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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2008.

Dos sonetos en memoria de Bobby Fischer por Martín Marcos

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(Mi amigo el poeta, sonetista y hombre orquesta de caminos y veredas me remite estos dos sonetos en recuerdo del recientemente fallecido Bobby Fischer al que tanto admiramos.)

Bobby Fischer


La lógica implacable se evade
cuando pasa un poema y se desborda
si el espíritu se aleja de la horda
indómito y voraz tal una náyade.

fue tan incomprendido como Sade:
Terco, individual, cual mula torda;
A su llamada fue la vida sorda
por su exquisito transcurrir de jade.

Su vida se define en un tablero
hiperbólico, magistral, ardiente,
allí no tiene sitio el embustero.

Nunca un solo ha llegado a tanta gente
y a dejar las cabezas sin sombrero:
¡ Viva siempre el sobrio sin par ausente !
20-1-2008

HOMENAJE A BOBBY FISCHER

Sabio, preciso, abstraído en la jugada,
el tiempo se detiene en el tablero;
Tú reina, tú caballo, tú el obrero
que aceptaste la vida sosegada.

Ojos abiertos,absorta la mirada,
excesivo ademán de caballero,
si digo la verdad sobra el dinero
que todo el existir se queda en nada.

Una mano apacible lentamente
se dirige a la pieza color mate.
Y una vez apoyada dice : ¡Jaque!

y otro rostro sumido en el escaque
descubre con pavor que no le miente
la voz, y que además de jaque es mate.
21-1-2008

Arnold Schönberg, el músico bien temperado

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(En la imagen superior Arnold Schönberg al piano con partitura.)

Bajo el título Espiritualidad y Vanguardia el Centro de Historia de Zaragoza acoge una exposición dedicada al divino compositor Arnold Schönberg.
Nacido en Viena en 1874 este compositor, al que descubrí en su Concierto para violín op. 36 (1934-36) en los albores de mi juventud, figura en la historia de la música como miembro de la segunda escuela de Viena, junto a Berg y Webern, autor de la ópera Moses und Aaron, La noche transfigurada, Pierrot lunar, creador del sistema dodecafonico…
En el segundo tomo de La música el maestro Josep Soler escribe: “Cuando Schönberg habla del dodecafonismo habla de un método: como artista, él se siente ligado a la gran tradición, al legado musical europeo; no trata de romper unos lazos sino de continuar, de proseguir la gran aportación que Occidente ha hecho a la cultura musical. El método es una posibilidad, no una ruptura y ahora, con el paso de los años y las múltiples audiciones de sus obras, nos damos cuenta de que ‘el espíritu y la idea’ de su música es el mismo que hallamos entre sus ilustres antecesores: ha variado la ortografía y la apariencia de sintaxis pero el impulso espiritual, la ‘necesidad interna`de que hablaba Kandinsky, es el mismo que regía en las obras de Bach o Wagner, de Mozart o Beethoven.”
Schönberg y Kandinsky mantuvieron una interesante correspondencia, que se ha visto publicada en alguna ocasión en castellano, aunque ahora sería interesante una nueva reedición de esas cartas, donde se destilan expresiones e ideas fundamentales para adentrarse en el alcance de ambos artistas.
El libro de del pintor ruso De lo espiritual en el arte (1932) interesó vivamente a Schönberg, incluso en una carta admite: “Le envié mi Harmonielebre. Va a sorprenderse de cuántas cosas digo igual que Ud.”. Jordi Pons, en su elaborado volumen Arnold Schönberg (Etica, estética y religión), nos informa: “Kandinsky conocía algunas de las afirmaciones del Tratado (de Schönberg) difundidas antes de la publicación del libro. Y cita una de ellas en De lo espiritual del arte”. Mucho se ha escrito sobre el libro la Teoría de la Armonía de Schönberg, dedicado la memoria de Mahler, de su influencia en el arte, no sólo en el terreno musical, incluso hay quien ha elevado la aportación teórica del músico por encima de cualquier otra…
La asistencia del ruso a un concierto en homenaje al compositor vienés le inspiró el lienzo: Impresión III (concierto). Por su parte el músico también se dedicó a la pintura durante algunos años, en la exposición arriba mencionada encontramos varios sobresalientes ejemplos de esta labor en el terreno plástico. Los esfuerzos del músico en el terreno plástico impresionaron a varios pintores contemporáneos. Incluso cuatro pinturas de Schönberg, seleccionadas por Kandinsky, figuraron en la primera exposición del grupo Der Blaue Reiter.
De entre la obra plástica expuesta de Schönberg, además de los autorretratos ya suficientemente reproducidos y por lo tanto conocidos, nos han sorprendido, por su expresividad e interés plástico, dos piezas que tienen a Cristo como protagonista. Una de ellas, donde aparece la cabeza de Cristo coronada con espinas, nos parece una obra fundamental para el museo imaginario de la mística.
A lo largo de la muestra nos encontramos en una habitación oscura, donde destaca una pantalla, sobre la que se proyectan las opiniones de diferentes musicólogos, compositores, interpretes en torno a la figura del artista vienes. De entre ellas nos ha cautivado el testimonio de Victoria Cirlot, entre otras cosas porque define con claridad la relación del sistema compositivo de Schönberg con la poesía permutatoria de su padre, el admirado poeta Juan Eduardo Cirlot, además de con el místico Abraham Abulafia. Y, para postre, la destacada estudiosa de la simbología y la mística recita el revelador poema que Cirlot dedicó a Schönberg, in memoriam, publicado en la revista Dau al Set en septiembre de 1951.


“Yace solo
Arnold,
mientras coronas pálidas
tejen con un platino instrumental
la callada riqueza de tu signo”.

A pesar de todo conviene reseñar que nos ha sorprendido la casi total ausencia en la muestra, salvo por una pequeña nota, de Josep Soler, sin duda en la actualidad uno de los compositores con mayor influencia de Schönberg en su obra, así como que mejor conocen, y así lo ha demostrado en diversos artículos y ensayos, el alcance de la obra del artista al que se pretende homenajear.
Un colosal acierto, en cambio, resulta la parte de la muestra dedicada a los inventos del músico, como el ajedrez para cuatro jugadores y la máquina para escribir música.
En el folleto que se ofrece a la entrada de la muestra leemos las palabras de Benet Casablancas: “Periódicamente se alzan voces que cuestionan el alcance y la naturaleza del legado musical y artístico de Schönberg. Quizá es su integridad artística y humana, que se ha querido identificar interesadamente con un sectarismo en unos tiempos posmodernos marcados por el pensamiento débil, lo que incomoda a algunos. En este punto, quizá sea oportuno mencionar la respuesta de Berg a las objeciones de Canetti a Wagner, que el escritor recoge, avergonzado, en su autobiografía: ‘Usted no es músico: si lo fuese, no hablaría así”.

“…el consuelo del dolor, para el artista, es más dolor”

(Josep Soler. En su texto Arnold Schönberg y el expresionismo. (La música II, Montesinos, Barcelona, 1982)

 

 

11/02/2008 20:16 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Juan Ramón Jiménez y Julián Ríos pasean en mi sueño de la mano por un jardín oriental mientras converso con Felipe V sobre la biblioteca que se trajo desde París cuando vino a reinar en España

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Desde la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez recibo del remite de  Carmen Hernández-Pinzón Moreno una hermosa agenda, del ya más que inaugurado año 2008. Con tapas rojas, encuadernada con la precisión de un libro lujoso, acompañan a los días citas del poeta de Moguer y abundante material fotográfico. La agenda se me antoja la compañera ideal para contabilizar el tiempo hasta que franquee el próximo solsticio de invierno –navidad, januka–. A finales del ya pasado 2007 la misma fundación y la misma Carmen Hernández tuvieron la gentileza de remitirme una Antolojía  poética de Juan Ramo Jiménez, con selección y prólogo de Soledad González Ródenas. El volumen, editado por dicha fundación en colaboración con la Diputación de Huelva, agrupa una interesante selección de poemas que refrescan la nuca a los iniciados.  ¡Ojalá también sirva esta selección  para aproximar el poeta a curiosos adolescentes con sensibilidad y talento! En la portada se dibuja la firma de Juan Ramón con tinta roja. A mi memoria acuden, como un velado rumor, las palabras de cierto autor cuando esgrimía, con aparente certeza, que escribir con tinta roja era prueba de un insufrible mal gusto.


Una soledad  tan pura
como el caer de la nieve;
un blancor  divino, unánime,
un silencio permanente…

Leo, tras abrir la antolojía al azar, los primeros versos del poema Isla.

La Fundación Z-J.R.J. tiene el buen gusto de hacerme llegar, de tarde en tarde, unos hermosos pliegos de poesía con textos inéditos. Estos versos hacen la delicia primero del paladar de mis dedos, luego del de mis ojos y después del de mi entendimiento.
¡Con cuánta generosidad se han comportado siempre, con mi persona y la editorial Libros del Innombrable, la Fundación y los herederos de Juan Ramón Jiménez! Ofrecieron un sí sin celosías y sin talonarios a la inclusión del poeta en una antología para niños y en la selección de poesía mística de Antonio Fernández Molina.
¡Qué favorable vida la mía al contar también con la amistad y las generosas y sabias aportaciones de los poetas Antonio Fernández Molina, Mariano Esquillor, Josep Soler, Fernando Arrabal… además de tantos otros, que siempre se han aproximado a mis proyectos con el deseo de ofrecer su talento y su obra más que de solicitar caudales (Se dice que Cervantes fue encarcelado por adueñarse de parte del dinero de su trabajo como recaudador. Si así fuera no habría hecho el autor del Quijote más que algo propio de un hombre de letras, es decir, de espíritu, al voicotear los vulgares grilletes de la economía).
¿Puede desearse algo mejor para acompañarse durante una vida que la “compañía” de lo ilustre y verdadero? Y participando de ese mismo caldo recibo de la editorial, por indicación del autor, el libro de relatos Cortejo de sombras (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2008)  de mi admirado Julián Ríos. Leo las críticas que dedican al volumen en algunos suplementos, así como una entrevista donde el autor responde cuando le preguntan por los jóvenes escritores que le reconocen como maestro: « …nunca me permitiría darles un consejo. El único que me parece válido en literatura es el lema de Thélème: “Haz lo que quieras”».  
Cuando descubrí el  libro de J. Ríos Larva, con el asombro de mi mayoría de edad, le pregunté a mi guía, maestro y cayado Antonio Fernández Molina por su opinión: “Es una de las mayores exhibiciones del lenguaje que he leído, sin duda se trata de un autor de gran interés”, me respondió. Poundemonium y Nuevos sombreros para Alicia fueron los títulos de Julián Ríos con los que más he disfrutado, hasta el día de hoy, claro. Tengo entendido que recientemente se ha publicado en México una antología de su obra, ¡algo de merecido cumplimiento!
En mis sueños converso con Felipe V, que viste de manera descuidada y luce unas luengas barbas, como lo describen los historiadores durante sus crisis de melancolía, sobre Juan Ramón Jiménez y Julián Ríos. Ante mi insistencia el soberano enuncia: “Cuando vine a España para reinar lo hice junto a 3000 libros de mi biblioteca personal, ¿quieres creer que entre ellos ya se encontraban el Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez y Larva de Julián Ríos? Eso es imposible, respondo a Felipe V, los autores nacieron siglos después. “Bueno, yo no me atengo a esas pedestres limitaciones”, me reprocha airado el monarca, al tiempo que me expulsa de mi propia ensoñación.
20/02/2008 20:03 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La preñez egipcia

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A su vuelta del moderno Egipto mis amigos Beatriz y Pedro se han personado y reincorporado a la vida testimonial –cotidiana como un mondadientes–, pero antes, en prenda, me han ofrecido un pájaro Ibis (con el que se identifica al dios Thot) y una copa de alabastro. Sus historias y entusiasmo me impulsan hasta el libro Historia del Antiguo Egipto (La esfera de los libros, Madrid, 2007) de Ian Shaw.
Al abrirlo me encuentro con una fotografía a color de dos esqueletos abrazados en postura fetal, la diferencia de tamaños me hace pensar que, quizá, se trate de una pareja. En el pie de la imagen leo: “Algunas de las tumbas de yacimientos del Período Naga II contienen inhumaciones múltiples como en este caso. Se trata de un enterramiento doble del cementerio de Adaima, cercano a Hieracómpolis”.
Con el volumen en la mano parto hasta la habitación contigua porque recuerdo un estupendo libro traducido y preparado –cual si se tratara de una comida suculenta o de una poción capaz de trasladar a su receptor a las más inesperadas y mágicas consecuencias– por el compositor Josep Soler. Bajo el título de Poesía y teatro del antiguo Egipto el autor agrupa un buen número poemas, de textos de las pirámides y de teatro litúrgico revisitados con una riqueza que presume de la inmensa capacidad de trabajo y sensibilidad del compositor.
El teatro en el antiguo Egipto se encontraba próximo a la experiencia religiosa, al igual que ocurría en Grecia y Roma, donde los dioses custodiaban la escena, así como también el emperador, al que se le rendía culto.
Josep Soler declara en su introducción al apartado de teatro litúrgico: “Si el primer ejemplo de drama litúrgico proviene de la IX Dinastía, el último, los textos procedentes de una de las paredes del templo de Edfú son ya de época tardía: la de los Tolomeos (ca. -305), otras dos obras son un poco anteriores y datan del siglo IV, en la época del faraón Nectanebo II (XXX Dinastía, -360, -343): casi todas ellas ponen en escena los mismos personajes básicos: Isis y Horus.
Los dramas se desarrollan entre dioses y ponen en escena sus tragedias personales que se solucionan por la intervención de un deus ex machina divino que protege el nacimiento de Horus o lo salva del veneno del escorpión… (…) Podemos suponer, sin gran atrevimiento, que en la ‘representación’ de estos dramas –a semejanza del posterior teatro griego– intervendría una determinada máquina escénica (la llegada del dios Thot en la barca solar, posiblemente en la escena, con todos sus navegantes), y una amplia intervención musical –voces e instrumentos– así como, quizá, un grupo de baile. Estamos, pues, ante algo parecido a una gran ópera…”.

En el terreno musical del Antiguo Egipto Rafael Pérez Arroyo, junto con Syra Bonet, han llevado a cabo una compleja investigación para resolver la posibilidad de aquellos, desde nuestra parcela de tiempo, remotos sonidos. Gracias a los dibujos en las paredes de las pirámides ambos estudiosos reconstruyeron los instrumentos, proyectaron una posible técnica de ejecución y desde los estilos litúrgicos cristianos del Oriente desarrollaron los elementos vocales. Así crearon la compilación hermosa Música de la edad de las pirámides (Nar, Madrid, 2001). Los sonidos de la grabación evocan ligeramente la sensación de liturgia que la memoria vincula a ciertos aspectos de la música vocal. Sin embargo, la curiosa sonoridad que se extrae de la reconstruida arpa y de los instrumentos de percusión nos sobrecogen por lo cercanas que, desde la extrañeza, resultan en nuestros oídos.
Así el Antiguo Egipto revive en mis carnes, junto a mi figura del dios Thot, y así rememoro los viajes que nunca he realizado por las arenas con olor a cocodrilo y las aguas dulces y sonámbulas como danzas sonoras de los murciélagos al comienzo de la noche.
Quizá vuelva sobre este asunto en próximos días…
27/02/2008 20:05 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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