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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2008.

La música y el diablo. Me and Mr. Johnson

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(En la imagen superior una de las dos fotografías que se conocen del compositor y cantante de blues Robert Leroy Johnson)

La música suele tentar al mismísimo diablo. El compositor Giuseppe Tartini afirmó, en 1713, que el Diablo se le apareció durante la noche y le interpretó al violín una fascinante música, la misma que luego el compositor firmó bajo el sobrenombre de “El trino del diablo”. También hay quien menciona que la brillantez de Tartini se debía a que poseía una mano con seis dedos. Con posterioridad, ya en el siglo XIX, también se atribuyó el virtuosismo del violinista Niccolò Paganini a que había realizado un pacto con el diablo. A pesar de lo sugerente de este rumor, que el propio Paganini alentó, la facilidad del músico se debía a las largas horas de práctica y, según algunos especialistas, a que poseía unas manos especialmente formadas para este instrumento, ya sea desde su nacimiento, o por la transformación que éstas sufrieron por las largas horas de ensayo desde la infancia.

Diablo y violin

En el medievo el aspecto más sensual y perturbador de la música se vinculó con el diablo y, por su sensual tonalidad, en especial al violín se le relacionó con terrenos infernales.
Aunque no siempre las leyendas de la música se han movido entre calderos, sulfuro y diatribas diabólicas. Paul McCartney afirmó en una entrevista que un día se encontró en la puerta de su casa con alguien que afirmaba ser Jesucristo y que deseaba acompañarle al estudio de grabación. No sabemos muy bien que pensó el músico, pero sí que este encuentro fue en 1967, mientras The Beatles grababan el disco Sgt. Pepper’s lonley hearts club band. Jesucristo acompañó a McCartney al estudio y, según sus palabras, “se mantuvo en una esquina mientras el grupo grababa Fixing a hole, uno de los cortes del disco”. Una vez acabado el día de trabajo el individuo se marchó.
Sobre todo en torno al blues y el folk se han narrado historias sorprendes. Se supone que el músico con el anhelo de mejorar su técnica gracias a un pacto con el diablo debía establecer la peculiar ceremonia denominada “hacer el cruce de caminos”. En las encrucijadas transcurren las historias de bluesmen que pagaron con su alma el fruto de su habilidad. Incluso en el reportaje de Scorsese sobre Bob Dylan, un venerable maestro del folk menciona que cuando, tras una breve ausencia de Dylan, éste reapareció con increíbles progresos en técnica y composición, el veterano guitarrista se preguntó si el joven Bob había realizado el cruce de caminos.
Tal vez la historia que más a trascendido en este sentido sea la del, por otra parte, portentoso Robert Leroy Johnson. Aunque se desconocen muchos datos sobre su vida, el interés creciente de generaciones de músicos por su obra han desenterrado todo lo posible sobre su biografía y grabaciones.
Robert Leroy nació en Hazlehurst, Mississipi, en 1911. Influenciado por los bluesmen Willie Brown y Charlie Patton decide “abandonar la vida-muelle y echar a andar”, como diría André Breton en su primer Manifiesto del surrealismo. Es decir, que deja su trabajo, según otros autores los estudios, para dedicarse por completo a la música. Su aprendizaje y primeros conciertos tienen lugar en el Delta, a cambio de unos dólares, en cualquier taberna o lugar donde se le permita rasgar la guitarra.
Gérard Herzhaft escribe sobre nuestro amigo:. “Bebedor empedernido y seductor incorregible, estuvo envuelto constantemente en líos y disputas. Esta personalidad se ve reflejada en sus composiciones oscuras, dramáticas y repletas de evocadoras imágenes oníricas que, en interacción con la voz, los textos y la guitarra, convierten su obra en una de las más fascinantes de la historia del blues”.
Robert Johnson grabó en la discográfica ARC 29 canciones en tres sesiones que tuvieron lugar entre 1936 y 1937, con un total de 45 cortes.
El productor John Hammond escuchó algunos discos en 78 rpm de Robert y mandó a que le buscaran por el Delta, a ese tal Johnson, para un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York, donde esperaba presentarlo en una muestra de lo más significativo de la música negra del momento. Los embajadores volvieron con terribles noticias. Robert Johnson había muerto en una disputa, al parecer por algún desencuentro con una mujer.
Los historiadores del blues afirman que se casó dos veces: la primera con Virginia Travis, que murió en 1930 junto con su bebé, durante el parto. Con su segunda esposa, Esther Lockwood tuvo un hijo, que también se dedicó al blues.
En las letras de nuestro músico aparece con frecuencia el diablo e, incluso, compuso las canciones tituladas: "Me and the Devil blues" y "Crossroad". Su técnica, aprendida al parecer de viejos amigos bluesmen como el ya mencionado Brown, las letras y melodías, el sonido que era capaz de estrujar de su guitarra desvencijada, alimentaron la leyenda sobre el pacto diabólico del músico a cambio de su peculiar talento y técnica.

Crossroad


Según refieren las grabaciones de discos las realizó Johnson tocando contra la pared, de modo que nadie le veía interpretar con la guitarra. Unos afirman que con esta actitud mantenía oculta su “técnica diabólica”. Otros analistas achacan este comportamiento a una proverbial timidez. Pero si tenemos en cuenta que actuaba en público con frecuencia, ninguna de las dos versiones parece muy satisfactoria.
Tampoco está muy claro cómo murió. Ciertos especialistas afirman que durante una disputa en un bar, otros que un marido celoso le envenenó el whisky. Lo cierto es que sus canciones las han versionado los Rolling Stones, Bob Dylan y, sobre todo, Eric Clapton, que publicó el álbum titulado Me and Mr. Johnson (2004) , al que siguió un cd y dvd bajo el apelativo Sessions for Robert J. (2004). Con anterioridad, en los años 60, el grupo Cream, donde participaba Eric Clapton, ya popularizó su personal versión de la canción de Robert Johnson Crossroad.
En la actualidad las 29 canciones y 45 tomas de Robert Leroy Johnson se reeditan en cajas de lujo que impulsan la leyenda y el talento de este Orfeo del sur de EE.UU. Nos dicen que murió
el 16 de agosto de 1938.

04/08/2008 20:58 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 5 comentarios.

¡Arrabal: 76 años!

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El 11 de agosto el dramaturgo y poeta Fernando Arrabal cumplió 76 años. ¡Felicidades!
El próximo 23 de febrero Fernando Arrabal presentará en el Teatro Real de Madrid la ópera Faustbal con libreto del propio Arrabal y música de Leonardo Balada. ¡Bravo!
La revista literaria Ánfora Nova publicó en su número 67-68 del año 2006, unos poemas que adelantaban parte del texto de la ópera. Para celebrar con mis impertérritos lectores los fastos del sí-cumpleaños-arrabal reproduzco dos de estos fragmentos como aperitivo de la ópera-pánica: Faustbal.



FAUSTBAL
(Extracto de parlamento)

(A Margarito)
No me entres en la carne de mi carne.
No me toques tu vientre con tu vientre.
No me invadas mi fruto con tu peste.
No me implantes tu falo en mi vagina.
No me hieras el alma de mi alma.


HIMNO A LA PAZ DE FAUSTBAL

Enjaezada de fábula
y de armonía calzada,
con túnica de olivo
y talle de quietud,

eres la memoria
de la serenidad tranquila
reposas sin hipérbole
ni parábola lid.

El templo de Amenofis III (o del agua y la conciencia)

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El templo, enclavado en la margen izquierda del Nilo, prácticamente frente al impresionante Templo de Luxor, al decir de los historiadores fueuno de los monumentos mayores de su tiempo, en la actualidad apenas queda algo más que su trazado. Amenofis III (1403-1364 a.C.) ordenó la edificación de este templo funerario, en el centro de la ciudad de Tebas, al que dotó de una vía procesional semejante a la que él mismo ordenara construir en el Templo de Luxor.
El edificio se abría tras dos enormes colosos, estatuas de arenisca, que representaban al faraón sentado en su trono, junto a los que se encontraban adosadas la madre y la esposa Tiy de Amenofis III, así como los genios, mitad animales, mitad humanos, del Alto y Bajo Egipto.
Tras ambas figuras se desperezaban dos grandes patios con estatuas sedentes, en lo que en palabras de Betsy Bryan constituía “el mayor proyecto escultórico de la historia”. Actualmente se encuentran los dos colosos de la entrada en un estado muy deteriorado, sobre todo en la parte superior, los rostros desfigurados y las coronas desaparecidas. También se han hallado en el entorno las bases de columnas del templo y fragmentos de estatuas del faraón. En algunas de estas bases se hace referencia a lugares lejanos y exóticos en la época, entre los que se cuenta el Egeo, cuyos habitantes, posteriormente, visitarían con admiración el lugar. Antonio Blanco Freijeiro nos relata en El arte egipcio, además de algunos detalles ya señalados, que: “los sucesores de Amenofis desmantelaron el templo, dejando únicamente los dos colosos que se alzaban frente al pílono de entrada”.
En la antigüedad las figuras tuvieron una enorme popularidad y los viajeros griegos y romanos las describían como uno de los mayores atractivos de Tebas. Por ejemplo tenemos noticia, en el siglo II d.C., de la visita de Adriano y su séquito. No sólo fascinaron estos colosos por su tamaño (con las coronas alcanzarían los 20 metros), puesto que había algunos mayores como los de Ramsés II, sino porque tras un terremoto ocurrido en torno al 27 a.C. la imagen del norte producía al amanecer un sonido de campana, al parecer motivado por la “dilatación de la piedra”. Richard H. Wilkinson en Los Templos del Antiguo Egipto señala: “Por este motivo, los viajeros griegos asociaron la estatua con Memmón, el hijo de Aurora, la diosa del alba, pero la restauración de la que fue objeto el coloso durante el reinado del emperador Septimio Severo silenció su sonido para siempre”. De ahí que se conociera a las figuras como “los colosos de Memnón”.
El templo funerario contaba con la peculiaridad de encontrarse a un nivel bajo, por lo tanto durante las crecidas del Nilo se inundaban todas las salas con excepción del sagrario, situado sobre un pequeño montículo. Los egiptólogos advierten que, de este modo, cuando se retiraban las aguas el templo se convertía en una imagen del mundo, al modo en que, según la tradición egipcia, ocurrió con las aguas primigenias de la creación.
¿Qué escalofrío recorrería las pestañas y las rodillas de los sacerdotes en ese momento? ¿Qué pensamientos nos atravesarían a los hombres de hoy si contempláramos ese sonido de campana ante un amanecer, mientras el limo del Nilo comenzaba a cubrirnos como si se tratara de un preludio de embalsamamiento? El limo, no era motivo de desgracia, sino al contrario, puesto que la riqueza que contenía otogaba la abundancia de las cosechas, así como el embalsamamiento favorecía la vida en el “otro mundo”.
En el Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot leo: “…en las aguas primordiales, imagen de la protomateria, se hallaban también los cuerpos sólidos carentes de forma y rigidez. (…) De las aguas y del inconsciente universal surge todo lo viviente como de la madre”.
Así mismo junto los templos resultaba habitual la existencia de un lago artificial, o inducido por la naturaleza, donde los sacerdotes se purificaban por las noches, o antes de ocuparse del dios del templo (aunque algunos estudiosos refieren que este lago se utilizaba para el disfrute de las ocas sagradas del templo). Al igual que en los enclaves judíos de la época de Cristo donde según nos cuentan los arqueólogos se encuentran
en muchas casas pequeñas “piscinas” cuyas aguas se dedicaban a la purificación.
De nuevo, en el Diccionario de Símbolos de Cirlot: “La inmersión en las aguas significa el retorno a lo preformal, con su doble sentido de muerte y disolución, pero también de renacimiento y nueva circulación, pues la inmersión multiplica el potencial de la vida. El simbolismo del bautismo, estrechamente relacionado con el de las aguas, fue expuesto por san Juan Crisóstomo (Homil. in Joh., XXV, 2): ’Representa la muerte y la sepultura, la vida y la resurrección… Cuando hundimos nuestra cabeza en el agua, como en un sepulcro, el hombre viejo resulta inmerso y enterrado enteramente. Cuando salimos del agua, el hombre nuevo aparece súbitamente’. (…) En el plano cósmico, a la inmersión corresponde el diluvio…
Entonces rememoro la presencia del diluvio no sólo en la cultura hebrea, sino también en las precolombinas. Asi Federico González en El simbolismo precolombino señala: “Otra cosa interesante que merece destacarse es la ‘coincidencia’ en la idea de la Creación Universal por intermedio de la Palabra, o Verbo, lo que aparece atestiguado por textos cristianos e indígenas: Génesis, Evangelio de Juan, Chilar Balam de Chumayel, Popol Vuh, Códice Vaticano, etc. Tal vez este último punto nos parezca más profundo que la constatación de sacramentos análogos, tales el bautismo, la confesión, la comunión (y obviamente el orden sagrado) señalados por varios cronistas como propios de los aborígenes (…). También llamó mucho la atención, como dijimos, el conocimiento que demostraron los nativos acerca del diluvio, y sobre todo la existencia de vírgenes que parían héroes salvadores, y la presencia de un Padre y un Hijo, de un Dios sumo y un hombre dios.”
La referencia a las “vírgenes que paren héroes" (o dioses) me devuelve al antiguo Egipto. En especial, a las figuras donde aparece la diosa Isis amamantando a su hijo, y del resucitado Osiris, Horus, tan semejantes en la composición a los lienzos del renacimiento donde aparecen la Virgen y el niño Cristo. Se nos cuenta, y la luz de todo lo referido ahora nos resultará evidente como el espejo, que los sacerdotes de Isis, el último templo “pagano” que se mantuvo en activo, grabaron múltiples cruces en las paredes del templo porque no encontraban en ello ninguna contradicción con su culto y pensaban que, de este modo, se librarían de la furia “cristiana”. Sin embargo se equivocaron.
Y terminaremos con la descripción del comienzo en el antiguo Egipto según Mircea Eliade: “Igual que tantas tradiciones, la cosmogonía egipcia comienza con la aparición de un montículo sobre las aguas primordiales. La aparición de este ‘primer lugar’ por encima de la inmensidad acuática significa la consolidación de la tierra, pero también la eclosión de la luz, de la vida y de la conciencia”.

Y Herman Melville escribió en Moby Dick: "…como todos saben, la meditación y el agua están emparejadas para siempre".

16/08/2008 21:47 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El gran Seneb

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(En la imagen superior "Grupo escultórico de Seneb y familia".)

 

Aunque se suele achacar a la escultura de esta periodo, del Antiguo Egipto, de inmovilismo destacan un curioso grupo de figuras que no simulan los defectos físicos y que tratan a los “grandes” con una familiaridad que los aleja de la idealización. Posteriormente, estos mismos grados que de la idealización a la representación física exacta los atravesará la escultura clásica griega y romana, si bien por diferentes motivos. Los egipcios creían que el ka (concepto más complejo, pero al que podemos equiparar al de espíritu) podía volver al cuerpo del difunto, pero por si éste había sido destruido era preciso que la tumba contuvieran estatuas del fallecido lo más fieles posibles a su aspecto en vida para que el ka las reconociera y pudiera instalarse en ellas. (Son las llamadas estatuas del ka).
Gracias a este gusto por el naturalismo encontramos diversas representaciones del llamado por los estudiosos “enano Deneb”, cuya existencia se ubica en la VI dinastía del antiguo Egipto (aunque he hallado referencias de otros autores que lo ubican en la IV dinastía, ¿error de transcripción de las fuentes, indeterminación o confusión?).
De entre sus apariciones destacan los libros de arte el grupo escultórico, en caliza, donde nuestro amigo posa con su familia, es decir, con su esposa y sus dos hijos. Suponemos que fue el propio escultor el que decidió, para que la diferencia de estatura entre los cónyuges no desequilibrara la pieza, que Seneb apareciese con las piernas cruzadas sobre el banco prismático, en tanto sus hijos, a un menor tamaño como era costumbre, ocupan la parte que deberían hacerlo sus pies. Junto a él una sonriente y cariñosa esposa Sinetites abraza a su marido con una mano que alcanza su hombro, mientras la otra la apoya en el brazo del esposo. En las proporciones de Seneb queda de manifiesto la cortedad de sus brazos y una cabeza tal vez algo desproporcionada en relación con su cuerpo. Algunos autores mencionan que en la familia falta un tercer hijo al que el escultor dejó fuera porque había heredado la hechura paterna.
Los problemas que a Seneb le acarreara su físico no le impidieron triunfar en la sociedad y que se casara con una aristócrata. En su tumba se han encontrado múltiples detalles que avalan su posición elevada: El simple hecho de poseer un túmulo propio ya es significativo.
Los servicios de Seneb, sacerdote de Keops y Djedefre, como responsable de las insignias y las vestiduras de su señor, le proporcionaron tierras y un ajuar funerario para su tumba. A su esposa Sinetites los historiadores la presentan como sacerdotisa de los dioses Hathor y Neit.
Los sacerdotes (y sacerdotisas) gozan de privilegios y los beneficios que su señor les concede por su dedicación o, los regalos que obtienen indirectamente cuando el templo que regentan recibe dádivas, los terminará convirtiendo en pequeños terratenientes. La situación en cierto momento llegará a tal extremo que el sacerdote de Amón en Karnak superará en poder al propio Faraón.
Pero volvamos con nuestro amigo Seneb y su famosa familia. Los niños se llevan un dedo a la boca. Tal detalle se ha interpretado como muestra de timidez. La figura resulta cercana y nada ceremoniosa, desde nuestra óptica actual. Seneb, en la posición que habitualmente se empleaba para representar a los escribas, esboza una sonrisa de satisfacción. No sabemos, por descontado, si este gran Seneb sería un hombre complaciente, tirano o generoso. Pero el espíritu que el artista ha labrado en las figuras hace que nos resulte simpático. Los detalles de la tumba reflejan las grandezas y las riquezas de la familia, pero no se interesan por apenas mencionan detalles de la vida cotidiana o por el carácter. Aunque, sin duda, queda patente el orgullo de Seneb, así como la ternura de su esposa.
Este caso no se corresponde con un detalle aislado. Las representaciones más antiguas de “enanos” en el antiguo Egipto se encontraron en Ballas y Nagada en el Alto Egipto. Si bien, en este caso, se trata de unas diminutas figuras de personas que carecen de la importancia social de nuestro Seneb. También se encontraron cortesanos de pequeña talla en las tumbas de los reyes de la primera dinastía y en una estela de la tumba del faraón Semerjet. En 1990 se descubrió una tumba, de un hombre de tamaño menor a la media, contemporáneo de nuestro amigo, también miembro de la corte.
En la actualidad este grupo escultórico de Seneb y familia se puede admirar en el Museo Egipcio de El Cairo.

27/08/2008 13:55 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Lamentación y triunfo de Maribel Moreno

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Artículo publicado en la revista Generación.net.

A imitación de la antigüedad el mundo contemporáneo ha instaurado cada cuatro años los denominados juegos olímpicos. Aunque se proclama con terquedad un clima de sana competición, en estos enfrentamientos “deportivos” también subyacen intereses políticos, económicos o de simple orgullo patrio. Del mismo modo que la idea de “éxito”, sobre todo en las sociedades occidentales, progresivamente se va enquistando en un propósito de triunfo por encima de límites autoimpuestos de ética, moral o de cualquier esencia de humanismo, o de sentido común; como decía, esa misma presión por el triunfo que encharca la mayor parte de los compartimentos de la sociedad, también se percibe, como no podría ser de otra forma, en el entorno del deporte. ¿Acaso alguien esperaría algo diferente con las premisas de la popularidad, el enriquecimiento o la victoria competitiva por encima de cualquier cosa, incluso de la dignidad propia, o del respeto por la de los demás? ¿Acaso que la comunidad internacional acceda a desarrollar estos juegos, ante los posibles beneficios económicos que se obtendrán de colaterales acuerdos económicos, en un país que acomete la masacre impune de toda una cultura y de un pueblo, no demuestra esa falta de escrúpulo “mundial”? ¿Es preciso que mencione otros ejemplos de ese “todo vale” si los bolsillos se ensanchan hasta que cedan las costuras? ¿Acaso es preciso que me refiera a la tímida respuesta internacional ante la invasión de Georgia por el presidente Vladímir Putin?

Si el lector desea seguir leyendo el artículo lo encontrará publicado en la sección "generación en red" de la la revista Generacion.net

28/08/2008 16:55 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.


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