mil páginas (Colección Clásicos Castellanos de Espasa en edición de Francisco Torres Monreal)] ha publicado trece novelas, varios centenares de libros de poesía (ilustrados por Dalí, Magritte, Picasso o Saura), ensayos, libros de ajedrez y su famosa Carta al General Franco en vida del dictador. Ha dirigido también siete largometrajes «de culto»: «Variety». «…the best films I have ever seen»: Amos Vogel, «Village Voice».«Inescapably a major work»: Roger Greespun, «N.Y. Times».«Avec ses films Arrabal est au cinéma ce que Rimbaud fut à la poèsie»: R. Bruckberger, «Le Monde».
Fue premio nacional de «superdotados» a los diez años y Nadal de novela cuarenta después. A pesar de ser uno de los escritores más controvertidos de su tiempo ha recibido el aplauso internacional por su obra: el Gran Premio de Teatro de la Academia Francesa, el Nabokov internacional de novela, el Espasa de ensayo, el World's Theater, el Mariano de Cavia de periodismo, el Wittgenstein de filosofía, el Alessandro Manzoni de poesía, la Legión de Honor francesa o el título de Doctor honoris causa por la Universidad Aristóteles.
Tras permanecer tres años en el grupo surrealista, Arrabal, con Topor y Jodorowsky, creó el «movimiento pánico». El 20 de abril de 2000 fue alzado por los millares de miembros del Colegio de ’Patafísica al rango de Trascendente Sátrapa, como en su día Marcel Duchamp, Raymond Queneau, Man Ray, Boris Vian, Ionesco y Max Ernst y como hoy Umberto Eco, Baudrillard o Dario Fo.
La última obra de teatro de Arrabal, Carta de amor, Premio Nacional de Literatura, (que en España se ha visto durante estos últimos años con la prodigiosa interpretación de María Jesús Valdés) –publicada en la editorial Libros del Innombrable— se representa actualmente en el mundo con la misma acogida que las primeras obras arrabalianas escritas por el autor en su adolescencia: Pic nic o Fando y Lis.
Fernando Arrabal comenzó a publicar sus definiciones, jaculatorias y «arrabalescos» en la prensa internacional hace cuarenta años. Información casi completa sobre el autor en http://www.arrabal.org o en la versión inglesa de wikipedia.
¿Por qué es imprescindible Antonio Beneyto?

(En la fotografía superior Antonio Beneyto)
En primer lugar: Beneyto pertenece a esa especie en extinción formada por los hombres buenos que todavía “son”. Y, en mi opinión, su carácter furioso y repleto de altruismo, así como su talento para la plástica y la literatura heterodoxa lo han acercado a ciertas personalidades, a mi entender, fundamentales: Fernando Arrabal, Carlos Edmundo de Ory, Juan Eduardo Cirlot, Pere Gimferrer, Camilo José Cela, Alejandra Pizarnik, Antonio Fernández Molina, etc. Aunque nació en Albacete, tras pasar por Mallorca, donde conoció y convivió con Fernández Molina y Cela, se instaló en Barcelona, ciudad que ha transformado en su centro de operaciones, donde ha realizado abundantes exposiciones, preclaras ediciones y ha proseguido su carrera de velocípedo literario.
Casi siempre que visito Barcelona tengo el honor de encontrarme con su persona y con nuestro mutuo amigo Jaime D. Parra, también entusiasta y estudioso de Juan Eduardo Cirlot, al que tanto admiramos y queremos.
Recuerdo que en su viejo estudio en la calle Còdols tuve un amago de desmayo, quizá impresionado por las escaleras que precisé escalar para alcanzar su estudio, o tal vez por las estupendas vistas de ese estudio diáfano y lautréamoniano que parecía un observatorio. Por desgracia este centro-Beneyto fue derruido algunos años y me agrada suponer que un día se levantará en ese mismo lugar un museo-sanatorio en homenaje este inquilino.
Imagino a Beneyto como un habitante incierto por el barrio gótico de Barcelona perseguida por musas y por fuentes humanas que le inspiran y le mueven a respirar la pintura y la tinta que por sus poros fluye. Su curiosidad le ha llevado hasta Nueva York (donde realizó varias exposiciones y escribió su libro, ¡fundamental!, Còdols en New York), Polonia, Grecia y otras latitudes y meridianos.
Hace unos días me llamó por teléfono. Según parece se dispone a inaugurar una página huevo, una san huevada, technicolor y deslumbrante que se llama www.antonio-beneyto.com. ¡Qué enorme contribución a la humanidad! Cuando la carestía de la vida literaria resulta una sombra de personalidades apagadas, de rencillas y de ponzoña, mi amigo Beneyto viene hasta Internet para iluminarnos a todos con su talento y generosidad. Internet nunca volverá a ser lo mismo tras el desembarco de Beneyto.
En su pintura y en sus usos y costumbres se define Beneyto como postista, aunque, a un servidor le parece que Beneyto posee un cierto aire a Sócrates, o mejor todavía, al Sócrates loco, como calificó Platón al cínico Diógenes (lo de cínico nada que ver con las implicaciones actuales del término).
En los inicios de nuestro epistolario le escribí que amaba a Cirlot. Él me respondió con un corazón dibujado de su puño y letra. También me envió una fotografía donde Arrabal y él bailaban un tango en uno de esos encuentros literarios que se hacen para solazo de escritores y escribientes.
Todavía recuerdo con nostalgia la última velada formada por la tetralogía: Beneyto-Parra-Molina-Herrero en el año 2003, durante la presentación en Barcelona de algunos títulos de Libros del Innombrable. A esa cumbre también asistió la poeta (y mártir) Alicia Silvestre.
Beneyto eres fundamental por bondad y por talento. Pero ¿qué sabe nuestro mundo de hoy de esas costumbres en desuso?
(Algunos fragmentos de su novela Tiempo de Quimera publicada en Libros del Innombrable en la página
http://www.barcelonareview.com/37/s_ab.htm)
Motivos de tristeza, (XVII)

A Loreto Cifuentes le desaparecieron los muslos, lo que le obligó a permanecer recostada en el sofá del salón de su casa durante dieciocho años. Su esposo, de escasa estatura y ojos enormes como vitrales, se declaró único miembro de la plataforma de búsqueda de las partes huidas. Cuando el rumor se extendió por la ciudad se formaron largas filas de curiosos en el porche de la vivienda de la señora. Con el tiempo la mujer decidió recibir a las visitas engalanada con una bata de un tono rosa pastel. Tras invitar a los intrusos a tomar asiento, Loreto refería el escalofriante relato: Sería la hora del alba cuando sentí mi frente perlada por el sudor. Hice mención de levantarme y… entonces comprobé que mis muslos habían desaparecido. Desde luego conservo los pies y el resto de las piernas, pero semejante desgracia me obliga a caminar con dificultad y siempre con pequeños pasos. A estos problemas se añaden los derivados por la mengua de mi tamaño. Por ejemplo, mi perro Ifigenio, enorme y mal humorado, con frecuencia se abalanza sobre mi persona y me mordisquea la cabeza”. La historia de Loreto pronto fue conocida en otras ciudades. Al cabo de unos meses autocares atragantados con turistas de todo el país se acercaban a la casa para contemplar a la señora, tras pago y cita previa concertada a través de su esposo. Una tarde de verano el virulento Ifigenio halló los muslos de Loreto ocultos tras un aparador de la casa. Nadie supo nunca la causa de la desaparición de los perniles, ni si el can había intervenido en el extraño suceso. Un cirujano plástico, conocido por el sobrenombre de “Carnicero de Antequera”, implantó a Loreto las extremidades a los pocos días. Pero no todo fueron alegrías, puesto que la anulación de las visitas de indiscretos derivaron en incalculables pérdidas económicas, lo que fue, para la pareja, motivo de tristeza y desahucio.
Presentación del Diccionario Pánico de Fernando Arrabal en la Universidad de Murcia

Libros del Innombrable realiza la presentación de su novedad Diccionario Pánico de Fernando Arrabal, volumen con más de 500 páginas, en la Universidad de Murcia el próximo día 22 de mayo.
Diccionario Pánico
Fernando Arrabal
Edición y prólogo Raúl Herrero
Prólogo de Emilio Pascual
ISBN-10: 84–95399–80–6
ISBN-13: 978–84–95399-80–9
556 págs.
El 22 por la tarde pronunciará Fernando Arrabal su conferencia -seguida de coloquio- en la Universidad de Murcia (ciclo « El mundo personal de los libros ») con el catedrático Victorino Polo.
Acto seguido se realizará la primera presentación (por el editor y escritor Raúl Herrero) del libro: «Diccionario Pánico» en presencia del autor.
Arrabal comenzó a publicar sus definiciones, jaculatorias y «arrabalescos» en la prensa internacional hace cuarenta años. En España el lector las puede encontrar cada domingo. Esta edición agrupa un buen número de esas colaboraciones de Fernando Arrabal en prensa. En ocasiones, este diccionario recuerda a un diario, puesto que vincula la palabra elegida con sucesos inmediatos. Además abundan los artículos con el tono de un libro de memorias. Podemos afirmar que el Diccionario Pánico (y patafísico) constituye una
superficie límpida y espejada en la que Arrabal se contempla para devolvernos su reflejo. Algunos temas del diccionario se introducen, sumergen, evaporan y reaparecen como si fueran diversas tramas de una novela. Prepárese el lector para «la fiesta pánica» del Diccionario Pánico.
«El universo de Arrabal es un mundo fantástico que no se parece a nada conocido o imaginado; el grado de su desemejanza alcanza el límite de lo concebible: sólo se asemeja a sí mismo.»
Milan KUNDERA
«Fernando Arrabal posee el incalculable tesoro de tener voz propia.»
Camilo José CELA
«El conocimiento que aporta Arrabal está teñido de una luz moral que está en la materia misma de su arte.»
Vicente ALEIXANDRE
«El excepcional valor humano y artístico de Fernando Arrabal le ha izado a la primera fila de los escritores de hoy.»
Samuel BECKETT
Aventuras y desventuras del Diccionario Pánico de Arrabal en la Universidad de Murcia y el rodaje de la película de Houellebecq, (I)
(En la imagen superior Arrabal con el Diccionario Pánico durante un descanso del rodaje de la película La posibilidad de una isla.)
Por algún extraño motivo, el conductor del autocar se encontraba en la necesidad de obligarnos a los viajeros a visionar una película a todo volumen. Cuando posé el pie en territorio murciano mi cabeza atronaba como si hubiera pasado el día en el interior de una caverna habitada por los locos del griterío y la cornucopia. Tras abandonar las bolsas y la maleta a su suerte, en mi habitación, me encomendé al azar en busca del hotel Rincón de Pepe. Allí estaba prevista, a las 12 de la noche, una representación de La piedra de la locura, libro de Arrabal transformado en monólogo por Antonio “El peruano”, director del teatro Espada de Madera de París y de la sucursal, del mismo nombre, abierta en Madrid. El cielo amenazaba lluvia. Traspasada la frontera de la jaqueca mis voces repetían el arrabalesco inserto en el Diccionario Pánico: “La muerte suprime toda seriedad incluso al propio testamento”.
En la recepción del hotel se encontraba guardando las armas, como caballero y poeta de honor, el vate, leñador y creador de hermosos aforismos a los que denomina astillas, Martín Marcos.
Los miembros de la compañía Hellteatro, que tiene previsto representar una nueva versión de la obra de Arrabal El Arquitecto y el Emperador de Asiria, también hacían guardia en el hotel. Mientras esperábamos la llegada del dramaturgo nos mostraron los carteles de la obra dirigida por Manu Costa y se nos presentó el director de la excelente revista “El Kraken”. Aunque no fumo, acompañé a Martín al exterior del hotel para que destilara tabaco.
En la oscuridad humificada y tormentosa un automóvil paró en la puerta del hotel. Del vehículo descendió Arrabal y a su novia Lis. Ambos nos saludaron y abrazaron. Arrabal nos mostró unas gafas de forma cuadrada que había cambiado por uno de sus pares a un profesor de cierta Universidad que ahora no recuerdo.
Arrabal preguntaba a toda persona, animal o cosa que tipo de montura se ajustaba mejor a su gesto y porte. Los justicieros del hotel, es decir, los directores y otros cargos insistieron en celebrar la llegada de nuestro amigo brindando con una botella de champaña. Así nos reunimos los teatreros, editores, poetas y cambistas en un círculo diurético para brindar con las copas alzadas.
Entramos en un salón del hotel iluminado para la ocasión. Sobre una mesa reposaban varios ejemplares de La piedra de la locura, en edición de Libros del Innombrable. Arrabal improvisó una inspirada introducción a la obra. La piedra de la locura entusiasmó tanto a André Breton que publicó los textos en su revista La Brèche, donde los presentó como poemas surrealistas.
También dedicó el autor unas palabras a su amigo “El Peruano”. Ambos se conocieron durante el montaje en París, dirigido por Arrabal, de su propia obra …Y pusieron esposas a las flores. Un joven Antonio de diecisiete años fue el ayudante de dirección de Arrabal. Por aquel entonces, según confesó el actor y director, el dramaturgo le regaló un ejemplar de La piedra de la locura. Arrabal recordó que durante las representaciones Antonio se encargaba de la música y de las luces, lo que le obligaba a servirse también de sus pies para cumplir con las obligaciones.
El libro La piedra de la locura se ha transformado, en esta adaptación teatral, en un monólogo esquizoide y brillante. El actor permanece sentado durante toda la actuación, lo que no le impide tejer un panegírico de sensibilidades y de expresiones. El gran valor de nuestro amigo actor reside en su capacidad para narrar las diversas historias del libro.
Ella me dio un ramo de flores, me puso una chaqueta roja y me subió sobre sus hombros. A la gente le decía: “Como es un enano tengo que llevarlo así, tiene complejo de inferioridad”. Y la gente se reía.
Como iba muy deprisa tenía que agarrarme bien a su frente para no caerme. A nuestro alrededor, formando una especie de calle, había muchos niños; a pesar de que yo iba sobre ella, apenas les llegaba a las rodillas.
Me sentí muy cansado. Entonces, ella me dio una copa llena de líquido rojo que tenía sabor a coca-cola. Cuando me lo tomé, se puso a correr de Nuevo. Y todos se reían; las risas parecían cacareos. Y ella les explicó que no debían reírse, porque soy muy susceptible. Y todos se reían a carcajadas.
Ella corría cada vez más; yo veía sus pechos al aire y su camisa que flotaba al viento. La gente se reía cada vez más.
Por fin me dejó en el suelo, y desapareció. Un grupo de gallinas verdes gigantescas se acercó a mí. Yo no era mayor que sus picos que se acercaban para picotearme.
(La piedra de la locura, Arrabal)
A pesar del cansancio nos entusiasmó. Como el actor tenía que levantarse temprano para regresar a París, un animado diálogo entre el autor y el actor se interrumpió en torno a las dos de la madrugada. Tras la firma de carteles que prodigó Arrabal nos retiramos hasta el día siguiente.
Por la mañana Vitorino Polo nos esperaba en la rueda de prensa que marcaba el inicio de una serie de actos bajo la denominación Encuentros con la cultura. Durante su intervención Arrabal se refirió a La posibilidad de una isla de Houellebecq como la mejor novela de lo que llevamos de milenio. Esa misma noche nos trasladaríamos a Benidorm para asistir al rodaje de la adaptación cinematográfica, que el propio Houellebecq, realiza de su novela.
A la hora de la comida apareció el transmutador de mundos Rivela. Así fuimos a la conferencia de Arrabal cuatro tenores de la poesía: Luce, Martín, Rivela y un servidor. Durante su intervención Arrabal nos habló de Fischer, la Virgen Roja, las matemáticas, el ajedrez y la poesía de Stalin… Las conferencias de Arrabal adquieren un cierto tono de improvisación que recuerda a los mejores interpretes de jazz.
Cumplido el cometido, el profesor Vitorino me llamó al estrado para presentar el Diccionario Pánico. Conocedor del turno de preguntas previsto tras mi perorata procuré resumir y consumir el menor tiempo posible. Una realizada la comunión del Diccionario, el profesor Vitorino afirmó que agradecía mi intervención brevísima aunque densa.
Entro los asistentes al acto me encontré con mi amiga y excelente poeta Juana J. Marín. Por desgracia mi amigo Paco Torres no pudo asistir al encuentro.
En una apresurada cena, por la necesidad de nuestra partida hacia Benidorm, conocí a Liliana Tabakova, profesora de Literatura Hispanoamericana en Bulgaria y, según me expresó, colega de mi amiga Rada Panchovska, traductora de la mayoría de la poesía española contemporánea al búlgaro.
Nico nos esperaba a las diez de la noche en recepción para trasladarnos hasta el hotel Bali en Benidorm, donde Arrabal comenzaría, al día siguiente, el rodaje de su papel en la película de Houellebecq.
Ya en Benidorm, una vez en mi habitación, recibí desde Argentina la llamada de Andrés Rubio. Me dormí escuchando sus enigmáticas palabras: El tiempo que pasa pesa.
(Continuará)Motivos de tristeza, (XVIII)

El abuelo de Riquelme murió ahogado mientras practicaba submarinismo en la piscina municipal. El joven e imberbe muchacho adquirió en un rastrillo un triciclo de segunda mano para mitigar la depresión que le produjo tamaña pérdida. En una posición comprometida y ridícula, por el tamaño del vehículo en relación con el conductor, inició el nieto un peregrinaje por todas las piscinas municipales de la población, mientras cantaba a voz en grito la canción Brasil en chino mandarín. Aquel extraño ritual pretendía homenajear al difunto, emigrante en el país oriental durante su juventud. Riquelme recordaba, con una emoción que le desataba el vientre y le sumía en violentos ataques de diarrea, la narración mil veces repetida por su abuelo de cómo conoció a su abuela, oriunda de Albacete, durante una fiesta maoísta donde se interpretaba la referida canción. Riquelme, influido por estas vivencias familiares, se inclinó por la lectura de Confucio de manera compulsiva. Así pronto Riquelme vagó por los vertederos de la ciudad montado en su triciclo mientras releía al filósofo chino. Por fortuna para la humanidad el joven, tal vez por un descuido originado por la furia lectora, se despeñó con su triciclo por un acantilado. A pesar de todo para la tortuga Rogelia la pérdida de su amante fue motivo de tristeza.
Libros del Innombrable en la Feria del Libro de Zaragoza 07

Motivos de tristeza, (XIX)

Gregory vivía en precariedad extrema. Apenas disponía de dinero para comprarse golosinas o consumir una serie de productos de primera necesidad como joyas, billetes de autobús, prismáticos, colonias y zapatos de piel de cocodrilo. Desde hacía tiempo, mientras preparaba sus ensaladas, Gregory rumiaba ideas para una novela. Por desgracia carecía de medios para procurarse papel, así que los esbozos de sus ocurrencias los insertaba maquinalmente en su memoria. Pero un día de lluvia Gregory, en un rapto de inspiración bizantina, se tatuó su magna obra en los testículos. Tras su muerte los académicos y jueces literarios declararon su novela como una obra cumbre de la literatura testicular. Por este motivo, para conmemorar el centenario del nacimiento de su autor, los gobiernos imprimieron ediciones facsímiles del texto. Para conservar el encanto del manuscrito se imprimió la novela, letra a letra, sobre piel sobrante de criadillas. Sin embargo esta materia prima precisaba de unos cuidados tan precisos para su conveniente conservación, que la mayoría de los coleccionistas asistían con impotencia estoica al deterioro progresivo de su ejemplar lo que, claro está, para estos sibaritas de la edición era motivo de tristeza y contubernio.


