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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2008.

Elegía para Frank Sinatra por Raúl Herrero

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«En equilibrio con esta vida, esta muerte.»
W. B. Yeats


EL PUNTO FINAL

.





IRKALLA

Una senda, en la mitad del camino de la obscuridad,
nos guía por el interior de la mirada.
El oftalmólogo, como un dios microscópico,
vuelve las pupilas del revés.
El precipicio, hasta ahora velado,
fulgura bajo la venda que disuelve el mundo.


LA VENDA QUE DISUELVE EL MUNDO

La vida ulula sobre la linfa
que la muerte no evapora.
En la hora de espuma
el cielo ciego se empluma.
Serpiente perversa
con alas de calavera.


BAALZEBUT

Con la boca llena de agujas
tragas saliva pigmentada;
los delgados despojos surcan tu garganta
y se incrustan en las paredes del estómago.
El dolor no es suficiente.
El sol vuelca el azul de sus dientes
sobre el tiempo de tu silueta,
que se convierte en cuerpo del tiempo.
Soy el único elemento del cosmos
en reposo:
mi mundo se desprende del mundo.
La muerte es el instante
del declive infinito de la luz.




MOLOC

Con el cordón umbilical
todavía alrededor de la cintura,
el recién nacido descubre,
desde el fondo del contenedor,
escenas de sacrificios cruentos
oficiados por cananeos.
La curva cuadrada
deja de ser humilde o silenciosa.
En la cabeza de edificios,
empleados como altares para terneros lechosos,
sombras de seres evacuados por la vida
elevan piras de leña humana.
Sentado en una silla de oro,
frente a la ventana,
la risa te cubre los dientes con destellos.
El anciano se dispone a tomar
sopas de leche
frente a la mesa con patas de cabra.
Deja caer uno de sus ojos
en el caldo iridiscente,
tras mucho observar y marear el contenido
con una cuchara de plata,
descubre una tos de sangre relamida,
o, lo que bien pudiera ser,
un resto de feto con sabor sonámbulo.


LOS VIEJOS ESTRANGULÁNDOSE CON ASOMBRO

Los ancianos sentados frente al lago
conversan con los ojos empequeñecidos por el sol.
Unos gusanos amarillos les suben
por las piernas.
Al principio no les importa,
pero cuando les alcanzan el rostro
y comienzan a devorarlo,
se cubren la cabeza con hojas de sauce.
Luego reanudan el coloquio.



EL MUERTO INVISIBLE

Por la noche, después de pintar,
ingiero interminables tragos de disolvente.
Mi piel se vuelve pálida,
incluso si me paro frente a una pared blanca
paso desapercibido.
Por fin, una mañana,
al levantarme, compruebo
que soy invisible,
ningún familiar me saluda
y soy nadie frente al espejo.
Al principio me divierto
cambiando de lugar los objetos
o entrando en lugares prohibidos.
Más tarde comprendo
que me debilito a cada minuto.
Mi cuerpo en lugar de andar
levita,
mi imagen desaparece
de las fotografías,
mis allegados me olvidan.
Ahora vago de un lugar a otro
propulsado por corrientes de aire.


LA VIDA AVANZA SOBRE EL TIEMPO QUE
LA MUERTE DEJA EN BLANCO

Sobre el reloj del comedor
se posa una lechuza.
Brota agua clara y fresca
del espacio limitado por las agujas.
El animal se agacha y bebe.
Los comensales que la habitación ocupan
sin darse cuenta envejecen y mueren.



Mi alma, ajena a la vida.



LA VIDA AVANZA SOBRE EL TIEMPO QUE LA MUERTE NO EMPAÑA

La torre de Ganzir
rasga el horizonte de tela.
La cabra bebe el paño
que destila su cornamenta.
El dulce sabor vespertino
hipnotiza a las montañas
de cobre.
El vidente se vuelve ciego,
el sano muere,
el ciego pierde los dientes
y el enfermo resucita en la muerte.
Cristo, al ascender a los cielos,
separa los hilos de su materia.
Produce una explosión corpuscular
que regenera el mundo.


ANTES DE PARTIR OS DIRÉ

Las estatuas de sal
se vuelven de cristal.
La cuerda oscila, atada
a la lámpara, sobre
la sombra intransigente del ahorcado.
Sus muslos de girola expuestos
como ropa tendida.
Sus manos de ábside tensan
la separación entre muerte y mundo.


CESACIÓN DE LA VIDA

Cuando la muerte tórnase visible, nos atenaza
una ansiedad hueca:
encarnación de la
vida.

Junio, 1998

13/03/2008 21:54 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

De la enfermedad considerada como una de las bellas artes, (I)

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(En la imagen superior el cabal Fernando VI)
 
El apolíneo Thomas de Quincey (1785-1859) escribió el ensayo, que consideran humorístico, inexplicablemente para mí, la mayoría de los eruditos: Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Me ha parecido muy oportuno glosar este claro y acertado título en el encabezado del texto, puesto que me facilita la idea que pretendo fijar a continuación.
En mi circunspecta opinión el único propósito del artista en la sociedad actual, lejos de la escritura de ridículos libros-bomba que intentan adentrarse en política y otras efervescencias, o que buscan la divulgación oscura de las artes superiores y heliocéntricas, la misión del artista, pues, me parece que debe centrarse en la descretinización, como ya apuntara André Breton en el primer Manifiesto del Surrealismo, es decir, en la “desautomatización” de los usos y costumbres de la sociedad, del lenguaje, de la limitada visión de la realidad fangosa que se pretende imponer. (Un ciudadano que sólo cree en lo que ve es un hombre que, en verdad, no cree en nada. ¿Qué seria de él si no existieran los espejos?). La ciencia ya ha desautorizado a los más radicales entramados positivistas y todos sabemos del peligro de deshumanización de las sociedades amamantadas con el pragmatismo (con excepción del pragmatismo pánico, véase el Manifiesto para el tercer milenio de Fernando Arrabal) y el utilitarismo. Por ello, se impone el modelo, tan cercano en métodos y en algunos casos en objetivos con las corrientes vanguardistas, de la escuela cínica.
El divino Dalí, consciente de esta necesidad de higiene filosófica, extremó su apetito, en este sentido, hasta las últimas consecuencias. ¿Cuáles son estas “consecuencias in extremis? Claramente me refiero a la antesala de la muerte, es decir, a la enfermedad.
No me parece necesario extenderme en los movimientos artístico que en el siglo XX han utilizado el cuerpo como objeto y materia de la actividad creativa, como el “body-art” o el “accionismo vienés” (con actividades próximas al ritual, aunque en este sentido el exponente más lúcido lo encontramos en el movimiento pánico).
Por tanto, el artista que se mantiene fiel al propósito ya mencionado puede servirse incluso de los mecanismos de la enfermedad, de su propia enfermedad, para horadar la carcasa de la mediocridad de la huera sociedad.
Siguiendo con Dalí recordaremos que tras la muerte de su esposa Gala se recluyó durante diez años, se negaba a alimentarse con frecuencia y, aunque alejado de la vida pública, se mantenía activo en la forma de sobrellevar sus achaques. En esta situación todavía tuvo tiempo de organizar el artista un encuentro en su teatro-museo sobre el azar con figuras como Thom, Prigogine, Landsberg, etc. . Las biografías trasladan las quejas de las enfermeras que le cuidaban , las conversaciones con algunos amigos y el constante merodear, en torno a su figura, de aves de rapiña en pos de su legado. Así, algunos autores recogen una divertida anécdota. Dalí se negó a recibir a cierto presidente de la Generalitat durante varios días y, cuando aceptó concederle audiencia, el político se encontró con un Dalí que se mantenía en silencio durante una hora, tras la cual se despidió al político .
Salvador Dalí, como en todo, no practicaba gratuitamente estas acciones, además del expreso deseo llevado hasta el final de la descretinización. Su admiración por la monarquía, sin duda, le llevó a conocer las extrañas enfermedades de Felipe V y Fernando VI. El primero de ellos sufría de unos padecimientos, que los textos de la época describen como melancolía, que lo postraban en cama y lo mantenían sumido en la inactividad durante semanas, incluso meses. En un acto artístico difícil de superar Felipe V transformó su corte en nocturna, puesto que pasó varios años acostándose a las 7 de la mañana y levantándose a la hora de la cena, lo que obligaba a buena parte de la corte y a los embajadores a someterse a esta inversión de las actividades.
Aunque, sin lugar a dudas, su hijo, Fernando VI, durante su último año de reinado alcanzó una altura artística casi insuperable en esta disciplina de la enfermedad. Tras la muerte de su esposa Bárbara de Braganza, el rey, promotor durante los once años anteriores de su reinado de espectáculos barrocos, amante de la música y gozador de los más deslumbrantes espectáculos organizados por el castrado Farinelli en Aranjuez, se retiró al sombrío castillo de Villaviciosa de Odón. Durante el año de vida que le quedaba Fernando VI cometió las más sorprendes y extravagantes, a juicio de los escribanos de la época, acciones, hasta el punto que el conde Fernán Núñez calificó al lugar de retiro de “castillo encantado”.
La corte mencionaba que el rey se encontraba enfermo, aunque nadie se decantaba por un diagnóstico. Ante la real negativa a recibirles, los cortesanos fueron abandonando el lugar e, incluso, su confesor Quintano regresó a Madrid desesperado por los acciones del rey. En sus biografías se nos cuenta que le gustaba hacerse el muerto, tras un largo de tiempo de suspiros y quejidos, para luego levantarse de golpe y sorprender que acudían a comprobar su defunción. Otras veces vagaba por el castillo con una sábana por encima, o escondía bajo la cama sus propios excrementos para después lanzarlos a todo aquel que osara acercarse a su lecho. Muchas otras actuaciones describen las escasas biografías del monarca, sin embargo, se suele insistir, tanto en los textos de la época como en la mayoría de los actuales, que los cercanos se cercioraban que Fernando VI estaba lejos de encontrarse loco. Se trataba de los últimos actos de este amante de las artes, de un visionario…

20/03/2008 18:10 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

10º aniversario de la editorial Libros del Innombrable

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Con motivo del 10º aniversario de la editorial Libros del Innombrable Raúl Herrero realizará varios recitales-ceremonias en este año 2008. Durante la ceremonia, que se prolongará durante algo menos de una hora, el autor pondrá voz a sus propios poemas, así como a algunos de sus autores favoritos como Fernando Arrabal, Mariano Esquillor, Antonio Fernández Molina, Juan Eduardo Cirlot, Salvador Dalí, Federico González, San Juan de la Cruz, José María de Montells, etc. Se advierte que los textos variarán en todas las ceremonias y que no tienen porque repetirse autores o poemas.
Toda aquella librería u organización interesada en la celebración de este evento puede ponerse con los coordinadores de estos actos en el teléfono 0034976423247 o en el correo:atencionlector@librosdelinnombrable.com. Las solicitudes se atenderán según disponibilidad de fechas.Muchas gracias a todos por estos diez años.
Al final de cada acto el autor firmará ejemplares de sus obras.
"10 años, como la muerte, un instante".
24/03/2008 12:13 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

Estreno de El hombre elefante

ESTRENO EN LA UNIVERSIDAD DE BRASILIA DE EL HOMBRE ELEFANTE DE RAÚL HERRERO
 
Los alumnos de español de la universidad de Brasilia (Brasil) van a montar una versión de la obra teatral de Raúl Herrero El hombre elefante. Esta obra fue publicada a finales del año 2007. La dirección de la obra la asumirá la poeta Alicia Silvestre.
 
EL HOMBRE ELEFANTE Autor/es: Raúl HERRERO Catálogo: Sarastro Libro nº 19 de la colección Descripción: El hombre elefante, seguido de El indómito y extraño caso de Gregoria. Teatro. El hombre elefante / El indómito y extraño caso de Gregoria Raúl Herrero ISBN-10: 84– 95399–84–9 ISBN-13: 978–84–95399-84–7 170 págs. Raúl Herrero nace en 1973. Ha publicado más de diez libros de poesía. Entre ellos la antología El mayor evento (1989-2000), con dibujos de María Luisa Madrilley y prólogo de Luce Moreau-Arrabal y Officium Defunctorum (Las patitas de la sombra, Madrid, 2005), traducido al francés por Paola Masseau. Autor de El manifiesto del Arte Absoluto (1996), la Antología de poesía Postista (1998) y la selección e ilustraciones de Cuentos insólitos de la literatura española (2000). Además ha publicado el libro de relatos Así se cuece a un hombre (2001) con prólogo de María Paz Moreno y dibujos de Fernando S.M. Félez y el ensayo-dietario El Éxtasis (2002), con prólogo de Viveca Tallgren. Desde el año 2000 edita en cuadernillos el poemario Ciclo del 9, de los cuales han aparecido: Las palmeras de Verona, Sinfonietta Björk, Libro de canciones de Ángela, Notas rumanas y Punto de no retorno. Ingresó en el Colegio de Patafísica de París como «auditor real». Partes de su obra se han traducido al inglés, italiano, danés, francés, islandés y búlgaro. Como creador plástico ilustra libros y muestra su obra en exposiciones colectivas e individuales. Sus artículos aparecen en diversos medios y revistas literarias, incluso en su blog: raulherrero.blogia.com. Si bien Raúl Herrero ha escrito varias obras de teatro desde su temprana juventud, incluso algunas de ellas han llegado a representarse, este volumen constituye la primera publicación del autor en el género de la literatura dramática. El lector encontrará en la sección de noticias un pdf con un adelanto del libro. Fecha de publicación: Noviembre 2007 Edición: 1ª ISBN: 978–84–95399-84–7
 
28/03/2008 15:36 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

De la enfermedad considerada como una de las bellas artes, ( y II)

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Hasta el momento, mis ejemplos sobre la posibilidad de acometer empresas artísticas valiéndose de la carencia de salud se han reducido a las dolencias que, los espectadores de las mismas, vincularon con la locura, es decir, con enfermedades más propios de la mente que del cuerpo. Si bien, ese “mal mental” también puede emplearse como motivo para ejecutar acciones con el propio cuerpo, como la "autolesión", por cierto, también utilizada por algunos “accionistas modernos”, o las actuaciones que los neófitos pueden calificar de excéntricas, deseo extender esta afortunada teoría de la enfermedad como una de las bellas artes a la manifestación teatral-ceremonial que puede llevarse a término con padecimientos corporales.
De nuevo es posible referirse a Dalí y a su exigencia, en su última aparición pública, de exhibirse frente a la prensa con la mayor cantidad posible de tubos y engranajes mientras abandonaba el hospital. En este caso, en oposición al “cretinismo imperante” que oculta la enfermedad y los estragos de la vejez, al tiempo que instaura un culto a una belleza que transforma en tabú lo que desborda ciertos límites, el artista no sólo no disimula el dolor, sino que decide adornarlo, incluso aumentarlo, ante los curiosos.
Peter Kingsley en su libro En los oscuros lugares del saber se refiere a los phôlarchos, “estos hombres eran sanadores y la curación, en el mundo clásico tenía mucho que ver con los estados de muerte aparente”. Posteriormente añade: “Antes de que se creara lo que ahora se conoce como medicina ‘racional’ en Occidente, la curación estaba siempre relacionada con lo divino”. P. Kingsley nos informa de la costumbre de tumbarse en los santuarios, en lugares que solían semejarse a una caverna, para procurarse la curación bajo las atenciones de los sanadores-sacerdotes. Además de las estrechas vinculaciones que este ritual pueda tener con el sentido de “volver de la muerte resucitado”, o, “transformado”, estos detalles nos advierten del concepto de enfermedad como trance del que el individuo se sirve para transformarse, incluso para “iniciarse en misterios y en conocimientos que puedan acercarle a la sabiduría”. ¿Acaso el arte no conjura ese mismo papel? Por tanto la asimilación de la enfermedad física con la posibilidad de emplearla para acometer una actividad artística plástica, ya sea, por ejemplo, servirse de la sangre y los orines para el dibujo o la creación matérica, o bien, el uso de los instrumentos de nuestra curación para la elaboración de “objetos de uso simbólico”, o el acometer, al modo de rituales, manifestación y afirmaciones que se reduzcan a los esquemas de las actuales luces racionales, se nos muestran como complementos a esa “transformación interior”.
Y puede llegarse más lejos cuando la propia muerte, llegado el momento, se convierte en objeto artístico, aunque no siempre sea llevado a cabo por la voluntad del propio sujeto: las momias, los santos incorruptos… Pero este asunto nos lleva por otros vericuetos…
La presencia ante la enfermedad de un individuo como espectador, o en la atención al amigo, familiar, o simplemente al enfermo, también nos aproxima tanto a la posibilidad artística, como a la de “mejora de nuestro seso”. Por ello proclama El Talmud (Nedarin 39b-40a):” Dijo R. Abba, hijo de R. Janina: ‘Todo aquel que visita a un enfermo, cura la sexagésima parte de su enfermedad’”. Resulta muy claro que este visitante, o cuidador, cubre con su acción una parte de su propio camino al acompañar al enfermo.


 

29/03/2008 13:58 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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