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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2009.

RESEÑA DE FEDERICO GONZÁLEZ SOBRE ORFEO ERRANTE DE ANTONIO FERNÁNDEZ MOLINA

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Orfeo Errante. Antología poética. Libros del Innombrable, Zaragoza 2008 Bardo es aquel poeta que lucha por imponerse a sí mismo con la ayuda de sí mismo; por definición y vocación estará permanentemente solo y permanecerá incomprendido. En ese –y en todo– sentido el bardo no difiere del héroe y su comportamiento. El vate es un poeta y adivino, como el profeta, que actualiza siempre la perennidad del tiempo. La profecía es un don que se obtiene por inspiración y se refiere siempre al presente que es el único lugar en la geografía de lo Eterno. El poeta manchego Antonio Fernández Molina es bardo, vate y profeta y esto se demuestra sin más para quien se adentre en las vibrantes saetas de su Antología Poética y se vea inmerso en su mundo resplandeciente.

 

[Es un honor que Federico González incluya la siguiente reseña de   Orfeo errante, la antología poética de Antonio Fernández Molina, en la próxima actualización de la revista telemática Symbolos. Desde aquí nuestro agradecimiento.]
 
 

03/03/2009 21:27 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Acto de presentación del libro: Ágnes Heller y Ángel Prior, eds., Los dos pilares de la ética moderna

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Ágnes Heller y Ángel Prior, eds., Los dos pilares de la ética moderna. Diálogos con Ágnes Heller, Zaragoza, editorial Libros del Innombrable, 2008


Participarán en la presentación:

-  Raúl Herrero Herrero
Director de la editorial Libros del Innombrable

-   Emilio Martínez Navarro
Profesor Titular de Filosofía Moral, Secretario de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia

- Angel Prior Olmos
Co-editor del libro y profesor de Filosofía de la Universidad de Murcia

- Eduardo Bello Reguera
Catedrático de Filosofía, Director del Departamento de filosofía de la Universidad de Murcia

Resumen del libro:
La vida y la obra de Ágnes  Heller podemos considerarla como la de quien, habiendo sido testigo de  algunos de los principales acontecimientos del siglo XX, ha sido capaz de intervenir, por un lado, y reflexionar sobre esos acontecimientos,  por otro, transmitiéndonos su reto a estos primeros años del siglo  XXI. Su evolución filosófica puede cifrarse como un cambio hacia una  filosofía cada vez más personal, de manera que desde el marco teórico   inicial de un marxismo de raíz lukacsiana, ha ido evolucionando  lentamente hacia una obra no reductible a las escuelas habituales,   llegando a constituir una de las personalidades filosóficas más   originales de las últimas décadas. El aspecto esencial de su  perspectiva, y en ese sentido nos parece particularmente oportuna la   presente publicación, es la defensa de dos dimensiones de la   racionalidad ética, los dos pilares de la ética moderna, por tanto la   necesidad no sólo de una ética de la justicia, sino también de la   moralidad, subrayando Heller el carácter límite de cada uno de ellos   respecto a la lógica que incorpora.

BIBLIOTECA REGIONAL DE MURCIA 20 H.

MIÉRCOLES 5 DE MARZO DE 2009

04/03/2009 18:43 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Motivos de tristeza, (y XCIX)

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La calabaza asumía su condición de tal, por eso sonreía desde el porche de la puerta con la cavidad de su boca creada a navajazos. Durante la noche la calabaza musitaba la canción “Dixie” con voz queda. Con los restos que le extrajeron de la cabeza la madre de familia cocinó una compota dulcísimo, que los vecinos envidiaban. La calabaza bizqueaba con el grito inocente y mudo del reproche. Cuando la fiesta terminó la olvidaron en un cubo de basura junto  al confeti pegajoso y los refrescos y los caramelos que ya no endulzaban, porque apenas quedaba saliva para acariciarlos con la dentición. La calabaza  quiso colgarse de una soga, pero le faltaban manos y brazos. La calabaza tenía tanto qué decir, tantos pequeños detalles había observado de las cotidianas bajezas, que podía ofrecer una solución para casi todo. La calabaza putrefacta, en el cubo de basura, no fue motivo de tristeza para la familia, que ya andaba muerta.

FINE

[Con este capítulo finaliza el libro "Motivos de tristeza" que aquí queda para disfrute de animales, personas o cosas]

Con una buena rata ¡hasta el fin del mundo!, (Entremés o paso, V)

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Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia.
María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.
Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada.
Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.



Escena casi vacía. En un extremo del escenario sentado a  una pequeña mesa un hombre, con aspecto insignificante, escribe ensimismado. Entra a escena, por el lado opuesto a la mesa, Don Golondrino, un hombre muy bien vestido, trajeado a ser posible, con una enorme maleta que arrastra como si el peso le abriera las carnes. Don Golondrino observa el entorno con extrañeza. Por fin repara en el individuo de la mesa y se aproxima con seguridad.


Don Golondrino
.-(Tras carraspear cuatro o cinco veces, en vano, para conseguir que el escribiente le preste atención.) ¡Oiga, joven!
(El Hombre de la mesa prosigue ensimismado en la redacción de unas notas. Don Golondrino golpea en la mesa con los nudillos.)
Don Golondrino.-¡Por favor, atiéndame!
(El Hombre de la mesa levanta la cabeza sorprendido, pero con calma. Mira a Don Golondrino y, con desconfianza, oculta los papeles.)
Hombre de la mesa.- ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí?
Don Golondrino.- Mi nombre es doctor don Golondrino Peralada de Abisinia, y he tenido a bien aproximarme a estos parajes como invitado pudiente y ponente al congreso de doctores, médicos y de raticidas en general que, según me indicaron, tenía lugar por estos contornos.
Hombre de la mesa.-¿Ah sí? ¿A qué tipo de congreso dice que viene?
Don Golondrino.-Al de cirugía coro…
Hombre de la mesa.-(Que interrumpe a Don Golondrino.) ¡No me diga más! ¿Al de cardiopatías de grillos? ¿Al de gonorreicos orgullosos? ¿Al de prostáticos y dichosos?
Don Golondrino.-¡Qué dice! ¿Qué pretende?
Hombre de la mesa.-(Sonríe con orgullo.) Le estaba probando buen hombre. No sabe la cantidad de insignes doctores que han intentado colarse en este lugar haciéndose pasar por otros.
Don Golondrino.-Me deja de una pieza y de un capullo.
Hombre de la mesa.-A riesgo de parecerle presuntuoso le diré que hasta el momento ninguno de esos farsantes ha logrado entrar en el congreso. Así que no se extrañe si encuentra la sala desierta.
Don Golondrino.-¿Quiere decir que he venido hasta aquí para nada?
Hombre de la mesa.-(Como si sospechara de Don Golondrino.) ¿Para nada dice usted? ¿Dijo o no dijo hace un momento que venía como ponente?
Don Golondrino.-¡Pero si no hay nadie…!
Hombre de la mesa.-Eso qué importancia tiene. ¿Usted es quién dice qué es o intenta colarse como hicieron los otros? ¿A que viene esa preocupación por si hay o no gente? Tal vez se haya citado ahí dentro con sus compinches.
Don Golondrino.-Discúlpeme, pero no acierto a comprenderle.
Hombre de la mesa.-Sí, sí, claro. No me comprende… ¿o no quiere hacerlo?
Don Golondrino.-A propósito recibí la misiva para que participara en el congreso tan sólo hace un par de días. ¡Con algo de retraso! ¿No le parece?
Hombre de la mesa.-No se equivoque conmigo. Podría no haberla recibido nunca.
Don Golondrino.-¿Qué insinúa?
Hombre de la mesa.-¿El año pasado recibió usted alguna invitación para este congreso?
Don Golondrino.-Claro que no. Entonces no participaba…
Hombre de la mesa.-Se da cuenta. No recibió esa carta porque los presidentes del congreso no me dejaron enviarla. Porque si de mi hubiera dependido de buen gusto se la hubiera mandado.
Don Golondrino.-Eso no tiene sentido.
Hombre de la mesa.-¿Sentido? Yo prefiero denominar a esos incidentes paradojas.
Don Golondrino.-Además en la carta no figuraba mi nombre. Tanto en el sobre como en el interior se me denominaba como Don Furúnculo y mi nombre, como ya le he dicho, no es ni más ni menos que doctor Don Golondrino Peralada de Abisinia.
Hombre de la mesa.-¡Oiga no, Don Palomino, no pretenda distraerme con tonterías y alejarme del tema principal!
Don Golondrino.-¡Cómo Don Palomino! Le digo que me llamo Don Golondrino. Go-lon-dri-no.
Hombre de la mesa.-Tiene usted mucho camino trillado. A mí no me engañará como ya habrá hecho con otros incautos. Primero intenta colarse y ahora me viene con chorradas para que no le haga la pregunta que tanto teme.
Don Golondrino.-No le comprendo. ¿A qué se refiere?
Hombre de la mesa.-¿A qué me refiero? (El Hombre de la mesa sonríe y luego de forma confidencial susurra la siguiente frase a Don Golondrino:) ¿Ha traído usted una rata?
Don Golondrino.-¿Cómo?
Hombre de la mesa.-¡Qué si ha traído usted una rata! Aquí las prácticas de cirugía se hacen con ratas, y si no se la trae usted de casa ya se puede ir olvidando…
Don Golondrino.-¡Qué desfachatez! ¡Pero usted sabe quien soy yo!
Hombre de la mesa.-¿Y usted sabe lo que es una rata?
Don Golondrino.-Por supuesto.
Hombre de la mesa.-Pues si no trae rata no le dejo pasar, ¡ni-dar-la-con-fe-ren-cia!
Don Golondrino.-¡Menudo disparate!
Hombre de la mesa.-¡Qué fácil lo ve usted todo, don Abceso rectal!
(Don Golondrino intenta demostrar su enfado, pero como El Hombre de la mesa no se calla le resulta imposible.)
Hombre de la mesa.-¿Así que las ratas le parecen un disparate?
(El Hombre de la mesa se levanta de su puesto y se acerca hasta Don Golondrino, al que toma de un brazo y lo lleva fuera de escena.)
Don Golondrino.-(Habla mientras El Hombre de la mesa le empuja fuera de escena.) En mi vida me han tratado de esta manera. Desde luego me quejaré a sus potentados y superlativos. ¡Qué barbaridad! ¡Y le diré más, en el hotel donde me han alojado no había ni siquiera un orinal!
Hombre de la mesa.-(Iniciando el mutis con don Golondrino.) Ahora, ahora verá usted lo que es bueno. ¡Ya basta de tanta cirugía y tanto circunloquio!
(Ambos desaparecen. Se escucha un grito. Entra corriendo de nuevo en escena don Golondrino aterrado. Después entra El Hombre de la mesa con calma.)
Hombre de la mesa.-(Orgulloso.) ¿Qué me dice ahora? Llevo criando a esa rata, que nació sin pelo, como el Señor la trajo al mundo, desde hace cinco años y todavía no ha nacido el médico que le ponga la mano encima.
Don Golondrino.-¡Por Dios no vuelva a meterme ahí!
Hombre de la mesa.-Claro, ahora empiezan las lamentaciones, los lloros y lo demás. ¡Esa rata, señor mío, esa rata es una Santa!
Don Golondrino.-La verdad que no abulta mucho, pero el verla pavoneándose por la habitación con su peto, sus zapatillas y su gorra me ha sobrecogido!
Hombre de la mesa.-El último médico que entró ahí se consideraba muy hombre… hasta que  vio a la rata llevarse una de sus patas a la boca para hacerle una pedorreta. (Ríe.) Aquel hombre se vino abajo. He conocido a muchos más altaneros que usted que han llorado como bebés de pelo en pecho ante la donosura de esa rata. (El Hombre de la mesa realiza los gestos que describe.) Porque esa rata se ha paseado así, con prestancia, como si apenas posara sus patitas en el suelo. Esa rata, señor mío, se ha paseado por las calvas de los más reputados anestesistas del mundo y se ha meado en las costuras de las orejas de los mejores cirujanos que los siglos han visto. ¿Le he hablado de su forma de caminar?
Don Golondrino.-¡Qué elegancia! ¡Qué parsimonia!¡Qué belleza ventricular!
Hombre de la mesa.-Si quiere puedo dejarle entrar de nuevo unos segundos…
Don Golondrino.-No sé si lo soportaré.
Hombre de la mesa.-¡Venga! ¡Inténtelo!
Don Golondrino.- De acuerdo. Me sobrepongo y repongo y hacia allí me dispongo.
(Don Golondrino sale.)
Hombre de la mesa.-¡Fíjese, fíjese porque jamás verá a una rata como esta! Mire, mire con cuanta elegancia mueve las nalgas y cómo se peina y estira las patitas…  La carne de gallina, mire…
(Entra de nuevo Don Golondrino llorando.)
Don Golondrino.-¡Cuánta razón tenía usted en todo! Sólo por esto ha merecido la pena el viaje.
Hombre de la mesa.-Se da usted cuenta.
Don Golondrino.-Ahora comprendo casi todo. Con una rata así uno puede ir… ¡hasta el fin del mundo!
Hombre de la mesa.-¡Y más lejos todavía!

TELÓN



© Raúl Herrero

Las penas con pan son menos penas

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El próximo viernes 20 de marzo se presentará a las 20 h. la instalación de Raúl Herrero: "Las penas con pan son menos penas". Esperamos veros en la inauguración en el Centro Cívico Miralbueno (Pza. La rosa,s/n) de Zaragoza. Próximamente se publicarán fotografías de la instalación en el blog del autor: http://raulherrero.blogia.com/


17/03/2009 15:26 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Esopo no era zopo

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El enfermo y el médico

 

Un enfermo a quien el médico le preguntó cómo estaba dijo que había sudado más de lo normal. El médico dijo: "Eso es bueno". Preguntado una segunda vez cómo se encontraba, dijo que había sido sacudido por escalofríos. El médico volvió a decir que esto era bueno. A la tercera, cuando apareció el médico y le preguntó por su enfermedad, dijo que le había sobrevenido una diarrea. El médico dijo que eso iba bien y se marchó. Uno de sus parientes que vino a verlo le preguntó cómo estaba, el enfermo dijo: "Yo me muero a fuerza de ir bien".

 

[Fábulas / Vida de Esopo. Traducción y notas de P. Bádenas de la Peña. Biblioteca Básica Gredos, Madrid, 2000]

Las penas y los panes con Ángela Ibañez

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[Angela Ibáñez ha tenido la cortesía de invitarme a participar en su ciclo y además en su blog ha colgado un hermoso video sobre el cartel y las diversas fotografías que ella tomó durante el montaje y la inauguración. Mis lectores amantísimos lo podrán ver en este enlace: http://angelaibanez.blogspot.com/. Además, por el mismo precio, puesto que ayer fue su cumpleaños la felicito y cuelgo también la noticia de la instalación que ella ha recogido mejor de lo que yo lo hice.]

El 20 de Marzo a las 20h se inaugurará la instalación "Las penas con pan son menos penas" del escritor, editor y artista plástico Raúl Herrero, dentro del ciclo expositivo "Puntos de fuga" que coordina Ángela Ibáñez en el Centro Cívico de Miralbueno (Pza. La Rosa s/n). (Líneas bus 42, 43). Esperamos que podáis tomar un vino con nosotr@s y el autor.

"Las penas con pan son menos penas" :
Del 20 de Marzo al 24 de Abril

25/03/2009 10:56 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Las penas con pan son menos penas, (I) Instalación

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El autor (Raúl Herrero) se instala en la instalación

Fotografía de María José Benedí

25/03/2009 21:31 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Presentación de Poesía Completa de Manuel Pinillos (por Mª Pilar Martínez Barca)

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Veinte años, se dice pronto. Hay tiempo para amar y tiempo para morir; tiempo para dolerse y también para el éxtasis; horas de soledad y de retorno: estudio y creación. Es lo que me ha llevado conocer a Manolo, como le llamaban sus amigos.

Y quiero compartirlo con vosotros, este próximo martes, 31 de marzo de 2009. Hay mucha vida al fondo.

Un abrazo sin tiempo,
                                     

Mª Pilar Martínez Barca
Escritora

26/03/2009 09:39 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Una brigada de « madres Teresa » por Fernando Arrabal

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Había leído y oído algo de lo que se cuenta sobre el hospital público. Y sobre sus “horrorosos” servicios de Urgencia.

Súbitamente, el día 18 de marzo de 2009,  a medianoche, en mi casa parisiense, creo topar con la Muerte. Caigo al suelo, dislocado.

No puedo levantarme.  Indefenso, me siento incapaz de moverme.

Pido socorro. Nadie me oye.

Tengo la impresión de estar emponzoñado. Por un veneno que me revuelve mis adentros. 

Me arrastro hacía el teléfono. Que nunca llegaré a alcanzar. A la velocidad de cinco metros por hora. Mi cabeza no responde. He perdido el equilibrio. Y mi  cerebro se bambolea. Pero mi cara permanece aplastada en  el suelo.  Mis ojos no se dejan dominar. Se descentran,  mareados. Voy a desaparecer definitivamente.  Voy a ocultarme para siempre, pero  rodeado por un océano de inmundicia vomitada.   

Y de pronto, cuando había perdido toda esperanza, aparecen dos enfermeros del SAMU. Dos “madres-Teresa”.

No quiero que me vean en el estado en que estoy. No  quiero que se aproximen. Que les apeste mi miseria.

Mis ojos son incapaces de fijarlos. Me los tapo con la mano.

Me piden que me incorpore.  No puedo. Y si hubiera podido no lo hubiera querido. Prefiero permanecer acurrucado. Y dejar que llegue el final. Será menos doloroso Y sobre todo menos pestilente y  vergonzoso.

Y, sin embargo, los dos enfermeros no paran de decirme gentilezas. Para ellos soy un anónimo.  Me parece que tienen un bonito acento. ¿franco-marroquí? ¿portugués? ¿arrabalero? ¿bretón?  Me tratan de

- “Monsieur” .

Con infinito respeto.

A mí  que me siento menos que un trapo sucio.

Uno de los enfermeros, abrazándome, me incorpora. Me limpia. Ayudado por su colega. Mientras me mantiene en sus brazos el segundo me abrocha los pantalones.  Y me consuela al mismo tiempo. 

-“Adelante,  Monsieur….”

Sienten que temo descoyuntarme al menor esfuerzo. Me miman. Por fin en andas y volandas me llevan a una ambulancia.

Acierto a decir por vez primera, ¡tan tarde !

-«Merci beaucoup…».

Y por primera vez voy a recibir la respuesta que oiré de todos los miembros del servicio de Urgencias del Hospital  Cochin de París:

-“No nos lo agradezca;  estamos aquí para ayudarle”.

Y los dos samaritanos desaparecen. 

Para dar paso a  varias enfermeras que me desnudan. Me arreglan. Me cuidan. Me visten de azul. Luego de amarillo. Me preguntan a menudo

-“¿Quiere algo? ¿Se siente mejor?”

Llegan  cuidadores,  médicos, internos. Para ellos también soy un anónimo. Todos con la misma preocupación por mi estado. Con el mismo deseo de auxiliarme.

-“¿Quiere utilizar mi móvil particular?”

Y yo repito que estoy envenenado. Que algo he tomado...

Pero ellos no dejan de hacerme radiografías y escaners y análisis.

Descubren que el mal lo causa el laberinto de mi  oído interno. Que hace meses mi cabeza topó contra una barra de acero. Y que ahora surgen las consecuencias.

Buscan lo mejor para curarme. Piensan inmediatamente en el mejor especialista.

-“Sabe usted, es el más competente. Pero está ocupadísimo”.

Consiguen que el Profesor Pascal Corlieu venga a verme a Urgencias. Con sus aparatos de cosmonauta y su saber legendario.



Estoy a salvo, re-equilibrado y en casa. 

[Toda mi vida… me ha frustrado no llegar a ser el santo pagano de mis aspiraciones. Con lo fácil que les resulta alcanzar la santidad civil a esta brigada de la Fraternidad y de la Urgencia.] 

Mil gracias  a todos, desde el camillero  hasta el catedrático. De todo corazón

Pero sé que todos y cada uno va a repetirme  una vez más:

-“No nos lo agradezca;  estamos aquí para ayudarle”.

 

Fernando Arrabal

Las penas con pan son menos penas, (II) Instalación

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Fotografía de Raúl Herrero

Zaragoza, Centro Cívico de Miralbueno (Pza. La Rosa s/n). (Líneas bus 42, 43).

"Las penas con pan son menos penas" :
Del 20 de Marzo al 24 de Abril

28/03/2009 08:50 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Poema sin título de Mariano Meneses

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Cuando hablan de poesía
hablan de algo que no me interesa,
pues aunque sea difícil saber qué es
sé que es algo distinto de lo que dicen.
Resulta extraña mi actitud.
Me hace pasar por un curioso ser,
que aunque escribe versos y los ama,
antipoético, a veces parece detestarlos.
¿Es una manera
de no llegar a entendernos
o de entendernos de otro modo?

Mariano Meneses, La arena del sendero, Editorial Heliodoro, Madrid, 1986.

Incluido en Orfeo errante, Antonio Fernández Molina, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2008.



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