Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008.
Resumen
- 05/11/2008 08:24 - Lo Absoluto (Poema de Sri Chinmoy)
- 06/11/2008 07:00 - Motivos de tristeza, (LXXXII)
- 11/11/2008 10:42 - En el útero del Cosmos o el huevo cósmico de Leda
- 13/11/2008 16:24 - Motivos de tristeza, (LXXXIII)
- 18/11/2008 09:08 - Alice in puzzle
- 18/11/2008 19:50 - Arrabal & Kundera
- 23/11/2008 19:56 - El taparrabos corredor
- 24/11/2008 20:56 - Los bluesman: entre Orfeo y Homero
- 25/11/2008 17:29 - Orfeo errante de Antonio Fernández Molina, o la poesía está de vuelta (tras tanto hastío)
Lo Absoluto (Poema de Sri Chinmoy)

Ni mente, ni forma, sólo existo;
Cesada toda voluntad y pensamiento.
La danza de la naturaleza ha llegado a su término.
Soy Eso que he buscado.
Un reino de Deleite puro, último
Más allá del conocedor y de lo conocido;
Disfruto al fin de un descanso inmenso;
Frente a mí, sólo el Único.
He cruzado los caminos secretos de la vida,
He llegado a convertirme en la Meta.
La Verdad inmutable es revelada;
Soy el camino, el Dios-Alma.
Mi espíritu es consciente de todas las alturas,
Soy mudo en el corazón del Sol.
No hago trato alguno con el tiempo y la acción.
Mi juego cósmico se realizó.
Sri Chinmoy
La enseñanza silenciosa, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1996
En la imagen superior Sri Chinmoy pintando.
Motivos de tristeza, (LXXXII)

(En la imagen superior Brujo de Fernando Briones, Óleo/lienzo, 66 x 53,50 cm, 1952)
Los estudiantes decidieron amaestrar al profesor. Los primeros días le colocaban tachuelas en la silla y le obligaban a proferir gritos en el altiplano. Más tarde pasaron a la acción: los adolescentes colocaron al maestro unas bridas y le obligaron a recorrer cientos y cientos de kilómetros por las autopistas, en especial los domingos y fiestas de guardar. Pero una tarde de abril los muchachos leyeron por casualidad un libro de filosofía y decidieron reformarse. Desde ese día los estudiantes se mostraron educados y respetuosos con su profesor. El educador, cuando se cercioró de la debilidad de sus alumnos, de inmediato se vistió de gris castidad y comenzó a azotarles con fustas y a obligarles a emplear cilicios de noche y de día. Durante el atardecer los recuerdos de sus antiguas fechorías eran para los alumnos, ahora obedientes, motivo de tristeza.
En el útero del Cosmos o el huevo cósmico de Leda

Para Federico González en su cumpleaños con vida admiración
[En la imagen Federico González y Carlos Alcolea junto a parte de la colegiata Marsilio Ficino]
El interesante y arrebatador blog de La colegiata Marsilio Ficino casi transforma en innecesario cualquier intento de recreación o comentario de la obra En el útero del Cosmos de Federico González, que dicha colegiata presentó el pasado viernes 24 de octubre en el Centre Cívic Cotxeres Borrell de Barcelona. Por fortuna, para lectores, estudiosos y “teatreros” en general se recopila en el citado blog una antología de textos, tanto de los miembros de la colegiata como de sus inspiradores, en torno al teatro y su fenomenología. Con acierto nos recuerdan la procedencia dormida de la ceremonia, también reclamada por Fernando Arrabal en su Teatro Pánico, de la transmutación escénica, alquímica, que puede darse en el intérprete cuando el texto hacia ello se encamina y el tiempo y la dedicación lo permiten.
Así convendría, antes de adentrarse en la obra, la lectura de esa hermosa recopilación de textos que la colegiata nos pone en el corazón y la vista desde internet. La lectura, por ejemplo, del extracto de René Guénon. Capítulo XXVIII de "Aperçus sur l’Initiation":
"Se puede decir, de manera general, que el teatro es un símbolo de la manifestación, de la cual expresa tan perfectamente como es posible el carácter ilusorio; y este simbolismo puede ser contemplado, ya sea desde el punto de vista del actor, ya sea desde el del teatro mismo. El actor es un símbolo del "Sí" o de la personalidad manifestándose mediante una serie indefinida de estados y de modalidades, que pueden ser considerados como otros tantos papeles diferentes; y hay que señalar la importancia que tenía el uso antiguo de la máscara para la perfecta exactitud de este simbolismo. Bajo la máscara, en efecto, el actor permanece él mismo en todos sus papeles…”
Tras lo anterior a nadie le sorprenderá que el género de la obra se presente en el programa del siguiente modo:
Hiperrealismo de alcance subliminal, emparentado con el teatro de la memoria y el teatro del absurdo. Aquel que mediante una trama sin un aparente significado y con unos diálogos que no parecen seguir una secuencia dramática, va creando una atmósfera que nos presenta el absurdo de lo convencional y simultáneamente nos abre la puerta, a través de la poética y la magia, de lo “real”.
Desde el intrigante inició de En el útero del cosmos queda claro que el texto de Federico González se sitúa en la tradición de los textos iniciáticos. En el primer acto asistimos a la reunión de un grupo de profesores de la utópica universidad Marsilio Ficino, al fondo puede contemplarse una banderola con la insignia de la colegiata. Mientras los diálogos avanzan queda patente que la iniciación completa no va dedicada al público, sino al propio actor. La contemplación, pronunciación y repetición de los textos que Federico González ha puesto en boca de los personajes conmoverá el alma del público, pero, sin duda, aún más y con mayor intensidad la del actor-taumaturgo que lo pronuncia.
La idea, aunque parezca ingenua, es la de abandonarlo todo y dedicarnos a la búsqueda de la verdad.
La operación de la obra sitúa los tópicos y errores de la modernidad y su ignorancia, como si se tratara de un cadáver, a la vista del público, y con lentitud los actores desmadejan el cuerpo, transforman el error en conocimiento y procuran una muerte y resurrección, tras la cual el tiempo y el espacio debieran cesar.
El que vence la muerte también dice: "Mi paz os dejo, mi paz os doy". "Velad"

Pero claro está, todo lo dicho no sucede en escena sino en la palabra de la escena. Los actores, sin conceder el mínimo respiro a los espectadores, pronuncian los mensajes con vistas a la desautomatización de las certidumbres.
El héroe no tiene ningun virtud aprobada por el consumo. El traidor las tiene todas. Lo que aumenta singularmente el equívoco es que el héroe y el traidor son una sola persona...
El segundo acto nos sitúa en la casa de uno de los profesores del primer acto, en una fiesta donde se celebra, se come (pan -canapes-) y se bebe (vino) y se baila. Este parte resulta más dinámica, con momentos que incluso alcanzan cierta comicidad, conviene no olvidar que en el humor subyace una posibilidad de mostrar lo ridículo de ciertas actuaciones y prejuicios que, por repetidos, se han llegado a considerar inamovibles y hasta solemnes.
También los directores Carlos Alcolea y el propio autor Federico González demuestran en este segundo acto un mayor gusto por la plasticidad. Así nos encontramos con instantes simbólicos, al tiempo que visualmente bellos, como el brindis final.
A todo aquel que se haya perdido la única representación realizada hasta el momento sólo le queda cultivar la paciencia y aguardar a una nueva representación.
[En la imagen "Leda atómica" de Salvador Dalí, 1949]
Motivos de tristeza, (LXXXIII)

Los dientes de Augustus Céntimos poseían una fortaleza superior a la acostumbrada, es más, posiblemente la dureza de su dentición fuera la mayor de todos los tiempos. Puesto que sus encantos y virtudes se reducían a este insignificante detalle procuraba demostrar su capacidad a la mínima ocasión. Por ejemplo: ante cualquier chiste respondía Augustus con una amplia sonrisa que dejaba al aire todos sus dientes como si fueran pequeños soldados pálidos puestos en línea. Cuando se sentía enamorada y pretendía impresionar a una joven ataba el extremo de una cuerda al parachoques de un camión y mordía el otro lado y así, a fuerza de tirones dentales, arrastraba el vehículo. Pronto le llegó la popularidad por la prensa y los programas de televisión. Su interés por la superación le llevó a intentar estrategias, fenómenos y ocurrencias cada vez más comprometidas. Así arrastró a fuerza de dientes un boing 777, enderezó la torre de pisa y redujo a escombros la Torre Eiffel, para luego reconstruirla a dentelladas. Pero cada triunfo se convertía para Augustus en una sorda derrota. La insatisfacción le supuraba por el hígado, el corazón y en su cabeza enraizaba el árbol podrido del odio. Así que llevado por una desaforada locura comenzó a morder todo cuanto le rodeaba. Destruyó los bordillos de las aceras, los automóviles aparcados en las aceras, los carritos de los niños... Luego pasó a comportarse como un lobo sanguinario. Por las noches acechaba a la luz de sus afilados dientes y caía sobre transeúntes a los que devoraba sin compasión. "¡Fijaos, fijaos qué dientes! ¡Qué hermosura! ¡Serían capaces de acabar con cualquier cosa!”, gritaba a pleno pulmón desde los tejados. Y, en efecto, la celebración de la ceremonia en que se autodevoró fue para todos motivo de tristeza.
Arrabal & Kundera

[Enhorabuena a todos mis queridos lectores y diplodocos. Imagino recordaréis que la entrada de este blog con el poema de Fernando Arrabal en homenaje a Milan Kundera alcanzó los cuarenta comentarios, en primer lugar a todos muchas gracias. Pero lo que seguramente ninguno esperaba era que estos comentarios, con erratas corregidas si las hubiera, se incluirán en el próximo libro de la editorial Libros del Innombrable: Defensa. Arrabal & Kundera. Adjunto el texto completo de promoción que adelanta la editorial. Y una cosa, aunque no estará distribuido hasta el 10 de diciembre, todos aquellos que realicen una precompra en la página de la editorial lo recibirán antes en su casa sin gastos de envío y con un libro de regalo. ¡Olé!]
En Defensa. Kundera & Arrabal el lector se encontrará con dos partes diferenciadas. En la primera: Defensa de Kundera, figura el poema de Fernando Arrabal «Quosque tandem»» redactado tras las calumnias vertidas sobre Kundera el lunes 13 de octubre por un semanario checo. El mismo día los medios de difusión, sin la más mínima precaución, publicaron el infundio. El texto de Arrabal fue firmado desde el día 14 por unas cuarenta personas. Paralelamente, Juan Goytisolo, Jean Daniel, Yasmina Reza y B. H. Lévy escribieron artículos en la prensa para solidarizarse con el novelista y el 3 de noviembre «once escritores de fama internacional», publicaron otro comunicado de apoyo al escritor checo. En este apartado incluimos la traducción del poema de Arrabal a varios idiomas y algunos de los comentarios vertidos tras su publicación en internet. También se incluye íntegro el artículo de Juan Goytisolo en defensa de Milan Kundera publicado el 27 de octubre. La segunda parte del libro contiene diversos textos de Fernando Arrabal y Milan Kundera que, como vasos comunicantes, muestran un diálogo imaginario entre ambos autores, entre algunas de sus obras, entre sus preferencias y sus añoranzas. Siempre con el aroma de Cervantes como telón de fondo. Como apéndice final el poema «Clítoris» de Fernando Arrabal y su traducción al checo por Milan Kundera.
A la venta a partir del 10 de diciembre. Pero si usted realiza una precompra desde nuestra página lo recibirá en su casa sin gastos de envío. Aquí el enlace: http://www.librosdelinnombrable.com/novedades/novedades.asp
Promoción válida sólo hasta el 10 de diciembre.
Fecha de publicación: Diciembre. 2008
Edición: 1ª
ISBN: 978-84-95399-95-3
Precio: 12 euros.
El taparrabos corredor

En la decimocuarta olimpíada, en el arcontado de Hipómenes en Atenas, aconteció que uno de los que corrían con taparrabos en el estadio de los juegos olímpicos, Orsipo, entorpecido por el taparrabos, cayó al suelo y murió. Por ello los oráculos prescribieron que compitiesen desnudos.
Escolio T a Homero, Ilíada XXIII 683
En un principio los antiguos tenían por costumbre llevar taparrabos en las partes pudendas y competir con ellos. Pero en la decimocuarta olimpíada, mientras competía el lacedemonio Orsipo, se le desató el taparrabos y fue causante de su derrota. Desde entonces se impuso la costumbre de correr desnudos.
Escolio AD a Homero, Ilíada XXIII 683
Los bluesman: entre Orfeo y Homero

Los expertos mencionan la raíz africana del blues, a la que añaden el filtro de las generaciones de esclavos primero, de trabajadores a sueldo después –durante muchos años los “liberados ciudadanos” tenían escasas posibilidades de dedicarse a otra cosa, en una sociedad racista y jerarquizada— unos músicos “no profesionales”, que emprendieron la tarea de exponer sus lamentos, esperanzas y anhelos.
En la zona del Delta, donde los entendidos sitúan el blues más primitivo, los “trabajadores del algodón” con sus guitarras y su intuición poética, con la tradición y los sucesos diarios, que imaginamos bastante duros, los primeros compositores de blues, que como tal hoy conocemos, enarbolaron una forma de expresar la tradición.
Aunque, en principio, el blues llegó al público a través de discos donde cantaban mujeres que también se dedicaban a repertorios más ligeros, el desgarrador y mistérico latido que desbroza esa música alcanzó a algunas de ellas como Ma Rainey y Bessie Smith.
Robert Johnson, Charlie Patton, Son House, Big Joe Williams, Blind Willie Reynolds rehacían melodías que habían escuchado a sus mayores, o bien, reelaboran las letras y les cambiaban la música, o lo contrario… A menudo en el blues se nos dice que la música procede de fuentes “populares” y que el bluesman adaptó una nueva letra, en algunos casos, con matices desgarradores y de trascendente instinto poético. En esos momentos la autoría no importa demasiado. Por tanto, suele atribuirse una composición, si nadie menciona lo contrario, al músico que primero grabó el tema. Aunque ellos mismos en muchos ocasiones aseguran que la música, o parte de la letra, la conocían porque la escucharon en alguna parte. ¡Cómo me recuerda esa entrega a la creación a la de los antiguos poetas órficos!
También sorprende el número de pastores protestantes que se ocuparon del blues. Una música que en ciertos lugares y sectores se atribuía al diablo. En este sentido citaremos como ejemplo a Blind Willie Johnson, al que se reconoce como de los interpretes más sobresalientes del llamado holy blues. Predicador itinerante, con una navaja que deslizaba por las cuerdas de la guitarra, un estilo que posteriormente adoptarían otros músicos, no sólo de blues. A la edad de siete años la segunda esposa de su padre le lanzó ácido sulfúrico concentrado. El músico predicador baptista, ciego, como Homero, se ganó la vida cantando por las calles de diversas ciudades. El éxito de algunos de sus discos le permitió instalarse en Waco, junto a su mujer Adelaida, aunque siguió ganándose la vida predicando y cantando el evangelio por las calles. Un incendió destruyó su casa en 1949. Se negó a abandonar las ruinas de su hogar y murió sobre ellas tras contraer una neumonía. Sus canciones se encuentran entre las más conmovedoras de su tiempo.
Blind Lemon Jefferson, al igual que Willie Johnson, procede de la tradición del blues de Texas, también se ganó la vida cantando canciones folk y espirituales por las ciudades desde los siete años. Pero las coincidencias siguen. Jefferson padecía una ceguera, de la que se desconocen las causas. Su talento queda demostrado en las aproximadamente 90 canciones que dejó grabadas, muchas de ellas versionadas por cientos de artistas desde The Beatles hasta Bob Dylan o Carl Perkins. En diciembre de 1929 sus biógrafos nos dicen que a la salida de un concierto en Chicago se perdió y vagó por las calles hasta morir de frío.
Las vidas desgraciadas, aunque con un moderado éxito, con muertes tan extrañas como las mencionadas abundan en la historia del blues. Son House refirió en una entrevista que abandonó el blues durante bastantes años porque todos los compañeros con los que comenzó tocando habían muerto jóvenes y temía que le sucediera lo mismo. En su caso alcanzó una respetable edad.
Una de las primeras cantantes célebres de blues, Bessie Smith, falleció en un accidente de coche. Algunos biógrafos refieren que llegó muerta al hospital, sin embargo, otros afirman que aunque estaba con vida cuando la trasladaron a un centro sanitario los responsables del mismo se negaron a atenderla porque sólo disponían de camas para blancos.
Orfeo errante de Antonio Fernández Molina, o la poesía está de vuelta (tras tanto hastío)

Orfeo errante (Antología poética)
de
Antonio Fernández Molina
Por vez primera una antología de toda la obra poética del poeta-pintor.
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atencionlector@librosdelinnombrable.com.
Antonio Fernández Molina, poeta y pintor, nació en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en 1927. En 1951 fundó la revista y colección de poesía Doña Endrina. Ha sido redactor jefe de la revista Despacho Literario, creada por Miguel Labordeta y Secretario de redacción de la revista de Camilo José Cela Papeles de Son Armadans. Dirigió la revista de creación y pensamiento Almunia. Creador infatigable, siempre atento a cualquier manifestación artística, supo transmitir en su obra la misma riqueza y libertad que testimoniaba en su vida diaria. En el año 1999 fue elegido miembro del Colegio de Patafísica de París. Entre su amplia bibliografía citaremos en poesía: Una carta de barro, El cuello cercenado, Platos de amargo alpiste, Cabeza de árbol, Carpeta azul y Cantata en el iceberg; en novela: Solo de trompeta, Un caracol en la cocina, La liebre mecánica y La llama invisible; en narrativa: En Cejunta y Gamud, Pompón y Dentro de un embudo; en teatro: Todos los días son espléndidos y La tabla de multiplicar; en ensayo: Picasso escritor (el primer texto sobre la obra escrita del pintor malagueño), La generación del 98 y Dalí —Testimonios y enigmas—. Como antólogo realizó: Los poetas románticos, Antología de la poesía cotidiana, Antología de la poesía modernista, Antología de la poesía mística española. Su obra se encuentra en primera línea de las propuestas más arriesgadas y enriquecedoras de la literatura en castellano. En Orfeo errante se recoge por vez primera una antología poética que abarca toda la trayectoria de Antonio Fernández Molina, desde 1951 hasta el momento de su fallecimiento, en el año 2005, así como algunos poemas publicados con posterioridad. El volumen además contiene una completa bibliografía de su obra, una selección de su aforismos y «musgos», algunas de sus traducciones (como sus versiones de poesía japonesa tradicional), una antología breve de sus heterónimos: Mariano Meneses y Roberto Goa, dos textos donde el autor define su concepto de lo artístico y lo poético… Como apéndice el lector hallará la entrevista interesantísima que le realizó al poeta la escritora Magdalena Lasala en los últimos días de su vida.
Fecha de publicación: 10 de Diciembre, 2008
ISBN: 978-84-95399-96-0
Páginas: 360
Precio: 20 €
¡Y visita su blog: http://antoniofernandezmolina.blogia.com/ !
Los dioses nos son propicios, ¡Orfeo ha vuelto!




