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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2009.

TRAILER DEL DOCUMENTAL A.F. MOLINA -UN POETA INCÓMODO-

[He tomado la noticia del trailer del documental A.F. Molina un poeta incómodo, sobre la vida del artista y escritor Antonio Fernández Molina, de la página http://antoniofernandezmolina.blogia.com/. Son múltiples los testimonios recogidos en lo que se trasluce por el preludio como un magnífico y definitivo testimonio sobre la vida y la obra del polifacético escritor.

La realización del mismo ha sido obra de Luis Vidal y Ester Fernández Echeverria]

02/09/2009 13:22 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La pelota azul -Cuento de Eduardo Chicharro–

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Era una pelota azul, aunque no totalmente. En sus dos casquetes ostentaba el mismo azul unido, tierno e intenso a un tiempo, pastoso, matizado por esa imponderable pátina que con el tiempo acaba por adquirir la pintura. En síntesis, algo semejante a como puede entreverse el cielo del atardecer si se mira a través de los párpados entornados. Tenía en su círculo máximo una estrecha faja encarnada entre dos líneas blancas, las cuales, si bien ligeramente veladas por el repetido contacto con manos, suelo, paredes, troncos, hierbas, pelo de animales, rodillas, esputos, tomillo, sartenes, carbón y aleros de tejado, seguían siendo blancas. El rojo de la lista central, de siete milímetros, era bermellón rabioso, un tanto ensombrecido por la referida pátina y los diversos contactos que acabamos de enumerar. La parte azul, de tono más sosegado, se exaltaba por la presencia de las líneas blancas y roja, éstas hacían lo propio entre sí, y a las tres les sucedía otro tanto gracias al azul. De suerte que la pelota, que no estaba limpia, ya que no era nueva de tienda, que no estaba sucia, ya que ni manchas ni pegotes tenía encima, brillaba como nueva merced a la atinada distribución de sus colores. Por debajo de la pintura era de goma; no maciza. Dentro nada tenía: ni pequeños guijarros, como otras de celuloide, llevan ni cascabeles, ni menos estopa, trapo, crines o serrín, aunque tampoco fuese rigurosamente exacto decir que no contuviese nada. Estaba llena de aire comprimido, y de olor a goma. Su tamaño no era ni grande ni pequeño. En verdad no era ni lo uno ni lo otro, pues podía medir unos doce centímetros de diámetro y  ser su volumen, entonces, de unos novecientos cuatro, coma, setenta y ocho centímetros cúbicos. Para formarse una idea: hubiera cabido media en un tazón grande. Pesaba más que regular, si se considera que estaba hueca, y su dureza era todavía suficiente para que, arrojada con fuerza contra el suelo, pudiese saltar hasta cinco o seis metros de altura.

Ha permanecido quieta en un vasar de cocina todo el invierno, cubierta en su hemisferio superior por una capa de grasiento polvo. La han lavado con agua y jabón. Durante unos días ha recibido impulsos, manotazos, golpes. Ha vuelto a la cocina, ha rodado por los suelos, las sillas, las camas, aprisionada a veces entre las manos y mejillas de un niño dormido. Ahora, inexplicablemente, se encuentra en la calle, en el empedrado sucio y sin acera. Es de noche, la luz mortecina de un farol la hace apenas visible. Ya no es azul, parece gris, o verde, parece oscura. Ya no es una pelota, parece una cosa, un bulto. No puede comprenderse cómo, estando allí, nadie la haya recogido todavía. Debió de perderse ya tarde, tal vez a la hora crepuscular.

Con frecuencia se extravían objetos de manera incomprensible. No se caen, no se escurren, simplemente se olvidan en cualquier sitio. Los hombres pierden cosas que sus semejantes no alcanzan a comprender cómo pueden perderse. En los periódicos se lee. Además de alhajas, carteras, paraguas, niños, los hombres suelen perder a su mujer, a un amigo, una mula, la memoria y hasta su propia vivienda. Lo que, en cambio no, es justo afirmar que se pierde, es aquello que tanto se oye decir: el tiempo. Ya que el tiempo nadie sabrá con certidumbre si lo ha perdido, y más atinado resultaría concebirlo como empleado o gastado en detrimento de otras cosas que pudiéramos haber resuelto mientras estamos charlando, tumbados, cantando o haciendo el amor –apreciación muy relativa, por cierto, sea para lo que fuere.

Ahora bien, el sitio adonde ha ido a parar la pelota es una plaza extensa, irregular, en la que desembocan cuatro calles desiguales, dos de ellas en ángulo agudo, y una quinta, cuesta abajo, empinada y escalonada. Parece una plaza de pueblo grande, pero no la principal. Está desierta y silenciosa, y así sigue durante algún tiempo, hasta que dos hombres la cruzan. Poco después, la sombra confusa de una mujer dobla la esquina. Junto a la pelota pasa un perro, sin detenerse. Un cura pasa también. Luego, ráfagas de aire que la hacen oscilar. Alguien, incomprensiblemente, le da un puntapié, y la pelota rueda varios metros, a lo largo del muro: no se la llevan. Pasan dos curas más, dos o tres perros más, un potro, figuras que son bultos, que son envoltorios de ropas, una vaca, un pato, murciélagos, aves extrañas por los aires, una cosa negra, más ráfagas, algo como rodando aprisa. Hasta que llega un grupo de mozos. La pelota está en medio de la plaza, en un charco. Cerca hay una fuente pública. La fuente no echa agua. Un mozo se la salta, otro se sienta encima. Los demás ríen, canturrean, charlan, alborotan, fuman, escupen, pronuncian palabras soeces, dichos soeces, algunos lascivos, hablan de los balcones de mozas o señoritas que duermen en sus casas, hacen alusiones obscenas, les brillan los ojos. El de la fuente juega con una navaja y en un momento brilla la hoja de acero. Hay luna; sólo a intervalos se deja ver. Algún mechero, alguna cerilla se enciende también periódicamente. Los mozos pasan el rato, no se van a dormir, no se van a la taberna, no se van al prostíbulo, no se sabe qué hacen allí. No están graves, pero algo grave aletea en ellos, en frases que pronuncian. Ya no cantan. Juguetean: a empellones, puñadas, puntapiés. Uno ha encontrado la pelota. Inmediatamente se la pasan entre ellos. Sólo el sentado en la fuente, el de la navaja, el que fuma y no habla, sólo ése no participa en el juego, que acaba por dirigirse contra una pared, tal vez la de una iglesia, pues pegan entre macizos contrafuertes. Hasta que el sentado, el de la navaja, se levanta y va a quitar la pelota a los otros mozos. Todos se callan, le miran. Él dice: «Ya está bien», luego pronuncia otras palabras. Discuten entre sí, como si deliberasen. Luego, el de la navaja, que ya no la tiene en la mano, pero sí la pelota, dice: «Vamos pues», y todos se marchan apelotonados. Se meten por una de las bocacalles, la más amplia. Una figura viene hacia ellos. Alguno la reconoce. Es un tipo bien trajeado y de aspecto principal. Su nombre, un mote y algunos calificativos, mezclados con palabras sentenciosas, se cruzan por lo bajo. La pelota, que alguien ha arrancado al de la navaja, derriba con fuerte impulso el sombrero negro del personaje al golpearle brutalmente en la frente. No reacciona en seguida el del güito, sino que, pasada la sorpresa y vencido un momento de vacilación, en el que cada cual permanece clavado en su sitio, se agacha a recoger el sombrero. Mientras maquinalmente le quita el polvo con la manga, les espeta un «¡Cerdos!», y, mientras se lo encasqueta, añade un «¡Me las pagaréis todas juntas, canallas!» Como nadie le contesta, echa a andar por su camino. Pero los mozos le cierran el paso. No hay en ellos continente amenazador, se agrupan y mueven pausadamente, con ademanes torpes. Uno de los de atrás se agacha a recoger un canto. El personaje se ha detenido, también los mozos. Así permanecen algunos segundos, hasta que uno de los de delante hace un brusco quiebro con el cuerpo y golpea fuertemente el suelo con el pie, al tiempo de darse una palmada en el muslo, resoplando entre dientes como se hace para espantar a un perro. El personaje, que llevaba bastón, además de sombrero, desenvaina un estoque. Recibe entonces una pedrada en mitad de la cara y los mozos le acorralan, se le echan encima. El hombre se defiende con bravura, pero le agobian, le desarman, le zarandean, le aporrean, le acogotan, le apalean cobardemente.

–¡A colgarle del farol! –grita alguien.

–¡Venga! –gritan varios.

Y mientras uno trepa al farol, otros pasan una correa, la del propio agredido, por el cuello de un hombre agotado o tal vez muerto. Se lo cargan al hombro, le empujan hacia arriba. «Ya está bien», sentencia el de la navaja. Arranca el cuerpo del personaje a sus verdugos y lo deja caer al suelo. Todos permanecen mudos, rodeando al cuerpo tirado, que allí queda con la correa al cuello, la negra ropa cubierta de polvo y la cara ensangrentada. No lejos, yacen también el sombrero, el bastónvaina y la pelota azul. Por último, dice el de la navaja «¡Hala!», y se aleja seguido de los demás calle adelante. Uno de ellos se lleva la pelota. El de la navaja lleva el estoque. Otro, que se queja y va renqueando, pasa los brazos por los hombros de dos compañeros. Después de recorrer un par de calles más, llegan a una taberna. Está cerrada. Golpean a la puerta, llaman a voces. Se les abre. Entran. La pelota queda en una mesa. Suben al herido a casa del tabernero. Tiene una cuchillada en el muslo, se está desangrando. Un chico, que va abrochándose los pantalones, corre a avisar al médico. Mientras se atiende al herido como se puede, los otros de abajo, los que no caben arriba, beben. Llega por fin el médico, entonces vuelven a enviar al chico, esta vez a casa del herido. Va a marcharse ya cuando uno de los mozos, viendo la pelota en la mesa, se la entrega y le dice que la tire al corral de su casa, la del mozo, para que al día siguiente la encuentren los chavalines. Regresa el chico acompañado por un hermano del herido, pero no trae la pelota. En la prisa y los apuros se le olvidó echarla al corral. Todos abandonan la taberna con el espíritu más afianzado. Llevan garrotes, piedras. Se dirigen a un edificio público, no se sabe si ayuntamiento, audiencia o qué. Hay funcionarios reunidos, guardias que interceptan el paso. El de la navaja insulta groseramente a los allí congregados, la pelota sale disparada de la mano de uno de los mozos y va a golpear a alguien que parece persona principal. Piedras recorren trayectorias paralelas a la de la pelota. Los guardias forcejean por desasirse, los concejales, magistrados o lo que sea, responden a la agresión con lo que tienen a mano, sillas, tinteros, tijeras, cortapapeles. Entre los pies de los beligerantes, los cantos ruedan de un lado para otro con la pelota de goma. Salta ésta escalones abajo arrastrada por los que salen, primero los personajes, detrás de los mozos que los empujan. Llega a la calle entre los pies de unos y otros. Está rajada. Los mozos se llevan a los personajes hacia el río. Los guardias marchan corriendo en dirección opuesta. Un perro se acerca a la pelota, la husmea y le da medio lengüetazo, después se orina en la puerta del edificio. Un borracho que pasa recoge la pelota azul, tiznada, manchada, algo rajada. En esto tropieza y cae. La pelota va a parar a las tablas de una carreta de bueyes junto a la que ha caído el beodo. Penosamente se levanta éste y la busca a su alrededor, debajo del carro, hasta que renuncia a encontrarla y sigue por su camino. En un movimiento de los bueyes rueda otra vez al suelo la pelota. Regresa una pareja de guardias, van a entrar en el edificio. Uno de ellos la ve, tal vez la recuerda, duda un momento y se la lleva escaleras arriba. Así es como la pelota entra de nuevo en el salón de actos. Los dos guardias consideran el destrozo de muebles, cortinas y cristales. Comentan, discuten, se insultan, y la pobre pelota, siguiendo su predestinación de bólido, sale disparada, a través de uno de los balcones. Va a parar a la casa de enfrente, penetra por una ventana y rebota en una mesa llena de papeles y libros. Es la de un estudiante que en ese momento no sabemos si ha de habérselas con las diofánticas o con alguna rima rebelde, pues la hoja en que escribe se halla parcialmente cubierta de signos dispuestos en columna. No da tiempo a verlo, el tintero se ha derramado sobre lo escrito. El estudiante apenas si hace el indispensable movimiento de separar las piernas para que la tinta no le gotee en los pantalones. Su pasmo se prolonga unos segundos, bastantes. Endereza el tintero, separa los papeles, mira a la ventana abierta. Dirige por fin la vista a su alrededor intentando averiguar la causa de tamaño desastre. Descubre la pelota. Se agacha y la toma en la mano maravillado, no menos que si hubiese caído en su aposento un albatros de los mares del sur. La sopesa, vuelve a considerar la ventana y, en un arranque de mal humor, la arroja con fuerza hacia el balcón de enfrente. Por muy extrañamente casual que pueda parecer, el proyectil acierta a colarse entre el bastidor y los cristales rotos del vano. Todavía hay allí un guardia. Oye ruido y ve rodar la pelota. No tan sorprendido como el estudiante, pero sí tan enojado, la recoge y la arroja de nuevo a la calle a través del mismo balcón. La pelota no vuelve a entrar en el cuarto del estudiante; rebota en la pared y va a parar de nuevo, segunda broma del azar, a la carreta de bueyes. El estudiante ha podido entrever cómo el proyectil de goma salía por el balcón. Guardia y estudiante se contemplan, preguntándose si hay algo de común entre ellos. Sube a la calle un grupo de gente. Algunos parecen los mozos de antes. Pasan todos junto a la carreta.

Estudiante y guardia se retiraron, la escena queda silenciosa. Poco más tarde se aproxima un hombre, el boyero, y la carreta echa a andar. Sigue siendo de noche. La carreta lentamente abandona la población. Va por el campo. Hace aire, un aire húmedo, frío. Ya lejos, en un tumbo, la pelota cae a la carretera. Rueda a la cuneta, después de hollar el espeso polvo blanco que en la oscuridad tiene un color de ceniza. Ahí queda. La carreta se aleja con pausa de alucinación. Al alejarse, se oscurece y se achica, devorada por los márgenes convergentes de la carretera y por el cielo inmenso, combado, en el que brilla un mar de estrellas. Hasta el ruido de la carreta se perdió. Todo se lo tragaron el cielo y la hora de la noche. También es inmenso el silencio, y es inmenso el campo alrededor de la pelota. Se oye sólo el silbido intermitente de los sapos y, de cuando en cuando, el de las ráfagas a través de los cardos secos. Grandes, vagas, traslúcidas figuras de tul, azules, malva, grises, pasan ingrávidas por los aires. Tal vez falta poco para que la aurora aparezca. Así, antes de que esto ocurra, la pelota parece consolidar su estructura física, cerrar su grieta, agrandarse, distenderse. Hasta remontarse. Sí, hasta hacerlo como un globo de tafetán o como un globo de fuego que empieza a dar botes por la carretera en sentido inverso al de la carreta, y a crecer, y a remontarse, de suerte que cada salto es más largo, más alto, y más lento, y el último la lleva sobre el pueblo aquel, donde atónitas las personas, las pocas que velan, observan el extraño meteoro de fuego que se cierne muy por encima de los tejados, aunque no tan alto como para podérsele confundir con la luna llena. También el estudiante contempla el fenómeno. Sin saber por qué, se acuerda del primer hecho mágico de aquella noche: la pelota llovida de los cielos en su cuarto. En un momento todo el poblado despierta y se asoma a ventanas, puertas, escotillas o tragaluces, lleno de espanto, de curiosidad, de asombro, y prorrumpe en inmenso alarido que pronto se trueca en clamor dentro del tumulto general. Sólo desde una ventana abierta a última hora, la de una cocina, no salen estentóreas voces ni lastimeros ayes. Allí unos niños ven y reconocen en el enorme globo su hermosa pelota azul extraviada la víspera. Cae de pronto como un rayo de fuego la esfera alargándose en su forma, hasta el zócalo de la casa donde recibió el puntapié inicial. Los niños salen corriendo en su busca. De los demás habitantes, nadie se atreve a moverse. Por fin se arriesgan algunos, se reúnen en la plaza principal, se dirigen al edificio de la lucha. Hay confusión. Los personajes no pueden acudir, ya que se hallan malheridos o fuertemente contusos, impresentables. Todo el mundo está en la calle. El revuelo es mayúsculo. Nadie sabe lo que fue. En la plaza de la fuente no se ha encontrado nada, si es que el bólido ha caído allí. Tampoco los niños han hallado su pelota. Intentan explicar que ellos saben lo que era, pero nadie los escucha. En medio de la zozobra, el susto, la interrogación, muchos ojos se vuelven hacia poniente, a la línea oscura de los montes por donde empieza a desaparecer una luna enorme, color naranja de brasa. Pero el nuevo día aún no aflora. Algunos se reintegran a sus viviendas, muchos rodean a los niños, no logran entenderlos ni entenderse entre sí, van olvidando el aerolito, casi no creen lo que han presenciado. Se forman corrillos en todas partes, hasta que un nuevo resplandor atrae a todos hacia la plaza principal. Allí está ardiendo el edificio de la pelea, los mozos le prendieron fuego. Arde también un pajar inmediato. Al cabo de cierto tiempo el fuego puede ser reducido, pero corre la voz de que otro edificio arde al lado opuesto del pueblo y que fueron los mozos los incendiarios…

Pálidamente, empieza a amanecer. Como si esto fuese la señal, cada cual huye hacia su cobijo. Las puertas parecen absorber con fuerza prodigiosa a esa población que en el espacio de unos minutos desaparece y cierra y atranca sus casas. Queda el pueblo desierto, sumido en sepulcral quietud. También los niños se han retirado. No hay luz, no unos pañales tendidos en las cuerdas de las solanas. Los niños, en sus camitas, se han dormido ya de día. Transcurren unas horas de calma absoluta, ni campanas se han oído. Cuando los niños despiertan, corren a la cocina, al vasar. Allí no hay pelota ni nada que se le asemeje. Corren a la plaza, se cruzan con el basurero, la lechera, el alguacil, el perro cojo de la inclusa. Nadie parece mirarlos con curiosidad a pesar de ser ellos los de la pelota. Nadie parece impresionado y, en la plaza, junto a la pared, encuentran la pelota azul, tal y como la dejaron; no rajada, no tiznada, no salpicada de sangre, aunque sí húmeda de rocío… El reloj del Ayuntamiento da una hora. Los niños cuentan: son apenas las nueve de la mañana.

 

 

[A los ocho meses de su concepción nace Chicharro en Madrid, un año después que Salvador Dalí, es decir en 1905, en la calle de Ayala un 13 de julio. Tras vivir en Roma desde 1913, con excepción del tiempo que pasó en su país en torno a 1925 enzarzado en el servicio militar, o en ciertos viajes por Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Austria, regresa a España, con su esposa e hijos, en 1943. Se había casado en 1937 con la pintora Nanda Papiri, cuyos dibujos ilustraron revistas y catálogos vinculados con el Postismo.

En Madrid, Chicharro realiza una exposición en la Sala Marabini. Instala su estudio en el Pasaje de la Alhambra, lugar de reuniones en las que se discute, se recitan poemas y se dirigen las operaciones postistas en los años del movimiento.

Se voltea el año 1944 cuando Chicharro conoce a Carlos Edmundo de Ory en el café Castilla y deciden fundar el Postismo en compañía del italiano Silvano Sernesi.Cuando el grupo se disuelve, Eduardo mantiene amistades cercanas al ismo, como Ory y Francisco Nieva, con los que seguirá colaborando. Precisamente junto al segundo funda, a principios de los años 50, la revista Ambo que, como las anteriores Postismo y La Cerbatana, sólo verá un número. En los cuatro años de la década de los 60 que vivió disminuye su producción, se entrega a infinitas correcciones.]

Come together

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[A partir del 9 de septiembre se edita todo el catálogo de

The Beatles en estereo y digitalizados.

Para celebrar tan alta ocasión

colgamos esta canción:

Come together.]

07/09/2009 11:25 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La consulta privada (Entremés o paso, XI)

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Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia. 
María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.

Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada. 
Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.

 

En escena la consulta de un dentista. Sin embargo, en lugar de la parafernalia y el instrumental propio de estos menesteres en escena una vieja silla de madera destartalada y una mesa con aparatos propios de un aficionado al bricolaje pero no de un médico. Entra el paciente que mira a su alrededor. Música de miedo (no me refiero a ningún grupo en concreto, sino a una música que acreciente el ambiente de tensión a imagen y semejanza de las películas de terror). En derredor telarañas, decoración gótica, por supuesto ningún espejo.

El paciente.-¿Hay alguien ahí? ¿Hay alguien ahí? ¿Quién vive?

 

(Silencio.)

 

El paciente.-Madre mía, ¿por qué me hábré dejado convencer?  Y ahora cualquiera encuentra la salida. Este lugar parece un laberinto. He pasado ya por  tres ó cuatro pasillos diferentes.

(Silencio.)

 

El paciente.-¿Está usted ahí doctor? ¡Eh, eh, eh!

 

(Entra a escena El doctor con una larga capa que arrastra por el suelo. Rostro cadavérico, modales exquisitos y muy pulcro.)

 

El doctor.-¿Quién es usted? ¿Qué hace en mi casa? ¿Quiere que llame a la policía?

El paciente.-Tenía cita con usted a las ocho de la tarde.

El doctor.-Muy buena hora, la hora en que desayuno.

El paciente.-¿Ah, sí? ¡Qué curioso!

El doctor.-Pero siéntese, criatura, siéntese. No se preocupe, ni ponga ningún reparo. Y dígame, ¿qué le acontece?

El paciente.-(Mientras toma asiento.) Verá, tengo una muela…

El doctor.-Bueno, todos tenemos muelas, eso no es un problema. ¿Veeerrrdadddd?

(El doctor toma de la mesa unas cuerdas y ata al paciente a la silla.)

El paciente.-Pero oiga ¿qué hace?

El doctor.-Cumplo con las medidas de seguridad, no se preocupe. Estoy siguiendo el protocolo. Usted siga a lo suyo.

El paciente.-¿El protocolo? ¿También tienen aquí un protocolo?

El doctor.-¿Qué me decía de su muela?

El paciente.-Ah, sí, La muela me provoca unos dolores insufribles. A veces me veo en la necesidad de golpearme la cabeza contra las paredes para que disminuya el dolor.

El doctor.-Es normal, no se inquiete. ¡Y es una costumbre tan hermosa! Aunque le alivie de sus padecimientos no pierda jamás esa sana conducta.

El paciente.-No sabría qué decirle. Mi esposa se queja porque le dejo el pasillo perdido de sangre.

El doctor.-¿De sangre? ¡No hombre, no! ¿No comprendo lo precioso de ese material? ¡Los hospitales están llenos de gente que aguarda con paciencia la llegada de sangre!

El paciente.-Oiga, que además soy donante.

El doctor.-¿Cómo donante? ¿Donante de qué?

El paciente.-Hombre, de sangre, para los enfermos.

El doctor.-No, no, no me refería a los pacientes sino a los médicos. Usted sabe lo que disfrutamos con la visión de la sangre. De esa sustancia rojiza, a veces algo espesa, que se desliza entre los dedos de uno y cae, poco a poco, en el suelo hasta formar figuras increíbles, descabezadas y magníficas. Y ese olor, esa aroma que ni el almizcle, ni el pepperoni ni el somormujo igualan… Se me hace la boca agua.

El paciente.-¿Y usted está así desde hace mucho?

El doctor.-Más de lo que puedo recordar. Fíjese hasta qué límite llega mi pasión que algunos de los restos de sangre que han caído en mi consulta, por motivos que ahora no vienen al caso, los he enmarcado y los contemplo con reverencia tarde y noche.

El paciente.-¿Y por la mañana?

El doctor.-Por la mañana duermo señor mío. (Silencio.) Esas obras de arte no las traigo a la consulta, la gente vulgar como usted no las aprecia. Pero que se quite cualquier pintor moderno ante las excelencias de la sangre y el azar.

El paciente.-(Inquieto.) Oiga me ha atado muy bien. Apenas puedo moverme.

El doctor.-Son muchos años de experiencia, compréndalo. Durante mi niñez  reconozco que me tentó estudiar para  asesino o torturador pero, ya sabe, las presiones familiares, las sociales, el párroco de mi pueblo que era muy bruto…

El paciente.-A eso le llamó yo vocación.

El doctor.-(Extremadamente violento.) No lo dude, no lo dude ni un por un momento.

El paciente.-¿Y al final se especializó en dentición?

El doctor.-¿Cómo dentición? ¡Ah,no! ¿Lo dice por este lugar? No, no se confunda amigo mío. La odontología la practico como pasatiempo. En realidad estudié neurocirugía. ¡Si supiera la cantidad de cabezas que he abierto como si fueran sandías!

El paciente.-Como sandías… ¡qué hermosa imagen!

El doctor.-(Mientras sostiene una sierra  en la mano.) A veces pienso en lo orgulloso que se sentiría mi padre si me viera ahora.

El paciente.-Su padre ¿también era médico?

El doctor.- No, carnicero. Pero le encantaban las cabezas de cordero. Todos los domingos asaba una y la devoraba con fruición: los sesos, la lengua, los ojos… A veces cuando me encuentro entre cerebros, registrando esos hermosos órganos, me acuerdo de mi padre y… y… me entra hambre. También comía criadillas e intestinos de vaca pero a mí siempre me tiraron más  las cabezas. No sé… me resultan más sociables. ¿No le parece?

El paciente.-Ahora que le veo con esa sierra en la mano. ¿Me inyectara un poco de anestesia antes de comenzar?

El doctor.-¿Anestesia? ¡Para qué! Sea un hombre, ¡caramba! Además nunca pongo anestesia a mis pacientes. Me la guardo para mí, sobre todo antes de una operación.

El paciente.-¿Se anestesia usted mismo antes de operar?

El doctor.-Toma claro. Si no cualquiera aguanta el tirón. ¡Qué a veces son muchas horas de pie! Y,  por otra parte, como siempre me meto en el quirófano sin dormir.

El paciente.-¿No duermo durante la noche anterior a una intervención? ¿Qué me dice?

El doctor.-Desde luego que no. Es mucho mejor presentarse en el trabajo sin dormir y a ser posible con una intoxicación etílica de padre y muy señor mío. Eso que hacían antes de presentare a una operación frescos y serenos se ha comprobado que era perjudicial para el resultado  de la intervención. Vera mi padre mi yo hicimos un estudio sobre esa cuestión cuando todavía era un estudiante.

El paciente.-Usted es el médico. Me remito a su profesionalidad y a su sabiduría octogenaria.

El doctor.-¡Y qué bien hace! Ojalá todos los pacientes siguieran su ejemplo. No sabe lo indisciplinada que es la gente de hoy en día.

El paciente.-Si es que hay muy poca vergüenza.

El doctor.-Si usted supiera. (Suspira.) Ni se imagina las veces que me he visto en la obligación de perseguir revolver en mano a un paciente huidizo por la calle para rematarle.

El paciente.-Antes los enfermos se callaban, obedecían y punto.

El doctor.-Y mucho antes de lo que usted dice, ni siquiera acudían a la consulta, pagaban y ya está. Ahora algunos se mueren y todavía no te han pagado. Por cierto, antes de comenzar  con la extracción de su muela quisiera que desembolsase el total de mis honorarios, por si acaso, usted ya me comprende.

El paciente.-Desde luego. No puedo moverme pero si introduce una de sus manos en el bolsillo derecho de mi chaqueta encontrará una cartera. Tome de ella lo que guste.

El doctor.-(Mientras toma la cartera y la revisa.) Usted me ha caído simpático, por tanto le haré una confidencia.

El paciente.-A mí las confidencias me encantan. Sin ir más lejos mi primo Severiano…

El doctor.-(Interrumpiendo a El paciente.) Oiga, tampoco se explaye demasiado. No soporto que me den la lata. Tenga en cuenta que yo soy médico y usted es un vulgar vulgaris furúnculo humano.

El paciente.-Eso sí.

El doctor.-Bueno, veo que en su cartera tiene billetes y varias tarjetas. Si no le importa me quedo con todo y ya le iré cobrando. Bueno, le devuelvo el carnet para que puedan identificarle las fuerzas de seguridad del Estado.

El paciente.-¿Y el permiso de conducir?

El doctor.-No, no. A mí me hará falta para unos asuntos que llevo entre manos.  Bueno, como le decía, me ha caído simpático y le haré una confesión. El negocio, el negocio de verdad se encuentra en la venta de cadáveres.

El paciente.-¡Me deja helado! Además tengo un capital que me gustaría invertir.

El doctor.-¿Invertir? No lo piense más. Déjeme a mí como heredero universal de todo. Por lo demás no se preocupe porque en ese negocio intervendrá antes de lo que piensa.

El paciente.-¡Qué bien! Es usted muy comprensivo. Y si ahora me extirpa la muela me dejará en la gloria.

El doctor.-¿En la gloria? Guarde silencio un momento.

(El doctor ataca al paciente que comienza a gritar como un loco. Las luces vibran y se contorsionan cual galápagos en una noria. Suena un Kyrie eleison. Oscuro. Vuelve la luz. El doctor ensangrentado hasta la médula –espinal y más allá-. El paciente con un parche en el ojo, le faltan también una mano y un pie. No se entiende nada de lo que dice.)

(Sonidos ininteligibles de El Paciente.)

El doctor.-Desde luego. ¡Qué razón tiene!  ¿Ve qué bien ha quedado?

(Sonidos ininteligibles de El Paciente.)

El doctor.-¡Y bien limpio que le he dejado! Por el mismo precio, sin cargarle ni siquiera el 5 por ciento de suplemento, le he extraído un globo ocular, un miembro inferior, otro superior, el bazo, tres costillas y cuatro dientes al azar, así ¡a lo loco!

(Sonidos ininteligibles de El Paciente.)

El doctor.-Normal que esté agradecido, hijo mío. ¿Se da cuenta de lo que se hubiera perdido si le hubiera hecho caso con la anestesia? Ahora sale usted a un nuevo mundo, como un hombre, como un toro bravo, como una corneta de sargento…

(Sonidos ininteligibles de El Paciente.)

El doctor.-Vuelva usted a la consulta en el mes de junio. Para entonces necesitaré sacar una partida de manos de cadáver y de huesos de santo. ¡Entonces sí que nos reiremos!

(Sonidos ininteligibles de El Paciente mientras inicia el mutis.)

El doctor.-Nada, nada. Pero si estamos aquí para eso. Un placer, un placer. Y sobre todo no me falte a la próxima cita. ¡A ver si por su mala cabeza me voy  a quedar sin ingresos antes de las vacaciones!

(El paciente sale. Silencio.)

El doctor.-Será posible, ¡que desagradecido! Y se va sin darme siquiera una propina. Desde luego, ¡qué sacrificado es esto de la ciencia!

 

TELÓN

 

 

09/09/2009 13:49 Raúl Herrero Enlace permanente. Entremeses No hay comentarios. Comentar.

Feliz año nuevo 'Patafísico (Felicitación de Fernando Arrabal)

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No quiero que pase un minuto.  De este Año Nuevo. En él la Patafísica dará cita a la incapacidad de compromiso  y de concesión  con la pasión por la ciencia. Es el concepto escandaloso de la poesía. Es la nueva faceta del despertar revolucionario. Pánico y fractal.  Es el nihilismo de la esperanza. Es la gloria sin pagar ningún tributo. Este año la Patafísica será el  pulverizador de lo esencial. El  enemigo implacable de la sumisión. Indomable y estoica en su excepcionalidad.
Con  Faustroll, arrabal del XVII
09/09/2009 17:40 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Mentira y calumnia en la memoria de Nuria Espert por el profesor Thyw

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 La actriz Nuria Espert, en sus memorias tituladas De aire y fuego, hace referencias calumniosas  al dramaturgo Fernando Arrabal. En las páginas 106 y 107 dice:

En medio de todo aquel follón llegó la puntilla: alguien trajo un ejemplar del ABC donde aparecía la antecrítica de Arrabal de su obra  (Los dos verdugos). Al parecer, Arrabal se había arrepentido de autorizar la obra y cargaba contra nosotros en unos términos que jamás le perdoné, porque nos hicieron un daño terrible... En aquel artículo, violentísimo, trataba de desvincularse totalmente del espectáculo, como si le hubiéramos engañado para estrenar a sus espaldas.

  Por el contrario Arrabal en su texto  [que se puede consultar en cualquier  Hemeroteca] se deshace en elogios hacia  todos los participantes:  «prodigiosos»,  «admirables», «quijotescos», sin la más mínima restricción o desvinculación.  He aquí ese documento del viernes 7 de febrero de 1969:

Cuando Nuria Espert y Armando Moreno vinieron a París a pedirme más piezas (inéditas en España, aunque publicadas por estos mundos en seis tomos) creí que, a pesar del prestigio que tienen, se trataba de una pareja de locos. ¿Podrían eliminar esos insuperables que han hecho que mis obras se interpreten normalmente en los principales teatros del mundo pero nunca ahí?por fin consiguieron que al menos se autorizaran en Madrid treinta minutos de mi teatro: Los dos verdugos pieza escrita hace trece años, en 1956, en un hospital de los arrabales de París-. En efecto sólo unos admirables  quijotescos locos podían lograr esta ruptura.

  Víctor García el director de Los dos verdugos ha hecho creaciones prodigiosas de mi Cementerio de automóviles, tanto en París, en un teatro con butacas giratorias donde la pieza estuvo seis meses en cartel; como en Belgrado, donde obtuvo el primer premio; como en Dijon, donde un enjambre de motos a toda velocidad rodaba en torno a los espectadores; como en Brasil, donde las serpientes vivas y los coches calcinados exaltaron al público y donde el espectáculo acumuló los principales oscar de la temporada. Con estas direcciones superó incluso las representaciones de mi Cementerio de automóviles en Nueva York (donde bajo la dirección de Joseph H. Dunn, consiguió el premio Oby), o las de La Habana, con Gutkin.

  La significación de Los dos verdugos es clara: sobre un fondo de pesadilla y tortura, dos hijos se oponen entre sí como las dos mitades de una tierra desgarrada. Cuando el fanatismo que encarna a la madre parece triunfar, surge la imagen de un pueblo humillado, pero sólo provisionalmente derrotado por la intolerancia.

  En la revista que dirijo en París recibo frecuentemente piezas extraordinarias de jóvenes dramaturgos españoles desconocidos por completo. Gracias a ellas veo que el teatro español de esta época que comenzó con Echegaray y que hoy cuenta con dramaturgos como Picasso, Max Aub, y tantos otros sigue estando en pleno apogeo. A estos autores desconocidos dedico este estreno con esperanza y humor. ARRABAL.

  ¿Qué razón existe para que Nuria Espert invente esta patraña y  mentira?


[Traigo a mi blog este texto que recibo del Profesor Thyw. En la imagen superior una imagen de Nuria Espert como actriz en la película dirigida y escrita pro Fernando Arrabal ¡Viva la Muerte!]

11/09/2009 08:31 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

AVIS. CIRCULAR. AVISO. CIRCULAIRE. From (de) Claudine Lagrive

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Próximas etapas del itinerario poético de Arrabal (si Pan quiere):

 

18-IX: Monreal (C)

20-IX:  Nimes (F)

24-IX:  12h 24’ Banquete en París con poetas, científicos, Paco del Valle y la sublime "Zorra"

24-IX:  20h45’París>Sevilla

25-IX: 17h00 ’Pozoblanco (Córdoba)

26-IX: 17h00 Sevilla

27-IX:  9h05> 10h30= Sevilla>Barcelona

28-IX: 19h30> 21h05 = Barcelona >París

5-X:  Paris>Madrid

6-X: Madrid>Barcelona=  no antes de las 12h:27’.   Fando & Lis

7-X: Barcelona>París= último vuelo


31-X> 8-XI = New York  conferencias y Carta de amor

 
11-XI: Buenos Aires, a las 11h 11’ con Evelina Vishnevskaya Konstantinova & Gustavo Charif

 
 Nacido en Melilla  (1932) Arrabal aprendió a leer y escribir en Ciudad Rodrigo. Fue Premio Nacional de "superdotados" a los diez años e hizo sus estudios universitarios en Madrid. Vive "desterrado" (según su expresión) en París desde 1955 sin que ningún responsable de su país haya pedido nunca su retorno.  Ha dirigido siete largometrajes y publicado trece novelas,n ensayos, libros de ajedrez y centenares de obras de teatro y de poesía. Colaboró con Andy Warhol, Tristan Tzara, Marcel Duchamp, Allen Ginsberg, Louise Bougeois, Kundera etc.   Ha pasado tres años en el grupo surrealista, fundó con Jodorowsky y Topor el "grupo pánico" y  es hoy uno de los cinco "trascendentes" elegidos   por el Colegio de Patafisica (con Baudrillard, Umberto Eco, Dario Fo y B. Mandelbrot). 

Arrabal es el único  escritor que editó una carta pública a Franco en vida del general.

Arrabal es el único escritor de su generación cuyo padre fue condenado a muerte por el régimen franquista en el primerísimo momento de la guerra civil. 

Arrabal,  muerto Franco, durante un año,  siguió prohibido. Con  Carrillo, Pasionaria, Líster y Campesino formó el quinteto de impedidos de volver "por ser los más peligrosos".

 Arrabal "es al cine lo que Rimbaud a la poesía" (P. Bruckberger ,  "Le Monde"). 

 Arrabal, seis años después del fallecimiento de "El Caudillo", vio toda la página 32 de  "El País"  y de otros diarios nacionales (con fecha  del  16 de mayo de 1982)  ocupada por el anuncio  de "El árbol de Guernica" prevista en cines tan destacados como el Palacio de la Música de Madrid. ¡¡Mañana lunes estreno!! ¡¡Por fin!!  Sin embargo, el estreno español de su película (que realizó en 1975) fue  prohibido horas antes:   "Existe un delito de injurias a las Fuerzas Armadas".

Arrabal, durante los últimos años de la dictadura, tenía toda su obra prohibida.  Asombrosa y misteriosamente los ensayos y simposios sobre el tema ocultan este veto total.

Arrabal, sin militar  (ni siquiera en formaciones anarquistas) fue juzgado y encalabozado en 1967  en la cárcel de Carabanchel.

Arrabal es el "único superviviente de los tres avatares de la modernidad"
(Mel Gussow, The New York Times) . 

Arrabal, traumatizado por su infancia,   aporta "un conocimiento  teñido de una luz moral que está en la materia misma de su arte"(Vicente Aleixandre). 

 

Jean-Marc Debenedetti (redactor de "Poésie 1")

El pisito (Entremés o paso, XII) -En homenaje a Rafael Azcona-

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Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia. 
María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.

Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada. 
Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.

La escena muestra el cuarto interior de una vivienda decorado de la manera más rancia posible. Entran tres personas: el Agente que muestra la casa a posibles compradores y  dos probables inquilinos. Inquilino 1: hombre. Inquilino 2: mujer. O todo lo contrario.

 

Agente.-Y aquí tienen la joya de la corona de la vivienda. La habitación rusa, como la bautizó el anterior inquilino, en paz descanse.

Inquilino 1.-¿Qué le ocurrió al último inquilino? ¿Murió?

Agente.-En efecto.  Él y  los 4 que le precedieron.

Inquilino 2.-¿Cómo es eso? Nos deja preocupados.

Agente.-¿Preocupados? ¿Por qué? La gente se muere. Piensen que si ellos siguieran vivos no estarían ustedes hoy aquí conmigo.

Inquilino 1.-Eso ya lo entendemos. ¿Y de qué murieron?

Agente.-La policía sigue investigando. No me han autorizado a revelarles nada en ese sentido. Pero dejémonos de tonterías y de distracciones. Miren que vista, fíjense en los radiadores, contemplen las paredes y la mesa y…

Inquilino 2.-¿Qué vistas? Si no hay ninguna ventana.

Agente.-¿Desde cuándo hacen falta ventanas para tener vistas? No sé, no sé si nos vamos a entender ustedes y yo.

Inquilino 1.-Oiga, me intranquilizan esos crímenes. No se lo puedo negar. ¿No será que la vivienda emite algún tipo de extraña vibración o de radioactividad que extermina a sus habitantes?

Agente.-No, no lo creo. Como comprenderán me ponen en una situación difícil. Pero si nos adentramos en el terreno de la especulación… en fin, sin que me atreva a confirmarlo de una manera categórica y rotunda… en todo caso las muertes tendrían que ver con “Hierba buena”.

Inquilino 2.-¿Murieron envenenados? ¿Alguien les introdujo sustancias psicotrópicas en la comida? ¿O acaso fumaban cáñamo mezclado con mondas de mandarina? ¿Eran adictos a algún tipo de droga?

Agente.-Nada de eso. Me refiero a “Hierba buena”,  el toro.

Inquilino 1.-Pero ¿ los anteriores inquilinos murieron en una plaza?

Agente.-No, todos aparecieron muertos en este piso. El último  de ellos precisamente donde se encuentra usted.

Inquilino 2.-(Da un respingo.) ¡Ay dios!

Inquilino 1.-Entonces, ¿a qué viene lo del toro?

Agente.-Todo tengo que explicarlo ¡caramba! El toro “Hierba buena” vive aquí mismo, en la habitación contigua

Inquilino 2.-¿Tiene un toro dentro del piso?

Agente.-Oiga, el toro no es mío. Cuando me pidieron que alquilara la vivienda el toro ya estaba dentro. Según me indicó  el propietario actual, cuando él adquirió la vivienda el animal ya vivía en ella.  La ley nos indica tajantemente que no se le puede desalojar.

Inquilino 1.-¿Y cuándo pensaba decirnos lo del toro?

Agente.- No esperarán que entre en todos los pequeños detalles.

Inquilino 2.-No puede ser. Usted nos gasta una broma. ¿Dónde dice que está el toro?

Agente.-(Mientras señala una puerta.) Ahí mismo, en esa habitación.

Inquilino 2.-(A Inquilino 1) Anda ve tú. Terminemos con esta patochada.

Inquilino 1.-(Al Agente) Le advierto que no me hace ninguna gracia. Con este tipo de  bromas, ¿tiene usted mucha suerte en su trabajo?

Agente.-Pues mire, ya que lo menciona bastante. En treinta años de profesión he alquilado una media de tres o cuatro pisos, sin contar con esta vivienda, en la que alojé a todos los anteriores arrendatarios, ¡Dios los tenga en su gloria!

(El Inquilino 1 abre la puerta. La cierra de golpe.)

Agente.-¿Ya se ha convencido? ¿Qué necesidad tenía yo de mentirles?

Inquilino 2.-(A Inquilino 1) ¿Es cierto lo del toro?

(Inquilino 1 afirma con la cabeza.)

Agente.-Bueno, si les parece, mañana firmamos el contrato de alquiler.

Inquilino 1.-¿Pienso meternos en esta casa con un toro?

Agente.-Ya lo hice en las anteriores  ocasiones y no hubo ningún problema.

Inquilino 2.-Pero si murieron todos…

Agente.-Bueno, pero eso no es un problema. A veces ocurren accidentes, casualidades. Además con un toro dentro de casa no hace falta que se gasten el dinero en gatos ni perros. “Hierba buena” es muy buen toro. Les aseguro que nadie les entrara a robar. Y a alguien se le ocurre va listo.

Inquilino 1.-Esto no es serio. Si no saca  de aquí a ese toro no cuente con nosotros.

Agente.-Lo lamento pero no es posible. El toro lleva aquí mucho tiempo y tiene derechos adquiridos.

Inquilino 2.-Pues que le pague el toro el alquiler. ¿No le da vergüenza endosarnos este lugar con semejante animal?

Agente.-(Tras reírse) Pero ¡por Dios! ¿Cómo me va a pagar el toro el alquiler si no tiene dinero?

Inquilino 1.-Ahora mismo nos vamos.  Jamás había visto una cosa así…

Agente.-¿A qué se refiere? Porque el piso se encuentra en muy buenas condiciones.  Y si lo dicen por el animal les haré una advertencia: no les consentiré que injurien a “Hierba buena”. Es cierto que es un toro salvaje, que no sabe cocinar y que algunas noches golpea las paredes con la cabeza hasta dormirse pero… Posee grandes virtudes.

Inquilino 2.-¿Y qué virtudes posee semejante bicho?

Agente.-¡Qué mala es la ignorancia! Pues se las enumeraré encantado. Primera virtud: su bravura. Ese toro puede pasarse una tarde entera embistiendo a todo bicho viviente.  Si por azar, o por torpeza, el animal se sintiera agredido por alguno de ustedes y tras identificar atrapara al interfecto, les aseguro que no lo contaría el desafortunado. Segunda virtud: el toro es astifino. Tercera virtud: su juventud. Les aseguro que tienen toro para rato y que gracias a sus poses, a las que me atrevería a calificar como propias de un dandy, y no es pasión de padre, les auguro múltiples veladas en familia de jolgorio y pujanza.

Inquilino 1.-Ese es otro tema. Porque con nosotros vendrían a vivir dos niños.

Agente.-¿Y a mí que me cuentan? Yo vivo con mi mujer, mi abuela y dos cuñados y no lo comento por ahí.

Inquilino 2.-No, si lo decimos por el animal.

Agente.-¿Qué animal? Ah no. El propietario me ha prohibido expresamente que alquile la vivienda a alguien que pretenda instalarse con un animal.

Inquilino 1.-Pero si ofrecen la vivienda con un toro dentro…

Agente.-Una cosa no tiene ninguna relación con la otra. Además “Hierba buena” es muy suyo  y no le gustan las visitas. ¡Y menos si traen a otro toro! Entonces si se puede liar una buena.

Inquilino 2.-¿De dónde íbamos nosotros a sacar otro toro?

Agente.-Eso es cosa suya. Aunque les advierto de una cosa. Si el  propietario, o yo mismo, que suele aparecer de improviso por si les sorprendo cometiendo algún tipo de fechoría, ya sea contra el inmueble o contra el propio animal, les sorprendemos con otro toro dentro van todos a la calle. Bueno, todos menor “Hierba buena”, claro.

Inquilino 1.-No entiendo nada.

Agente.-Si se ponen así… Tal vez pueda compensarles por los trastornos que el toro pueda ocasionarles.

Inquilino 2.-¿Con una rebaja del alquiler?

Agente.-Bueno también… Pero había pensado en darles unas clases de toreo. En mi juventud fui banderillero,  bastante bueno, por cierto, aunque el decirlo sea una inmodestia por mi parte.

Inquilino 1.-¿Usted nos toma por tontos?

Agente.-No, ¿por qué me dice eso? ¿No se da cuenta que así hiere mis sentimientos? Me ofrezco a rebajarles el alquiler y a enseñarles a torear… ¿Qué más quieren?

Inquilino 2.-Hombre, si nos ofrece una rebaja sustancial nos lo podríamos pensar…

Agente.-Por eso no se preocupen. Lo tendría que consultar con el dueño, pero me atrevo a prometerles que no habrá ningún problema.

Inquilino 1.-(Al Inquilino 2) ¿También te has vuelto loco? ¿Piensas meternos aquí con un toro? ¿Y los niños?

Agente.-Por los niños no se preocupen. El toro cuando quiere es muy cariñoso. Por otra parte no come demasiado, bueno, no come demasiado para ser un toro.

Inquilino 2.- Si usted viera el apetito de mi suegra…

Agente.-¡Qué me va usted a contar!

Inquilino 1.-¿Estás sordo? Que no, que no me vengo aquí a vivir con un toro.

Agente.-¿Es usted racista? ¿Acaso no le gustan los animales?  (Al Inquilino 2) Yo no quiero meterme donde no me llaman, pero no me fiaría nunca de alguien que desprecia a  los animales.

Inquilino 2.-Venga, no seas así de díscolo. Si este hombre nos ofrece una buena rebaja…

Agente.-¿Cómo una rebaja? ¡Una rebaja sustancial! Como les veo interesados les diré otra cosa. El toro durante los fines de semana casi ni se siente. En época estacional, por ejemplo, el viernes por la tarde se marcha a su casa de campo y no vuelve hasta el domingo. Eso sí, el taxi se lo tendrán que pagar ustedes. ¡Y en eso me mostraré in-fle-xi-ble!

Inquilino 2.-¿Te das cuenta?

Inquilino 1.-Bueno, ¿puedo volver a mirar al bicho?

Agente.-Por favor, por supuesto. Pero nada de fotografías, las luces de las cámaras le ponen muy violento.

Inquilino 2.-¡Otra cosa a su favor! Mi suegra es aficionada a la fotografía.

Agente.-Entonces lo tiene usted que ni a propósito.

(Inquilino 1 abre la puerta y mira el interior de la habitación.)

Inquilino 1.-Hombre, ahora me impresiona menos, visto así….

Agente.-Ya le decía.

Inquilino 2.-Entonces, ¿qué? ¿Firmamos el contrato?

Inquilino 1.-¿Por qué lleva puesto un sombrero de copa?

Agente.-Ya les dije que era todo un dandy.

(Inquilino 1 cierra la puerta.)

Agente.-Como me han caído bien les confesaré algo. Tengo a un picador muy interesado en el piso. Pero si ustedes firman ahora mismo el contrato me olvido del otro cliente.

Inquilino 1.-No sé.

Inquilino 2.-Venga, no seas tan exigente.

Agente.-He puesto todo de mi parte.

Inquilino 2.-(Al Inquilino 1) ¿Quieres mirarlo de nuevo?

Inquilino 1.-No, no me hace falta.

Inquilino 2.-Animate. Tal vez si lo miras con otros ojos…

Inquilino 1.-De acuerdo, lo haré por complacerte.

(Inquilino 1 abre la puerta y se asoma al interior. Inquilino 2 empuja a Inquilino 1 dentro del cuarto y cierra la puerta.)

Inquilino 2.-(Al Agente) En ocasiones es preciso tomar determinaciones drásticas, sin contemplaciones.

(En el otro cuarto se escuchan gritos y golpes.)

Agente.-Mi más sincera felicitación. Si no lo hace usted lo hago yo. ¡Por Dios bendito! Una ocasión como ésta no se puede dejar escapar.

Inquilino 2.-Por otra parte una boca menos que alimentar.

Agente.-Así notará menos los gastos de la comida del animal.

Inquilino 2.-Que una es buena, ¡pero no tonta!

Agente.-Por cierto, ¿tiene algo que hacer ahora mismo?

Inquilino 2.-Nada, nada en concreto.

Agente.-Si me lo permite la invito a cenar.

Inquilino 2.-Me ruboriza usted.

Agente.-Ya, ya lo comprendo.

(Siguen los ruidos y gritos de auxilio en el cuarto del toro.)

 

TELÓN

 

 

16/09/2009 10:39 Raúl Herrero Enlace permanente. Entremeses No hay comentarios. Comentar.

Libros del Innombrable en e-book

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Si el curioso lector desea leer la noticia en Heraldo de Aragón puede hacerlo a través de este enlace: http://www.heraldo.es/noticias/cultura/la_editorial_libros_del_innombrable_abre_catalogo_book_con_cinco_titulos.html

 

La editorial Libros del Innombrable ha iniciado la publicación de libros en formato e-book. Para esta primera entrega se ha decido por la publicación de los libros: Defensa de Monjuic por las donas de Barcelona de Federico González Frías, Diccionario Pánico de Fernando Arrabal, Orfeo errante (Antología poética) de Antonio Fernández Molina, La Cítara / La bahía de los diablos de Mariano Esquillor y El hombre elefante / Gregoria de Raúl Herrero. Los libros pueden adquirirse ya desde la siguiente página: http://www.todoebook.com/ficha-editor.asp?cod_editor=EDIT000874.
 
Los libros además se pondrán a la venta en toda la red de Librerías Afiliadas a Publidisa: Todoebook, El Corte Inglés, Casa del Libro y Gandhi.
16/09/2009 14:16 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

El perro blanco nº1

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Como siempre sucede, de un modo misterioso y casi sin sentirlo, ha visto la luz del día el  nº1 de la revista  "El perro blanco". Este ente que la editorial publica en colaboración  con el Colectivo de Librepensadores y Patafísicos Antístenes puede también descargarse  gratuitamente en pdf.

Lar revista trimestral "El perro blanco" nº 1 incluye:
En portada un "Dibullage" de Daniel Madrid.
El sumario de la revista nos sorprende con:
-Tres poemas inéditos de Antonio Fernández Molina
-El artículo "Xavier Grau tras las barricadas misteriosas" por Alejandro J. Ratia
-Tres poemas de Juana J. Marín
-Comunicado de Fernando Arrabal
En las páginas dedicada a las artes plásticas
-Tres óleos de Isabel F. Echeverría
-En la sección de Poesía dirigida por José Antonio Conde:
Poemas de Alfredo Saldaña
-En la sección dirigida por Alicia Silvestre (Voces de Brasilia I)
Poemas de Angélica Torres
-Poema de Martín Marcos
-En la sección de Filosofía de Antonio Muñoz el artículo
"El Mundo acabado"

La revista puede descargarse gratuitamente en pdf desde la página de la editorial "Libros  del Innombrable"(ww
w.librosdelinnombrable.com) en la sección noticias. O desde el  siguiente enlace: http://www.librosdelinnombrable.com/upload/El_perro_blanco_nº1.pdf


Si algún fetichista o persona ansiosa desea la revista en papel se puede adquirir en la página de la editorial en la sección de novedades.

22/09/2009 20:10 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CENTRO DE ESTUDIOS DE SIMBOLOGIA -Actividades previstas para el último trimestre del 2009-

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CENTRO DE ESTUDIOS DE SIMBOLOGIA

DE BARCELONA

   

 

 

 

·         “Festival de Monólogos”

Espectáculo teatral a cargo de la Colegiata Marsilio Ficino

Jueves 22 de octubre y 5 de noviembre de 2009 a las 19.00 h

Librería Bertrand (Rambla de Catalunya 37, Barcelona)

Entrada libre

 

·         Presentación del Taller del Programa Agartha

A cargo de Antoni Guri, Mireia Valls y Marc García

Jueves 29 de octubre de 2009 a las 19.30 h

En la sede del CES

Entrada libre

 

·         Taller del Programa Agartha

Nuevo grupo a partir del mes de noviembre de 2009

Cada miércoles a las 19.30 h

En la sede del CES

Plazas limitadas

 

·         Estreno teatral de “Lunas Indefinidas”

De Federico González

A cargo de la Colegiata Marsilio Ficino

Sábado 21 de noviembre de 2009 a las 20.00 h

Cotxeres Borrell (c/Viladomat 2-6, Barcelona)

Plazas limitadas

 

 

e-mail: cesbarcelona@yahoo.com

http://www.geocities.com/cesbarcelona

 

23/09/2009 17:29 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El sufrimiento

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[En la imagen Imre Ámos: Dreaming rabbi, 1938]

El rabí Shmelke de Nokolsbourg y su hermano el rabí Pinjás plantearon al Maguid esta pregunta:

-Está escrito en el Talmud que el hombre debe dar gracias a Dios tanto por lo bueno como por lo malo. ¿No se trata de una tarea inhumana? ¿Quién tendrá fuerza para alabar al señor por el mal padecido?

-Od, entonces, a charlar un poco con Zusia -dijo el Maguid.

Zusia era conocido en Mezeritch. Se sabía que estaba enfermo, agobiado por miserias y males; padecía todo tipo de sufrimientos.

-Zusia, ¿cómo haces para dar gracias al Señor? ¿Y tus sufrimientos?

-¿Mis sufrimientos? -se extrañó Zusia-. ¿Qué sufrimientos? Personalmente no conozco ninguno. Yo soy feliz, Zusia es feliz viviendo en un mundo creado por Dios y destinado a la alegría; Zusia no carece de nada, no necesita nada; Zusia lo tiene todo y su corazón desborda de gratitud.

Ni siquiera había entendido la pregunta.

[Celebración Jasídica, Elie Wiesel, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2003]

Beckett (Artículo de Fernando Arrabal publicado en la revista L'Atelier du Roman)

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Comme tout le monde le sait déjà, Samuel Beckett a vécu dans unemansarde jusqu’à la fin des années soixante. Au 6 de la rue des Favorites,à Paris. C’était une pièce au plafond très bas qui communiquait avec une chambre. Un gîte sans ascenseur. Plus tard il a emménagé dans un appartement petit et moderne. Trois pièces au numéro 38 du boulevard Saint Jacques. De la cuisine il pouvait voir les prisonniers de la Santé.
De son vivant je n’ai jamais révélé ces adresses. Beckett, malgré l’écueil du prix Nobel, a pu traverser l’existence discrètement. Le secret le protégeait entre les franges du vide.
Il était élancé et très beau. De plus en plus. La première fois que je l’ai vu j’ai pensé qu’il avait de la chance d’avoir de si belles rides. Sous son aigrette de huppe le temps avait tracé des sillons. Profonds comme les lignes du destin. Traits dociles à la misanthropie. Le pessimisme s’était jeté sur lui. En le bousculant pour toujours. Je n’ai jamais rien eu de commun avec lui. Sauf les échecs.
Il semblait avoir copié sa tenue et sa patience sur un épouvantail.

Dans la steppe de l’éternité. Sa lucidité irradiait de ses yeux bleus. Presque transparents. Me regardait-il avec la solidarité d’un condamné à mort avec un autre condamné ? Mais il contemplait l’horizon avec résignation.

Il ne pouvait rien attendre de cette vallée de larmes. Sauf une partie de Mickail Tahl. Pourtant, il aimait rire. Il faisait des jeux de mots drôles. Et il aimait à se surprendre, ou me surprendre ? L’humour était son aristocratique dédain envers lui-même. Une manière élégante de se moquer de ses propres misères et faiblesses. Souvent, ses pièces ont été accueillies avec la gravité d’un cours de philologie. L’humour festonnait ses écrits. Et en tout cas, ses conversations avec moi. C’est pourquoi nous faisions souvent allusion à d’autres humoristes : depuis Cervantès jusqu’à Rabelais.

Beckett a reçu ses premiers droits d’auteur alors qu’il approchait de la cinquantaine. Il se serait laissé mourir s’il n’avait vécu avec Suzanne. Sa complice. Aussi menue que tenace. Et parfois rageuse. Grâce aux leçons de piano de sa compagne française, il a pu survivre.
Le futur dramaturge, pendant la guerre, s’est cloîtré dans une tente. Suzanne la lui avait installée dans sa mansarde. Et dans cette quechua il a pu vivre pendant un lustre comme un personnage beckettien. Dix ans avant Godot. Les plus fantaisistes (parmi lesquels ne s’est jamais trouvée la très discrète Suzanne) ont affirmé que l’auteur de Fin de partie avait roqué dans sa tanière. Et qu’il n’ouvrait sa « porte » que pour recevoir les plats, les verres et les pots de chambre que lui présentait ou reprenait sa pianiste. Rabaissant la légende, Suzanne m’a assuré que Beckett avait dressé son prisme de toile et de solitude pour se protéger du froid. Pendant les hivers glacials de la guerre et sans chauffage dans son habitacle.

Claquemuré dans le quasi-néant il a vu bouillonner son inspiration. Certains ont dit que Suzanne a été une femme atrabilaire et vindicative. D’autres ont écrit que jusqu’à sa mort, survenue quelques mois avant celle de Beckett, la reconnaissance si tardive de l’oeuvre de son compagnon lui cuisait encore. En réalité elle a fait partie de ce choeur de femmes qui ont tout donné pour leur auteur bien-aimé. Il me semble que son unique intransigeance a été de consacrer toute sa vie, tous ses efforts et tout son pécule à Samuel Beckett. Suzanne a trouvé un éditeur pour la première pièce. Mais elle est restée à Paris avec son petit chien le jour où Samuel était nobelisé à Stockholm. Elle m’a dit que le Prix, lui seul le méritait, personne ne devait le partager. Pour l’auteur de Watt la réussite, ou son frère siamois l’échec, n’ont jamais été le centre de ses inquiétudes. Et encore moins de ses conversations.

Ses deux jumeaux sont apparus ou ont disparu de son existence comme les ombres d’un rêve. Ou des fantômes de mirage. En accord avec sa réserve, son oeuvre a été une frondaison de murmures. En tournant le dos à l’urgence.

Les charmes hermétiques de la précision ont fasciné Beckett. Peutêtre jusqu’à l’émouvoir. Ses distractions favorites ont été les échecs et les mathématiques. Fin de partie fait allusion à la dernière phase du jeu. Murphy, le héros du roman éponyme, se nomme presque comme le champion américain Morphy. Ce surdoué du xixe siècle devenu fou de misanthropie. Il finit sa vie à La Nouvelle-Orléans en parcouran d’imaginaires remparts au service du roi d’Espagne.

Dans Murphy on peut lire une drôle de partie d’échecs. Le vainqueur, M. Endon, se défend précisément en jouant une Affensa Endon ou Zweispringerspot « avec des coups jamais vus au café Régence et rarement au Divan de Simpson ». Beckett s’est abandonné au sortilège de son échéphilie.

Son attirance pour l’exactitude englobe naturellement le mot et la phrase. Les sentiers absurdes et fatals de l’art d’écrire le ravissaient. Les versions françaises de textes directement écrits en anglais ont signifié pour l’auteur, changé en traducteur, des gouffres sans fin. Des réflexions guettées par les incertitudes et les scrupules. Il accordait au français beaucoup de prix, mais se heurtait au cartésianisme majestueux de cette langue aussi subtile que riche. Comment transposer en français la concision et la substance de Endgame ou de Lessness ? Il ne s’est jamais senti entièrement satisfait ni par Fin de partie ni par Sans. Jusqu’au dernier jour il s’est creusé la cervelle pour trouver la solution de ces problèmes de quasi-géométrie fractale. Le « Oh ! » de Oh ! les beaux jours a été le fruit de jours complets de méditation. Le titre Krapp’ Last Tape a glissé métaphysiquement jusqu’à se transformer en français en La Dernière Bande. Ainsi la scatologie est devenue érotisme.

Beckett m’a adressé une centaine de lettres. La plupart avec la concision de l’indispensable. Ses dédicaces au fil de la plume disaient le strict nécessaire. Naturellement il écrivait à la main ses missives. Il répondait par retour du courrier avec une calligraphie de plus en plus penchée, jusqu’à presque se coucher sur l’horizontale mélancolie de qui n’espère rien. Tout le prédisposait à s’enfoncer dans sa clairvoyance.

Le jour où j’ai connu Beckett j’avais près de vingt-quatre ans et lui presque le double de mon âge. Nous nous sommes toujours vouvoyés, comme pour prolonger la relation qui nous a unis dès le premier moment. Soudain, il m’a tutoyé quelques mois avant sa mort. À ce moment, la Comédie-Française s’était engagée à jouer sa Fin de partie.

Mais dans un décor mi-cramoisi mi-brunâtre en dérogeant à ses annotations scéniques. La pièce était interrompue par une ridicule petite musique précisément là où l’auteur avait écrit « silence ». On avait ajouté de nouveaux personnages et des accessoires aux couleurs bigarrées de style antibeckettien. Beckett en était si affecté que je ne l’ai jamais vu aussi affligé. Il faut se demander si cette transformation et les coups de corne des manipulateurs qui en ont découlé n’ont pas accéléré sa mort.

Voyant cela, et après avoir reçu l’appui de Ionesco, Kundera et Arthur Miller, j’ai écrit une lettre ouverte pour le défendre. Miraculeusement mon intervention a pu mettre un terme à la représentation. Et a poussé

Beckett à me tutoyer. Quand j’ai connu Samuel Beckett j’étais encore au sanatorium. Mais lui était déjà mutilé du poumon. Un soir un clochard du métro, peut-être à moitié ivre, lui avait donné un coup de poignard. Quelques jours plus tard Beckett était allé en prison rendre visite à son agresseur.

Il lui avait demandé la raison de son geste. Le clochard après une longue pause, presque comme s’il attendait Godot, lui mn avait répondu, tel un personnage beckettien :

– Est-ce que je sais ?

Hormis son oeuvre littéraire publique je crois que l’on ne connaît qu’un seul et long texte de Beckett : la lettre qu’en 1966 il a adressée aux juges madrilènes qui me gardaient en prison à Carabanchel. Après avoir sollicité ma libération, il y proclamait son art et ses raisons d’écrire. Il faut donc considérer que les phrases qu’il semble me consacrer sont des autodéfinitions. « Arrabal [lire : Beckett] devra beaucoup souffrir pour nous donner une oeuvre… Que F. A. [lire : S. B.] soit rendu à ses tourments, n’ajoutez rien à sa propre douleur. » Solitaire et sans message mais fatalement intègre, Beckett m’est toujours apparu comme un flocon de grâce.

Fernando Arrabal

Dans l’impossibilité où je me trouve de témoigner au procès de Fernando Arrabal j’écris cette lettre en espérant qu’elle pourra être portée à la connaissance de la Cour et la rendre peut-être plus sensible à l’exceptionnelle valeur humaine et artistique de celui qu’elle va juger. Elle va juger un écrivain espagnol qui, dans le bref espace de dix ans, s’est hissé jusqu’au premier rang des dramaturges d’aujourd’hui, et cela par la force d’un talent profondément espagnol.

Partout où l’on joue ses pièces, et on les joue partout, l’Espagne est là. C’est à ce passé déjà admirable que j’invite la Cour à réfléchir, avant de passer jugement. Et puis à ceci. Arrabal est jeune. Il est fragile, physiquement et nerveusement.

Il aura beaucoup à souffrir pour nous donner ce qu’il a encore à nous donner. Lui infliger la peine demandée par l’accusation, ce n’est pas seulement punir un homme, c’est mettre en cause toute une oeuvre à naître. Si faute il y a qu’elle soit vue à la lumière du grand mérite d’hier et de la grande promesse de demain, et par là pardonner. Que Fernando Arrabal soit rendu à sa propre peine.

[14 août 1967.]

Chers amis. Voici ce que j’ai envoyé à Maître Molla. Puisse cela servir à quelque chose. Je pense très fort à vous et souhaite de tout mon coeur ce que vous devinez. Ne me laissez pas sans nouvelles. Je rentre le 27.

Amitiés

Sam Beckett

[Artículo publicado en L’Atelier du Roman (dirigida por Milan Kundera), n. 59,  septembre 2009, París   "Lettre Internationale"  automne 2009-édition roumaine]

28/09/2009 13:52 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

“La filosofía de Ágnes Heller y su diálogo con Hannah Arendt”

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“La filosofía de Ágnes Heller y su diálogo con Hannah Arendt”

 Congreso Internacional, Murcia, 13-15 octubre 2009

 

 

 

 

Coordinación:

Ángel Prior Olmos (Universidad de Murcia), Ángel Rivero (Universidad Autónoma de Madrid).

 

Organización:

Grupo de investigación: “La Filosofía y los procesos sociohistóricos contemporáneos”. Universidad de Murcia.

 

Profesores invitados:

Ágnes Heller (New School of Social Philosophy, New York), Laura Boella (Università degli Studi di Milano), María Pía Lara (Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa, México).

 

Comité científico: 

Eduardo Bello (Universidad de Murcia), Fina Birulés (Universidad de Barcelona), Antonio Campillo (Universidad de Murcia), Neus Campillo (Universitat de Valencia), Francisco Jarauta (Universidad de Murcia),  Patricio Peñalver (Universidad de Murcia), Ángel Prior (Universidad de Murcia), Julio Quesada (Universidad Autónoma de Madrid), Antonio Rivera (Universidad de Murcia), Ángel Rivero (Universidad Autónoma de Madrid),  Cristina Sánchez (Universidad Autónoma de Madrid),  José Luis Villacañas (Universidad de Murcia). 

 

 

Secretaría de organización: 

Juan Alberto Pérez Zamora (IES “Rector F. Sabater”, Cabezo de Torres (Murcia), José Luis Egío (Universidad de Murcia), Víctor Egío (Universidad de Murcia). 

 

Administrativo:

Pedro Guirao Aguilar (teléfono 968-363498; fax 968-364115; pga@um.es).

 

Entidades colaboradoras:

Consejería de Cultura y Turismo Región de Murcia, Fundación CajaMurcia, SFRM, Ministerio de Ciencia e innovación Gobierno de España, Fundación Séneca Región de Murcia, Balassi Institute.

 

 

 

PROGRAMA

 

I. CONFERENCIAS Y PONENCIAS  

 

Día 13 de octubre, martes

 

Sesiones de mañana (Museo Arqueológico de Murcia)

 

9-9,30 hs.,

-  Recepción de participantes y asistentes. Entrega de documentación.

 

9,30-10 hs.,  Inauguración Congreso

- Ángel Prior Olmos y Ángel Rivero.

- José  Lorite, Decano Facultad de Filosofía.

- José Antonio Cobacho, Rector Universidad de Murcia.

- Pedro Alberto Cruz, Consejero de Cultura y Turismo, Comunidad Autónoma Región de Murcia

 

10-12 hs., Presentación: Ángel Prior

- Conferencia inaugural: “Open Letter to Hannah Arendt on Thinking” (Ágnes Heller, New School of Social Philosophy, New York).

 

12 -13,30  hs.,  Coordinación: Cristina Sánchez

- “La crítica de Ágnes Heller a John Rawls: ¿justicia o vida buena?” (Eduardo Bello, Universidad de Murcia).

- “La libertad en Ágnes Heller y Hannah Arendt” (Ángel Rivero, Universidad Autónoma de Madrid).

 

Sesiones de tarde  (Salón de actos de Caja Murcia)

 

16,30-18 hs., Coordinación: Fina Birulés

- “Arendt y los feminismos contemporáneos: ontología y política” (María José Guerra, Universidad de La Laguna).

- “Crisis de género en filosofía, y enormous responsibility(Patricio Peñalver, Universidad de Murcia).

 

18,15-19,45 hs., Coordinación: Antonio Campillo

- “Cultura de masas y cultura crítica en Hannah Arendt” (Neus Campillo, Universitat de  València). 

- “Dialéctica de las formas” (Francisco Jarauta, Universidad de  Murcia).

 

20-21,30 hs.,  Presentación: Francisco Jarauta

-  Conferencia: “La morale politica mai scritta di Hannah Arendt e l’etica della personalità di Ágnes Heller. A dialogo a distanza” (Laura Boella, Università degli Studi di  Milano) 

 

 

Día 14 de octubre, miércoles

 

Sesiones de tarde  (Salón de actos de Caja Murcia)

 

16,30-18 hs., Coordinación: Eduardo Bello

- “Biopolítica, totalitarismo y globalización” (Antonio Campillo, Universidad de  Murcia).

- “La etica de la personalidad en Ágnes Heller y Hannah Arendt” (Wolfgang Heuer,

Freie Universität Berlin).

 

18,15-19,45 hs., Coordinación: Maria  José Guerra

- “Política y moralidad en el diálogo de Ágnes Heller con Hannah Arendt” (Ángel Prior, Universidad de Murcia).

- “Arendt y Heller: responsabilidad hacia el mundo” (Cristina Sánchez, Universidad Autónoma de Madrid).

 

20-21,30 hs.,  Presentación: José Luis Villacañas

- “Hannah Arendt y el tema de la autonomía de la política"  (María Pía  Lara, Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa, México).

 

 

Dia 15 de octubre, jueves

 

Sesiones de tarde  (Salón de actos de Caja Murcia)

 

16,30-18 hs., Coordinación: Neus Campillo

- “¿Estamos en casa en una democracia liberal?” (Antonio Rivera, Universidad de Murcia).

- “Finitude, Beauty and Happiness. Hannah Arendt and Ágnes Heller's Theory of Morals(Andrea  Vestrucci, Università degli Studi di  Milano).

 

18,15-19,45 hs., Coordinación: Patricio Peñalver

- “Contingencia, historia y narración en Hannah Arendt” (Fina Birulés, Universitat de  Barcelona).

- "Presencias weberianas en la obra de Heller y Arendt" (José Luis Villacañas, Universidad de  Murcia).

 

20-21,30 hs., Presentación: Ángel Rivero

-    Conferencia de clausura: "On the Contemporary Historical Novel" (Ágnes Heller, New School of Social Philosophy, New York).

 

 

II. COMUNICACIONES

 

Día 14 de octubre, miércoles

 

Sesiones de mañana (Museo Arqueológico de Murcia)

 

9-10,30 hs.,

Mesa I. Coordinación: Antonio Rivera

- “Hannah Arendt: leyendo a Kant” (Óscar Cubo Ugarte, UNED, Madrid).

- “Deshaciendo la tradición: ley y autoridad en el pensamiento de Hannah Arendt” (Matías Sirczuk, Universitat de Barcelona/Universidad de Buenos Aires).

- “Las necesidades como análisis económico en Ágnes Heller” (Isaac Payá Martínez, UNED).

 

Mesa II Coordinación: Patricio Peñalver

- “Hannah Arendt: De la paradoja de la responsabilidad” (Juan José Fuentes Universidad de Chile).

- “Contingencia y voluntad. La elección de la persona buena” (Juana María Martínez Martínez, Universidad de Murcia).

- “Hacia una contrafilosofía de la historia: un encuentro entre Weil, Arendt y Heller” (Alejandra González, Universidad del Salvador,  Buenos Aires).

 

 

10,30-12 hs.,

Mesa III Coordinación: Fina Birulés

- ““¿Salvar a la subjetividad?” (Beatriz Gercman, Universidad del Salvador, Buenos Aires).

- “Techné, enérgeia y télos: la constitución aristotélica del pensamiento  de Ágnes Heller y Hannah Arendt en torno al concepto de trabajo” (Agustín Palomar Torralbo, Universidad de Murcia).

- “Los presupuestos antropológicos de Hannah Arendt y Ágnes Heller: sus conexiones en lo epistemológico y lo político” (Alexis Chausovsky, Universidad Nacional de Entre Ríos).

 

Mesa IV Coordinación: Neus Campillo

- “Republicanismo y Constitución. Una lectura arendtiana de los Federalistas” (Celia Alejandra Ramírez Santos, Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa, México).

- “La revolución de los pobres: ética y política de la necesidad en Ágnes Heller y Hannah Arendt” (Lucía Fernández-Flórez, Universidad Autónoma de Madrid).

- “Entre el paria y el ciudadano: a propósito de Ágnes Heller y Hannah Arendt” (Víctor Granado Almena, Universidad Complutense de Madrid).

 

12-13,30

Mesa V Coordinación: Andrea Vestrucci

- “Del sujeto, la libertad y la felicidad desde el horizonte de los modernos. Tres reflexiones a partir del diálogo entre Ágnes Heller y Hannah Arendt” (Sebastián Gámez Millán, Universidad de Málaga).

- “La responsabilidad personal y política: fuente común de las éticas de Arendt y Ágnes Heller” (Antonio Muñoz Ballesta, Universidad de Murcia).

- “El agotamiento del paradigma trágico: Hannah Arendt, Ágnes Heller y los usos políticos de la comedia” (Sara Nadal-Melsió, University of Pennsylvania).

 

 

Mesa VI Coordinación: Fernando Pérez-Burbujo Álvarez

- “A Democracia como indeterminaçao em Hannah Arendt: actualidade do seu pensamento num mundo global” (Silverio Da Rocha-Cunha, Universidade de Évora/NICPRI),

- “Acción y mundo en Hannah Arendt” (Luisa Paz Rodríguez Suárez, Universidad de Zaragoza).

- “Estaciones: imagen, metáfora, agente y líneas de la historia en Heller y Arendt” Daneo Flores e Iván Flores, Universidad de Murcia, Universidad de Valladolid).

 

Dia 15 de octubre, jueves

 

Sesiones de mañana (Museo Arqueológico de Murcia)

 

9-10,30 hs.,

Mesa VII Coordinación: José J. Sanmartín

- “Responsabilidad y espacio público: Una propuesta de vinculación entre el actor y el espectador políticos en la obra de Hannah Arendt” (Mario Alfredo Hernández, Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa, México).

- Hannah Arendt frente a las sombras de Europa” (Andrea Luquin Calvo, Universitat de València).

- “Donde el destino vacila: historia, contingencia y modernidad en Ágnes Heller y Hannah Arendt” (Alicia García Ruiz, The John Hopkins University-Universitat de Barcelona).

 

Mesa VIII Coordinación: María  José Guerra

- “Historias del origen y leyendas de la fundación” (Stefania Fantauzzi, Universitat de Barcelona).

- “Historia y cristalización en Hannah Arendt” (Maria José López Merino, Universidad de Chile).

- “Seres humanos en tiempos de claridad: Hannah Arendt, Ágnes Heller y la escritura constitucional” (Antonio Lastra, Universitat de València).

 

 

10,30-12 hs.,

Mesa IX Coordinación: Sebastián Gámez Millán

- La imaginación: un actor secundario bastante desatendido” (Ángela Lorena Fuster Peiró, Universitat de Barcelona).

- “Historicidad y dislocación de la temporalidad en la teoría de la Historia de Ágnes Heller” (Ángel Octavio Álvarez Solís, Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa, México).

 

Mesa X Coordinación: Juan  José  Fuentes

- “Poder versus violencia en la filosofía de Hannah Arendt: la política como acción creadora del mundo humano” (Julia Urabayen, Universidad de Navarra).

- “F. Fanon y On Violence de H. Arendt: retórica y retórica (con seis notas sobre Á. Heller)” (Andrés Alonso Martos, Universitat de València).

- “Amor y justicia en Heller y Arendt” (Fernando Pérez-Borbujo Álvarez, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona).

 

 

12,13,30

Mesa XI Coordinación: Antonio Campillo

- “Humanismo y totalitarismo” (Marina López, Universidade de Lisboa).

-“ Del estallido revolucionario a la praxis en la vida cotidiana. Georg Lukács y la joven Ágnes Heller.  La alienación totalitaria en el capitalismo postmoderno(José Luis Egío, Universidad de Murcia).

- “Ágnes Heller y la Escuela de Budapest en el contexto del marxismo oriental” (Francisco José Martínez Martínez, UNED).

 

Mesa XII Coordinación: Cristina Sánchez

- “Igualdad y diferencia en la teoría de la acción de Hannah Arendt” (Noelia Bueno Gómez, Universidad  de Oviedo).

- “La caza del fantasma. Justicia helleriana e ideología  arendtiana” (José J. Sanmartín,  Universidad de Alicante).

 

30/09/2009 14:01 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.


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