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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2009.

Reseña de El pánico / Manifiesto para el tercer milenio de Fernando Arrabal

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El pánico.
Manifiesto para el tercer milenio
de Fernando Arrabal
Libros del Innombrable, Zaragoza, 2008, 187 pág.


Edición fundamental de los postulados del Teatro pánico que, en 1965, Arrabal concibió junto a otros autores que consideraron las obras pánicas como exacta expresión del hombre pánico. En el caso de Arrabal, su manifiesto proponía un teatro en el que la poesía, el humor, el amor y el pánico se amalgamaran como esencia dramática con la que transformar el mundo. Provocativa propuesta recogida en el libro junto a escritos de Jodorowsky y de Topor. Original manera de entender la espiritualidad del tercer milenio.

[Reseña publicada en la Revista El Ciervo, enero 2009, pág. 43]

02/02/2009 19:30 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Juan Palomo ha hablado

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No podía ser en otro sello: Libros del Innombrable, la misma editorial que ha recuperado El Pánico/Manifiesto para el tercer milenio de Fernando Arrabal, celebra su primera década reuniendo en Defensa Kundera Arrabal el poema que el dramaturgo lanzó en defensa del autor de La insoportable levedad del ser después de que fuese acusado de espía. Junto a él, numerosos textos de ambos autores y el poema arrabalesco “Clítoris”, y su traducción kunderiana al checo, con impagables versos como “Okno more pro boure a vlny”.

 

Desde su sección del suplemento El Cultural de El Mundo Juan Palomo, el único lector de España, descubre con su clarividencia lo que otros callan.

04/02/2009 13:22 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

A la boda con caracoles a la espalda (Entremés o paso, III)

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Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia. María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.
Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada. Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.

 

En escena una suite nupcial. En el centro un camastro rosa, cursi, kitsch y con mosquiteras de color fucsia. Suena la marcha nupcial de Félix Mendelssohn (del ballet Sueño de una noche de verano) interpretada al revés, o en un disco puesto al revés. En escena una pareja: Un hombre lleva en brazos a una mujer. Ojalá el actor sea un hombre fornido y ella una mujer tremendamente delgada, para que, al contrario de lo que las apariencias puedan augurar, el hombre apenas logre sostenarla a ella. Varias veces, antes de llegar al futuro lecho conyugal, él vacila, la tensión del cuerpo y el rostro desencajado nos revelan que él realiza un esfuerzo increíble, que lo sitúa al borde de sus fuerzas. Al final, el forzudo la deposita a ella sobre el lecho. Él se apoya en la cómoda de la habitación, con un pañuelo usado y arrugado que se ha sacado de un bolsillo, se limpia la frente. Con modestia cartesiana recomiendo que antes de salir a escena se derrame sobre el novio una jarra de agua. El público interpretará, con su pericia habitual, que el sudor requiebra por la cabeza y el cuerpo del muchacho como resultado de un trabajo desproporcionado. La novia queda en la cama cual si fuera un saco y con las piernas abiertas, no porque ella intente alguna forma de provocación, sino por simple indelicadeza en las formas. Suena un pasodoble que sustituye a la música clásica. Por un ventanal de la suite asoma una luna que lleva pijama y gorro de dormir.

Novio.- ¡Fíjate querida! ¡La luna! ¡Qué guasa!

Novia.-No me vengas con lunas ni con cinceles y atorníllame, ¡mi col de Bruselas!

Novio.-Aguarda que recupere el aliento. Los caracoles me han destrozado.

(El novio se gira y lleva pegados a la espalda varios caracoles)

Novia.-A partir de ahora no tendrás más aliento que el mío. ¡Repollo con almendras, tostada de emperador, gracia y vencejo de las almendras confitadas!

Novio.-Pero estos caracoles, ¡cómo duelen! Parecen abejas o avispas leonadas.

Novia.-No te inquietes ensaimada de tubérculos, que yo te los extraeré uno a uno con tanto cuidado que apenas notarás un leve crujido.

Novio.-¿De verdad harás eso por mí?

Novia.- (Que sujeta un cincel en la mano derecha) Sabes que ayudo a mi padre cirujano en mis ratos libres. ¡Pues no hay caderas por esos mundos que se lucen gracias al uso de mis manos!

Novio.-Ten cuidado, actúa con mesura. Mi piel padece una extraña enfermedad que la convierte en una sustancia de una delicadeza...

(En ese momento ella atrapa un caracol que arranca de la espalda de su novio como si le librara de una garrapata.)

Novio.-Ayyyyy, ¡dios Santo!

Novia.- ¡Tanto te alegras por nuestro enlace! ¡Qué apasionado eres!

(Ella sigue extirpando los caracoles de la espalda del novio y en cada tirón realiza una carnicería en la espalda de la víctima)

Novio.- ¡Cómo se reía tu padre durante toda la boda!

Novia.-Sí, se ha descojonado, ¿verdad?

Novio.-Aunque no comprende qué le impulsaba a reírse tanto.

Novia.-Yo le recordaba a mi madre, en paz descanse.

Novio.- ¿También le puso tu madre a tu padre estos extraños caracoles en la espalda durante la ceremonia?

Novia.- (Muy seria) ¡Desde luego! Se trata de una tradición familiar. Bueno, ya está…

(La novia da por terminada la masacre de la espalda.)

Novia.- ¿Aún no te quitas la ropa ?

Novio.-Pues la verdad, me apetece desnudarme porque mi sudor se ha mezclado con las fibras sintéticas de mi camiseta y temo que parte de ella se quede pegada a mi cuerpo para siempre.

Novia.-Eso, buey de mis sueños y mis melocotoneros. A partir de esta noche cuando mastique ternera ya no volará tu imagen hasta mi ensueño, cuando rasgue tendones y corte las impurezas y tumores, ya no pensaré en la pasión desnaturalizada que me aguarda en mi noche de bodas contigo.

(El novio se sienta en la cama y se quita los zapatos.)

Novio.- ¡Qué dolor de pies! Te empeñaste en que me comprara estos zapatos que me venían tres tallas pequeños… Después del baile apenas siento los dedos. ¿Los ves? Están amoratados. ¿Crees que se me caerán?

Novia.- No puede ser. Tienes que conservarlos durante algunos años. Ya sabes que es costumbre de mi familia, que la esposa coma al marido uno de los dedos de los pies, el día de la boda de su hijo.

Novio.-Y a ti, ¿te gustaría que tuviéramos muchos niños?

Novia.-Casi no pienso en otra cosa, ya me entiendes.

(Suena en off una carcajada propia de una película de terror.)

Novio.-Ahora comprendo a tu padre.

Novia.-Siempre ha tenido un humor inglés, muy refinado. Por ejemplo, ¿sabes que dijo cuando se enteró de la muerte de mi madre?

Novio.-Se alegró porque así conservaría todos los dedos de los pies el día de nuestra boda…

Novia.- ¡Qué mamarrachada! Eso para los de nuestra familia supone un privilegio. Mi padre llegó a casa con dos entradas para acudir al cine esa noche. Entonces se encontró con el cadáver de mi madre tendido en el suelo de la cocina. Una vez que desfilaron por la casa los policías, los médicos, un boticario, los amigos, un vecino bombero, el forense y dos sacerdotes y demás parentela, casi le aseguraron a un ciento por ciento que mi madre había muerto. Mi padre dejó caer las dos entradas decine sobre las nalgas de la difunta y murmuró: “¡Qué contratiempo! ¿Y ahora dónde voy yo con dos entradas?” ¿No te parece increíble? ¡Qué humor tan fino! ¿Verdad?

Novio.-No sé qué pensar… ¿Y tu madre de qué murió?

Novia.-La asesinaron. Aunque nunca encontraron al responsable.

(Vuelven a escucharse en off las carcajadas del padre.)

Novia.- ¡Escucha! ¡Escucha qué música celestial! ¡Qué feliz, qué feliz es mi padre! ¡Y qué feliz soy yo!

(La Novia gira en círculos por la escena. El Novio permanece inmóvil, con el rostro desencajado, sentado en la cama.)

Novia.- ¿Sabes qué hizo mi madre a modo de colofón tras la noche de bodas?

Novio.- Ni idea.

Novia.-Quemó el cuarto del hotel. La rememoración de ese día nos proporcionó tantas veladas agradables durante las comidas familiares con primos y hermanos.

Novio.-Ya lo suponía, ya. (Con voz atemorizada) ¡Menuda gracia! ¡Toda la habitación en llamas! ¿Verdad? ¡Y los bomberos! ¡Y los sepultureros! ¡Y el olor a chamusquina!

Novia.- ¡Qué bien hablas! (La novia muestra sus pechos al aire. Grita) ¡Bésame!

(El novio pretende besarle los pechos pero ella le empuja)

Novia.- ¿Cómo te atreves? ¡No sabes distinguir una tímida insinuación de una invitación al sexo más desenfrenado y conspicuo!

Novio.- (Tras reflexionar unos momentos) No, creo que no.

(Sale de debajo del futuro lecho marital un hombre de cierta edad vestido de novio.)

Flamarium.- ¡Apártate de ella joven!

Novio.- ¿Quién es usted? ¿De donde sale?

Flamarium.-Mi nombre tal vez no lesugiera nada. Pero si le aseguro que llevo bajo esa cama treinta y cinco años, ¿qué me diría a eso?

Novio.- ¿Cómo ha sobrevivido?

Flamarium.- El deseo de venganza fue mi barbitúrico y mi pitanza.

Novia.- ¡No! ¡No es posible!

Flamarium.-Por supuesto que lo es.

Novio.- ¿Qué pasa?

Novia.-Este hombre es mi tío Flamariun.

Flamarium.-Sí, en efecto. ¡Y he venido para vengarme de tu familia!

Novio.- ¿De la mía?

Flamarium.-No, de la suya.

Novio.- ¡Ah, bueno!

Novia.-Pero si tras casarte con mi tía desapareciste, ¿dónde has estado durante estos años?

Flamarium.-Debajo de esa cama. (Al Novio) Sepa usted, buen hombre, que las mujeres de esta familia poseen la capacidad de hacer infeliz a su consorte por los cuatro costados. Yo no escuché a mi padre, ni a los vecinos de mi pueblo, cuando me advirtieron de la leyenda que circulaba por allende los mares, sobre una población de mujeres que se casan para comerse a los consortes y quedarse con todas sus propiedades.

Novio.- ¡No es posible! ¡Pero tanta maldad hay en el mundo!

Flamarium.- ¡Tanta y más!

Novia.-No le escuches, mi tierno corazón de vaca sanguinolento.

Flamarium.- ¡Y no contentas con eso, esas mujeres, antes de asestarle a la víctima el golpe definitivo, poco a poco se lo van comiendo en vida aludiendo extrañas y lúgubres tradiciones familiares!

Novio.-Algo de eso sí que hay.

(Se escucha en off de nuevo la carcajada del padre.)

Flamarium.- Por eso ríe el padre de la novia con tanto ahínco. Se libró de la madre y ahora de la hija. ¡Ya es libre! ¿No lo comprende?

Novio.-Eso que dice es monstruoso.

Flamarium.- Tenía que tratarse de una historia muy truculenta para que un hombre de acción como yo aguardara treinta y cinco años oculto bajo una cama para contarla. ¿No le parece?

Novia.- Este hombre está trastornado de la mugre que ha esnifado bajo esa jergón durante los últimos años.

Novio.- ¡Pero tú le has reconocido!

Novia.-Al principio me recordó a mi tío, el que desapareció tras la noche de bodas, pero ahora que me fijo y..., no, no puede ser él…

Flamarium.-Joven, si rebusca entre las pertenencias de su esposa encontrará un libro de cocina cuyas recetas siempre incluyen carne humana.

Novio.- ¡No puede ser cierto!

Novia.- ¡Qué dice este loco! Si yo siempre he preferido la carne cruda.

Flamarium.- ¡Ábrale la maleta y busque y rebusque!

Novio.- (A la Novia) Vamos, déjame tu maleta.

Novia.- (Llorosa) ¿Ahora no confías en mí? ¿Te das cuenta del profundo dolor que me infringes con tu desdén y desconfianza? (Se tumba en el suelo y llora desconsolada) ¡Ay, virgen santa! ¡Ay, Dios mío y de mis antepasados!

(El Novio y Flamarium se abalanzan sobre la maleta de ella y la abren. Rebuscan y dispersan por toda la escena las ropas de ella. Al fin el Novio encuentra un libro.)

Flamarium.- No tengas reparo, ahora conocerás la verdad.

(El Novio hojea el libro. Silencio.)

Flamarium.- ¿Qué le parece?

Novio.-La encuadernación no es muy buena y la impresión tan pobre, que a veces ni siquiera se distinguen las letras.

Flamarium.- Lea algo en voz alta.

Novio.- (Lee.) Para la elaboración del siguiente regusto se precisa al menos un kilo de arroz, tres cuartos de kilo de orejas de tocino, media botella de vino blanco, abundantes especias y tres cuartos de lomo humano, a ser posible, de un ejemplar macho de mediana edad. Aquí no dice nada respecto a que ella piense matarme.

Flamarium.-Fíjese con atención. En la receta se recomienda el uso de lomo humano, de varón de mediana edad…

Novio.- ¿Y?

Novia.- ¿Te das cuenta? Este hombre es un perturbado que sólo busca el hacernos desgraciados y sazonar nuestros cuerpos con tubérculos.

Novio.- No sé si fue antes el contemplar tus nalgas, o el hambre desmedida de caracoles que me embarga, pero, de cualquier modo, no creo en las palabras de este miserable, de este vejestorio con más de treinta años de “bajacama”.

Flamarium.- ¿Ésa será su última palabra?

Novio.- (Ofendido) Y mi palabra última también.

Flamarium.- ¿Qué hora es?

Novia.-Medianoche pasada.

Flamarium.- ¡Uy que tarde!

(Flamarium inicia el mutis al tiempo que canturrea unan polka con despreocupación).

Novia.- (Mientras prepara un caldero en el centro de la habitación) ¡Qué bien has hecho! Sabía que a ti nadie podía engañarte.

Novio.-Ahora desnudaré para asearme un poco.

Novia.- Sobre todo pon atención en los pliegues de carne donde la suciedad a veces se oculta con disimulo.

(La Novia corta verduras y las introduce en el caldero.)

Novio.- A mí, ahora no me apetece comer nada. Después del banquete…

Novia.-Tú ve a lavarte, que yo sé muy bien lo que hago.

(El Novio sale. La Novia queda sola en escena afilando un enorme cuchillo y cantando “Soy el novio de la muerte…” Entra un leñador furioso con un hacha en la mano.)

Leñador.- Perdón, ¿el lobo?

Novia.-En la habitación contigua

Leñador.- (Iniciando el mutis) ¡Ah!, perdone.

(La Novia sigue cantando mientras cae el

TELÓN


© Raúl Herrero

04/02/2009 16:09 Raúl Herrero Enlace permanente. Entremeses No hay comentarios. Comentar.

Diccionarío pánico por Iván Humanes

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Diccionario Pánico

Por Ivan Humanes | Crítica | 4.02.09

libro

Diccionario Pánico
Fernando Arrabal
Editorial Libros del Innombrable

Quien haya seguido las colaboraciones dominicales de Fernando Arrabal habrá tenido acceso al universo de Arrabal en esencia pura. Esas definiciones, jaculatorias y “arrabalescos” que se han venido publicando, se han recogido en buen número en el Diccionario Pánico que edita Libros del Innombrable, con prólogo (a la primera edición) de Emilio Pascual y también de su editor, Raúl Herrero.

Este nuevo Diccionario Pánico tiene como antecedente otro anterior bajo el sello Ediciones de escritores españoles extranjeros, en 1998 y con edición de Pollux Hernúñez, y que recogía una tercera parte de los términos incluidos en la nueva edición. Precisamente, el carácter de obra hacia el futuro, en creación permanente, es uno de los rasgos de este Diccionario, que se abre como lugar de encuentro con el lector, sabiduría, y broma (no es menos significativo que al definir “Diccionario”, el autor se recree en la aparición del humor en el Diccionario de la Academia Francesa). Lo que ha fascinado a Arrabal y actúa como motor de su obra aparece en sus páginas: el ajedrez (Kamsky es el mejor ajedrecista vivo), Mandelbrot (“su cerebro sigue estando en gracia como un arrabal junto al cielo.”), Houllebecq, Perelman, Kundera, la Liga de los Poetas, Duchamp, la ´Patafísica, Fando y Lis, su Teatro y sus “teatristas”, Benjamin Ivry, la genialidad, el fanatismo, etc. Temas que reaparecen y se retoman, se afinan y dan continuidad a la idea, que es movimiento.

Milan Kundera ha definido con brillantez ese universo: “un mundo fantástico que no se parece a nada conocido o imaginado; el grado de su desemejanza alcanza el límite de lo concebible: sólo se asemeja a sí mismo.” En sus definiciones, como en su obra, Arrabal es capaz no sólo de improvisar y apresar una nota musical (que es nota literaria) desde lo más recóndito de la espontaneidad (oculto a la vista y a lo evidente, reservado sólo para genios), sino que además la hace sonar inteligente y única y le procura una condición total, de conocimiento total; se procura una nota literaria que es esférica en cuanto a su perfección y extrañeza en cuanto a su esencia.

Es inconcebible resumir o apresar en lo mínimo el sentido y objeto del Diccionario; cada acepción forma parte del universo del autor y da pista (o insinúa) la senda hacia la comprensión de su obra. Arrabal sin su Diccionario Pánico no sería Arrabal. Como se apunta en el prólogo: “Podríamos afirmar que el Diccionario Pánico (y patafísico) constituye una superficie límpida y espejada en la que Arrabal se contempla para devolvernos su reflejo”. Esta cuidada edición de Libros del Innombrable, además del Diccionario incorpora un nutritivo apéndice, donde se dan cita durante unas cien páginas los incisivos arrabalescos y jaculatorias (eyaculaciones, del latín “jaculari”) del autor.

Es posible que el Diccionario guarde su motivo secreto, la fórmula que sea génesis y movimiento del “Cosmos Arrabal”. Es posible que lo más cercano a ello sea la definición del pánico del Tercer Milenio, allí se dan los nuevos fundamentos del hombre pánico (y del Diccionario): “Soy medio patafísico, medio matemático, medio superdotado, medio surrealista, medio ajedrecista, medio pánico, medio loco y además todo revuelto en plena confusión. [µ¨(1/2+1/2+1/2)²]. Lo único que siento: no ser otro). Eso sí, como vemos en una de sus jaculatorias, la originalidad de su obra no se puede capturar: “Que el pánico no existió nunca lo corroboran los egregios cuando plagian lo que creen que es.”

[Con la generosidad que le caracteriza Iván Humanes ha escrito una admirable crítica sobre Diccionario Pánico de Fernando Arrabal. Sirva la inclusión en el blog como agradecimiento.

El artículo se ha publicado en Revista de letras:

http://www.revistadeletras.net/?s=ARRABAL

Y si quieres adquirir esta prodigiosa criatura:

http://www.librosdelinnombrable.com/catalogo/catalogo.asp]

09/02/2009 09:09 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¡Dios mío! ya a la venta Faustbal de Fernando Arrabal

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La presente edición del libreto de Fernando Arrabal de la ópera Faustbal incluye dos partes. En primer lugar, el texto definitivo después de abundantes cambios y adaptaciones. Posteriormente hemos extraído de los 24 borradores que el autor desarrolló, en colaboración con algunas propuestas de Leonardo Balada, todo el material desechado para así «resucitar» una lectura nueva de la obra: Faustbal Now Redux. Además en esta edición se incluye un largo monólogo de Mefistófeles, en francés y castellano, eliminado en la versión definitiva, las cartas electrónicas que se intercambiaron escritor y compositor, una entrevista a Fernando Arrabal en relación con Faustbal y el texto del escritor que se utiliza como programa de mano de la ópera.


Faustbal es la mujer que reencarna en el tercer milenio al doctor Faustroll de Alfred Jarry. Incendiando olvidos y naufragios vive el mundo de las excepciones que describe la Patafísica, vadeando desde la equivocidad griega y la ambigüedad cervantina hasta el principio de indeterminación cuántico. Faustbal es un Doctor Fausto que pide a Dios las palabras y oraciones del tercer milenio y del mileniarismo para fusionar amor y caridad. Nada pudiera calmar el huracán de su curiosidad científica, ni saciar la tempestad de sus deseos.

Fernando Arrabal

Fecha de publicación: Febrero, 2009    Edición: 1ª    ISBN: 978-84-95399-91-5 

Precio: 18 €

[Faustbal, ópera con libreto de Fernando Arrabal y música de Leonardo Balada se estrena el próximo día 13 de febrero en el Teatro Real de Madrid]

Todos aquellos que adquieran desde la página de Libros del Innombrable un ejemplar lo recibirán en su casa, sin gastos de envío mientras permanezca la ópera en cartel:


http://www.librosdelinnombrable.com/novedades/novedades.asp

10/02/2009 12:28 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 5 comentarios.

Faustbal o contra los asnos y los borreguitos

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El día 13 de febrero el telón del Teatro Real -Irreal se levantó y parió una nueva ópera: Faustbal de Balada y Arrabal, música y texto, dirección de López Cobos y escenografía de Joan Font y  Els Comediants…
La fiebre me acosaba desde el comienzo de la obra, pero creo que, por medio de su gracia, los ángeles me parecieron menos humanos, los Margaritos/as del Teatro Real, que me impidieron entregar la edición de Libros del Innombrable de la ópera a los periodistas, me resultaron menos decadentes, en general, seguro que todo me pareció más afortunado… En mí la fiebre actúa con la cualidad inquebrantable de la supralúcidez. Pero a María José, que me acompañaba, todo la dejó con la boca abierta, por lo tanto mis apreciaciones tal vez fueron más objetivas de lo que yo mismo me precio de serlo.
Els Comediants han “escenografiado” a los personajes del drama con claridad, para que nadie se pierda: Dios parece Dios, Mefistófeles un diablo, Faustbal la pureza, Amazona una amazona… Sin embargo, esa claridad, aunque en principio tal vez pueda soñarse como pobre, por lo evidente, se revela con auténtica ferocidad en escenas como la violación final, cuando el hecho se transforma en un combate que dota de hermosura visual a lo terrible. Y, en esos instantes, Joan Font y Els Comediants ofrecen un golpe de fuerza para demostrar que la sencillez no es  una concesión, sino la determinación de una estética reconocible que añade energía y contundencia.
El libreto ejerce de postista al no caer en el rubor de considerar que existen palabras inadecuadas en poesía. Y, aunque las metáforas caen sobre la arena de nuestro tiempo incesantemente, en el texto de Faustbal jamás resultan tan entreveradas como para que el espectador se pierda. En todo momento los personajes se definen con sus palabras y dicen quien son, qué esperan y dó van. Este detalle en una ópera de hora y media, que, por otra parte, podría  alargarse sin otro problema que la impaciencia de nuestro cretino mundo, ayudan a la comprensión de la trama .
Todo lo anterior se comprende mejor una vez leídos los borradores que escribió Arrabal, todos ellos riquísimos, donde aúna un gusto por la estética ultramoderna y de ciencia-ficción del cine llamado “comercial”, pero con el mensaje íntegro de la Faustbal plasmada en escena.
La educada, supongo que en consideración a los carcamales operísticos, que también los  hay, (véase algunas críticas sobre el estreno de la obra) escena de amor entre Faustbal y Amazona vibra en su plenitud como una pompa de jabón cercana al acierto de romperse, o de proseguir su camino. En escenas como la presente se elude lo evidente, al contrario que en las caracterizaciones, y la música de Leonardo Balada refuerza el desarrollo de la situación Y, en ese sentido, a mi entender, esta ópera resulta un ejemplo: en todo momento la música, incluso cuando sólo acentúa lo que después vendrá, se encuentra al servicio de las acciones y los personajes de la obra, sin que por ello haga ¡nada más y nada menos! que complementar y cerrar el círculo de la obra. Es decir, gracias a la habilidad del compositor Balada en escena se nos muestra lo que, en teoría, se pretende  la culminación de una ópera: la fusión de palabra y música. El coro de voces blancas que pone cuerdas en las gargantas de los ángeles suena a música celeste, Mefistófeles con sus giros suena a diablo e, incluso, unas anotaciones de ritmo de vals se escuchan en la escena más indicada, Margarito también resopla como un búfalo… Algunos pases líricos de las voces pueden llegar a emocionar, si se tiene la sensibilidad precisa, (la contraria a una piedra pómez).
El libreto de Arrabal, en la versión ampliada Faustbal Now Redux, muestra otros caminos por donde podrían haberse adentrado la escenografía y la música. Y si uno lo lee con los ojos abiertos y los oídos expectantes descubre una película-ópera, un nuevo género que Arrabal-Balada crearían si alguien tuviera la suficiente fortaleza para trasladar a la pantalla este trabajo con las indicaciones originales del libreto.
Si todavía les queda algo de curiosidad y la vida les acicala la piel ¡no se la pierdan! Por el contrario , los durmientes de almas apelmazadas en sillones con orejeras absténganse porque ¡no está hecha la miel para la boca del asno!

FAUST-BAL
Leonardo Balada (1933)
Libreto de Fernando Arrabal
Estreno absoluto, encargo del Teatro Real
Nueva producción del Teatro Real
EQUIPO ARTÍSTICO
••••••••••••
Director musical Jesús López Cobos
Director de escena Joan Font (Comediants)
Escenógrafo y figurinista Joan Guillén*
Coreógrafo Xevi Dorca*
Iluminador Albert Faura
Director del coro Peter Burian
REPARTO
••••••
Faust-bal Ana Ibarra (13, 16, 18, 21, 23)
María Rodríguez (15, 17, 20, 22)
Amazona Cecilia Díaz
Margarito Gerhard Siegel (13, 16, 18, 21, 23)
Eduardo Santamaría (15, 17, 20, 22)
Mefistófeles Tómas Tómasson (13, 16, 18, 21, 23)
Lauri Vasar (15, 17, 20, 22)
Dios Stefano Palatchi
Un juez Fernando Latorre
CORO DE NIÑOS DE LA COMUNIDAD DE MADRID
Felix Redondo, director
CORO Y ORQUESTA TITULAR DEL TEATRO REAL
Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid
Febrero 13, 15, 16, 17, 18, 20, 21, 22, 23
20.00 horas; domingo, 18.00 horas
La función del día 18 será retransmitida en directo por Radio Clásica, de Radio Nacional de España.

 

17/02/2009 20:13 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

BLUES DE LA LOCOMOTORA FANTASMA

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Fueron las gentes del norte las primeras
en hablarnos de su presencia.
Ella recorre trayectos solitarios,
siente especial predilección por vadear
campos de trigo tostados por alas de cuervo.
Mantiene  la misma velocidad,
quienes la encuentran en su camino
pierden la cara tirados por un hilo invernal.
Su sonido característico no evoca nada conocido,
a su paso deja un rastro refulgente
que parece surgir de la tierra agrietada.
En las noches claras refleja su silueta
sobre el tapiz quemado de la luna;
las yerbas que crecen sobre los párpados
de los muertos le silban al pasar.
Una vez conocí a un anciano que juraba
haber vivido, cuando le protegía su juventud,
al menos dos meses en ella.
La tomó, con proporcionada agilidad, una mañana
que la locomotora arrasaba la estación abandonada de su aldea.
En las tripas de aquella serpiente con forma de tren
sonaba una música de niebla,
como sobre una paleta con miles de tonos
flotaban colores  suspendidos en bolsas de yema.
El anciano aseguraba que a sus oídos les crecieron
tentáculos porosos que el paisaje presentía.
Le venció un aletargado aleteo que masajeaba su espalda,
despertó enterrado vivo en la ladera de una montaña.
Al levantar de la yacija, podrida por carroña,
notó como sus esperanzas quedaban enterradas bajo los guijarros.
Por eso se comenta que la locomotora
hurta las ilusiones de cuantos cortan la línea
que separa su distancia del mundo.
La evitan los hombres con guadaña al hombro,
se lanzan bajo sus ruedas los pintores cuando tiembla
el suelo que les cobija bajo la rosa celeste.
En las noches veraniegas los abuelos, sentados en el porche
de cara a la brisa o vaho de dragón, cuentan a sus nietos
historias sobre el espectro del ferrocarril.
Le atribuyen ángeles desguazados junto a trompetas
secas y mudas, destrozadas por la necesidad.
Quien la encuentra puede cavar una fosa
donde olvidar las adelfas de su edén,
cruzar las piernas sobre una cruz que signifique
la capitulación ante la deslealtad del fracaso.
Esa máquina aguarda el momento preciso, la paciencia es su combustible,
jamás se agota, araña el hielo, disuelve la semilla del calor.
Algunos para llorar su visión emplean pañuelos
untados con espinas, se dice que si no la observas
puedes salvar de la ruina algunas puertas.
El exterminador de hierro avanza desgarrando el laberinto.
Auténticos sabios afirman que pronto los diablos
la reclamarán para nutrirse delos anhelos robados
en su desbocada carrera de morfina.
La presentirán junto a las alambradas,
se afirmará que cabalga hacia el sur,
procurarán vigilar para destruirla,
mas ella insuflará el calmante del desaliento.
La leyenda dice que se puso en marcha
porque en su fogón quemaron unas marionetas.
Los segadores huyen con la guadaña al hombro…


[Inédito, 1998. © Raúl Herrero]

HOMENAJE A FAUSTBAL (Por Martín Marcos)

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 Un nuevo drama de Arrabal va;
Va, va, va
Va al Teatro Real...
 
No es ballet, ni es balada
ni siquiera un musical.
Sólo es FaustBal.
 
Ya en los tiempos de los tiempos
antes de Saturno y Pan
habitaban los guerreros,
representaban el mal.
 
Por eso vino Faustbal
con amor y con dulzura
y estética arquitectura
a su batalla campal.
 
Vino arengando a la tropa,
Vino al sabor de su boca
Vino como flor de azar...
 
Eras mujer y tenías
el corazón de una diosa
tan bellísima y dichosa
envuelta entre melodías.
El esplendor que lucías
absorta como en un cielo
nos servía de consuelo
para seguirte emulando,
e ingrávidos levitando
alejándonos del suelo.
(En puro y jocoso vuelo)
 
¡Bien te quiso la Amazona!
¡Mal te quiso Margarito!
Que te llevaba al garito
cuál si fueras una mona
volando por Arizona.
 
¡Mal te orienta Mefistófeles!
¡Bien el triángulo isósceles!
¡Mal el rencor y la muerte!
¡Bien el amor y la suerte!
(¡Faust-Bal se acerca a los ángeles!)
 
(Ángeles caídos
ángeles odiosos
ángeles adheridos
a mis ángeles umbrosos)
 
Bella nínfula Amazona
Teta de robusta cal
sin trapos ni silicona
donde beberá FaustBal.
Donde amarga a Margarito
leche licuada con sal.
Bella nínfula Amazona
corre tu leche a raudal,
sabor de teta exprimida
que degustará FaustBal.
 
Tú hieres a Margarito,
lo mandas al hospital.
Flechas de amor se aproximan
a los labios de Faustbal.
¡Masas, mesas, misas, musas...
a Don Fernando Arrabal!
           

23-2-2009

[El poeta Martín Marcos me envía este poema en homenaje a la ópera de Arraba-Balada:Faustbal. En la ilustración superior collage de Juan Francisco Nevado en homenaje a la misma obra.]

Con la puntualidad a todas partes (Entremés o paso, IV)

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Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia. María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.
Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada. Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.

En escena un largo pasillo de cemento. Las luces vibran y centellean. El decorado y la ambientación recuerdan a un bunker más que a una empresa. En el centro de la escena un armatoste que parece un objeto de tramoya de ciertos ingenios futuristas de los años 60. Muchas luces que inexplicablemente se encienden y apagan. Unos cables que le sobresalen cual cofia por encima de lo que pudiera ser su equivalente a la cabeza. Objeto con forma cilíndrica. Todo en silencio. De pronto el “reloj atómico”, es decir, el desquiciante objeto, marca una hora y emite un ensordecedor sonido a camino entre bocinas y el aullido de las fábricas que se emplea para señalar el momento de entrar a trabajar, de salir o de comer. Tras el ruido suena el vals “Je te veux” de Erik Satie. Oficinistas, bailarinas, hombres vestidos de ocas, ancianas desnudas con los cuerpos pintados, niños con patinetes, hombres disfrazados de animales, un grupo se pasea como si viniera de una fiesta de disfraces con la más estrafalaria vestimenta, también pasa el gato con botas… Todos ellos bailan siguiendo la composición de Erik Satie con naturalidad, elegancia, belleza, en tanto realizan la acción de fichar en el “reloj atómico” antes de abandonar su trabajo. La música termina. El reloj parece haberse vuelto loco, vomita bocanadas de humo, tiembla, emite ensordecedores ruidos. Los rezagados se apresuran a fichar con sus papelitos o tarjetas en la mano, algunos asustados salen corriendo de la escena. Todo vuelve a la normalidad. Salvo el reloj que cambia de hora de manera arbitraria. Escena vacía.


Entra una mujer de cierta edad con una maleta y un sombrero ataviado con flores.


Mujer.-Siempre la última en salir. Me entretengo con la goma, con los lápices, nunca se donde tienen su lugar. ¡Y como siempre dice mi jefe! (Con voz grave) ¡Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa! De hecho llevo tres meses recogiéndome la mesa sin hacer otra cosa. Y es que en esta empresa el orden y la puntualidad están muy bien vistos.
(La mujer se aproxima al reloj. No acierta a ver la hora, o no cree lo que está viendo. Se frota los ojos.)
Mujer.-Pero… si no puede ser. Si el condenado reloj marca la hora en que entré a trabajar.
(La mujer consulta su reloj de pulsera.)
Mujer.-No, no, el mío no atrasa, siempre marca la hora con exacta.
(Se lo pone en la oreja)
Mujer.-(Tras reír) Si incluso me parece escuchar la voz de mi difunto marido cuando me lo pongo en la oreja. ¡Qué bien hablaba ese hombre! ¡Y qué gritos! ¡Menudos pulmones! (Silencio.) Nada, nada, sin duda, el reloj de la empresa sufre algún desorden,  atrasa, o sufre alguna avería. Bueno, pues ficho, me marcho y mañana será otro día.
(La mujer aproxima la tarjeta o papel al reloj con la intención de fichar pero una cavernosa voz en off la detiene)
Jefeculum.-(En off.) ¡Pero qué hace insensata!
Mujer.-(Paralizada por el miedo) Nada, nada. Pero conservaba la triste esperanza de volver a mi casa…
Jefeculum.-(Voz en off.) ¿A su casa? ¿Para quééée´? ¿Oculta algo? ¿Acaso pretende evadirse de sus obligaciones como empleada para conmigo su jefe, amo y señor?
Mujer.-(Mientras agacha la cabeza.) Nada de eso, mi amo Jefeculum. Pero ya he terminado mi horario y…
Jefeculum.–(Voz en off.) ¿Su horario? Pero… ¿qué dice? Si según el reloj usted llegó hace apenas una hora.
Mujer.-Bueno, ese reloj no funciona bien puesto que…
Jefeculum.-(Con un grito de “machote”) ¡Qué el reloj no funciona bien! ¡Sabe usted lo que está diciendo! ¡Qué el reloj no funciona bien!
Mujer.-El que jamás falla es el reloj de muñeca que me regaló mi marido y marca exactamente…
Jefeculum.-(Voz en off. Interrumpiendo a Mujer) Su reloj, ¡su reloj! ¡No compare esa baratija que le dio su marido durante una borrachera, con este reloj último modelo que jamás atrasa, que jamás adelanta, que posee un tubo de vacío en cuyo interior existe un campo magnético que filtra dejando pasar sólo a los átomos con el estado energético correcto. ¡Se trata de un reloj atómico”, señora mía.
Mujer.-Sí, eso yo no se lo discuto, pero fíjese, mi esfera marca exactamente las seis y cuarto. Es decir, que me marcho un cuarto de hora tarde. En cambio. el instrumento anatómico o forense o atómico o como se diga insiste en que son las diez de la mañana. ¡Y eso no es posible! Porque yo recuerdo que me he levantado a las seis de la mañana, he llenado a “Hermógenes” , mi perro, su comedero, me he aseado, es decir, duchado, mudado, (sonrojada), bueno ya me entiende…
(Entra Jefeculum: un hombre insignificante, con un traje viejo, vulgar, arrugado y con un megáfono en la mano que le proporcionaba ese tono de voz varonil y aterrador. Cuando no interpone el megáfono frente a sus labios su voz resulta chillona y ridícula.)
Jefeculum.-Pero… ¡no puede ser! La adquisición de ese reloj atómico nos ha costado millones, millones de millones. Y todo para que los empleados salgan y entren a tiempo, entren y salgan y no pierda ni un céntimo de mi dinero, mientras ellos van por ahí como haraganes, como mamporreros y vástagos sin madre.
Mujer.-No se preocupe Jefe, que digo yo que siendo tan caro ese aparatito dispondrá de  garantía.
Jefeculum.-¡Qué garantía ni que leches! Sus inventores me aseguraron que se adelanta o se retrasa un segundo cada 300.000 años. Y pensé: para entonces quién sabe. Puede que haya vendido la empresa o que, por alguna circunstancia que ahora mismo se me escapa, ya no me encuentre aquí.
Mujer.-Sí, a mí me ocurre lo mismo. A estas horas pretendía estar ya en al autobús de camino a mi casa y, en cambio, míreme, aquí sigo…
Jefeculum.-¡Pero no ¡ ¡Peeeerrrrooooooo nnoooooooo!
Mujer.-¡A mí me lo va a decir! Que si los átomos, que si los vencejos pero que no movemos.
Jefeculum.-Es del todo imposible que mi reloj atómico falle, en todo caso lo hará el suyo. Así que de aquí no sale nadie hasta que sea la hora.
Mujer.-Pero… ¿y los demás?
Jefeculum.-¿Quiénes?
Mujer.-Los que trabajan en esta empresa. Lo que ya se han marchado…
Jefeculum.-¡Cómo! ¿Qué han salido antes de la hora? ¡A mí arenas movedizas de los cuatro dioses infernales, a mí Herinias vengativas que atormentáis a través del tiempo, a mí despertadores inmundos que vinisteis al mundo para taladrarnos y medirnos como a una vulgar cosa! con cántaros de sudor. A unos les suspenderé de empleo y sueldo, a otros les colocaré grilletes y les obligaré a entonar cantos regionales.
Mujer.-¡Qué bruto! Pero si en verdad todos ellos salieron a su hora sólo que…
(Jefeculum ríe como un poseso.)
Jefeculum.-(Mientras señala el reloj atómico.) Él, él es el que marca la hora. ¡Y que yo sepa cuando la modificó, sus razones tendría, muchos huyeron despavoridos para que no les obligara a quedarse!
(Entra en escena un hombre, oficinista, asustadizo. Los otros dos personajes se mantienen en silencio y le observan. En una escena muda el oficinista saluda a la Mujer y a Jefeculum. El oficinista se encuentra con la hora del “reloj atómico”. Parece sorprendido. Mira su reloj de pulsera. Realiza el gesto de fichar pero. al aproximarse y leer el reloj atómico, el oficinista retrocede de nuevo.)
Oficinista.-(A Jefeculum) ¿Ese reloj atrasa o adelanta?
Jefeculum.-(Con ese tono de voz del que pretende mantener la calma antes de un ataque de ira.) ¿Cómo dice?
Oficinista.-El reloj… no funciona bien. Todo el mundo se ha marchado y, sin embargo, todavía marca las diez y cuarto de la mañana.
Jefeculum.-¿Y no cree que si el reloj, que es atómico, y que jamás se desvía ni un microsegundo no piensa que si dice que son las diez y cuarto de la mañana, quizá, tal vez, sean las diez y cuarto de la mañana?
Oficinista.-No es posible, porque a esa hora yo estaba trabajando en mi puesto, en el armario donde se guardan las escobas. Y desde entonces ya han transcurrido veamos… cuatro horas y pico.
Jefeculum.-Comprobó en ese momento, mientras usted trabajaba, la hora que marcaba  mi “reloj atómico”.
Oficinista.-No, no se me ocurrió.
Mujer.-(Al Oficinista) Ya verá, ya. A mí me tiene casi convencida.
Oficinista.-¿Convencida de qué?
Mujer.-De la hora.
Jefeculum.-¿No se le ocurrió? ¡Menudo pasmarote! Si usted trabajó sin saber qué hora era y sin consultar mi reloj, que nunca falla, aquí el que se ha equivocado es usted señor mío.
Oficinista.-¡Menuda y grande memez!
Jefeculum.-¿Menuda y grande al tiempo? ¡Qué dice! ¿Tiene usted una ligera idea de los millones de millones que me ha costado ese reloj para que ustedes, parásitos, no me roben ni un microsegundo de sus vidas, de esas vidas que mientras se encuentran bajo mi dominios me pertenece a mí?
Oficinista.-Tal vez su reloj se haya estropeado.
Mujer.-(Al Oficinista.) Hombre, déle la razón al Jefeculum, si a usted no les cuesta nada. Total ya me veo durmiendo aquí esta noche.
Jefeculum.-¡Cómo tengo qué decirle que mi reloj atómico es infalible! ¡Cómo! ¡Cóooooommoooo!
Oficinista.-Mire, yo me marcho que tengo prisa…
(Jefeculum extrae un revolver de un bolsillo y apunta a los personajes.)
Jefeculum.-De aquí no sale nadie hasta que sea la hora.¡Faltaría más!
Mujer.-¿Puedo llamar a mis gatos por teléfono? Los pobres se sentirán solos.
Jefeculum.-¡Qué se jodan sus gatos! ¡No estoy para gastos señora!
Oficinista.-¿Pretende dispararnos si nos marchamos?
Jefeculum.-¡No es porque me abandonen, sino por el buen nombre de mi “reloj atómico”!
Mujer.-¡Uy, qué apasionado!
Oficinista.-¿Y qué más le da si adelanta o atrasa ese dichoso mecanismo? Mándele a que lo arreglen y en paz.
Jefeculum.-Eso nunca. Y estoy dispuesto a cometer una locura con el primero que intente salir de la empresa antes de la hora.
Oficinista.-(Se acerca a Jefeculum.) Sea razonable. Si mañana volveremos todos de nuevo.
Jefeculum.-Y sin un reloj como Dios manda, ¿quién me asegura eso? ¿Y si de pronto decidieran no volver ninguno?
Mujer.-(Emocionada.) No diga tonterías… Y qué iba a ser de usted sin nosotros.
Oficinista.-Escuche, escuche a la señora…
(El oficinista se ha servido de la conversación para aproximarse a Jefeculum e intentar quitarle la pistola. Ambos pelean y se retuercen por el suelo.)
Mujer.-(Mientras los hombres se pelean. Suspiro) ¡Ay!, al menos veré algo entretenido hasta que sea la hora de volver a casa.
(Durante la lucha los hombres golpean al reloj atómico que comienza a cambiar de hora y que repite los ensordecedores ruidos. Los hombres abandonan la pelea.)
Oficinista.-¡Qué le ocurre a ese aparatejo!
Jefeculum.-Parece que ya vuelve en sí… ¿Nos dará la hora o nos enunciará alguna profecía?
Mujer.-Seguro que grita así porque le han hecho daño.
Jefeculum.-Parece que poco a poco se para.
Oficinista.-¿Y qué hora será para él?
(Explosión. Todos mueren.)

TELÓN

23/02/2009 20:34 Raúl Herrero Enlace permanente. Entremeses No hay comentarios. Comentar.

Treemonisha de Scott Joplin

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Desde la expansión del jazz, del blues, de la música, en cierto modo, étnica. a comienzos del siglo XX, se iniciaron los artefactos y mecanos que entrecruzaban estos estilos con el público blanco y la tradición compositiva europea. El éxito de las derivaciones de esos ritmos y formas de expresión musical cristalizaron (como mariposas recientemente apaleadas por la donosura del temblor criogénico) en el ragtime, en el swing, en el Boggie Woogie… La creciente popularidad de tales estilos en ese período, en principio fomentados por los cilindros para pianolas, llamó la atención de los compositores de la llamada música clásica, al igual que  algunos de los creadores de “nuevos ritmos” se aproximaron a formas en general consideradas como más serias.

En el primer caso tenemos a Paul Hindemith (1895-1963) y su obra “Metamorfosis sinfónicas  sobre temas de Weber”, donde el compositor introduce elementos del jazz. En el sentido opuesto contamos con las famosas composiciones “clásicas” de George Gershwin. En ese campo mencionaremos la archifamosa Rapsodia in Blue (melodía que agujereaba con elegancia la película Manhattan de Woody Allen), los conciertos para piano y, sobre todo, la ejemplar ópera Porgy and Bess (con una entrañable versión discográfica realizada por  Armstrong y Fitzgerald) . Aunque esta composición de Gershwin en el momento de su estreno no fuera lo suficientemente aclamada, sin duda, en la actualidad, se menciona como referente de la música americana. Todos conocemos las diversas adaptaciones de su número de entrada, la nana Summertime, tantas veces versionada, en variados registros, incluso  por cantantes rock. El propio Paul McCartney grabó una versión memorable en el año 1988. Al igual que las adaptaciones de diversos temas de la obra para orquesta de jazz como el realizado por Duke Ellington.

En 1927 la denominada “ópera jazz” Johny empieza a tocar de Ernst Krenek triunfó en Alemania, a pesar de la manifiesta oposición  y de los ataques del nazismo, por entonces en pleno auge.
En los listados informales  de las relaciones entre la música “clásica” y las formas y los ritmos del jazz suele dejarse de lado una ópera que, tras nuestro descubrimiento recientemente, se encuentra a la altura de lás más afamadas , puesto que se impone un listón superior al del musical, sin menospreciar las raíces propias de este género que ha dado, entre otras cosas, las memorables composiciones de Cole Porter y Berlin.

Me estoy refiriendo a la ópera Treemonisha de Scott Joplin (1867-1917). A este músico, de formación clásica, se le suele mencionar por sus ragtimes, que hoy se interpretan en todo el mundo, no sólo en sus versiones para piano, sino también con arreglos para guitarra clásica, flauta travesera, orquesta, grupo de jazz, etc., etc. En los catálogos de las discográficas de música clásica hace tiempo que se introdujeron muchas de sus piezas. La popularidad definitiva de la música de Joplin , sin duda, llegó cuando se incluyeron varios de sus ragtimes en la banda sonora de la película El golpe (1973). Seguro que tras esta afirmación, ningún lector podrá apartar de su memoria el tema principal del film.
A pesar de todos los méritos de Joplin, que son suficientes, y que, como mínimo, tienen el infranqueable valor de una música  vivaz sin renunciar a la calidad, no se le suele tener en cuenta  la creación de su obra maestra: la ópera Treemonisha, a la que dedicó los esfuerzos de sus últimos años. Algunos biógrafos incluso insinúan que Joplin enloqueció por el esfuerzo y la dedicación que puso en la partitura de la obra.
Pero vayamos por partes. En primer lugar el libreto de la ópera lo escribió el propio compositor. En él se  nos narran los esfuerzos de la joven Treemonisha por inculcar a su pueblo la necesidad de la educación para alcanzar la libertad, así como la superación de miedos infundados.
La ópera principia con una grácil y amable composición que nos presenta algunos temas que posteriormente resurgirán en el desarrollo de la acción. En una primera audición, tras pensar en el Joplin de los ragtimes, sorprende muy vivamente la frescura y perfecta estructura  de la obertura de la obra. Joplin también introdujo un número de ragtime, como el nº 5 del primer acto que, por otra parte, cumple a la perfección con su función de ritmo pegadizo con el que parece invitar al baile incluso al público asistente a la representación. Pero lo magistral de esta ópera recae en ese punto medio entre las arias líricas que, de cuando en cuando, nos recuerdan a la tradición musical de broadway, pero que, en muchos momentos, se aproximan a los más sensuales instantes de la ópera lírica. En especial, recomiendo la audición del número 26 del segundo acto, casi al final de la obra, donde el personaje principal, acompañado por un coro, eleva un momento que no dudaría en situarlo entre  los más logrados de la ópera melódica del siglo XX.
Como ningún empresario deseaba hacerse cargo de los gastos del estreno de la ópera los asumió el propio Joplin en 1915, en una adaptación para concierto, en el barrio de Harlem de Nueva York. El fracaso de esa única representación de la ópera en público le produjo serios trastornos que, según sus biógrafos, se agravaron por la recaída de una sífilis, que había contraído años antes. En definitiva, una vez más, otro talento artístico que murió en la miseria y frustrado en 1917.
La ópera durmió el sueño de los justos durante muchos años. Hubo que esperar hasta 1975 para que  la estrenara la Houston Grand Opera. En la actualidad pueden encontrarse dos grabaciones en cd de Treemonisha.
Desde luego, si comparo a Treemonisha con otras creaciones contemporáneas, que también  buscaban la mixtura entre la tradición africano-americana y la música occidental, no dudo en afirmar mi predilección por la composición de Joplin, sin por ello menospreciar la grandeza de las obras ciertamente hermosas y capitales en la evolución musical del siglo XX.
Seguro que el talento de Scott Jopplin todavía puede ofrecernos nuevas sorpresas. Su ópera ha dormitado demasiado tiempo, revívanla ustedes en sus casas, todos le debemos a Joplin ese favor a cambio de su enorme talento en cierta medida silenciado.
Treemonisha puede introducirse en el repertorio de óperas clásicas del siglo XX con toda justicia.

 

 

27/02/2009 08:23 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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